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LIBRAOS DE LA PREOCUPACION POR LA OPINION DE LOS DEMAS

In document Paul Jagot - Timidez Vencida (página 31-33)

Ya hemos hecho notar el papel que desempeña el temor de parecer lo que no querríamos o de no parecer lo que querríamos. Ese temor es la base del 80 por 100 de los sufrimientos que experimenta el tímido. De una manera general, toda persona no iniciada en la cultura psíquica atribuye una importancia considerable al efecto que ella cree producir sobre los demás, a la opinión que se imagina que tienen de ella. Le importa más parecer y que se sepa, que serlo y que se le ignore. En el tímido, esa disposición se agrava de enfermizo modo porque él se exagera sus inferioridades y busca con ansia el conciliarse la aprobación o la consideración de aquellos que le rodean. Tiembla a la sola idea de no obtenerla. Por eso su bienestar nervioso y su serenidad mental dependen de otro.

Pero los tímidos, tal como lo digo en otro de mis opúsculos, son casi todos ellos, en razón misma de su hipersensibilidad, inteligentes. Se darán cuenta, pues, fácilmente de que lo que les importa no es parecer sino ser realmente, atendido que el valor, la aptitud, el talento, la superioridad reales,

silenciosos y despreocupados de la aprobación de los demás, no tardan jamás en imponerse. La evidencia no necesita defensores: se traza por sí misma un camino hasta la conciencia de los espíritus que no están obscurecidos por obnubilación patológica.

Aconsejo, pues, a mis lectores ávidos de esa independencia psicológica que es el objeto del presente capítulo, que se ejerciten en dejar de derrochar su energía mental con miras a la aprobación de los demás. Que se preocupen únicamente de su propia aprobación y que se esfuercen en merecerla. La actitud más o menos

agradable que les testimonien algunos, no tardará en serles por completo indiferente.

Analizaos sin complacencias. Haceos preguntas precisas:

1º ¿Qué es lo que sé? Enumerad las cuestiones de las cuales tenéis siquiera nociones, anotad el nivel de conocimientos qúe poseéis acerca de cada cuestión. ¿Tenéis en algún ramo del saber humano una competencia especial? ¿Qué os falta para alcanzar el nivel de superioridad que haría esa competencia indiscutible? 2º ¿Qué soy? Evaluad vuestra constitución física, su vigor, sus insuficiencias, vuestra capacidad de trabajo o de producción, tanto material como intelectual. No temáis enfrentaros con vuestras inferioridades, porque es la condición

esencial para modificarlas; pero no las ampliéis. Examinad vuestras facultades: atención, memoria, juicio, imaginación, ingeniosidad, las posibilidades de vuestra asimilación, vuestro valor, vuestra tenacidad, vuestra firmeza, etc. Un examen de ese género, concienzudo, meticuloso, tendrá como primer efecto animar vuestra vida interior y concentrar vuestros pensamientos sobre vosotros mismos, lo cual disminuirá automáticamente vuestra preocupación por la opinión

de los que os rodeen. Ha de ser manifiesta para vosotros esta verdad: que no encierra ningún provecho el ser estimado en más de lo que uno merece o en más de lo que se puede, mientras que no existe sino un débil inconveniente cuando se posee un real valor intelectual o realizador y algunos lo discuten o no tienen de ello una exacta noción.

Conviene preocuparse no de parecer sino de poder, y para fijar las ideas creo deber reproducir aquí la enumeración indicada en mi Curso por correspondencia de Educación psicológica. He aquí, pues, qué es lo que debe preocuparos:

- Aprender a retener toda noción, rápida y exactamente;

- Acordarse con precisión y a propósito de toda cosa oportuna; - Saber razonar y dominarse;

- Poder fijar, prolongar, sostener la propia atención sobre cualquier tema, sin distracción, sin dificultad ni fatiga excesivas;

- Pensar con claridad;

- Desarrollar un juicio con método, penetración y precisión; - Resistir a las sugestiones e influencias exteriores;

- Vencer las propias impresiones;

- Ser dueño de los propios emociones, sensibilidad y sentimientos;

- Buscar y hallar la manera de proceder para obtener un resultado, realizar un proyecto o resolver una dificultad; esto es, tener iniciativa;

- Mantenerse inaccesible a toda costumbre perJ udicial; - Proceder en todo con calma, confianza y circunspección;

- Continuar deseando, ejecutando aquello que se haya decidido, amoldándose a una regla adoptada, a pesar de todos los obstáculos;

- Expresar el propio pensamiento con palabras claras, con firmeza, mesura y seguridad;

- Contener los propios impulsos;

- Adaptarse rápidamente a una situación nueva y asimilarse en un mínimo de tiempo la ejecución de una tarea definida;

- Sentir una confianza sostenida en sí mismo;

- Ser por completo dueño de sí en presencia de otro.

Si, como consecuencia del examen precedente, emprendéis la tarea de adquirir lo que falta a vuestra personalidad, pronto os sentiréis firmes y resueltos en presencia de todos. El impulso a hablar o a actuar para dar a los que os rodeen una idea aduladora de vuestra importancia cesará de manifestarse. Sin que hagáis nada de especial para ello, vuestra actitud, Vuestras miradas, vuestra palabra tomarán ese carácter resuelto que inspira la verdadera consideración. Vuestra actitud hará evidente vuestro valor por los resultados que engendrará.

Preocupados únicamente por las realidades, dejaréis de ser sensibles a las fantasmagorías. La expresión conminatoria de una mirada, las palabras críticas, las actitudes irónicas o presuntuosas, el aspecto imponente o afectado de

algunos, todo ello no causará en vosotros más impresión que la sombra o el umo. La firmeza se fortalece por medio de la auto vigilancia con miras a mantener la ímaginación en una condición tranquila, recogida y reconcentrada. Se fortalece asimismo mediante todo esfuerzo lle vado a cabo para acomodar la acción a la decisión. Cada vez que, habiendo decidido seguir una línea de conducta, observar un principio o ejecutar una tarea, os conforméis exactamente a vuestra decisión, vuestra firmeza se fortalecerá.

En una obra traducida del inglés y que sirvió de guía a casi todos los estudiantes de la cuestión psíquica hace un cuarto de siglo, el autor (1) recomienda que cada cual trabaje su firmeza con ayuda de las autosugestiones siguientes:

- Soy dueño de mis propias acciones. - Jamás me sentiré confuso ni excitado.

- Nunca cederé a la cólera ni me sentiré irritado.

- No tomaré en ningún caso una decisión apresuradamente.

- Después de haber tomado una decisión, no me apesadumbraré por haberlo hecho. - Mis decisiones serán radicales y jamás haré nada a medias.

- No actuaré nunca contrariamente a mi propio juicio.

Estos principios fundamentales son excelentes. Repitiéndolos con frecuencia, no a flor de labios, sino con atención, uno se los incrusta tan bien en sí mismo

que pronto adquieren fuerza de ley. Por lo demás, cada cual puede imaginarse otros principios que correspondan a sus necesidades particulares.

(1) A. VíCTOR SEGUS.

In document Paul Jagot - Timidez Vencida (página 31-33)

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