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Las lecciones de la historia

In document Horacio Bojorge - Teologías deicidas (página 140-146)

5. Recomendación y defensa del marxismo

5.9 Las lecciones de la historia

Como se verá en el próximo capítulo, Juan Luis Segundo es un admirador de la historia. Pero no parece haber reparado en las lecciones históricas que muestran que la fe y el marxismo son incompatibles. «Nuestro siglo –dice A. del Noce– vio hace

cuarenta o cincuenta años, movimientos que intentaron integrar marxismo y cristianismo. El intento lo hacían a través de la fórmula que separaba al marxismo ‘ciencia de la sociedad’ del marxismo filosófico ateo. Los jóvenes que adherían a esos movimientos, animados por maestros como Juan Luis Segundo, pensaban como él. Los decenios han pasado y una parte de esos jóvenes han seguido siendo católicos, pero ya no son marxistas; otros son marxistas, pero ya no son católicos. Los menos han seguido en la idea de la conciliabilidad o de la conciliación que se obstinan en seguir esperando, inspirados por sacerdotes, como Juan Luis Segundo o L. Boff, que repiten que Ratzinger quiere imponer una lectura única del marxismo, la cual, si bien es la más difundida, es sólo una entre muchas. Sobre esta tan mentada pluralidad no hay que llamarse a equívocos, porque en los puntos

fundamentales existe acuerdo entre los marxistas y en la cuestión del ateísmo todos coinciden.

La historia muestra que entre los ‘católicos comunistas’ muchos se convirtieron al marxismo, en cambio no se ha visto que ningún marxista convertido al catolicismo haya seguido siendo marxista.

Los que, como Juan Luis Segundo o L. Boff, afirman que la teología de la liberación filomarxista era la respuesta más eficaz contra el ateísmo, el cual niega a Dios porque lo considera utilizado por las fuerzas dominantes que buscan perpetuar su poder y porque la teología está al servicio de la ideología de la manipulación de Dios, dicen una verdad a medias y siembran un equívoco. No es verdad, pese a lo que se afirma, –y la historia lo demuestra– que la raíz más común del ateísmo sea la injusticia social. En nuestros días no se puede establecer la relación entre Iglesia-riqueza o Iglesia-poder temporal. La burguesía de nuevo tipo es incrédula y no se rige por la moral católica. No persigue a la Iglesia, pero tampoco se identifica con ella para brindarle defensa o protección. A lo más busca hacerla su aliada contra el marxismo.

Las razones del ateísmo actual parten de la impresión de que ‘Dios pertenece al pasado’ (Dios ha muerto) por cuanto no sirve ya como guía en las opciones concretas que impone la sociedad actual. Aparecen aquí la fuerza y el límite de la teología de la liberación. Su límite reside en la ilusión de que la alianza con un movimiento que se presenta también dirigido a la liberación de los oprimidos, servirá un día para eliminar el ateísmo que éste profesa.

La Libertatis Nuntius dice: ‘Todos aquellos que quieren

verdaderamente la auténtica liberación de sus hermanos deben reflexionar sobre un hecho de gran importancia de nuestro tiempo: millones de nuestros contemporáneos aspiran, legítimamente, a reencontrar las libertades fundamentales que les han quitado los regímenes totalitarios y ateos que han tomado el poder en nombre de la liberación del pueblo. No se puede ignorar esta vergüenza de nuestro tiempo; es justamente invocando la libertad como se mantienen naciones enteras en condiciones de esclavitud indignas del hombre’.

El documento expone un hecho innegable. ¿Ha habido algún régimen comunista que luego de instalado en el poder en nombre

de la ‘liberación del pueblo’ no haya dado lugar a injusticias en el poder, a limitaciones de la libertad, a persecuciones religiosas, aunque para esto no haya existido motivo político alguno?»60.

La liberación promovida por movimientos doctrinales ateos, justamente en razón de su propio ateísmo, concluye en su opuesto. Es sobre este punto que la Libertatis Nuntius invitaba a reflexionar a los teólogos de la liberación latinoamericanos. A juzgar por su respuesta al Cardenal Ratzinger y por sus escritos posteriores, Juan Luis Segundo no percibía este hecho histórico.

Notas

1J. M. Carreras SJ en el juicio crítico a Teología de la Liberación. Respuesta al

Cardenal Ratzinger, en: Rev. Teol. Limense 20 (1986), p. 256.

2Cristiandad, Madrid 1985.

3Para una idea de las redes internacionales que conducían la propaganda a favor de

la teología de la liberación y la oposición a la Instrucción, véase: Roberto Jiménez, «Teología de la Liberación: proyecto histórico y tres de sus conceptos claves», en: R. Jiménez/J. Lepeley/R. Vekemans/J. Cordero, Teología de la Liberación. (Análisis y

Confrontación hasta la Libertatis Nuntius), Cedial, Bogotá s/f; sobre todo el capítulo

primero «Teología de la liberación: ¿Teología o proyecto político concreto?», pp. 9-69.

4Véase: Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre la

Vocación eclesial del Teólogo, 24-05-1990, AAS 82 (1990), pp. 1.550 y ss.

5J. M. Carreras SJ en el juicio crítico a Teología de la Liberación. Respuesta al

Cardenal Ratzinger, en: Rev. Teol. Limense 20 (1986), p. 255.

6En su libro Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, Madrid 1985,

pp. 27 y 86.

7Juicio de J. M. Carreras SJ, en: Rev. Teol. Limense 20 (1986), p. 255-256.

8Oss. Rom. (1997), n. 35, p. 11. Véase también el estudio del P. Velasio De Paolis

«Aspectos canónicos del nuevo Reglamento para el examen de las doctrinas», en: Oss.

Rom. (1997), n. 36, pp. 11-12.

9Carta del Padre General Pedro Arrupe a los Provinciales de América Latina, Acta

Romana Soc. Jesu 18/1 (1980), pp. 331-338.

10Segundo acepta y comparte la convicción marxista de que las masas no saben cuál

es su provecho ni cómo lograrlo por sí mismas y deben ser 'manejadas' por los agentes de cambio concientizados, que saben cuál es su bien.

11He aquí un rasgo de idealismo en el pensamiento de Segundo. Se desentiende de la

objetividad del hecho y se conforma con que sea una certeza subjetiva. Pero eso es el juicio ciego que Pablo VI reprochaba a los que adoptaban y promovían la adopción del marxismo como ciencia de análisis social y político.

12Masas y Minorías en la dialéctica divina de la liberación, Aurora, Buenos Aires 1973,

pp. 108-109.

14Así critica este aspecto del pensamiento de Juan Luis Segundo Pierre Bigo SJ en su

artículo «La Teología de la Liberación. Convergencias y divergencias», en: La Teología de

la Liberación a la Luz del Magisterio. Seminario sobre la Libertatis Nuntius y la Libertatis Conscientia, Cedial-Trípode, Bogotá-Colombia 1988, pp. 42-58; cita en p. 54.

15Lohle, Buenos Aires 1975.

16Véase Miguel Podarowski, El Marxismo en Teología, Santiago de Chile 19832, pp.

189-200.

17E. Laje, «Análisis marxista y Teología de la Praxis en América Latina», en Stromata

33 (1997), pp. 41-70; B. Sorge, «Razones y ambigüedades de los ‘Cristianos para el

socialismo’», en: Criterio n. 1707-1708, 23 enero 1975, pp. 14-16; G. Cottier, Esperanzas enfrentadas: cristianismo y marxismo, Cedial, Bogotá 1975.

18Artículo en Sal Terrae 74 (1986), pp. 473-482.

19Joel Zimbelman, «Theology, Praxis and Ethics in the Thought of Juan Luis

Segundo», en: The Thomist 57 (1993), pp. 233-267, cita en p. 253.

20Dennis McCann, Christian Realism and Liberation Theology: Practical Theologies in

Creative Conflict, Maryknoll, Orbis Books, New York 1981 p. 225.

21Joel Zimbelman, art. cit., p. 256.

22En: Perspectiva Teológica (Sâo Leopoldo) 28 (1996), pp. 153-155.

23Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, Cristiandad, Madrid

1985, p. 27; El hombre de hoy ante Jesús de Nazareth, T. 1, Madrid 1982.

24Miguel A. Barriola, «Amor y Conflicto», en: La Teología de la liberación a la luz del

Magisterio. Seminario sobre la Libertatis Nuntius y la Libertatis Conscientia, Cedial-

Trípode, Bogotá-Caracas 1988, pp. 109-166, cita en p. 124.

25«Si hemos empleado para explicar al Jesús pre-pascual [el Jesús de la historia] la

clave política –dice Segundo–, ello no pretende decir que lo religioso esté relegado a un segundo plano, si es que existe un plano que pueda ser llamado ‘religioso’ con exclusividad... Menos aún pretende insinuar que ‘todo’ en Jesús se explica por la clave política. Sino, a lo más, que ésta es el mejor código para descifrar la globalidad de su destino y de su enseñanza». El Hombre de hoy ante Jesús de Nazareth, T. 1, p. 240.

Juan Luis Segundo separa al Jesús de la historia del Cristo de la fe, al separar el destino terreno de Jesús de su destino eterno en la gloria del Padre, y al considerar su destino terreno con abstracción de su destino eterno.

De hecho, observa Barriola, «la tímida concesión que acabamos de leer en Segundo

no influirá para nada en la masiva politización de la óptica con que Jesús es reducido a la altura de un Graco, Espartaco o a lo más de un Amós u Oseas... no podemos admitir que lo político sea ‘el mejor código’ para descifrar la globalidad de Jesús... ella ha de ser subsumida por dimensiones mucho más grandiosas, como lo es la religiosa... Segundo nunca habla de los gestos propiamente divinos del amor sin fracturas de Jesús, que lo colocan en un puesto único e irrepetible en la historia de las religiones y de la cultura. Esa clave partidista es manifiestamente escasa... muchísimos pasajes del Evangelio escapan a la perspectiva de este ‘código globalizante’» (M. A. Barriola, «Amor y Conflicto», p. 132).

26Teología de la Liberación. Respuesta al Card. Ratzinger, p. 131, n. 8.

27Cándido Pozo, «Algunas condiciones para una Teología correcta de la Liberación»,

en: AA.VV., La Teología de la Liberación a la luz del Magisterio, Cedial-Trípode, Bogotá- Caracas 1988, p. 362.

29Pablo VI, Alocución al Colegio Cardenalicio, 23-06-1973, Cf. AAS 64 (1972), p. 498.

No fue ésta –como es sabido– la única advertencia del Magisterio de la Iglesia y sería largo elencarlas aquí. Ya se ha mencionado el libro de Juan Luis Segundo en el que personaliza contra el Cardenal Ratzinger, libro con el que no sólo desoyó las directivas de la Santa Sede, sino también las de la Compañía de Jesús.

30Hecho que señala el estudio de Cándido Pozo, «Algunas condiciones para una

teología correcta de la liberación», pp. 361-371, cita en p. 369 y ss para este pasaje y

otros de este párrafo.

31Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, p. 58. La expresión

“opción preferencial por los pobres” se encuentra en Libertatis Nuntius, Proemio; AAS 76 (1984), p. 877 y en VI,5; Ib. p. 889. “Opción preferencial por los pobres y los jóvenes” en VI,6; Ib. p. 889, citando a Puebla; “preocupación privilegiada [...] proyectada sobre los

pobres y las víctimas de la opresión” en III,3; Ib. p. 881. Citas en el trabajo de Cándido

Pozo SJ, «Algunas condiciones para una Teología correcta de la Liberación».

32Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, p. 59. 33Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, p. 59 y s. 34Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, p. 60. 35Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, pp. 139 y 148. 36Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, pp. 147 y s. 37Libertatis Nuntius, Proemio.

38Véase M. A. Barriola, «Amor y Conflicto», en: La Teología de la Liberación a al luz

del Magisterio. Seminario sobre la Libertatis Nuntius y la Libertatis conscientia Cedial-

Trípode, Bogotá-Caracas 1988, pp. 109-166.

39Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, p. 119. 40Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, p. 136. 41Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, p. 101. 42Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, p. 101, nota 35. 43Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, p. 100. 44Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, p. 110. 45Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger, p. 192. 46El hombre de hoy ante Jesús de Nazareth, T. 2/1, pp. 105-284. 47Como ha mostrado M. A. Barriola en «Amor y Conflicto».

48Cf. Indiculus, c. 9; DS 248. Pozo hace notar que la posición del Indiculus es limitada

y necesitó ser completada posteriormente. Cf. J. Auer, Art. «Initium Fidei» en Lex. f. Theol.

u. Kirche, 5, 676 y s.

49La identidad del jesuita en nuestros tiempos, Sal Terrae, Santander 1981, p. 679. 50Acta Romana Societatis Jesu 17 (1977/1), p. 188.

51Acta Romana Societatis Jesu 17 (1978/2) pp. 427-428.

52La tentación de aceptar cualquier medio también asaltó a los jesuitas. El P. Arrupe

se vio obligado, en este sentido, a reprobar los «intentos de introducir en nuestras

reuniones, asambleas y consultas, métodos de presión de grupo y manipulación política, inspirados en el marxismo y en otras ideologías». El P. Arrupe ordenó: «deben ser combatidos como diametralmente opuestos al auténtico discernimiento comunitario que anima el gobierno de la Compañía». Era 1978. (Alocución de apertura de la Congregación

53P. Gral. Pedro Arrupe SJ, «Carta a los Provinciales de América Latina sobre el

Análisis Marxista del 08-12-1980», en: Acta Romana Societatis Jesu 18/1 (1980), pp. 331-

338.

54Jean-Yves Calvez, Juicio sobre Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal

Ratzinger, en: Nexo (1985), n. 6, p. 49. ¿No sería posible sospechar que Juan Luis

Segundo se estaba defendiendo a sí mismo y que en su fuero íntimo él representaba, un poco quijotescamente, ese marxismo moralmente puro ante sus propios ojos?

55Martin Maier SJ, «Teología de la Liberación en América Latina», en: Razón y Fe 236

(1997), n. 1189, pp. 288.

56Carta a los Provinciales latinoamericanos sobre el «análisis marxista», del 8-12-

1980, a dos años del discurso citado en nota 49; Acta Romana Societatis Jesu 18 (1980/1), p. 333.

57Dennis McCann, Christian Realism and Liberation Theology: Practical Theologies in

Creative Conflict, Maryknoll, Orbis Books, New York 1981 p. 225.

58Ricardo D. Matossian, «Juan Luis Segundo era alto y delgado», en: Cuadernos de

Teología (ISEDET: Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos, Buenos Aires)

16 (1997), nn. 1-2, p. 8.

59Martin Maier SJ, «Teología de la Liberación en América Latina», en: Razón y Fe 236

(1997), n. 1189, pp. 281-296; ver p. 291 por nuestra referencia.

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