GRATITUD SSER AGRADECIDO
3. Minutos mágicos
Aprende a vivir el eterno presente, el aquí y ahora.
Mataji Indra Devi
Sería muy positivo para nuestras vidas permitirnos vivir el día a día, el presente, sin mirar hacia el pasado ya feneci- do, ni hacia el futuro aún incierto. Lo único que tenemos es nuestro presente, y de lo que hagamos con él depende- rá nuestra felicidad.
En uno de esos días de particular desaliento y melancolía que a todos nos toca transitar, asistí a una obra de teatro que protagonizaba mi amigo Ignacio, abogado y actor por afición, que me dejó realmente boquiabierto. Hacia el final de la obra, a la coprotagonista Emily, cuya breve vida habí- amos seguido en escena y que había muerto al dar a luz, le fue concedido volver a la Tierra para revivir el día en que cumplía doce años. Por primera vez Emily se daba cuenta del cariño que sentían sus padres por ella, y pudo captar los miles de detalles insignificantes que constituían su vida cotidiana. Incapaz de soportar sin emocionarse el encanto de aquel día, el personaje exclamó: “¿Hay algún ser humano que comprenda el don que tiene mientras vive? ¿Hay alguien que viva todos, todos los minutos de su vida?”.
En aquel preciso instante, comprendí lo deprisa que pasa la vida, y cómo en realidad no dedicamos suficiente tiempo a conocernos; a apreciar la lluvia, el viento, el sol; a aceptar las desilusiones y los fracasos que dan grandeza a los éxitos y a las victorias. Comprendí la belleza de todas las cosas sencillas de mi vida. Entonces, los motivos de mi desa- liento y depresión de aquel día perdieron su importancia. Todavía hoy carecen de ella, porque a partir de aquel momento he realizado un esfuerzo consciente para vivir
plenamente cada minuto de mi vida. ¿Lo hacen ustedes? Inténtenlo. La compensación que ofrece los sorprenderá. No nos preocupemos por el angustiante futuro que ten- drán sus propios problemas. ¡No nos devanemos los sesos pensando en mañanas! Nuestra mejor forma de vivir supo- ne un correcto uso del “hoy”. Como me dijo en una oca- sión un joven en la ciudad de San Sebastián, citando a John Lennon: “La vida es lo que te pasa mientras haces planes para otra cosa”.
Arthur Clark nos dice que no hay que guardar nada para una “ocasión especial” porque cada día que vivimos lo es; por eso debemos leer más y limpiar menos, sentarnos en la terraza a admirar la vista, pasar más tiempo con nuestra familia y amigos, y menos trabajando como desaforados; porque la vida es una sucesión de experiencias para dis- frutar, no para sobrevivir.
Por ello, ¡vivamos el ahora! Usemos nuestras copas de cristal con nuestros amigos… ¿Para qué las vamos a guar- dar más tiempo? ...¿Y si las usamos con nuestro viejo y gran amigo Daniel? ¿Qué mejor idea que esa? Sería una exce- lente forma de demostrarle lo mucho que lo apreciamos y lo realmente importante que es para nosotros. ¿Por qué las vamos a guardar para una aburrida cena de compromiso?
Quitemos de nuestro vocabulario las frases “algún día” y “uno de estos días”; si deseamos hacer o decir algo, nada mejor que hacerlo hoy, ya que si supiéramos que nos queda poco tiempo de vida, seguramente desearíamos estar con nuestros seres queridos, iríamos a comer nuestra comida preferida y visitaríamos los sitios que amamos.
Pero nos enojaríamos verdaderamente si caemos en la cuenta de que no hemos escrito esas sencillas e importantes cartas a nuestros afectos, solo por haber pensado: “un día de estos lo haré”. Y más enojo y tristeza nos producirá el hecho de no haberles dicho más a menudo a nuestros padres, her- manos, hijos, sobrinos y amigos cuánto los queremos.
Porque es muy triste escuchar a las personas decir: “¡Ojalá no hubiera tenido tanto miedo!”, “¡Debí haber acep- tado aquel trabajo en el extranjero!”, “¡Qué bueno hubie- ra sido decirle a mi hijo que lo quiero con locura!…”; pero lo peor de ello es que creemos que ya es demasiado tarde… ¡Nunca es tarde!
Si nos quedaran pocos días de vida, estoy seguro de que nuestra actitud sería decirles a nuestros seres queridos que los amamos. Pero sabemos que no somos inmortales, ni eternos, ni tenemos asegurado nuestro futuro…; entonces, ¿qué esperamos?
A la librería de mi amigo y escritor Jaime, en el barrio de Sants en Barcelona, solía ir un anciano y simpático viajante a ofrecer los libros de las editoriales que representaba. En una de esas ocasiones, después de haberse despedido el vendedor, la esposa de Jaime le confesó a este que era una lástima no haberle dicho nunca al anciano cuánto les agra- daban sus visitas.
—Ya se lo diremos cuando vuelva la próxima vez —repu- so él.
Al verano siguiente, fue a la tienda una joven que se pre- sentó a sí misma como la hija del viajante. Al saber que este había fallecido, la mujer de Jaime le contó lo que ella y su esposo habían hablado a raíz de la última visita del anciano.
—¡Cuánto bien le habrían hecho a papá diciéndoselo! —exclamó entre sollozos la joven—. Era una de esas per- sonas que necesitan contar con la simpatía de los demás. “Desde ese día —me asegura la esposa de Jaime— nunca desaprovecho la ocasión de decir algo agradable a quien lo merece.”
Siempre hay algo bueno que decir de las personas que nos rodean. Lo único que tenemos que hacer es decirlo. Por dentro, todas las personas somos muy sensibles; no creo que la edad o la experiencia determinen una diferencia
importante en cuanto a afectos. Por dentro, incluso del exterior más rudo y duro, están los sentimientos y afectos más tiernos del corazón.
Mi amigo Pablo, ingeniero industrial, padre de dos hijos, me decía con amargura, unos meses después de la separa- ción de su mujer: “Qué bueno hubiese sido que por una sola vez nos hubiéramos dicho ‘te necesito’. Eso habría cam- biado nuestra relación”.
Por eso el mes pasado, hablando con un amigo que se encontraba un poco angustiado, le dije: “¡Vive cada momen- to como si fuera el último! ¡Si no lo tienes en cuenta, se desvanece! ¡Considera sagrado cada instante de tu vida, dale un especial significado, y su verdadero y merecido logro!”. ¡Cada semana, día, hora, minuto… es mágico! Debemos aprovecharlos viviendo intensamente nuestros verdaderos y profundos sentimientos. No guardemos nada que pueda agregar una sonrisa a nuestra vida. Nada para una ocasión especial, porque cada minuto que vivimos es una ocasión es- pecial. Y lo mejor es que siempre estamos a tiempo. ¡Ahora mismo es el momento!
Como ha dicho Gonzalo Torrente Ballester, “Ni el pasa- do existe, ni el futuro. Todo es presente”.