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Tergiversación del pensamiento de Santo Tomás

In document Horacio Bojorge - Teologías deicidas (página 48-52)

2. Vicios de argumentación lógica, teológica y escriturística

2.8 Tergiversación del pensamiento de Santo Tomás

Conviene exponer con mayor detenimiento algunas gruesas inexactitudes o errores16 en que incurre en su tarea de refutar las posiciones de la teodicea clásica. Juan Luis Segundo afirma que Santo Tomás, sobre las huellas del monismo de origen griego, ‘destruye la seriedad de la relación histórica entre Dios y el

hombre’17.

Esto, sin embargo, no es así porque –como se podrá apreciar a continuación– el Doctor angélico no sólo no niega la existencia de relaciones históricas sino que las afirma. Sólo que Santo Tomas establece una distinción, cuyo sentido preciso Segundo evidencia no haber entendido, entre relaciones reales y de razón. Al hablar de las relaciones en Dios, santo Tomás distingue –en efecto– entre las relaciones ab aeterno (las intratrinitarias, existentes entre las Personas divinas) y las relaciones ex tempore (de Dios con las creaturas y de éstas con Él). Santo Tomás afirma explícitamente

que es posible aplicar a Dios nombres que derivan de las relaciones históricas [= ex tempore] que las creaturas tienen con Él. Pero Segundo trunca la cita omitiendo la siguiente clara afirmación de Santo Tomás: "nada se opone a que los nombres que expresan

relaciones con las creaturas, se prediquen de Dios ex tempore [e.d.

en la historia, a parte historiae]: no por algún cambio en Dios, sino

por el cambio de las criaturas"18.

Es evidente que Segundo no ha penetrado el pensamiento de Santo Tomás acerca de las relaciones reales y de razón, puesto que argumenta que debido a dicha afirmación: "el monismo (griego y tomista) destruye, sin saber y en pura lógica, la seriedad de la

historia que ocurre entre Dios y el Hombre" al afirmar, por boca de

santo Tomás, que: «en Dios no existe una relación real con las

creaturas, sino una relación de razón en la medida en que las creaturas están referidas a Él»19.

La «refutación» de Juan Luis Segundo supone un sorprendente y en cierto modo escandaloso desconocimiento de la doctrina de Santo Tomás sobre la relación. Pero también un no menos grave desconocimiento de su doctrina acerca de las relaciones entre lo divino y lo humano que inaugura la Encarnación.

Esta doctrina es decisiva para comprender, no sólo el pensamiento de Santo Tomás acerca de la relación entre Dios y la Historia, sino la doctrina católica simpliciter que el Angélico doctor no hace más que exponer. En particular, Juan Luis Segundo no toma en cuenta la afirmación de Santo Tomás de que la unión del Verbo encarnado con la naturaleza humana se hizo en la Persona del Verbo y no en la Naturaleza divina20. En efecto no es Dios, Trino, el que se encarna, sino la Persona del Verbo la que une a sí una naturaleza humana, la asume, y establece así una relación, que Santo Tomás no vacila en declarar “de razón” sin temor a restarle verdad histórica a la Encarnación del Verbo, a través de la cual se anudarán en adelante todas las relaciones entre Dios y los hombres: en el Hijo encarnado21.

Cuando se reconoce a María el título de Madre de Dios, ¿se está destruyendo la seriedad de la historia que ocurre con Dios? No, ciertamente. Pues bien, la doctrina de la relación de Santo Tomás se aplica tal cual al misterio de la Encarnación. A través de la naturaleza humana del Verbo, unida a su Persona como única hipóstasis, se relacionan María, y después de ella todos los

hombres, a lo largo de la historia de la salvación, con el Verbo eterno encarnado; y en Él y a través de Él, con Dios22. De manera que justamente dice Jesús: "nadie va al Padre si no es por mí". Y justamente se le llama primogénito de muchos hermanos, como a los cristianos coherederos de Cristo.

Nótese, por último, que según lo afirma Santo Tomás, la unión en Jesucristo de la naturaleza divina y la humana, es una relación

creada y: "Esta unión no está en Dios realmente sino únicamente según la razón; porque se dice unido Dios a la creatura, porque la creatura está unida a Dios sin mutación de éste"23. Es obvio que, para Santo Tomás, el hecho de que las relaciones del Creador con las creaturas sean ‘de razón’ no quita densidad histórica ni verdad ontológica a las creaturas ni seriedad a la comunión salvífica de los hombres con las Personas divinas.

Lejos de convencer de monismo al pensamiento de santo Tomás, el intento de Juan Luis Segundo supone mutación en Dios, y por eso se vuelve contra él mismo y lo precipita en el monismo del que pretende huir. Por ese camino Juan Luis Segundo coloca a Dios en una misma y única categoría con los seres mutables, lo cual significa, de hecho, un deslizamiento en el ateísmo panteísta, o en la variedad del mismo que hace de Dios un dios in fieri, que va siendo engendrado por la Historia. Ya se verá cómo, efectivamente, Segundo incurre en ese actualismo metafísico y sus correlativos relativismo histórico y secularismo teológico.

Por fin: la dificultad de Juan Luis Segundo para captar el sentido exacto de la distinción entre los conceptos real-de razón tiene que ver, al parecer, con la visión filosófica idealista y kantiana que él comparte, y con su simétrica y proporcional dificultad para comprender las razones del realismo católico. Lejos de “destruir la

seriedad de la historia que ocurre entre Dios y el Hombre”, como

le achaca Segundo, la categoría aristotélico-tomista de relación de

razón salva la diversidad de identidades de ambos actores –Dios y

Hombre– y por lo tanto salvaguarda la autenticidad de su relación inefable. Juan Luis Segundo acusa una frase sin tomarse la fatiga de comprender el conjunto al que pertenece. Pero, sobre todo, no propone ninguna alternativa válida para hablar acerca del hecho respetando su facticidad. Si algo salvaguarda la categoría de

relación de razón es el hecho religioso en su misteriosa

se desentiende de lo real mismo en su misterio: la relación de un Dios eterno y necesario con el hombre creado y contingente.

Aun los que critican el uso del distingo real-de razón para hablar de la relación, por algunas dificultades que presenta, están de acuerdo en la cosa misma: “En la afirmación (de Santo Tomás) se subraya

la idea, ciertamente correcta por completo, y que nosotros también defendemos, de que la relación de Dios con la creatura tiene que ser completamente distinta de la relación que mantiene la creatura frente a Dios”24.

No es verdad que el lenguaje empleado por santo Tomás destruya la seriedad de la historia. Santo Tomás usa esas categorías abordando hechos teológicos. Piensa primero la relación en absoluto, considerada desde Dios. Dios es el que da el ser, libre y gratuitamente. Lo está dando y lo dará libre y gratuitamente por siempre. La Historia está siendo creada por Él, posibilitada por Él, que hace existir a sus autores y además se implica en relaciones interpersonales, y por lo tanto libres y contingentes, con ellos. El lenguaje que expresa estos hechos ha de mantener en cada paso del devenir temporal de los seres creados, la libertad y gratuidad de Dios, así como la diversidad entre Dios y lo creado por Él.

La relación de razón es particularmente apta para expresar precisamente algo tan esencial a la Historia como la libertad. La libertad de Dios para crear y la libertad inherente a la acción propiamente histórica, pues donde no hay libertad no hay Historia.

Santo Tomás, como buen realista, procede del ser al pensamiento. Este procedimiento escandalizará siempre a una mente idealista como la de Segundo, que procede a la inversa, del pensamiento al ser, e incluso define siempre el ser en términos de pensamientos.

Los pensadores como Santo Tomás procuran lograr una trasposición conceptual de la realidad que siempre permanece tentativa, aproximativa y mejorable, necesita varios conceptos para expresar la esencia de una sola cosa, según la multiplicidad de puntos de vista que adopte sobre ella, y sin tomar jamás por realidad lo que abstrae de lo real. El idealismo, en cambio, a partir de la matematización cartesiana del pensamiento, ha procedido a convertir las abstracciones de lo real en modelos, de los cuales no se conformó con decir que lo real debe ajustarse a ellos, sino que ellos mismos son lo real. Mientras para el idealista toda sustancia es

conocida porque se reduce al contenido de su idea, para los realistas como Santo Tomás, toda sustancia es desconocida en sí misma, porque es una cosa distinta de la suma de conceptos que nosotros sacamos de ella25.

En el caso concreto de “tomarse en serio la historia”, el juicio acerca de Santo Tomás debería deducirse de una consideración global de su pensamiento y no del rechazo de una expresión aislada, malentendida por interpretarla no sólo aisladamente sino de espaldas a su sentido en la tradición aristotélico-tomista, y por descalificarla sin haberse tomado el trabajo de entenderla.

In document Horacio Bojorge - Teologías deicidas (página 48-52)