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Las primeras bajas fueron del oficialismo

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En los alrededores del palacio de Miraflores y de la avenida Baralt truenan nuevos disparos. Caen más manifestantes bolivarianos con certeros balazos en la cabeza. Como titula el diario El Nacional del viernes 12, “Las primeras bajas fueron del oficialismo” (p. D-4).

Vale la pena detenerse en esta reseña de un diario opositor, firmada por Roselena Ramírez Prado, quien refiere que muchos de los boli- varianos gritaban “Patria o muerte”: “Y muerte fue la que tuvieron algunos. Sin saber de parte de quién, los tiros comenzaron a segar vidas revolucionarias. Las primeras cuatro bajas se contaron entre la avenida Baralt y el Palacio Federal Legislativo. Al parecer, el autor de los disparos fue un francotirador. Nadie sabe quién comenzó. De lo que dan fe los testimonios es de que los primeros muertos tenían boinas rojas; y temprano, por lo menos diez heridos eran atendidos” (ibid.). Es lo que las televisoras se niegan a mostrar, salvo cuando filman el aparatoso ingreso de algún herido al hospital improvisado y lo diagnostican como desmayo por el calor.

En la edición del día siguiente del mismo diario, Rafael Luna Noguera titula “Muertas 15 personas y heridas 350 durante reyerta del jueves”. Y precisa que según las estadísticas del coronel Rodolfo Briceño, jefe del Cuerpo de Bomberos del Distrito Metropolitano, “siete de las personas fueron ingresadas en el servicio de urgencias del Hospital José María Vargas, dos murieron en la esquina de Capitolio –sus cadáveres fueron llevados directamente a la Medicatura Forense de Bello Monte– y seis perecieron en las cercanías del palacio de gobierno, cuando defendían la toma de ese recinto, presuntamente a manos de la policía y de militantes de la oposición” (13/4/2003, p.

Colección Análisis Dictadura mediática en Venezuela

quiénes causan las bajas. En la esquina de Muñoz agentes de la Policía Metropolitana disparan hacia el puente Llaguno parapetados tras una unidad blindada. Otro video, tomado desde el norte, muestra a la unidad blindada de la Policía Metropolitana que avanza al frente de grupos violentos: por una de sus ventanillas se distinguen claramente fogonazos de disparos. Otra toma muestra a otra unidad blindada avanzando hacia el norte por la avenida Baralt, mientras un policía parapetado tras la torrecilla apunta y dispara un arma larga. Diversas tomas muestran disparando a personas sin uniforme, pero con el chaleco antibalas, el casco blanco y las armas largas de reglamento de la Policía Metropolitana, que se mueven sin problemas entre los efec- tivos de ésta. Otras tomas desde el sur evidencian una impresionante colección de impactos de balas disparadas hacia el norte y detenidas por columnas, postes o tarantines metálicos antes de llegar al destino que se vislumbra al fondo: puente Llaguno, para el momento de los disparos lleno de defensores del gobierno electo.

Que agentes de la Policía Metropolitana son autores de la mayoría de los disparos que diezman a los bolivarianos lo confirma el 25 de noviembre de 2003 el comisario de la Policía Metropolitana Leobaldo Navas, en entrevista realizada por Vladimir Villegas para el Canal 8. Navas anuncia que consigna ante los tribunales las grabaciones de los mensajes radiales internos de dicho cuerpo el 11 de abril, y hace sonar algunas de ellas durante la entrevista. La voz de uno de los agentes confirma que “los que ahorita están en La Nacional son efectivos nuestros, tienen tomada la platabanda del edificio La Na- cional”. Otras voces grabadas confirman que también son agentes de la Metropolitana quienes han tomado dicho edificio y las azoteas de los cercanos. En el primer momento, los funcionarios se confunden y se disparan entre sí. Luego uno de los participantes en el operativo sugiere que los francotiradores utilicen también el chaleco antibalas por encima de la camisa, y no debajo de ella, para evitar confusiones con sus colegas. Añade el comisario Navas que de acuerdo con tales grabaciones es el Grupo Fénix de la Policía Metropolitana el que toma las azoteas de la avenida Baralt, y que “si esa teoría es cierta y que es lo que nosotros queremos, y no sólo con la PM sino con otras

personas que participaron” (“Víctimas claman por justicia”, El Na-

cional, 11/4/2004, p. C-3).

Mientras los disparos los diezman, manifestantes bolivarianos avanzan y retroceden enfrentándose con piedras y palos en escara- muzas a grupos de policías metropolitanos y algunos opositores a lo largo de la Baralt. Ángel Palacios reconstruye la secuencia cronológica precisa, valiéndose magistralmente de ampliaciones de las imágenes de los relojes de quienes auxilian a las víctimas. Magdalena Sauce, de la marcha opositora, es herida a las 3:30 en la cabeza. Wilmer Pérez, bolivariano, recibe dos balazos en el vientre. A las 3:45 cae muerto el opositor Jesús Orlando Arellano, a las 3:45 Diógenes López recibe un impacto de bala en la cabeza.

Poco después cae en la esquina de Pedrera Jorge Tortoza, repor- tero gráfico de 2001, con un disparo en la cabeza. Un video de Lilian Blaser demuestra que cae proyectado hacia el este. En el lado oeste de dicha esquina queda justamente el edificio La Nacional, desde cuya azotea disparan francotiradores de la Policía Metropolitana. Su hermano Edgar Tortoza denuncia que “la oposición ha tomado la muerte de mi hermano como suya pero, en realidad, Jorge era partidario del gobierno del presidente Hugo Chávez. Ese día, él estaba en otra pauta y no sé por qué lo llamaron para que cubriera un acto político, cuando siempre trabajaba con sucesos”. Añade que la responsabilidad es de los enemigos de Chávez, y que “todo fue premeditado”. Denuncia además que quienes dijeron ser amigos de su hermano “sólo se ocuparon de quitarle la cámara fotográfica” (“Víctimas claman por justicia”, El Nacional, 11/4/2004, p. C-3). Lilian Blaser reconstruye posteriormente el hecho, y demuestra que el sitio donde cae Tortoza no tiene línea de tiro desde puente Llaguno, que queda hacia el norte.

Videos de aficionados y de canales de televisión integrados en secuencia cronológica en el documental de Ángel Palacios muestran

país. Desde la esquina de Bolero. El francotirador fue apre- sado por una comisión de la Disip que se lo llevó sin saber a dónde. Cuatro cadáveres quedaron tendidos cerca de las rejas del Palacio Blanco (...) ¿Manejaron los golpistas la tesis del magnicidio? No es descabellado presumir que Chávez habría sido asesinado de haberse dirigido a sus partidarios desde esa tarima” (Quinto Día, 19/4/2002, p. 39).

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