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C. WRIGHT MILLS

3. Instrumental conceptual en relación con el tema de estudio

5.2. Los intelectuales y la política de la verdad

A Mills le preocupaba el retraimiento de los intelectuales de las cuestiones políticas, aunque estaba convencido de que esto en sí mismo era un acto político. Y lo era porque su efecto era servir a los poderes dominantes. Pensaba que con frecuencia, en las sociedades totalitarias, los intelectuales están encerrados, mientras que en las

democracias formales se encierran al aislarse de la política (Mills, 1973:175). Se pregunta qué tipo de “política” pueden seguir los intelectuales, y admite que:

Actualmente, una lucha directa de partido no es accesible a los intelectuales ni en los Estados Unidos ni en el bloque soviético […] No existe un movimiento ni un partido u organización en los Estados Unidos con verdadera oportunidad de influir en las decisiones importantes y, al mismo tiempo, abierto a la labor de los intelectuales. Tomando esto en cuenta, creo que es una pérdida de tiempo y talento para los intelectuales norteamericanos ocuparse de una “política” simplemente local e ineficaz

en nombre de la acción política independiente (Mills, 1973:175-176).

Una política realista en los Estados Unidos que estuviera al alcance de los intelectuales debía basarse, para el autor, en estudios sobre “el hombre y la sociedad” a partir de comparaciones a escala mundial que reformularan las opiniones sobre la Unión Soviética, China y los Estados Unidos, desligados de cualquier apología nacionalista (Mills, 1973:178). Proponía la conversión al internacionalismo y sustituir la participación en la Guerra Fría, priorizando el contacto con todos los países del mundo, sobre todo, los del área chino-soviética. Y postulaba que como intelectuales y hombres públicos, se debía trabajar para la paz a través del intercambio de ideas, valores y programas.Reafirmó que el interés de todo intelectual debía ser definir la realidad de la condición humana y hacerla pública. Y confrontar los nuevos hechos que en su época construían la historia y el carácter que asumían en cuanto a sus significados en el problema de la responsabilidad política como modo de explorar y entender todas las alternativas que se abrían a la comunidad humana.Esta postura lo llevó a sostener:

Si esto –la política de la verdad– es simplemente una acción de juicio, que lo sea. Si es además una política de desesperación, que lo sea. Pero en este momento y en los Estados Unidos es la única política realista de posible influencia al alcance de los intelectuales. Es el camino y el próximo paso a dar. Es una afirmación del propio ser como centro moral e intelectual de decisión responsable, el acto de un hombre libre que rechaza “la fatalidad”; porque revela su resolución de seguir su propio destino o, al menos, de tomarlo en sus propias manos (íd.).

Creía que en un escenario caracterizado por la falta de voluntad política, los intelectuales de Estados Unidos se enfrentaban a la oportunidad única de comenzar de nuevo, por ejemplo, siendo artesanos independientes, lo que significaba ser libres para decidir qué hacer en sus trabajos (Mills, 1973:175). Para él, sugerir programas para

quienes trabajan en el ámbito cultural no era lo mismo que hacerlo para cualquier otro grupo. Sabía que en Occidente, sobre todo, los intelectuales todavía eran libres de ser conscientes de las decisiones políticas que tomaban al realizar su tarea. Sostenía que en este sentido, ningún otro tipo de hombre era tan libre y estaba situado en una posición estratégica tal como para introducir innovaciones en el aparato cultural, los medios de información y el conocimiento. Es decir, introducir transformaciones en los medios a través de los cuales se definen las realidades, se elaboran y se presentan al público los programas y las políticas.

Mills (1973:173) notaba que el especialista se había constituido en la imagen del hombre que estaba en ascenso tanto en Rusia como en Estados Unidos y esto se evidenciaba, sobre todo, en los investigadores sociales que introducían en sus investigaciones los métodos y la forma de la ciencia física, abdicando, de este modo, de la autonomía intelectual y política de las tradiciones clásicas de su disciplina. De ahí que, para Mills, las ciencias sociales se habían convertido en una serie de técnicas burocráticas sólo preocupadas por los aspectos metodológicos y problemas menores que no tenían ninguna relación con cuestiones de importancia pública o privada. Pensaba que:

No hay una serie de intelectuales libres e influyentes en ninguno de los dos países – dentro o fuera de las universidades– que sostenga la gran tradición del mundo Occidental. No hay verdaderos espíritus independientes directamente relacionados con las decisiones del poder.

No quiero disminuir las importantes diferencias entre la institución cultural en la Unión Soviética y en los Estados Unidos. No quiero excusar los hechos brutales de la tiranía cultural soviética ni celebrar la libertad formal de los trabajadores de la cultura en Occidente […] La libertad formal de Occidente descansa en tradiciones culturales de gran fuerza; esta libertad es real; ha sido y es inmensamente valiosa. Pero ahora debemos preguntarnos en qué medida la preservación de esta libertad se debe a que no es ejercida (Mills, 1973:174).

Por último, para Mills, ideales como la libertad personal y la autonomía cultural no necesariamente eran rasgos inherentes y necesarios de la vida cultural (Mills, 1973:174-175). La creencia general de que surgirían en todas partes como ideales insurgentes podía constituirse, simplemente, en una generalización provinciana de una época y un momento histórico específico. Así también la burocratización de la cultura podía ser provocada no sólo por una coordinación desde arriba y por la coacción sino,

también, por el uso comercial de la cultura con el apoyo voluntario de los trabajadores de la cultura.

6. El fenómeno social motivo de análisis

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