ces esto toca nuestras incapacidades de orden psicoterapéutico y la carencia de recursos, no se diga, los personales.
E: Y como asunto de salud pública, más, ¿verdad?
P: ¡Claro! A mí me queda una certeza: que a las instituciones públicas no les importa la gente.
E: Es que lo que tú estás cuestionando de fondo es la consigna con la que suelen funcionar las instituciones públicas de salud frente al suicida: mantén tu vida, man- tente con vida, aunque tu vida no sea vida, ¿cierto? ¿Insinúas que la persona que in- tentó suicidarse tiene algún grado de actoría?
P: Claro. El albedrío le permite a la persona, ésta y múltiples expresiones. Para el psico- terapeuta es importante reconocer la dignidad del Otro. Como dice un amigo: “Frente al suicidio, descálzate porque entras en el terreno del Otro. Sé respetuoso, ¡pisas terreno sagra- do!” Y me parece que esta conciencia está muchas veces carente en los terapeutas. Porque tenemos muy incrustada la idea de que hay que buscar el desarrollo del Otro y, ¿qué entien- des por esto y por bienestar, su bienestar? Esto yo creo que se aprende más con la gente que en los libros. Por supuesto que hay que teorizar, reflexionar y revisar tus marcos explicati- vos, los que al irse ampliando, te llevan a reconocer tus alcances y limitaciones en la com- prensión del fenómeno. No se trata de entenderlo todo, sino de colocarte a manera de Bau- man, como caminante por la vida y la profesión; un caminante que busca las maneras de acercarse cada vez más a la comprensión del Otro y de sus significados.
E: De regreso al tema de la transdisciplina ¿Cómo crees que habría que confor- marse el fenómeno suicida como objeto de estudio transdisciplinar?
P: En primer lugar creo que es más liberador que se haga desde múltiples miradas y junto con otros, no en solitario. El reconocimiento de las incapacidades propias es impor- tantísimo. También es central otorgarle al suicidio y al suicida un lugar y una voz propia. De la otra manera, los caminos se cierran. Te puedo decir, que como psicoterapeuta, cuan- do estás frente a un suicida, ganar tiempo es clave: ganar tiempo para que el sujeto aparez- ca, para que emita su voz. Se trata de un contrato terapéutico sin prisas, para que el suici- da tenga la vivencia de que puede construir una relación, que puede construir un espacio en la vida, que es posible que alguien no lo abandone. Y también que es importante estable- cer y cuidar el vínculo.
E: Hablabas acerca de acercarte a las personas con intento suicida como algo sa- grado. ¿Puedes ahondar en esto? es muy metafórico, ¿no?, muy irónico, muy paradó- jico. Cuando existe tal estigma sobre alguien que atenta contra su vida y que tú su- gieras atender estas problemáticas, estas situaciones desde la sacralidad…
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P: Me refiero a que es muy frecuente una postura soberbia de tu saber sobre el Otro. Yesto ha favorecido una práctica psicoterapéutica impositiva e investigaciones sesgadas. Los estudios de Foucault abonan al cuestionamiento sobre el uso del poder por parte del profe- sional de la psicoterapia; por otra parte Bourdieu habla de la violencia simbólica que im- plica el encuentro con el Otro. Cuando menos a mí, lo que más me ha ayudado en la comprensión del suicida, ha sido cuando escucho su voz. Una voz que permite el habla del acto y no solamente el acto silencioso y a escondidas, como suele darse en el suicidio. Cuan- do el suicida expresa ante el Otro qué le pasa, cómo lo vive, qué le sucede, y cuáles son sus convicciones, es distinto. Para mí el suicidio es un fenómeno que se encuentra presente en la condición humana y que se expresa de múltiples formas.
E: Sí, ya que en los esfuerzos por dar cuenta de las causas del suicidio desde están- dares de medición, se ha abaratado el término. Pero también proliferan los intentos de los profesionales y del Estado por entender para controlar. Pero lo único que se hace es oscurecer más el problema. ¿Quisieras decir algo más?
P: Me quedé pensando en el asunto de la depresión. Es que a cualquier cosa le estamos llamando depresión. Y luego te das cuenta de que hay una industria farmacéutica, ¡suma- mente interesada en la venta de antidepresivos! De las experiencias más frustrantes que he tenido, han sido cuando se les aplicaba antidepresivos a los suicidas, porque se les callaba nuevamente. Y estos silenciamientos siguen siendo frecuentes al día de hoy. Y luego, esta asociación rápida que solemos hacer entre suicidio y depresión, cuando un depresivo te dice: “bueno, es que no le encuentro chiste a la vida”, y lo traduces en que se quiere morir…
E: Claro, pero esto no lo coloca como un…
P: Suicida, claro que no. Incluso existen estudios que afirman que “el depresivo” no tiene la energía suficiente para quitarse la vida. Quiero cerrar diciendo que en el campo del sui- cidio la transdisciplinariedad extiende su reino para involucrar la vida del terapeuta, desde esta perspectiva, se acepta que hay otros mundos, otros lenguajes, otras maneras de vivir y de morir.
E: Muchas gracias. Entonces podemos afirmar que la atención al fenómeno suici- da demanda el abandono de una postura unidisciplinar, así como el recuento de los recursos propios y la honestidad para reconocer que éstos, muchas de las veces resul- tan insuficientes para enfrentar la problemática. En esa línea, la posición salvífica en la que caen en diversas ocasiones los profesionales, resulta un engaño. El suicidio es un misterio por resolver, es un campo abierto, es una oportunidad para la transdisci- plinariedad.
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