CAPÍTULO III. RUTA METODOLÓGICA INSPIRADA EN LA ETNOGRAFÍA
4.1 Los factores que influyen en el estilo de vida de los habitantes
4.1.3 Las limitaciones para el cultivo de los alimentos propios
En este apartado expongo las circunstancias por las cuales la población, especialmente los jóvenes, han optado por abandonar las prácticas productivas como la milpa. Lo anterior, se vincula con la falta de terrenos propios y con las pocas posibilidades de adquirir los mismos, lo cual dificulta el cultivo de los alimentos, pues las personas carecen de tierras para sembrar. Además, debo señalar que los empleos de los habitantes están mayormente relacionados con la ganadería y la agricultura, es decir, se dedican a cuidar y dar mantenimiento a ranchos ajenos. Asimismo, en ocasiones, son contratados para la cosecha de frutos o vegetales. Estos empleos tienen salarios bajos y no son estables, por lo tanto, las familias no tienen un ingreso económico fijo. Esta situación dificulta que puedan comprar propiedades en las que puedan sembrar o construir sus casas. Una de las participantes menciona que:
Lo que pasa es que los potreros son de gente que ya los compró, que compró, pues y es gente que no vive aquí, es gente de fuera y ya la gente que vive aquí, pues la verdad nada más tiene lo que es la casita [donde habita]. (EM-Isabel-072018)
Los hombres tienen conocimientos sobre la producción de alimentos de manera tradicional, sin embargo, deben pedir prestado o rentar una extensión de tierra para poder realizar esta práctica, lo cual les genera incertidumbre, como se refleja en el siguiente apartado:
I: y… hasta el momento ¿se han organizado o hecho algo para tener más terrenos donde puedan sembrar o construir?
Este pues no, ahorita pues construir sólo en este pedacito, pero para sembrar no tenemos. Para sembrar este año mi esposo sembró y, pues le rentaron un pedazo. No se lo rentaron porque no le cobran, pero se lo prestaron, pero ya para el siguiente año ahora sí, no sé si la persona que le rentó le va a volver a rentar o ya no. (EM-Irma- 072018)
Las personas que siembran tienen que someterse a condiciones establecidas por las personas externas quienes son dueños de los terrenos aptos para el cultivo. Resulta difícil de comprender que los habitantes, en su propio pueblo, presenten estos obstáculos para sembrar, sin embargo, se debe tener en cuenta que esto es resultado del despojo gradual de territorios
76 que las comunidades rurales experimentan desde hace varias décadas en nuestro país. En el año de 1992 la privatización se acrecentó debido a que la modificación de la Constitución Mexicana permitió que las tierras ejidales y comunales se pudieran comercializar; lo cual favoreció a que las tierras, los elementos naturales y demás bienes fueran de fácil acceso para personas con mejores ingresos económicos (López, 2017). En este caso, las personas de mayores ingresos económicos, y que viven en la ciudad, son los dueños de los grandes terrenos, pues los habitantes locales no tienen la estabilidad económica que les permita adquirir propiedades, tal como se muestra en los siguientes fragmentos.
I: ¿ustedes pagan cuando siembran?
Ajá mi papá, y ya ahí, tan sólo el señor que le digo a usted que tiene terrenos, ese siembra pino. Entonces el pino cuando crece lo tumban y tan sólo cuando van que reforestan o así los arbolitos los tumban, tienen que recoger todo para otra vez resembrar. Y ya le digo a usted, ese señor tan sólo aquí da para sembrar, le tienen que pagar ˗no sé cuánto cobren˗ por el pedazo que da para sembrar. Ya los dueños que van a sembrar le pagan a ese mero dueño el terreno, de ahí de lo que les prestó. Y ya, pues ya cuando termina la siembra también ellos como quiera pagan, pero tienen que ayudarle al señor, si ahí había un arbolito sembrado tienen que sembrarlo ellos y tienen que dejar todo limpio otra vez para que el señor pueda volver a sembrar. (EM- Elena-072018)
Pues sí para eso, tan sólo para las siembras pues sí porque los que tienen los rentan, pagan por sembrar ahí, les pagan al dueño y ya el dueño les da un pedacito de terreno pero tienen que estar pagando. (EM-Teresa-072018)
Ante la falta de extensiones de terreno propio y las condiciones para sembrar, los jóvenes han optado por dejar de plantar uno de los alimentos principales del pueblo: el maíz. Las nuevas generaciones consideran que no es una práctica redituable, pues se requiere de mucho trabajo físico e inversión económica. Esta inversión no siempre se refleja en la cosecha, ya que no existe la certeza de que todas las semillas germinen. Esta incertidumbre fue compartida durante una charla informal, en diferentes momentos, en la cual dos hombres compartieron sus experiencias sobre el cultivo, mencionaron que ahora las semillas son dependientes de los abonos y los pesticidas para que produzcan alimentos. También en ocasiones el exceso de lluvias o el granizo afectan los cultivos, lo cual implica resembrar o perder parte de la cosecha. Una participante señala que:
Con dinero se les paga, ponen un plazo y ya se les paga. Por eso decían los que van ahorita ‘ya no nos conviene sembrar, en una la chapeada, la tumbada, después viene la hoyada, después la sembrada, después la abonada, después la limpia ¿cuánto no
77 gastamos?’ Y cuando se da, se dio [la semilla] y ¿cuándo no? es ahí cuando se desmoraliza. Ya la juventud de ahorita ya no siembra… dicen ‘vamos a la tienda, pues sale caro rentar’ y los de antes no. (GPD-Rosa-012018)
La desmotivación, los intereses personales o la pobreza son factores que han propiciado conjuntamente que las nuevas generaciones se dejen de involucrar o pierdan el interés por cultivar los alimentos para la familia. En Coxmatla, de acuerdo con las participantes, únicamente 10 personas de la comunidad cuentan con terrenos propios para sembrar. Esto se debe a que algunas familias decidieron vender sus tierras o porque nunca las tuvieron. Una de las participantes compartió su experiencia familiar y afirma que para sobrevivir no necesitan ingresos económicos, pues si cultivan alimentos primordiales como el maíz y frijol satisfacen una de las necesidades básicas para el ser humano, la alimentación.
En la agricultura de autoconsumo se conjugan diversos conocimientos, la identidad y determinados procesos sociales como la colaboración entre las personas y el intercambio de alimentos cosechados. Además, esta última práctica propicia que las familias tengan las condiciones para disponer y conocer el origen de los alimentos, lo cual brinda soberanía alimentaria, ya que los cultivos cosechados no sólo significan un producto para consumir, sino un elemento que propicia la integración familiar. Una de las participantes compartió durante la entrevista una experiencia con su marido:
Pues sí, o sea aprender de los demás, digo entre mí, si mi señor sembrara a lo mejor viviéramos más bien. Pero digo lástima que, pues no o sea [no sé] si no quiere estar aquí o quién sabe pero él dice ‘yo me voy para poder trabajar y tú tengas qué comer’ pero pues también aquí le digo a usted, si él sembrara [no sería necesario irse]. Y ya así aprende de otros señores que luego ahí tienen harto maíz, frijol. Le digo, pues ya eso se ahorran de estar comprando. (EM-Arely-072018)
Sí porque ahorita los chiquitillos de ahorita, pues ya casi no les gusta, ya muchos señores que ya [tampoco les gusta]. (EM-Arely-072018)
I: ¿ya no siembran?
Ya no siembran. (EM-Arely-072018)
Las limitaciones que expuse en este texto muestran que la realidad de los campesinos es compleja al no tener la libertad de sembrar sin obedecer condiciones establecidas por los dueños de los terrenos, pues deben pagar mediante una cuota económica o con mano de obra. Ante tales circunstancias de despojo y pérdida de interés, existe la amenaza de que las futuras
78 generaciones dejen de cultivar sus alimentos. Además, al dejar de practicar la agricultura de autoconsumo, las familias son vulnerables a enfermedades como desnutrición u obesidad debido a los cambios en su alimentación y se incrementan los índices de pobreza económica y cultural, pues en relación con la agricultura existen rituales diversos, riqueza gastronómica y relaciones interpersonales que fortalecen el tejido social (Boege, 2008; Convenio sobre la Diversidad Biológica, 1992).