4 ¡No es necesario tocar fondo!
1. Leer bien los mensajes
Los problemas son mensajes.
Shakti Gawain
Si buscamos aprender de nuestras experiencias, es menes- ter que prestemos mucha atención a las señales y mensajes que estas nos puedan transmitir, ya que allí encontraremos las claves que nos indicarán dónde necesitamos crecer.
Pero sucede que el convulsionado mundo en el que vivimos nos lleva por un camino de prisas donde solo aten- demos lo urgente y dejamos de lado esas señales indicado- ras, esenciales puntos de apoyo en nuestro camino de cre- cimiento y cambio. Sin embargo, cuando las circunstancias se hacen insostenibles, entonces… sí, cambiamos.
Durante un congreso en Zaragoza conocí a una bella per- sona, Lorena. Compartimos similares inquietudes intelec- tuales, por lo que nos conectamos rápidamente. Nuestras charlas durante los días del congreso fueron muy inte- resantes para mí, y poco a poco se hacían más abiertas.
APRENDIZAJE
Me comentó que se encontraba muy contenta con la acti- vidad que realizaba, y que actualmente estaba en muy buena posición laboral, fruto de su esfuerzo continuado y el sacrificio de muchos años. “Sin embargo —me dijo—, es una actividad muy absorbente que requiere que esté tra- bajando muchas horas a la semana y en dos lugares dife- rentes.”
Me dijo también que había empezado a sentir cómo su salud se estaba debilitando a causa de la tensión que debía soportar, y además, sin quererlo, se había alejado de sus seres queridos; ya no se comunicaba tanto con ellos, en fin, los había descuidado.
En uno de los últimos días del congreso, paseando por los jardines de la residencia donde nos alojábamos, Lorena, sin- cerándose totalmente, me contó: “El año pasado me enfer- mé con frecuencia, cosa que nunca me había sucedido; tuve gastritis y, lo peor, engordé más de la cuenta, y hasta tuve erupciones… ¡Nunca me había ocurrido algo así!”.
Fue entonces cuando hablamos sobre cuáles eran para ella las causas responsables de sus trastornos físicos. “¿Qué sien- tes cada mañana al ir a trabajar? ¿Cómo crees que esa sen- sación diaria afecta a tu organismo y a tu mente? ¿Qué parte de tu cuerpo es el que acusa mayor dolor? Si pudie- ras elegir otro trabajo y horario, ¿lo harías? ¿Cómo te gus- taría sentirte en un nuevo trabajo? ¿Qué lugar o perso- nas te hacen sentir relajada y en paz? ¿Qué trabajo o actividad te podría proporcionar armonía interna? ¿Qué estás haciendo para sentir esa sensación?”
Poco a poco, ella misma fue advirtiendo el desequilibrio en que se encontraba, la constante tensión que soportaba como consecuencia del exceso de trabajo y la presión a la que era sometida por sus jefes. Me explicó que no sabía cómo aminorar la marcha, ya que temía perder la posi- ción que tanto esfuerzo le había costado lograr.
“¿Qué es más importante para ti: tu salud o tu trabajo? ¿Por qué continúas con un ritmo de vida aun sabiendo que te perjudica? Si tu salud estuviera seriamente en peli- gro, ¿qué harías? Y ¿por qué no lo haces ahora?”
Luego de una larga charla, ella misma concluyó que debía reducir las horas de trabajo y dedicarle más tiempo a sus afectos, hacer ejercicio y alimentarse bien. Gracias a nues- tro ameno “debate” entendió que una vida de moderación y equilibrio es posible, y que en definitiva el precio que se paga por no dedicarle tiempo al propio “orden vital” es el deterioro de la salud, tanto física como psíquica.
Porque cuando trabajamos, nos divertimos, comemos, bebemos o hacemos ejercicio físico en exceso la factura que debemos pagar es el desequilibrio de nuestra mente y nues- tro cuerpo. De allí que siempre tengo presente la famosa inscripción del Oráculo de Delfos que nos exhorta a no hacer nada en exceso.
El problema de abandonar una vida vertiginosa y llena de ocupaciones como la de Lorena es que nos veremos obli- gados a enfrentarnos a nosotros mismos. Allí radica el mayor desafío y en él se encuentra el origen de nuestros miedos, porque muchas veces lo que nos lleva a excesos es la sen- sación interior de que nos falta algo en la vida.
…Y si no tenemos un rumbo definido en nuestra vida, esta irá a la deriva. Por ello se hace necesario entender cuál es nuestra misión y objetivo, aquello que nos haga ilusio- narnos y encarar nuestra existencia desde una plataforma de equilibrio y moderación. Y en esta búsqueda interna podría preguntarles: ¿que harían si no tuviesen problemas de ningún tipo, y dispusiesen de todo el tiempo y el dine- ro del mundo?
Si la respuesta es que harían lo mismo que están hacien- do actualmente, entonces están en el camino correcto, ya que tienen pasión por lo que hacen y así expresan su talen- to y capacidad; pero si no es así, será muy útil realizar un pro- fundo análisis de nuestra vida que nos permita ver en qué lugar del camino hemos dejado de atender a las señales.
Debemos entender que cada situación que hoy vivimos con sorpresa, angustia o decepción es una verdadera señal
de la vida. Esa señal es un regalo, y si tenemos la capaci- dad de brindar una respuesta creativa y optimista ante cada situación preocupante estaremos en el camino indicado, asumiendo conscientemente que “cada momento es como debe ser”, ya que está allí para enseñarnos algo.
Por ello, pensemos que la situación en que actualmen- te nos encontramos y las relaciones que hoy tenemos son las que precisamente necesitamos. Porque detrás de cada suceso de nuestra vida existe un significado oculto, un men- saje velado, y de nosotros depende descubrirlo. ¿Cómo? Buscando en nuestro interior.