Derechos económicos de las mujeres en Senegal: iniciativas y estrategias femeninas alternativas.
5. LOS SABERES DE LAS «SABIAS» Y DE LAS «EXPERTAS» Y LOS CONOCIMIENTOS DE LAS MUJERES
La abundancia de prácticas de mujeres, la diversidad y la pluralidad, que se dan en una misma mujer y en un mismo grupo no deja de desafiar a la investiga- ción académica, tanto como a la investigación de acción aplicada para el desarro- llo, así como a los «proyectos» que esta última comprende y que se clasifican como participativos. Las mujeres, la mayoría de las veces no responden nunca de la manera prevista y planificada de la que se espera. Éstas, utilizan su fuerza es- tratégica y la cohesión del grupo de un espacio simbólico (mujeres Joolas) y no por un interés común puramente económico. Tanto es así, que cuando se reúnen debido a un proyecto económico, no se habla de resultados en términos econó- micos medibles y demostrables, sino que expresan su valoración en términos de valores éticos y sociales. Es por eso, que el espacio económico se transforma en un lugar simbólico y político que mantiene la cohesión social.
Estos desafíos tienen que ver tanto con la investigación y con las metodolo- gías y el marco de análisis como con la desconfianza que sienten las mujeres por
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14A. Badiou, De quoi Sarkozy est-il le nom?, Circonstances T4, pág. 14, note 2.
las instituciones y por los conocimientos instaurados. Pareciera que las prácticas de las mujeres tuviesen esa «testarudez» de los hechos (Bachelard), que siguiera re- sistiéndose a una integración, a una llamada al orden, a una clasificación dentro de una lógica que obedeciera a una racionalidad que no les es propia. Hay siem- pre algo que se escapa, que se desborda, en lo que hacen, sea la disciplina, o la conformación o el marco lógico, etc.
Son las prácticas las que plantean interrogantes, y no a la inversa, ya que los prismas de lectura de las élites, tanto endógenas como exógenas, son ya co- nocidas y convencionales, y forman consensos dominantes para arrebatar el va- lor a las prácticas de las mujeres, de las que solo los proyectos y los marcos ló- gicos de las agencias de desarrollo/ financiación deben o pueden recuperar, corregir, mejorar. En esta exigencia de conformidad con las normas estableci- das por los indicadores del desarrollo, y apoyadas por los que toman las deci- siones en el campo de la economía, las cosas suceden como si se tratase de jus- tificar una razón de ser o de legitimar diferentes formas de intervensionismo, armadas con procedimientos, técnicas, módulos, etc. Lo más habitual resulta que, esta exigencia, realizada con insolencia, arrogancia o «ayuda amable», sirva para imponer un modelo preconcebido, en contra de la fuerza de la inte- ligencia de las mujeres, alimentada por el conocimiento de lo real y lo concreto y por las capacidades de una imaginación creadora que ha innovado, inven- tado, evitado o trastornado proyectos y proposiciones para poder resolver el enigma de los obstáculos.
Por lo general, la inventiva, la creatividad y todo lo que lleva al éxito final de sus iniciativas se tiene muy poco en cuenta. Como mucho, se reducen estas cuali- dades al ingenio y a la capacidad de desenvolverse, pero rara vez se reconocen como competencias o capacidades estratégicas como respuesta a situaciones im- previstas, bien que son capaces de encontrar soluciones cuando los especialistas (del mundo formal) opinan que no las hay posibles. Las mujeres han experimen- tado que sus conocimientos la mayoría de las veces se ven invalidados por los co- nocimientos ya instaurados, y saben que las soluciones concretas no pueden de- ducirse a partir de un modelo, ni de un sistema cerrado, encerrado, en sus certezas. Las mujeres funcionan en espacios entrelazados, enredados y abiertos que pueden unirse a redes de relaciones no determinadas a priori. Estos hilos cruzados tejen un lienzo y otra constelación, como en un terreno liberado, en continuo movimiento de liberación en una zona colonizada: las prácticas de las mujeres se desarrollan en otro terreno del pensamiento económico, de pensar y de hacer economía, que no se encuentra separada, o, como diríamos «seccionada» de otras dimensiones de la vida. Se trata de un pensamiento de la integración (o un enfoque holístico). A modo provisional, el concepto que se propone para demostrar esta manera de ha- cer las cosas, es el de la economía de la vida, o economía para la vida16. Genevière
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16Rabia Abdelkrim-Chikh, «Les femmes africaines, ménagères de l’ordre mondial ou productrices de ri-
chesses?». Comunicación oral, Seminario sobre la economía solidaria, Forum Social Mundial, Porto Alegre, Brasil, enero 2002. El concepto de la economía de la vida se presentó ahí por primera vez.
Vaughan17propone otro tipo de cuerpo de conceptos documentado, argumen-
tado y rico en «the gifteconomy»», mediante una crítica radical del sistema econó- mico dominante y de las diferentes teorías económicas. Propone, entonces, otro paradigma de la economía, el de las prácticas de mujeres, enraizadas en la primera donación, en el primer lazo que une a la madre, el del lenguaje y el del cuidado de la madre para los seres vivos hablantes.
A MODO DE CONCLUSIÓN:
PROPUESTAS PARA INVESTIGACIONES Y ACCIONES
CON MUJERES AFRICANAS Y DEL MUNDO
Escuchar, conocer y comprender la lógica y la visión de las mujeres y aprove- char, en la mayor medida posible, las prácticas de las mismas, mediante el estudio y la investigación y hacia el momento concreto del presente, que no deja de reno- varse, de estar en movimiento, se traduce en dar valor, hacer legibles y visibles las prácticas, los análisis y las visiones de las mujeres; restituir, interpretar y leer el conjunto con su complejidad como dinámica social y crear una relación de reci- procidad para permitir una confianza mutua, será una tarea necesaria a realizar.
La cuestión de las «buenas prácticas» debe problematizar los análisis e inter- pretaciones de las prácticas de las mujeres. Se trataría entonces de proponer una serie de cuestiones que se apoyen en los recorridos y en los lugares de cambio rea- lizados con la finalidad de inscribir estas prácticas en las dinámicas de los movi- mientos sociales de resistencia y de hacer notar las contribuciones de las mujeres a estas alternativas. Esta postura metodológica conduce a incluir las cuestiones re- ferentes al sentido y a los significados de estos ámbitos de cambio para permitir calificar las prácticas.
Los enunciados, obtenidos gracias a experiencias de investigación acumuladas y de lucha en los movimientos de mujeres y movimientos sociales «por otro mundo posible», han de expresarse para provocar interrogaciones fecundas de nuevos rum- bos de las Agencias de Desarrollo y de la Cooperación Internacional en general.
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LA ECONOMÍA DE LAS MUJERES, LA ECONOMÍA DE LA VIDA
1. INTRODUCCIÓN
En este artículo, se presentará un estudio de caso sobre las mujeres joolas de Oussouye, capital del departamento del mismo nombre, en Basse Casamance (Se- negal). Estas mujeres durante los meses, entre noviembre 2007 y marzo 2008, se organizaron para controlar y bajar los precios de los productos locales que se ven- den en el mercado del municipio2. Se expondrán los hechos que conforman la ini-
ciativa de estas mujeres, enmarcándola en la realidad económica, social y política de la sociedad joola de Oussouye. A modo de conclusión se comentarán a través de análisis algunas reflexiones que el caso sugiere. Los datos apuntados hacen re- ferencia exclusivamente a las mujeres joolas que viven en Oussouye Joola (con las que la autora trabaja), sin pretender por tanto, representar a todo el conjunto de situaciones, experiencias de vida, opiniones, ni estrategias, de todas las mujeres jo-
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