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48 Por otro lado, el motivo por el que el suicidio infantil, al igual que otros propios de

la infancia, ha sido explicado a partir de la información que se ha encontrado en in- vestigaciones realizadas en adultos, que en ciertos momentos resultan pertinentes y coherentes sobre lo que ocurre con el niño; sin embargo, en diversos casos no se lo- gra entender la causa de estas conductas autolesivas en marcos que explican la pro- blemática adulta. Este procedimiento, es decir, dar explicaciones adultas sobre fenó- menos infantiles, ha sido una constante en la historia descriptiva de la patología infantil, pero también ha enseñado a los profesionales de la salud y de las ciencias sociales que resulta importante conocer al menor en cuestión y sus significados.

Se debe tomar en consideración que sí existen indicadores del espectro suicida que se repiten, en especial los tendientes a explicar el suicidio como el conjunto de com- portamientos en los que se implican cogniciones y conductas, ambos ligados a la au- todestrucción (Ellis, 2006). La literatura expresa que los niños suicidas tienen pensa- mientos que invitan a la muerte, tales como: “me quiero morir porque nadie me quiere”, “ojalá me muera, porque no sirvo para nada”; además de que en algunos menores de edad se observan comportamientos autolesivos; sin embargo, es poco lo que se conoce en relación a cómo se construyen estos significados, de ahí la relevancia del acercamiento al fenómeno suicida desde una mirada cualitativa fenomenológica.

Otro de los componentes que se han tomado del comportamiento suicida adulto y se ha ligado a la conducta autolesiva infantil es la denominada desesperanza, que consiste en la presencia de sentimientos de indefensión, de desprotección y desam- paro, que genera pensamientos imposibilitantes para salir adelante (Quiroga, 2010 y Bottero, 2007). Esta condición también implica que el menor deba tener habilidades cognitivas que le permitan poseer una visión de futuro, y por ende contar con la con- ciencia de las categorías espacio temporales, que son propias del pensamiento con- creto. Aunque esta cualidad ha sido estudiada en menor cuantía, la evaluación que se realiza del riesgo suicida en adultos y en niños implica la aplicación de escalas de desesperanza como un indicador del riesgo suicida.

Un componente clave de las características propias de los niños suicidas, que hasta el momento ha sido estudiado, es la condición de si los niños pueden ser con- siderados suicidas y a qué edad; dicha particularidad es conocida como el concepto de muerte que pueda poseer el niño, en relación a la finitud de la vida, la irreversibi- lidad de la muerte y la expresión del deseo por morir. Este concepto de muerte es el que limita al número de niños que pudiesen presentar el fenómeno suicida, porque ocurre que los más pequeños pueden ubicarse en un desarrollo cognoscitivo de tipo preoperacional, caracterizado por la presencia de pensamiento mágico, condición que favorece que el niño entre 4 y 7 años considere la muerte como reversible. Ello en conjunto con la posición de los adultos, a quienes les resulta difícil creer que los niños deseen morir, impide un diagnóstico oportuno y preciso sobre la acción auto- lesiva (Páramo, 2010, Cohen, 2007, Quintanilla, 2003 y Casullo, 2000).

Por otro lado, a diferencia del adulto o del adolescente que dejan notas suicidas que permiten el acercamiento a las causas que los llevan a suicidarse y de que el acto por lo general lo realizan de manera privada. Los niños, por el contrario, no acostum- bran dejar notas suicidas, aunque Páramo (2010) realizó una investigación en la que

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analizó 29 de las realizadas por niños de Guanajuato y expresó que “el suicidio viene siendo la voz del niño agredido” reflejado en dichos elementos. Otra característica es que el acto autolesivo, en el caso de los niños se presenta de manera pública, por lo que no resulta extraño escuchar sobre menores que murieron por lanzarse del se- gundo piso de su escuela, ante la mirada atónita de sus compañeros y maestros; de aquellos que ingirieron veneno en supermercados en presencia de otros niños y de- pendientes, o por otra parte de niños que realizan acciones como aventarse del se- gundo piso de su casa delante de sus padres, hermanos y abuelos. Ante estas condi- ciones se vuelve pertinente la acción de conocer los significados infantiles ligados al suicidio, que en ocasiones son distintos a los de los adultos o adolescentes.

Al hacer una revisión minuciosa de las investigaciones que se han realizado en torno al suicidio infantil desde el año 2005, se pudo apreciar que existe un marcado interés por explicar el concepto, por conocer las causas ligadas al suicidio, los resul- tados obtenidos a través de la aplicación de modelos de intervención, factores de riesgo y protectores que se encuentran cercanos al proceso autolesivo, explicaciones sociales acerca del acto en niños. Analizar y ordenar esta información permitió reali- zar agrupamientos en vertientes de acercamiento al fenómeno suicida infantil.

1. Se pudo observar una vertiente social en la que los investigadores explican el suicidio con una base epistemológica durkhemiana, en donde sobresale que el suicidio es un acto que se genera en la relación del individuo con el grupo social.

2. Por otro lado hay un acento en una vertiente a la que se denomina psicológica, en la que las explicaciones se hacen sobre el comportamiento suicida a par- tir de modelos y teorías que aluden a trastornos infantiles como la principal causa de las acciones autolesivas, revisa los factores protectores y de riesgo ligados al fenómeno suicida, así como también coloca el acento en las técni- cas de evaluación del riesgo suicida en la infancia; en el cual, la existencia de una retroalimentación negativa lleva al infante a la pérdida de autoestima y a obtener creencias negativas sobre la valoración de su persona, condición que terminan por ubicarlo en una situación de susceptibilidad emocional que lo vuelve un candidato al suicidio. En esta vertiente el marco de la violencia cobra relevancia, trátese de violencia sexual, física, emocional o por negligencia, tal y como lo refiere Mendoza (2012), quien demostró que las víctimas de bullying y del abuso sexual, tienen como consecuencia a largo plazo, depresión, ideación suicida o incluso su consumación.

3. Y por último, se observan investigaciones del orden de las ciencias de la salud, en donde el acento se coloca en los aspectos intrínsecos de la persona, o sea una respuesta anormal del organismo por alteraciones a nivel bioquímico que propician determinados comportamientos ante las demandas del medio. De la información que se analizó resulta relevante reconocer que existen sínto- mas de alarma que permiten a los padres, docentes y adultos responsables darse cuenta de que el niño puede estar en condición de riesgo, entre los cuales destacan

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