III. LA REESCRITURA AUTORIAL EN FOE 1: EL ANÁLISIS ASIMILATIVO
1. La reescritura de la autoría de Defoe en Foe
1.4. El mundo narrativo y la ‘condición autor’
1.4.1. El corpus
1.4.1.3. Susan: ¿la amante desafortunada?
Hemos llegado al último de los personajes asimilados del corpus, Roxana. Esta protagonista de la novela con su mismo nombre tiene una aparición discutida por la crítica. Alguien como Spivak, en la Crítica de la razón poscolonial, sostiene que Roxana es la misma Susan Barton, que la identificación entre ambos personajes puede hacerse por completo y que a la náufraga debe ser tratada como una presentación coetzeana de la creación de Defoe: “La Susan Barton de Coetzee es asimismo la Roxana de Defoe”. (Spivak 182). Sin embargo, nosotros queremos sostener que la asimilación no es completa y que si bien Susan tiene muchos puntos en común con Roxana, es un personaje diferente, con ambiciones distintas y que resulta ser más una invención de Coetzee que del inglés. Para no alargar las comparaciones, comencemos por los puntos comunes. El primero de ellos es uno muy sencillo por el cual la identificación entre ambas ‘heroínas’ es la alternativa más perseguida: su nombre. En Roxana, la narradora es reacia a contar cómo se llama, narra los detalles de su vida pero se cuida de decir su verdadero nombre, tal vez por una estrategia del escritor que deseaba que su narradora se protegiera debido a la naturaleza de sus acciones. Sólo en una o dos ocasiones cuenta que se llama Susan, el mismo nombre que lleva su hija, y que lleva el personaje protagonista de Foe.
El segundo rasgo común es su origen: ambas reconocen venir de Francia y haber llegado a Inglaterra huyendo de la persecución religiosa. Los pasajes en las dos obras son casi idénticos sobre estos puntos, pero varían en los detalles con los que describen:
Nací según me dijeron mis amigos en la ciudad de Poitiers, en la provincia o condado de Poitou, en Francia, desde donde mis padres me llevaron a Inglaterra, pues tuvieron
que huir de allí hacia el año 1683 debido a su religión […]. (Roxana, 15)
Me llamo Susan Barton, y soy una mujer sola. Mi padre era francés y huyó a Inglaterra para escapar de las persecuciones de Flandes. (Foe 12)
La náufraga es más concreta, sólo alude a lo justo que necesita para presentarse. Mientras que Roxana es más específica de lo necesario, quiere que esos detalles justifiquen la verdad de lo que se cuenta, por lo que hay fechas y exactitud en los lugares. Pero la referencia es la misma: dos mujeres provenientes del extranjero, que a pesar de venir de afuera se sienten plenamente inglesas, orgullosas del lugar en el que ahora viven y se han formado.
El tercer rasgo se adentra en el conflicto principal que tiene la protagonista de Roxana
consigo misma y que desencadena el relato a modo de confesión para calmar su culpa: las
relaciones ‘adulteras’ que tiene con varios hombres. Cuando mira su vida en retrospectiva,
Roxana no puede creer cómo se dejó absorber en ese torbellino de relaciones, algunas sólo sexuales, que consideraba como inmorales por distintos motivos, aunque el principal es que
estas se dan por fuera de los votos del matrimonio: “Seré una puta, Amy, ni más ni menos,
te lo aseguro” (Roxana 62). En principio se trataba de necesidad, sobrevivir después de que
su esposo la abandona en la completa ruina, pero luego las causalidades de la fortuna la llevan de un amante rico a otro, haciéndose en ese camino cada vez más rica y cotizada, hasta cometer la ‘terrible’ falta de disfrutar de ese estilo de vida cuando se convierte en Lady Roxana:
La segunda reunión fue organizada del mismo modo que la primera, aunque con mucha mayor magnificencia a causa de los concurrentes. Yo me ubiqué (suntuosamente cubierta de ropas y joyas lujosas) en el medio de mi gabinete, como la vez anterior, y recibí los cumplidos de todos los concurrentes que pasaron a saludarme, como lo habían hecho antes. (Roxana 245)
Su belleza y su inteligencia le otorgaban un poder inmenso sobre los hombres que supo aprovechar para ascender en ese mundo de aristocracia y burguesía que la rodeaba. Pero como esto implicaba un despliegue de sexualidad y seducción, su conciencia religiosa la doblegaba a rechazar internamente el camino por el que había conseguido todo su éxito, además de las consecuencias que se derivaron de ello (el supuesto asesinato de su propia hija).
En Foe se da una inversión de esa sofocante moral que perseguía a Roxana, y en general, a todos los personajes de Defoe; sin embargo, no es algo que se muestre de forma
transparente. Nuestra distancia temporal con respecto a la época en que se desarrolla el relato no nos permite encontrar en primera instancia lo transgresor que el comportamiento de Susan sería para el mundo del siglo XVIII, la época de Defoe, que es en el que vive. Es una mujer sola, como ella se identifica en el fragmento citado más arriba, lo cual significa que no cuenta con un esposo, un padre o un hermano que le sirvan de soporte y de autoridad a la cual subsumirse. Anda por ahí por su propia cuenta sin importarle mucho lo
que diga la gente de ella. Así como lo hacía en Bahía: “A las mujeres que no tienen reparo
en salir a la calle las consideran prostitutas. A mí me consideraban prostituta. Pero hay allí tantísimas prostitutas, o mejor mujeres libres, como yo prefiero llamarlas, que eso no me arredraba” (Foe 114-115). Ella se afirma en su independencia, además tiene un carácter fuerte que la mueve, de allí que haya tomado el riesgo de visitar sola el nuevo mundo, haya sobrevivido un motín y un naufragio, y haber logrado sobrevivir en Londres con Viernes dependiendo de ella.
Es un personaje que no se deja amedrentar por nada, mucho menos por parte de los hombres. En este sentido, Susan también posee la misma habilidad y control sobre los ellos que tenía Roxana, sin que esto le traiga la vida afortunada de esta última, pero completamente libre de la carga moral que rodeaba a la protagonista de Defoe el uso de su sexualidad. En la novela tiene tres amantes: el capitán del barco mercante, Cruso y el señor Foe, cada uno en circunstancias muy distintas, pero siempre como acto de empoderamiento, con la consigna que tanto le pesaba a Roxana: “la amante es soberana; […] ‘todo lo que
tiene el hombre es de ella y todo lo que ella tiene es exclusivamente suyo’” (Roxana 184).
El primero de estos hombres no nos importa mucho, pues se trata de un amante que nunca aparece en escena y cuya funciones para Susan era la de proveerle protección y su viaje de regreso a Inglaterra, ninguna de la cuales cumplió. En cambio, sus encuentros con Cruso y con el señor Foe tienen connotaciones más interesantes que explicaremos en el siguiente elemento de los niveles de apropiación.
Aquí terminan las similitudes y se da una inversión fundamental respecto a Roxana: Susan busca a una hija, Roxana huye de su hija. Es verdad que la protagonista del relato de Defoe tuvo un momento en que quiso saber la suerte de sus primeros hijos y apoyarlos en lo posible, pero cuando Susan (hija) empieza a perseguirla con su desmedida melancolía y
obsesiva intención, no le queda más remedio que huir para proteger su identidad. Susan busca una hija de quien el lector nunca es informado de qué le sucedió, sólo que fue el origen de su viaje a Bahía y el motivo que originó toda su aventura en la isla.
Pero este detalle no sirve para sostener la distancia que creemos que existe entre uno y otro personaje, antes bien sólo hemos ratificado la cercanía de Susan con Roxana. El punto donde vemos el corte es el mismo que funciona como eje de la narración de Foe: el deseo de escribir una historia. Susan no es sólo una amante, una burguesa en busca de fortuna y de una vida más acomodada, esos deseos desaparecieron tan rápido como entendió la difícil situación que era hacer un relato como ella lo pretendía. La mujer que protagoniza la novela de Coetzee es un personaje en tránsito, que pasa a convertirse lentamente en escritora, comprendiendo las vicisitudes del oficio y encontrando en la realización la tarea más importante de su vida: encontrar lo ‘esencial’ de sí misma.
“Escribir va revelándose como una tarea muy lenta” (Foe 88), dice Susan y con ello resume
su transformación. El lector apenas nota cómo ella va cambiando a medida de que pasan las páginas y se interconecta con su texto, convenciéndose de que es mucho lo que tiene que mejorar, pero al estar en juego algo tan importante como eso ‘esencial’ que busca, se perfecciona a sí misma como narradora y se apropia de su relato al defenderlo de las intenciones que sobre él tiene el señor Foe: “Cuando me presenté a usted, lo hice con
palabras que sabía que eran mías y de nadie más […] y durante mucho tiempo después de
aquello […] siempre seguí teniendo fe en mi propia autoría” (Foe 133). Susan viene a representar a un escritor que está surgiendo, que traza su camino para convertirse en autor y su lucha con el señor Foe no debe verse sólo como un actor de emancipación, puede ser un gesto muy significativo como analizaremos más adelante en el apartado de inversiones de poder.