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El libro de Thomas Kuhn La estructura de las revoluciones científicas (ERC), publicado en 1962, marca el punto de partida tanto de una

III. EL MODELO DE LAKATOS

Imre Lakatos

(1922-1974)

propone su modelo con el propósito de re­ construir la historia de la ciencia como un progreso racional. Con su mo­ delo pretende ofrecer tanto un medio para la evaluación del carácter cien­ tífico y racional de los sistemas conceptuales, como una herramienta para la reconstrucción histórica del cambio y desarrollo de dichos siste­ mas.

La propuesta de Lakatos -desarrollada en Lakatos,

1970; y 1971-

surge dentro de una perspectiva epistemológica popperiana, y comparte con ésta los siguientes supuestos: el carácter falible de todo conocimien­ to, la importancia de establecer un criterio de demarcación entre ciencia y no-ciencia, el desarrollo del conocimiento como problema central de la epistemología, y la posibilidad de comparar distintos sistemas concep­ tuales.

Para este autor, la evaluación de las teorías científicas es una cuestión histórica y comparativa. Dado que las teorías no se pueden poner a prueba de manera aislada ni considerando sólo momentos puntuales de su desarrollo, es necesario partir de unidades de análisis más amplias y complejas que las teorías consideradas en lo individual. Estas unidades son los "programas de investigación científica», los cuales pueden ser juz­ gados como «progresivos» o «degenerativos», como compitiendo entre sí, y como la base para decidir sobre la racionalidad de una empresa cien­ tífica particular. Las teorías específicas surgen y se desarrollan como versiones sucesivas de estos programas de investigación, de tal manera que cada programa se plasma en una serie de teorías que evolucionan a lo largo del tiempo.

Cada programa de investigación científica (PI) está caracterizado por:

1)

un

(hard carel

de leyes y supuestos fundamentales, que se considera inmune a la refutación por decisión metodológica de los protagonistas;

2)

un protector»

(protective belt)

de hipótesis auxiliares, que está sujeto a revisión y debe resistir el peso de las con­ trastaciones, y

3)

una «heurística» o conjunto de reglas metodológicas que guían a los científicos sobre qué caminos deben evitar (heurística negativa) y qué caminos deben seguir (heurística positiva), para resolver las dificultades que confrontan las teorías y aumentar su contenido em­ pírico.

Para que un PI se pueda desarrollar es necesario proteger el núcleo que contiene las ideas que lo identifican, sobre todo en las primeras eta­ pas de su crecimiento. La heurística negativa, entonces, prescribe que la evidencia en contra (las anomalías) se desvíe hacia las hipótesis auxilia­ res. La heurística positiva complementa a la negativa sugiriendo cómo

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modificar, sofisticar o desarrollar las hipótesis refutables del cinturón protector, con el fin de ampliar el contenido empírico del programa. De esta manera, la sucesión de teorías que constituye un PI presenta dos car­ acterísticas:

a)

cada teoría conserva el núcleo de supuestos básicos, y

b)

cada teoría surge de su predecesora mediante la aplicación de los linea­ mientos heurísticos. No sólo el núcleo sino también la heurística perma­ nece sin cambios a 10 largo de la vida de un programa.

La evaluación de un PI consiste en considerar la serie de teorías a que da lugar y determinar si ha conducido a nuevas predicciones. Cuando las teorías posteriores abarcan más de 10 que explicaban sus predecesoras, el PI es

teóricamente progresivo

y, por tanto,

científico.

Para Lakatos, el in­ cremento de información empírica es la marca de los PI auténticamente científicos. Ahora bien, cuando además queda corroborado dicho exce­ dente de información -al menos en parte- el PI es

empíricamente pro­

gresivo.

De 10 contrario, se considera

degenerativo.

Según Lakatos, una teoría de una serie se considera «refutada» cuan­ do es reemplazada por otra teoría con mayor contenido empírico corro­ borado. En la contrastación de una teoría, los casos decisivos y cruciales son aquellos que corroboran su excedente de información. Como se puede ver, Lakatos utiliza el término

refutación

de manera peculiar; a di­ ferencia del uso tradicional, la evidencia en contra, por bien establecida que esté, no es una condición suficiente para eliminar una teoría. Las teo­ rías de un PI se enfrentan a múltiples anomalías todo el tiempo, y estas anomalías se vuelven decisivas sólo cuando en el PI se han dejado de pro­ ducir nuevos tipos de fenómenos, esto es, cuando el cambio de teorías ha entrado en una fase degenerativa.

La historia de la ciencia, en la concepción de Lakatos ha sido y de­ bería ser una historia de programas de investigación en competencia; pero entonces se plantea el problema de cómo se eliminan los PI. La res­ puesta de Lakatos es que un PI se abandona cuando además de haber en­ trado en una fase degenerativa, tiene un rival que es empíricamente pro­ gresivo. Sin embargo, en el cambio de un PI por otro se presentan serias dificultades que no surgen en el cambio de teorías dentro de un mismo PI (donde la eliminación de una teoría por otra es un proceso relativamen­ te rutinario). Por un lado, el carácter empíricamente progresivo de un PI no es algo que pueda determinarse de manera inmediata; la verifica­ ción de las predicciones novedosas puede tomar un tiempo considerable. Por otro lado, siempre es posible que un PI que se encuentra en una fase degenerativa se recupere gracias a ingeniosas y afortunadas hipótesis auxiliares, las cuales transformen retrospectivamente una serie de fraca­ sos en casos corroboradores del programa. De aquÍ la importancia de la tolerancia metodológica y el rechazo de la «racionalidad instantánea». Sólo

a posteriori

se puede distinguir una simple anomalía de un auténti­ co contraejemplo, y reconocer qué experimentos tienen un carácter cru­ cial. Un PI triunfa sobre otro sólo después de un prolongado período de desarrollo desigual (progresivo en un caso y degenerativo en el otro), pe-

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ríodo que puede tomar decenas de años. Pero Lakatos no establece nin­ gún límite temporal.

Si el conocimiento crece por la eliminación de los programas de­ generativos en favor de los progresivos, el juicio sobre la racionalidad del cambio científico sólo puede ser retroactivo. Su metodología es normativa en tanto puede afirmar de ciertos episodios científicos que no deberían haber seguido el camino que siguieron, pero no ofrece una evaluación que pueda mirar hacia delante de los actuales programas en competencia. La afirmación de que cierto episodio de investigación no debió seguir el curso que de hecho siguió, y que si lo hizo fue por la in­ tervención de factores externos, supone la distinción que Lakatos esta­ blece entre historia interna e historia externa. Para Lakatos, la historia in­ terna debe excluir todos los factores psicológicos y sociales. Debe ser la historia del desarrollo de las ideas que tienen lugar en el mundo del co­ nocimiento articulado, el cual es independiente de los sujetos cognos­ centes. En suma, debe ser la historia de programas de investigación anó­ nimos y autónomos. El cambio científico (el paso de un PI a otro) se considera racional cuando obedece sólo a razones de tipo interno, esto es, a razones objetivas.

En cuanto a la evaluación de los diversos modelos del desarrollo científico, Lakatos, junto con los filósofos postempiristas, sostiene que la historia de la ciencia constituye su base de contrastación. Una teoría de la ciencia que no tenga adecuación empírica, adecuación histórica, no puede ser aceptada. La mejor metodología será entonces aquella que reconstruya como racionales una mayor cantidad de episodios de la his­ toria de la ciencia. Sin embargo, este criterio metametodológico parece implicar una circularidad. Se apela a la historia de la ciencia como piedra de toque para comparar metodologías rivales, pero no hay una historia de la ciencia que sea metodológicamente neutral. Lakatos tiene presente esta dificultad y propone partir de las valoraciones que hace la élite científica de ciertos episodios concretos, y construir una teoría general que explique esos episodios así valorados. La teoría de la racionalidad re­ sultante debe permitir la valoración de nuevos casos, e incluso puede con­ ducir a la revisión de juicios previamente aceptados. Por tanto, para Lakatos, la evaluación de las metodologías es un procedimiento total­ mente análogo al de la evaluación de los programas de investigación cien­ tífica.

IV. EL MODELO DE LAUDAN

El modelo de cambio científico propuesto por Larry Laudan es un mo­ delo basado en la solución de problemas. Para este autor, el objetivo de la ciencia es obtener teorías altamente eficaces en la solución de proble­ mas. Por tanto, la ciencia progresa en la medida en que las teorías suce­ sivas resuelven más problemas que sus predecesoras.

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Laudan considera que cualquier modelo de desarrollo que pretenda dar cuenta de la ciencia como una empresa progresiva y racional, debe reconocer ciertos rasgos del cambio científico que la historia de la ciencia nos muestra como persistentes, a saber: los cambios de teoría son, por lo general, no acumulativos; las teorías no se rechazan simplemente por la presencia de anomalías, ni se aceptan tan sólo por haber sido confirma­ das empíricamente; los debates en los cambios de teoría se centran, con frecuencia, en cuestiones conceptuales y no en cuestiones de apoyo em­ pírico; los criterios utilizados por los científicos al evaluar las teorías (que Laudan llama «principios locales de racionalidad») han cambiado con­ siderablemente a lo largo del desarrollo científico; la aceptación o el re­ chazo no son las únicas actitudes cognoscitivas hacia las teorías, existe una gama más amplia de actitudes epistémicas; los principios de evalua­ ción varían considerablemente de acuerdo con los distintos niveles de ge­ neralidad que presentan las teorías; la coexistencia de teorías rivales es la regla más que la excepción, por tanto la evaluación de teorías es, bási­ camente, una cuestión comparativa; resulta poco plausible que la carac­ terización del progreso en función de objetivos trascendentes (como la verdad) permita reconstruir a la ciencia como una actividad racional. La propuesta de Laudan, entonces, intenta responder al desafío de ofrecer un modelo que incorpore la mayoría de estos rasgos de la ciencia efecti­ va. (En Laudan,

1977; 1981

Y

1984,

se encuentran las principales tesis de este autor sobre la dinámica de la ciencia.)

Laudan considera que el limitar nuestra atención a las teorías, en­ tendidas a la manera tradicional, nos impediría tomar en consideración los compromisos más básicos y a largo plazo que son un componente central de toda investigación científica. Las teorías son versiones especí­ ficas de visiones más fundamentales acerca del mundo, y la manera en que se desarrollan y cambian cobra sentido sólo cuando se analizan a la luz de sus compromisos (presupuestos) más básicos. Laudan llama «tra­

diciones de

(TI)

al conjunto de compromisos compartidos

por una familia de teorías. Una

TI

incluye:

1)

una ontología (un conjun­

to de supuestos generales acerca de la clase de entidades y procesos que integran el dominio de investigación);

2)

una metodología (un conjunto

de normas epistémicas y metodológicas acerca de cómo investigar ese do­ minio, cómo poner a prueba las teorías, qué cuenta como evidencia, cómo modificar las teorías que estén en dificultades, etc.), y

3)

una es­

pecificación de los objetivos cognitivos (como, por ejemplo, el de res­ tringirse a enunciados sobre propiedades manifiestas y a teorías inducidas por ellos, objetivo dominante en la «filosofía experimental» del siglo

xvm).

Aunque las

TI

son las unidades que persisten a través del cambio de

teorías, las mismas

TI

pueden ser abandonadas. La evaluación tanto de las

teorías como de las

TI

depende fundamentalmente de su eficacia en la re­

solución de problemas. Los problemas que han de ser resueltos son bási­

camente de dos tipos: empíricos y conceptuales. Entre los problemas em-

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píricos, Laudan distingue: problemas potenciales, problemas resueltos y

problemas anómalos. Los potenciales», o «no resueltos»,

son los hechos conocidos acerca de los cuales no hay, hasta el momento, ninguna explicación; los «problemas resueltos», o «reales», son las afir­ maciones acerca del mundo que han sido explicadas por alguna teoría via­ ble; y los «problemas anómalos», en relación con una cierta teoría, son problemas que ella no resuelve pero que una teoría rival, que es viable, sí lo hace. Los problemas conceptuales son los problemas que se le presentan a una teoría T en las siguientes circunstancias: cuando T es internamente inconsistente o encierra ambigüedades conceptuales; cuando T entra en contradicción con otras teorías, con los principios metodológicos o con los supuestos metafísicos prevalecientes; cuando T no utiliza conceptos de teorías más generales a las que se supone está lógicamente subordinada.

En el modelo de solución de problemas, la eliminación de problemas conceptuales es tan constitutiva del progreso como el lograr un crecien­ te apoyo empírico. Laudan llega a afirmar que es posible que un cambio de una teoría por otra con menos apoyo empírico sea un cambio pro­ gresivo, si la segunda resuelve dificultades conceptuales de peso que la primera no ha podido resolver. El objetivo de la empresa científica es, en­ tonces, maximizar la esfera de los problemas empíricos resueltos, al mismo tiempo que se minimiza la esfera de los problemas anómalos y conceptuales. Como en este modelo se rompe de entrada la liga entre re­ tención acumulativa y progreso, es necesario elaborar una medida que compare ganancias contra pérdidas. Esto requiere, a su vez, determinar no sólo el número sino también la importancia de los distintos tipos de problemas (cuestión muy compleja que se intenta elucidar en Laudan, 1977). Siguiendo esta vía, Laudan propone el siguiente criterio de eva­ luación: la eficacia global de una teoría en la resolución de problemas se determina estimando el número y la importancia de los problemas em­ píricos que resuelve, y restando a esto el número e importancia de las anomalías y de los problemas conceptuales que la teoría genera.

Las actitudes cognoscitivas de aceptación o rechazo no son las únicas que una metodología debe tomar en cuenta. Laudan afirma que los científicos, en muchas ocasiones, consideran que una teoría merece mayor exploración y elaboración, aun cuando no la acepten. La racio­ nalidad de este tipo de actitudes se muestra apelando a la tasa de pro­ greso de una teoría, es decir, a la rapidez con que ha resuelto ciertos pro­ blemas. Por ejemplo, una alta tasa inicial de progreso de una teoría puede justificar el que se siga trabajando en ella, a pesar de que su efi­ cacia global para resolver problemas sea menor que la de sus rivales más antiguas y mejor establecidas. La decisión de aceptar una teoría depende de su eficacia global en la trayectoria seguida, la decisión de proseguir su investigación depende de su tasa de progreso reciente, y ambas cosas re­ quieren de manera indispensable de la comparación con las teorías al­ ternativas. De esta manera, la evaluación abarca tanto un componente re­ trospectivo como uno prospectivo.

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De acuerdo con el componente retrospectivo, una TI es más adecua­ da (más aceptable) que otra cuando el conjunto de sus teorías tiene una eficacia global mayor que el conjunto asociado a la TI rival. De acuerdo con el componente prospectivo, una TI es más progresiva (más prom­ etedora) que otra cuando su tasa de progreso es mayor (donde la tasa de progreso de una TI se define como la diferencia entre su adecuación en un momento t y su adecuación en un t' anterior o inicial). Por tanto, una TI puede ser menos adecuada que una rival y, sin embargo, ser más progresiva. La racionalidad estribaría, según Laudan, en proseguir la in­ vestigación de las teorías más progresivas, y en aceptar sólo las teorías más adecuadas.

En Science and Values

(1984),

Laudan abandona el carácter hasta cierto punto jerárquico de su propuesta anterior. De acuerdo con el nuevo modelo, de estructura reticular, las TI evolucionan de tal manera que las primeras y las últimas versiones de una misma TI pueden tener muy pocos supuestos en común, si no es que ninguno. Esto se explica por los patrones de dependencia mutua entre los distintos niveles de evalua­ ción, es decir, por las relaciones y acciones recíprocas entre teorías, reglas metodológicas, y objetivos cognitivos. Por ejemplo, el tipo de teorías que se estén construyendo en un campo de investigación puede entrar en con­ flicto con los objetivos vigentes, y hacer que se modifique el nivel axio­ lógico. Ningún nivel, en ningún momento de la evolución de una TI, es inmune a la crítica y la revisión. A través de este proceso reticular, una serie de cambios graduales llega a producir cambios profundos en las cre­ encias y supuestos de una comunidad científica. A pesar de que los com­ ponentes de una TI forman una red interconectada, los cambios rara vez ocurren como una cuestión de todo o nada, y tampoco tienen por qué implicar inconmensurabilidades globales. Como se puede ver, en este en­ foque de Laudan la línea divisoria entre evolución y revolución se des­ dibuja casi por completo.

En el nivel meta metodológico, la posición de Laudan en Progress and

its Problems

(1977)

coincide en aspectos importantes con la de Lakatos. Existe un conjunto de casos del desarrollo de la ciencia acerca del cual las personas científicamente educadas tienen fuertes y similares «intuiciones normativas» (por ejemplo, era racional aceptar la mecánica newtoniana

y rechazar la mecánica aristotélica alrededor de

1800).

Estas intuiciones

predominantes establecen los casos estándar de racionalidad científica, y son el punto de partida para poner a prueba las metodologías en com­ petencia. Dado un conjunto de casos estándar, los diversos modelos se juzgan por su capacidad para reconstruirlos como racionales. El modelo que resulte más adecuado se utiliza entonces para interpretar y evaluar el resto de episodios de la historia de la ciencia. Esta propuesta metameto­ dológica de Laudan combina aspectos descriptivos y normativos, inten­ tando evitar los extremos de un normativismo apriorista (indiferente a la historia de la ciencia) y de un relativismo histórico radical (que cancela toda función crítica al análisis filosófico de la ciencia).

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