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Los vientos desde el punto de vista silvicultural

In document Libro Ecologia Forestal (página 156-160)

Velocidad del viento fuera del pinar Sin raleo Raleada

10. Cuando un bosque está compuesto de árboles de copas esparcidas, esféricas o ampliamente

6.2.6 Los vientos desde el punto de vista silvicultural

Como se ha señalado, los vientos desde el punto de vista silvicultural pueden manifestarse tanto beneficiosos (sobre todo los ligeros) como perjudiciales, hasta destructivos.

Una de las formas más perjudiciales son los derrumbes y roturas de los árboles, que se producen cuando el viento una fuerza “crítica” que depende tanto de la naturaleza del árbol, del estado del suelo y del carácter del propio viento (en ráfagas, etc.).

Distintas especies, hasta los individuos de la misma especies difieren en cuanto a la resistencia contra los vientos fuertes. Los silvicultores basándose en experiencias empíricas suelen distinguir tres clases de especies a saber:

− muy resistentes contra los vientos,

− relativamente resistentes y

Como se ha dicho la resistencia contra los vientos es sólo relativa y puede variar según el individuo de una misma especie. Las diferencias específicas se basan sobre todo en la elasticidad de la madera (tronco), densidad de la copa, morfología del sistema radical, presencia de estribos o raíces tabulares, etc. Estas propiedades a menudo deciden sobre si producirá la rotura del tronco o el derrumbe del individuo, aunque a veces en vientos extremadamente fuertes es decisivo el estado del suelo.

El estado del suelo se refiere a las propiedades (más o menos) estables, como es la profundidad, nivel freático, etc. y al estado momentáneo sobre todo el humedecimiento del suelo después de las lluvias excesivas. En el último caso a menudo dominan los derrumbes (con mota de la raíz) aunque en igual suelo seco, pueden presentarse más bien roturas de los troncos.

Los derrumbes abundan en edátopos húmedos hasta pantanosos debido al sistema radical poco profundo lo que señalan también las observaciones del ciclón “Flora” en la región de Cupeyal y otros lugares.

Aunque contra los vientos de fuerza extrema prácticamente no hay defensa eficaz, las experiencias señalan que un mal tratamiento de los bosques, como es un raleo inadecuado, talas rasas mal orientadas con incorrecta secuencia, descuido del manto de amparo, etc. pueden aumentar los daños provocados por los vientos de poca fuerza, que en bosques bien tratados no provocarían daños ninguno.

Spurr y Barnes (1982) dicen que los problemas prácticos del comportamiento del viento en regiones montañosas con bosques fueron resumidos por Gratkowski (1956) y Alexander (1964) quienes encontraron que la mayor parte de las caídas ocasionadas por el viento se debían a la aceleración local de las corrientes de aire producida por los límites forestales o topográficos. Tal aceleración puede tomar lugar cuando el viento circula: 1) en los extremos de las colinas, en las elevaciones superiores y las laderas de una montaña; 2) sobre elevaciones suaves y graduales de sotavento durante tormentas severas; 3) en aberturas y gargantas de bordes montañosos principales; 4) en estrechos valles o aberturas en forma de V en el bosque que construye el canal del viento, y 5) donde los límites forestales y los extremos de la corta deflectan las corrientes de viento, dando como resultado el incremento de las velocidades en el lugar en que las corrientes deflectadas se unen unas con otras como puede verse en la figura 6.8, de ahí la importancia práctica de tener en cuenta la manera de realizar los raleos.

El silvicultor al aplicar los tratamientos silviculturales tiene que tomar en cuenta el peligro de los vientos fuertes y/o permanentes. De las experiencias y las investigaciones silviculturales se conoce que la resistencia de los rodales varía según:

− estructura (incluyendo la composición) y edad del bosque;

− mantenimiento silvicultural y

− según condiciones edáficas y climáticas.

Los bosques estructuralmente complejos bajo iguales condiciones suelen ser más resistentes que los rodales de estructura simple, cuyo caso extremo son monoculturas coetáneas. La transformación de los bosques naturales en monoculturas en extensas regiones de Europa Central en el curso de los últimos años (100-200) conllevó un aumento enorme de calamidades forestales de las cuales la gran parte son derrumbes por vientos.

En los vientos coetáneos sufren por los vientos sobre todo los maduros debido a la altura y masa de los rodales viejos.

Una de las causas frecuentes de daños provocados por los vientos es la mala ordenación de las talas de rendimiento sobre todo de las talas rasas. Por la corta se abren fronteras que no son “preparadas” es decir no resisten ráfagas del viento y se caen (como se aprecia en la figura 6.8). Por regla general, se recomienda programar con talas (en fajas, etc.) contra los vientos predominantes o peligrosos. A veces, antes de aplicar la tala rasa en fajas, se recomienda a veces “preparar” la frontera futura de forma de raleos adecuados que comúnmente provocan engrosamiento de los troncos, prolongación de la copa, etc. por lo que se eleva la estabilidad de los individuos en la futura frontera.

Figura 6.8 Caída de los árboles, por acción del viento, de un bosque a continuación de una corta. Un cambio en la dirección del límite de la corta que era paralela a los vientos prevalecientes actúo como un túnel del viento dentro del sitio, formando una zona de derribamiento. Según Alexander (1964) citado por Spurr y Barnes (1982).

Ordenando las talas, el silvicultor debe conocer las direcciones de los vientos permanentes o peligrosos. Aunque se presentan vientos de todas direcciones, siempre hay direcciones más frecuentes y las de los vientos particularmente peligrosos. Estas pueden ser indicadas por la presencia de las copas de bandera.

Situar las trochas, caminos o hasta aplicar la tala rasa en forma de cuña, orientadas en la dirección de los vientos (predominantes) permanentes o perjudiciales es poco conveniente ya que en estas “calles” o “embudos” se aceleran los vientos lo que puede resultar dañino, hasta causar roturas o derrumbes de las paredes de los rodales.

Los rodales y sobre todo los monocultivos coetáneos en lugares ventosos hay que tratarlos ya con raleos bajo el aspecto del peligro de los vientos.

Descuidando los raleos en muchas plantaciones (o hasta en bosques naturales) demasiado densos se producen tronquitos muy largos y delgados que se doblan hasta romperse bajo la presión de los vientos.

En los sitios expuestos a los vientos permanentes, sobre todo en el litoral, en las crestas y cimas batidas ya que la regeneración tanto natural, como artificial,

7.1 Introducción

En un amplio sentido, los factores bióticos del medio en que vive la planta o cualquier otro organismo, son aquellos directa o indirectamente relacionados con los organismos vivientes. Estos comprenden desde los microorganismos del suelo al hombre.

Las plantas superiores se consideran independientemente, debido a que sintetizan su propio alimento; sin embargo, según es bien sabido, están influidas, en cierto grado, por otros seres vivos. La mayor parte del CO2, utilizado por las plantas verdes en la fotosíntesis, es producido

por otros organismos vivos mediante la respiración. La cantidad de calor, luz y nutrientes disponibles para una planta dependen, en parte, de la proximidad de otras plantas. Mucho del nitrógeno disponible es convertido en forma orgánica aprovechable. Por consiguiente, el medio de cualquier organismo es a la vez biológico y físico. Ya se ha dicho que los organismos asociados, que se mantienen relacionados entre sí y con el ambiente, constituyen una comunidad biótica. Forman la parte viva de un ecosistema. Las plantas, por ejemplo, son parte de la comunidad en que se presentan, y parte del medio de otras plantas y animales. Una especie dominante proporciona, frecuentemente, condiciones favorables para la supervivencia de una especie menor, o para la eliminación de otras. Los vegetales y los animales pueden actuar como factores ambientales que influyen sobre la distribución y comportamiento de las plantas.

El hombre es el más importante de todos los factores biológicos, debido a su facultad de influir o modificar muchos otros factores de su medio físico o biológico. Veremos aquí entonces en este capítulo de manera progresiva los conceptos que se vinculan con esta parte viva del ecosistema, desde la comunidad, pasando por la población, hasta las acciones que se producen entre las especies, así como el desarrollo y la evolución que sufren los ecosistemas.

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