Generalmente, cuando hablamos del ejercicio profesional del psicólogo comunitario nos referimos al trabajo con sectores de la base social, con sectores populares, con organizaciones de vecinos, jóvenes, mujeres, o sectores sociales discriminados, minorías étnicas, raciales, sexuales, etc. y dejamos por fuera la reflexión y la aportación que la psicología comunitaria puede hacer en los sectores institucionales y los escenarios de decisión inherentes a la administración pública y el estado. Este sesgo en la concepción del ejercicio profesional puede deberse a una insuficiente comprensión del campo de trabajo del psicólogo comunitario y del alcance de la teoría social o psicosocial adoptada.
Por esta razón, proponemos el concepto de intervención psicosocial comunitaria como una herramienta técnico-práctica que orienta el trabajo psicosocial hacia la construcción de lo comunitario y la potenciación de su capacidad de intervención. “La intervención comunitaria es el conjunto de acciones que, desde un enfoque metodológico integrador y globalizador, las personas que integramos una comunidad con nuestros distintos recursos personales, técnicos o no, ponemos en marcha para lograr la toma de conciencia y comprensión de nuestra propia realidad y la promoción de nuestro desarrollo global en todos los sectores y áreas de nuestra vida laboral, social, etc.”. Esta definición presenta una serie de elementos básicos a tener en cuenta en la intervención comunitaria (Arango, 1995), a saber:
1. Las personas que integramos una comunidad: con esta formulación se está afirmando, como vimos en capítulos anteriores, que la intervención comunitaria es realizada por la comunidad misma. Es decir que el psicólogo comunitario, el técnico o el profesional, hace parte de la comunidad. Se descarta la idea de que pueda existir una intervención comunitaria realizada por agentes externos a una comunidad. Cuando el profesional o el técnico se colocan por fuera de la comunidad, y no hacen parte de su dinámica relacional, pierden la oportunidad de comprender la forma como esta comunidad vive e interpreta su propia realidad. Asimismo, no es posible hacer una intervención comunitaria, cuando se atribuye desde afuera de manera instrumental el carácter de comunidad a un conjunto de personas, y se interpreta su realidad desde fuera del escenario en que la comunidad existe. La comunidad implica relaciones de interioridad, de reconocimiento mutuo como pertenecientes a un nosotros construido conjuntamente. (Laing, 1971) La comunidad, como objeto de intervención desde su exterior, es un imposible y toda intervención desde afuera de la misma es anticomunitaria.
2. Con nuestros recursos personales, técnicos o no: La comunidad es una unidad de experiencias personales que confluyen hacia el alcance de un objetivo compartido. Cada experiencia personal es un cúmulo de saberes técnicos o no técnicos. El psicólogo como profesional, o los funcionarios institucionales son recursos técnicos al servicio de la comunidad. El profesional o el funcionario institucional solo pueden hacer intervención comunitaria, asumiéndose como parte de la comunidad, y cualquier persona que hace parte de la comunidad posee un saber y una experiencia útil a los objetivos comunitarios.
3. Desde un enfoque metodológico integrador y globalizador: En este punto encontramos la pertinencia de colocar al servicio de la comunidad con la que trabajamos como profesionales el enfoque psicosocial y una metodología apropiada, de modo que acceda de manera integral a la realización del proyecto comunitario adoptado.
4. Ponemos en marcha un conjunto de acciones para lograr la toma de conciencia y comprensión de nuestra propia realidad: La intervención comunitaria implica la realización de acciones que hagan posible en primera instancia la explicitación de las maneras como las
personas interpretan su realidad, como viven sus situaciones y construyen su realidad. En este sentido se reconoce que la realidad es una construcción social, que es necesario explicitar de manera comprensiva cómo se han realizado dichas construcciones y que es necesario reflexionar críticamente frente a estas construcciones con el fin de avanzar en la toma de conciencia sobre los alcances y limitaciones con que la comunidad ha construido su realidad. En la medida que se amplíe el campo de posibilidades de acción para la comunidad se puede hablar de toma de conciencia y de posibilidades para el cambio social, así como de la producción de conocimiento.
5. Y la promoción de nuestro desarrollo global en todos los sectores y áreas de nuestra vida laboral, social, etc. Aquí se señala que el objetivo principal de la intervención psicosocial comunitaria no es el de resolver problemas puntuales presentados de manera técnica, sino que la intervención debe apuntar al desarrollo global de todos los sectores y áreas de la vida. Es decir al desarrollo integral de las personas, de los grupos, de los sistemas, de los contextos o escenarios y de las instituciones de tal manera que se afecte la vida como una totalidad. Aquí encontramos implícito el concepto de integralidad que significa la interrelación de los diversos problemas y la necesidad de articulación en un proceso global.
A partir de esta concepción de intervención psicosocial comunitaria, vemos la necesidad de revisar críticamente la teoría psicosocial hasta el momento presentada en este documento y resolver conceptualmente los vacíos o retos emergentes desde esta formulación.
La intervención psicosocial comunitaria implica una concepción amplia de comunidad donde se incluyen en un mismo proceso integrador a varios actores, escenarios o contextos. No se trata pues de reducir la intervención comunitaria a solamente un grupo homogéneo de actores en un solo escenario. Consideremos por ejemplo la estrategia adoptada por la fenomenología social desde la perspectiva clásica de acceder a la inteligibilidad de las situaciones a partir de la significación que esta adquiere en función de las particularidades del contexto. Según Laing: “A medida que, partiendo de las microsituaciones, nos elevamos a las macrosituaciones, descubrimos que la aparente irracionalidad de la conducta en una escala pequeña, cobra una determinada forma de inteligibilidad cuando la ve uno en su contexto. La tela de la socialidad 2 es un entretejido conjunto de contextos, de subsistemas entretejidos con otros subsistemas, de contextos entretejidos con metacontextos y metacontextos y así sucesivamente hasta que se llega a un límite teórico, que es el del contexto de todos los contextos sociales posibles, que comprenden, junto con todos los contextos que están subsumidos en él, aquello que podríamos llamar el sistema social mundial total. Más allá de ese sistema social mundial total (y ya no hay un contexto social más amplio que podamos definir) no existe otro contexto social más al cual podamos referir la inteligibilidad del sistema social total” (Laing, 1969).
En esta formulación de Laing nos encontramos con que el ideal cognoscitivo radica en acceder a la inteligibilidad del sistema o escenario estudiado a partir de la contextualización del fenómeno. Esta estrategia investigativa coloca la legitimidad de la interpretación en el investigador, dejando por fuera las apreciaciones de los actores que hacen parte de dicho escenario. El investigador en este caso se coloca por fuera del escenario investigado y pretende hacer entrega a los actores de su interpretación como si esta fuese el conocimiento
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La socialidad es un término procesal que reemplaza en el discurso sociológico al término sociedad que es un término estático y rígido.
objetivo. El enfoque de intervención psicosocial comunitaria cuestiona esta concepción cognoscitiva y asume el carácter autopoiético del escenario o contexto de la intervención. En este enfoque se reconoce que tanto la realidad social, así como toda racionalidad, son construcciones de los actores involucrados en ella. Los actores que hacen parte del escenario, contexto o sistema social tienen la capacidad de generar de manera creativa interpretaciones sobre su realidad, lo que es denominado como “autopoiesis social”. La autopoiesis es una característica no solo de los seres vivos sino de los sistemas sociales. “Los sistemas sociales utilizan la comunicación como su forma particular de reproducción autopoietica. Sus elementos son comunicaciones producidas y reproducidas de manera recurrente por una red de comunicaciones, y no pueden existir por fuera de ella” (Luhmann, 1990). En consecuencia, el proceso de intervención psicosocial comunitaria lo que establece es la estrategia metodológica que hace posible a los actores ampliar el campo de posibilidades de tal manera que el fenómeno estudiado pueda ser transformado. En este sentido, ya no se trata de acceder a una explicación del fenómeno a partir de la ubicación en la estructura social que lo enmarca (estructuralismo) o de su sentido en el contexto (fenomenología) sino que se trata de asumir la construcción de nuevas dimensiones de la realidad, con la participación de los actores involucrados.
Nos encontramos pues, con procesos psicosociales orientados por metáforas cargadas de validez social para una comunidad de actores en un momento histórico determinado. El problema ya no es el establecimiento de la inteligibilidad última sino el tipo de mediaciones discursivas (metáforas e interpretaciones) que juegan un papel en la definición de la situación y su valoración crítica por parte de los actores. Estas apreciaciones representan un avance con respecto al pensamiento lineal propio de la búsqueda de explicaciones basadas en el principio de causalidad.
Al reconocerse las propiedades autopoiéticas de los sistemas, podemos entender mejor el problema de las relaciones entre los escenarios o los sistemas. Estos escenarios no son estructuras abstractas dotadas de propiedades intrínsecas, son agrupaciones de actores, de personas en interacción y en comunicación con capacidades de autotransformación personal. La transformación personal puede promoverse y gestarse en la interacción grupal y comunitaria. Para que se de el cambio en el sistema, en el escenario es necesario que se den cambios en los actores, bien sea a nivel individual o colectivo, y se den interacciones significativas de tal manera que se produzcan cambios en las estructuras semánticas o metáforas que actúan como mediadoras. En esta dirección, el cambio no solamente es posible en el nivel micro, sino que puede darse una dinámica en los niveles meso, exo y macro sociales a través de la confluencia de grupos y organizaciones que cambian en el horizonte de un objetivo compartido, desde el que es posible orientar la transformación progresiva de la estructura social entendida como una metáfora hegemónica de la sociedad.