PARA CONTROLAR LOS PRECIOS DEL MERCADO DE OUSSOUYE
3. LOS HECHOS 10 DEL «KAJAKUL, C’EST CHER! IL FAUT
DIMINUER!» UNA INICIATIVA DE LAS JOOLAS DE OUSSOUYE
El 25 de noviembre de 2007, grupos de mujeres, en su mayoría joola, se mo- vían por Oussouye de forma inusual, de un lado al otro y en grupos: uno, el más numeroso delante la Gendarmería y otros ubicados en las diferentes carreteras o puntos de entrada a la ciudad, parando vehículos, y personas que iban andando, hablando entre ellas o con las personas que se acercaban: «todas las mujeres de
Oussouye hemos decidido bajar los precios de los productos del mercado, hemos infor- mado a las autoridades, al alcalde, al prefecto y al jefe de la gendarmería, y ahora es- tamos informando a la gente que viene a vender sus productos». Las mujeres le dije-
ron al alcalde «hoy somos nosotras las gendarmes!» y también informaron al rey. Configuraron una lista de precios para los distintos alimentos-productos la hicie- ron pública y según estas, el alcalde y el prefecto debían firmarla, y así toda per- sona que no respetase los precios podría ser denunciada a la gendarmería. A par- tir de aquel día y durante varios días más las mujeres siguieron una dinámica parecida. Cada mañana, organizadas en grupos, según los barrios de cohabitación (el barrio del marido, dónde se han casado y habitan), se situaban en los puntos de entrada a la ciudad y en el mercado, con la finalidad de informar y sensibilizar a toda persona sobre la decisión tomada y sobre los nuevos precios establecidos. Luego hacia el mediodía se reunían para explicarse la jornada y, según una de las informantes, para criticarse constructivamente entre ellas y poder corregir «lo que
habían hecho mal». Se palpaba entre las mujeres la euforia, el sentimiento de
grupo reforzado que ha tomado el poder y que reivindica una mejora para todo el mundo. Y es que así lo concibieron desde el inicio las mujeres joolas de Ous- souye «es el bien para todo el mundo y somos todas las mujeres de Oussouye las que es-
tamos de acuerdo». Hablaban en términos concretos: «Si el kilo de pescado cuesta 30011francos todavía puedes comprar el aceite, el jumbo, y las hortalizas para hacer
la salsa. Si el kilo del pescado vale 500 ya no puedes comprar nada más» (comenta-
rio recurrente). «A cada persona a la que vemos que viene a vender, la saludamos
atentamente y le explicamos nuestra iniciativa(…) la mayoría de gente que viene de otros pueblos son mujeres joolas, y algunos hombres, joolas, que venden vino de palma(…) algunas personas lo entienden enseguida y otras dicen que porqué bajar los
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10El relato de los hechos acontecidos lo he realizado a partir de la observación participante, siguiendo a
las mujeres en sus acciones y reuniones, de entrevistas estructuradas a siete mujeres, de repetidas entrevistas es- tructuradas a las autoridades (Alcalde, Prefecto y Rey de Oussouye), conversaciones guiadas, semi guiadas u ocasionales a mujeres y hombres joolas.
precios de nuestros productos y no los de las tiendas(…)les contestamos que no podemos bajar los precios de las mercancías importadas, vienen del exterior(…); nosotras ha- blamos de los productos locales, los productos de nuestra tierra(…); algunas personas dicen que algún día volverán a subir los precios(…) nosotras les decimos que queremos intentarlo para ayudar a todo el mundo(…)».
La iniciativa de esta movilización y avance surgió a partir de una convocato- ria de la responsable del altar de mujeres Ajamoo-fetiche de las mujeres12del Bu-
bajum áai (Reino de Oussouye). Según la jefa de fetiche llamó a todas las mujeres de Oussouye sin excepción, animistas, musulmanas, y católicas. Las convocó por- que la vida es muy cara y creía que había que hacer algo; quería saber si las «jóve- nes»13estaban dispuestas a hacer algo. Las mujeres acordaron bajar los precios y
empezar las movilizaciones y ese mismo día una comitiva formada por todas las responsables de los distintos barrios se dirigió al mercado para hablar con las mu- jeres que venden allí. Advirtieron a las autoridades de la decisión acordada y a tra- vés de la radio comunitaria de Oussouye, Kabissa FM, se dirigieron a todas las mujeres de la región del Húluf convocándolas a una reunión. El 28 de noviem- bre, más de 100 mujeres se dirigieron en manifestación hasta la radio comunita- ria de Oussouye y ese mismo día empezaron a aparecer muestras de apoyo a la ini- ciativa. Mujeres de otros pueblos de los alrededores felicitaron y agradecieron a las mujeres joolas de Oussouye la iniciativa emprendida, pues una de las consecuen- cias era que ahora ellas podían comprar pescado fresco en sus pueblos y antes los pescadores lo llevaban todo a vender a Oussouye porque podían venderlo más caro.
A partir de ese día, y durante los meses siguientes, la mayoría de las personas que vendían en el mercado de Oussouye aceptaron hacerlo de acuerdo con los precios establecidos. Sin embargo, a principios de enero, empezaron a manifes- tarse pequeños conflictos y tensiones: i) algunas vendedoras no estaban de acuerdo en bajar los precios, y crearon un mercado, alternativo al del municipio de Oussouye14, en el pueblo de Calobone, ii) conflictos de intereses, que obliga-
ban las personas «extranjeras», o bien a acatar los precios deseados por las joolas, o bien a ir a vender a otro lugar que no fuera el mercado de Oussouye, iii) las mu- jeres de otros barrios que no son de Oussouye Joola empezaron a estar menos pre- sentes, a retirarse del movimiento-iniciativa: «dicen que no es su problema (…) que
no es su pueblo (…) que no nacieron aquí y que no están interesadas en el Kajakul, c’est cher!(…)».
«KAJAKUL, C’EST CHER!!», ORGANIZACIÓN Y LUCHA DE LAS MUJERES JOOLAS PARA CONTROLAR…
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12Mujeres madres. La mayoría de «fetiches» de las mujeres, exclusivos a las mujeres, pueden ser fre-
cuentados sólo si eres o has sido madre.
13Aquí «jóvenes» se entiende por oposición a las ancianas, no se refiere a las adolescentes, sino a las mu-
jeres madres todavía con fuerzas, no viejas (entrevista a la titular del altar Ajamoo, 7-3-08).
14Recordamos que administrativamente el municipio de Oussouye está formado por los pueblos de
Oussouye y Calobone, por lo tanto, el mercado de Oussouye es el mercado del municipio. Es un mercado con una infraestructura apta, organizado en tiendas y puestos de venta fijos (aunque también algunos puestos en el suelo, relativamente habituales), y rehabilitado recientemente. El mercado alternativo de Calobone creado a partir de los conflictos es un pequeño mercado con nula infraestructura, basado en pequeños puestos en el suelo.
El conflicto se acentuó en febrero cuando un hombre denunció a una mujer por arrebatarle el pescado que él no quería ni pesar ni vender al precio estipulado y todas se consideraron denunciadas. El Prefecto para evitar que el conflicto llegara a los tribunales compensó al hombre con 10.000 francos, hecho que fue percibido por las mujeres como una gran injusticia. Enfadadas, se dirigieron a la Gendarme- ría y más tarde a la Prefectura. El hombre en cuestión, era de Etama, uno de los ba- rrios de Oussouye joola. Este no las había respetado y según el alcalde de Oussouye, el hecho era más grave dado que el hombre era joola, y no «extranjero», motivo por el cual las mujeres se sintieron con la legitimidad de arrebatarle el pescado. Varios hombres joolas confirmaron la opinión del alcalde y menospreciaron la actuación del hombre en cuestión por haber desafiado a las mujeres en público.
En una esperada reunión con el alcalde de Oussouye asistieron unas cien mujeres. Según el alcalde las mujeres no entendieron la posición y actuación del Prefecto, pues el primero, como joola de la localidad, comprendía a las mujeres y entendía la gravedad de que un hombre joola las hubiera denunciado. Además, en los pueblos de los alrededores los precios estaban acordados y eran fijos. El alcalde explicó la posición del Prefecto, explicó a las mujeres que el mercado en Senegal está liberalizado, por lo tanto, cada uno puede vender al precio que quiera, les pi- dió paz y no violencia. Les dijo que él no estaba en contra de su decisión, que era legítima como pueblo y desde la concepción de la organización social local joola, pero que era ilegal desde la perspectiva del Estado, administrativamente hablando. Las entendió, las respetó, y no les pidió acabar con las acciones e incluso cuando acabó de hablar, el alcalde se sentó y se dispuso a escucharlas. Las mujeres, una a una, se fueron levantando y explicando al alcalde lo que pensaban, lo que vivían, las acciones emprendidas, el porqué de ellas, quién las respetaba y quién no, e iban trasmitiendo sus quejas.
Durante los meses de febrero y marzo la situación fue complicándose. Para la mayoría de las mujeres joolas, protagonistas del «Kajakul, c’est cher!», el problema, en esos momentos, eran las bana-bana15(en su mayoría mujeres peulh del barrio
de Sara Demba y Escale, pero también algunas joolas vendedoras de pescado) que eran conscientes de que podían vender al precio que deseaban. Aún así, muchas vendedoras, la mayoría de pescado de gran tamaño, se trasladaron al puente de Niambalang a vender, a unos 11 km de Oussouye. Para las joolas no era problema, puesto que ellas no podían comprar pescado de gran tamaño y se conformaban en poder comprar el pescado pequeño a precio accesible para ellas. El otro problema al que debían hacer frente era la oposición de otras personas, en su mayoría joolas de otros pueblos vecinos, que venían al mercado de Oussouye a vender los pro- ductos a un precio más elevado de lo que venderían en sus propios pueblos.
La situación actual16es que las mujeres organizadas en torno al «kajakul, c’est
cher!» han abandonado la vigilancia y guardia en el mercado, están cansadas y la
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15Como se nombra localmente a las mujeres comerciantes que compran a productores y pescadores, y,
luego venden las mercancías en los mercados, en sus casas o en lugares concretos conocidos por la población (por ejemplo: el puente de Niambalang, entre los departamentos de Oussouye y Zinguinchor).
intensidad de las acciones de control no puede mantenerse permanentemente. Se- gún ellas mismas, ahora cada uno vende al precio que quiere, hay personas que si- guen respetando los precios (sobretodo respecto al pescado pequeño) pero hay otras que no. Una de las informantes clave comentó que no se habían podido mantener los precios bajos a causa de la subida del precio del arroz17. Algunas mu-
jeres todavía hacen alusión a la «pendiente» reunión con el Prefecto y los servicios de pesca y agricultura del Estado. Según el alcalde, las mujeres no entendieron bien al Prefecto, ya que éste no puede fijar precios porque no es su competencia. Seguramente este, creemos que en un intento de calmarlas, sugirió un encuentro con dichos servicios, como una propuesta de búsqueda de solución, pero real- mente no se ha actuado en esa línea.