II. SOBRE ISLAS Y NÁUFRAGOS: LA REESCRITURA HIPERTEXTUAL COMO
1. La reescritura
1.2. Las transformaciones culturales: asimilación y rebeldía
Una parte importante de la reescritura que queda en un lugar muy borroso en el tratamiento de Genette es la transformación de valores y significaciones culturales. Al evaluar la relación entre los dos textos (la reescritura y el clásico), lo primero que se nota es que entre ambos hay una distancia de dos tipos: temporal y muchas veces también espacial (hombres y mujeres que escriben desde lugares diferentes a las del autor del hipotexto). Tanto una como la otra implican un cambio fuerte en los códigos culturales, lo que se traduce en una
asimilación, crítica y actualización de las significaciones de la obra antecesora en aquella que la reescribe.
No se puede caer en la ingenuidad de pensar que, al trabajar con elementos legados por la tradición, estos permanecerían incólumes al ser tomados por un autor de una época y de un país diferente. La fuerza que tiene la reescritura es la de asumir dichos elementos y resignificarlos con contenidos propios de su momento histórico y de la cultura a la cual ésta pertenece:
El discurso sufre también desplazamientos inevitables derivados del cambio de contexto, de autor […] y el cambio de medio. A ellas hay que añadir las diferencias en las condiciones de recepción de la obra, que varían no sólo en función del nuevo medio sino también de las expectativas de recepción del público. (Pérez Bowie 24) La reescritura es un acto de rebeldía y de polémica, como dice Solá Parrera. Es inevitable que esté cargada de ideología, porque está haciendo tambalear un sistema de valores y sugiriéndole al lector que se posiciones desde una perspectiva diferente a la que presentaba el autor original (Solá Parrera 84). Reescribir una obra clásica es necesariamente un cuestionamiento abierto a la autoridad de un texto canónico, se le pone en tela de juicio, mientras se lo recupera haciéndole fuertes transformaciones para que responda a las condiciones particulares desde donde es interrogado, con el peso político y social que pueda adquirir.
Es por esto que la reescritura aparece con un impacto considerable en las literaturas poscoloniales. Aunque no todos los trabajos reescriturales provienen de espacios antiguamente colonizados por los imperios europeos (mírese el ejemplo de Michel Tournier con Vendredi ou les Limbes du Pacifique, que bien podría ser tomada como una reescritura francesa de Robinson Crusoe), muchos de estos trabajos se han producido en estos países. Las reescrituras poscoloniales son según María José Vega (En Solar Parrera 105) ‘contraescrituras’, modificaciones que un individuo de las colonias hace los referentes coloniales del hipertexto, en un intento de ‘sabotaje canónico’: una rebelión anticolonial en el plano simbólico e intelectual. Significa pues un ataque a la imposición de valores venidos de la metrópoli y contra la dominación cultural que se alzaba sobre las colonias.
Las reescrituras significan para este tipo de escritores17 una crítica a los imaginarios de las metrópolis, pero también son un acto de afirmación cultural, de posicionar sin temor sus propios productos a la par con los metropolitanos. La superioridad y la autoridad que irradiaba Europa como centro de la cultura y del conocimiento –fuentes o influencias de las que toda actividad cultural o cognoscitiva no europea dependería– son puestas en tela de juicio desde la periferia.
Las colonias se alzan para una ratificación: no son sectores pasivos que se limitan a aceptar y copiar lo que viene de la metrópoli, sino que lo han integrado a sus prácticas combinándolo con elementos provenientes de las culturas que también habitan su realidad (culturas indígenas, afro, de tradiciones milenarias). Europa y sus cánones han sido
“devorados”, usando una imagen que ronda al Manifiesto antropófago de Oswald de
Andrade, para dar origen a una producción original, fruto de complejas hibridaciones, que no puede ser juzgada bajo los parámetros de la deuda y la imitación a las supuestas fuentes culturales europeas; pero que también debe ser considerada más allá de un simple ataque. Por todo lo anterior, reescribir un texto canónico se convierte en un acto político de reconocimiento en el que se quiere “básicamente reestructurar las realidades europeas en
términos poscoloniales […] para establecer una relación dialéctica con éste y posicionarse
en un poder discursivo con identidad propia” (Solá Parrera 105).
Para entender las dimensiones de la reescritura, tomemos un caso concreto en que se pueda observar las características ya nombradas y al mismo tiempo, ver en qué se distancia Foe de esta primera noción de reescribir un texto. Pasemos a analizar de forma breve, una de las más famosas reescrituras: Wide Sargasso Sea (El ancho mar de los sargazos) de Jean Rhys. En Wide Sargasso Sea, Rhys toma prestado de Brontë el personaje aparentemente antagónico de su novela, Bertha Mason, y crea para ella una historia que en Jane Eyre no tenía. Le da un pasado a esta mujer venida del Caribe –a la que denomina originalmente
17 Solá Parrera (108 – 114) hace una interesante lista de obras que reescriben clásicos. Su clasificación parte
desde los hipotextos –cuáles son los principales autores y textos que han generado reescrituras– y le permite hacer un rastreo geográfico de donde provienen la gran mayoría de las propuestas reescriturales dependiendo de la obra clásica que toman como hipotexto. Por ejemplo, buena parte de las reescrituras de obras de Shakespeare proviene del Caribe, mientras que las reescrituras de The Heart of the Darkness de Conrad, usualmente son africanas.
Antoinette Cosway–, el cual explique su situación dentro de la novela de Brontë y que al mismo tiempo complejice al personaje y muestre las injusticias que con ella se cometieron. Según el modelo de Genette, Wide Sargasso Sea se acomoda a un hipertexto directo de tipo transpositivo. Se da una relación de obra a obra, en la cual la novela de Rhys busca relacionarse explícitamente con la de Brontë. Ha tomado de hipotexto a Jane Eyre, desarrollando una línea de sucesos que en esta novela apenas son sugeridos –la boda de Rochester, el protagonista, con una mujer ‘loca’ proveniente de las colonias en América–, pero que vistos desde la perspectiva de Rhys alteran la interpretación de la obra clásica: Berta (Antoinette) deja de ser un monstruo que atormenta a los protagonistas y se vuelve una víctima marginada, una mujer incomprendida por sus costumbres diferentes, que fue tratada de una manera injusta. Con su muerte, Bertha (Antoinette) le permitió a Jane
obtener un ‘final feliz’ –Rochester queda soltero y tiene un cambio de actitud radical–: la
desgracia de la criolla es la condición para que la inglesa lo obtenga todo.
Al rescatar a Berta Mason, Rhys toma un personaje en el que se encarnan todas las problemáticas que se abren entre la metrópoli y las colonias de Inglaterra en América dentro de la novela de Brontë. Se hacen manifiestos los prejuicios e imaginarios que se dan en ambas partes (la idealización de Inglaterra desde las colonias, el rechazo a aceptar a los criollos como ingleses). La escritora llega a dejar muy marcados estos rasgos en Antoinette y Rochester para mostrar cómo se hacían presentes en Jane Eyre, una especie de denuncia y rectificación del papel de los habitantes de las colonias y de su propia cultura.
Wide Sargasso Sea cumple plenamente con la definición que hemos dado de una reescritura. Es muy común entre los comentaristas, entre ellos Solá Parrera, comparar o casi igualar la tarea de Rhys en esta obra con la de Coetzee en Foe. Sin embargo, es el momento de contestar a la pregunta principal que hemos estado preparando: ¿se aplica con la misma eficacia esta definición de reescritura a Foe?