El título mismo del presente apartado resulta revelador de la impronta teo lógica, si ya no metafísica, que ha marcado a la ciencia y a la filosofía de la ciencia en su reflexión sobre los conceptos fundamentales que rigen la actividad científica. La propia denominación de ciencias naturales, que todavía está vigente, parece presuponer una cierta connaturalidad entre dichas ciencias y su objeto, empujando a las demás al calificativo de «no naturales» que hemos usado en la cabecera. Obviamente no es así, y si algo caracteriza a todas las ciencias, desde la lógica a la psicología, pa sando por la biofísica, es su artificialidad. Sin embargo, la tradición po sitivista priorizó hasta tal punto determinadas ciencias a la hora de re flexionar sobre la metodología científica que otras disciplinas se vieron relegadas a un papel marginal dentro del conjunto de los saberes. Tal ha sido el caso de las ciencias sociales, de la biología, de la historia e inclu so de las propias matemáticas: cuando Carnap distinguió radicalmente entre ciencias formales y ciencias reales (Formalwissenschaften und Re alwissenschaften, Carnap, 1935), la lógica y las matemáticas parecieron verse empujadas hacia el ámbito de las ciencias irreales; y de hecho mu chos de los criterios de demarcación entre ciencia y no-ciencia que se han usado a lo largo del siglo xx dejaban fuera del ámbito científico a las ciencias matemáticas, obviamente por no ser fisicalizables. En el caso de las leyes científicas, ello ha traído importantes consecuencias: las duras, las auténticas, son siempre las leyes de la naturaleza. No en vano proce den del Deus sive Natura, o de la auténtica realidad, cabría añadir.
En el presente trabajo sostendremos tesis diametralmente opuestas, que conviene ir preparando mediante la consideración del debate sobre la cientificidad de disciplinas como la sociología, la psicología, la economía o la propia antropología. La existencia de leyes científicas en estas áreas de investigación ha sido un punto particularmente debatido, sobre el cual aportaremos un breve comentario.
10. Véanse las obras de Giere, y en concreto Giere (1988), en la que las tesis del naturalismo evo lucionista están claramente presentadas (ver pp. 12·16).
JAVIER ECHEVERRIA
En la primera fase del desarrollo del positivismo lógico, no había duda de que todas las ciencias positivas, incluidas la sociología y la psi cología, formaban potencialmente parte de una ciencia unificada que se trataba de crear por reducción de las diversas teorías y enunciados cien tíficos a lenguaje fisicalista. Tal es el proyecto del Círculo de Viena, de
sarrollado en la primera etapa de la revista
Erkenntnis
y posteriormenteen la
International Enciclopedia of the Unified Science.
El conductismonaciente proporcionaba una vía concreta de investigación para llevar ade lante dicho proyecto. En lo que respecta a las leyes científicas, tampoco había duda de que las ciencias sociales habrían de adecuarse al modelo de cientificidad de la física. Lundberg, por ejemplo, afirmó que «el tér
mino
ley científica
puede y debería significar en las ciencias socialesexactamente lo que significa en cualquiera de las restantes ciencias» (Lundberg, 1938, 189). Precisando el concepto de ley científica, Lund berg lo define así:
Una leyes: 1) un grupo de símbolos verbales o matemáticos que, 2) designan un nú mero ilimitado de eventos definidos en términos de un número limitado de reac ciones, 3) de tal manera que la realización de las operaciones especificadas siempre conlleve resultados predecibles dentro de límites mensurables (Ibid.).
Explicando dicha definición, Lundberg precisa que la condición: (1) se refiere a enunciados generales sobre alguna secuencia conductual, que
(2)
requiere que dichas generalizaciones deben de ser verificables y verdaderas, mientras que (3) admite la existencia de grados de verifi cación. Tras reconocer que la mayoría de las generalizaciones usadas en las ciencias sociales sólo satisfacen el primer requisito, el programa de re ducción fisicalista de las ciencias sociales es propuesto:Todos los fenómenos humanos y culturales están enteramente contenidos en e! cos mos físico y dependen enteramente de transformaciones de energía dentro de! cos mos (Ibid., 192).
Nociones como «sentimientos», «querer», «objetivo», «motivos», «valores», etc., son para Lundberg «el flogisto de las ciencias sociales»
(Ibid.,
193-194). El objetivo de las ciencias sociales consiste en controlar y medir los factores que influyen en la conducta social. Y concluye:Sólo cuando dichas condiciones son conocidas y medidas tenemos una ley científi ca tal y como aquí está definida (Ibid., 196).
Siendo la posición de Lundberg un tanto extremada, no resultaba ni mucho menos inusual en la época de emergencia del positivismo lógico. Aunque no había leyes en las ciencias sociales que respondiesen al mo delo propuesto, había que empezar a proceder conforme a los métodos nuevos: a base de medir y de experimentar, las leyes acabarían surgiendo, como había sucedido en las ciencias naturales. Y no cabe duda de que, al
EL CONCEPTO DE LEY CIENTIFICA
menos en este punto, Lundberg tenía razón. En apoyo de sus propuestas citaba un pasaje de Moore que resulta particularmente ilustrativo para el objeto del presente trabajo:
Los problemas de la ciencia natural requirieron la invención de un cálculo de fe nómenos masivos que probablemente obtendrá sus mejores resultados cuando se aplique al material de las ciencias sociales".
Nos limitaremos a subrayar el término «invenClOn». Cuando se enuncia un programa de investigación científica, aunque éste pueda pa recer aberrante desde determinadas perspectivas, es muy raro que no se obtengan algún tipo de resultados en el sentido previsto. Si hay que des cubrir leyes en las ciencias humanas que sean análogas a las previamen te halladas en las ciencias naturales, basta con introducir instrumentos de observación y de cálculo para que, de una u otra manera, surjan regula ridades observables, y en último término enunciados nómicos. El desa rrollo histórico del conductismo en psicología y en sociología es un ejemplo, entre muchos, de este tipo de tesis, que será expuesta más am pliamente en la fase final de este trabajo.
La filosofía analítica de la ciencia que, tras las críticas de Popper y la dispersión del Círculo de Viena, imperó en los países anglosajones a partir de la Segunda Guerra Mundial, mantuvo posturas mucho más ma tizadas y complejas en torno a la cientificidad de las ciencias no-natura les. La formulación del modelo nomológico-deductivo de explicación científica, en concreto, suscitó una amplia controversia sobre su aplica bilidad en el caso de las ciencias sociales, encontrando defensores y de tractores que condujeron el debate hacia una mayor profundización del problema.
Si consideramos, por ejemplo, la historia, no es claro que la explica ción de un acontecimiento histórico tenga que recurrir a leyes, y ni si quiera a causas determinantes de dicho evento. William Dray dedicó una obra a este problema, en la que, además de exponer su propia pos tura, sintetizó adecuadamente los términos en los que se planteó el debate
(Dray, 1957), en el cual participaron Hempel, White, Gardiner, Co llingwood y otros muchos. La tesis de Dray consiste en afirmar la ina decuación del modelo hempeliano para la explicación de los hechos his tóricos, ni aunque fuera en el supuesto de que el recurso a leyes explica tivas fuese únicamente implícito, como sugirió Popper. La propia noción de explicación es para Dray un concepto pragmático, que no puede ser caracterizado simplemente en base a propiedades lógico-sintácticas: por eso propuso el concepto de explicación racional como el adecuado para el caso de la historia. Dicho tipo de explicación siempre tiene en cuenta la intencionalidad de las acciones humanas, que implica la necesidad de una comprensión por parte del historiador del sentido de cada hecho histó-
JAVIER ECHEVERRIA
rico. Toda la tradición hermenéutica ha insistido y ampliado este punto (Gadamer,
1977).
No vamos a incidir aquí en esta amplia polémica, sino que nos limi taremos a señalar una característica particularmente clara de los estudios e investigaciones históricas: su capacidad para reconstruir la historia en base a nuevas teorías e interpretaciones. La propia selección de los he chos relevantes es altamente modificable, como puede comprobarse en los diferentes libros de texto usados en los diversos países para introdu cir a los estudiantes en los estudios históricos. La «realidad histórica» se revela como maleable y determinable por la comunidad de historiadores, en base a influencias políticas, religiosas, nacionalistas, económicas, etc. En este punto, por cierto, la historia difiere muy poco de las ciencias na turales más «duras».
La noción de explicación racional ha sido sistematizada ulterior mente por van Wright, para quien la historia, al igual que otras muchas ciencias sociales y humanas, versa sobre
acciones,
ineludiblemente in tencionales. El análisis delexplanandum debe de ser llevado a cabo con
forme a reglas diferentes, basadas en una lógica de la acción, y más concretamente en los silogismos prácticos 12. Un ejemplo típico de dichosilogismo sería el siguiente:
A se propone dar lugar a
p.
A considera que no puede dar lugar a
p
a menos de hacera.
Por consiguiente, A se dispone a hacera
(Von Wright,1971, 126).
Sobre la base de este esquema es posible explicar la racionalidad de las acciones humanas; sin embargo, no resulta claro, ni mucho menos, que este tipo de racionalidad involucre algún tipo de ley científica que la sustente. A lo sumo, cabe hablar de una explicación teleológica, en base al logro de los objetivos propuestos.Desde otro ámbito de las ciencias sociales, la antropología, ha surgi do un nuevo modelo explicativo, basado en la noción de explicación fun cional (también usada en biología). En su
Scientific Theory of Culture
and Other Essays,
Malinowski propuso denominar «funcionales» a las relaciones entre las necesidades humanas (principio regulador de todas las acciones) y las formas culturales que se desarrollan para satisfacerlas: La función no puede ser definida de ninguna otra manera más que por la satisfac ción de una necesidad mediante una actividad en la que cooperan seres humanos, usan artefactos y consumen bienes (B. Malinowski, 1944, 38).Para lograr objetivos de cualquier tipo, y por tanto por razones pu ramente funcionales, los seres humanos tienden a organizarse. El con cepto explicativo fundamental pasa a ser el de
organización,
debido a laEL CONCEPTO DE LEY CIENTIFICA
radical dependencia de los individuos respecto de los grupos a los que pertenecen. La noción de institución, y las leyes que la regulan (caso de haberlas), sería la base de toda explicación racional de las acciones hu manas. y una institución, según Malinowski, tiene seis componentes: su estatuto fundacional (o propósito), su personal, sus normas, su aparata je material, sus actividades y su función. Malinowski concluye:
Hemos introducido por último el concepto de función, esto es, el resultado integral
de las actividades organizadas, en tanto se distingue de lo estipulado, es decir, del propósito; del objetivo clásico o renovado que debe ser obtenido (B. Malinowski,
1939,943).
Es claro que la explicación funcionalista dista mucho del modelo no mológico-deductivo, al basar todos sus conceptos explicativos en as pectos pragmáticos. Difícilmente cabe hablar de leyes de la naturaleza, o concepto similar, a la hora de explicar acciones institucionales. Si hemos traído a colación esta teorización, entre otras muchas que podrían haber sido mencionadas, ello se debe a su aplicabilidad a la propia actividad científica: así podemos hacer más rápidamente la transición al apartado final del presente trabajo. Tal y como se comprobó en los apartados 1 y Il, buena parte de las críticas al modelo deductivo-nomológico se basa ban en que el concepto de ley científica es básicamente pragmático, aun que luego pueda tener una determinada forma lógico-sintáctica. El uso mismo del término <<ley» así lo sugiere. Lejos de intentar aplicar forza damente el modelo nomológico-deductivo a las ciencias sociales, pro pondremos a continuación un cambio de perspectiva, analizando las mal llamadas ciencias naturales en términos de acciones humanas, e in sertando el concepto de ley científica en dicho marco.