exclusivo compuesto
por una élite religiosa.
Con ello redescubrió el
sacerdocio universal,
todos tenemos acceso a
Dios sin intermediarios
humanos. Hoy se trata a
todos estos voceros de
la prosperidad como es-
pecialmente ungidos,
ellos tienen profecías
directas de Dios, pue-
den declarar sanidades,
dar incluso maldiciones
para los que se opon-
gan a ellos. Son tan es-
peciales que hacen que
el poder del Espíritu
Santo se manifieste a su
orden.
Lutero entendió que únicamente la Palabra de Dios podía salvar al pueblo de su desco- nocimiento y manipulación por parte de un sistema religioso corrupto. Una de las con- secuencias fue su traducción de la Biblia al alemán. En la actualidad no es que el común del pueblo no tenga acceso a la Bi- blia, sino que no la lee. Antes no podían, ahora no quieren.
El reformador dejó claro que no aceptaría ninguna interpretación que chocara abier- tamente con lo que las Escrituras decían, ya viniera de un obispo o del propio Papa. En nuestros días se acepta lo que el “profeta” de turno quiera decir, él es la misma voz di- vina.
Lutero rompió con la idea de un sacerdocio exclusivo compuesto por una élite religiosa. Con ello redescubrió el sacerdocio univer- sal, todos tenemos acceso a Dios sin inter- mediarios humanos. Hoy se trata a todos estos voceros de la prosperidad como espe- cialmente ungidos, ellos tienen profecías di- rectas de Dios, pueden declarar sanidades, dar incluso maldiciones para los que se opongan a ellos. Son tan especiales que hacen que el poder del Espíritu Santo se manifieste a su orden.
El verdadero evangelio ha sido sepultado bajo la codicia y la mentira de unos pocos y la ignorancia de unos muchos. Si bien de- claran que la salvación es gratuita, el resto de la vida cristiana parece una continua compra de favores divinos. Si en el siglo XVI se trataba de indulgencias y reliquias de todo tipo, ahora se trata de la venta de aceite, agua o pañuelos ungidos.
La Sola Fe de la Reforma se relacionaba en cómo la persona se apropiaba de la salva- ción, cómo la hacía suya y tenía muy pre- sente que la misma era un don divino. No tenía nada que ver con el pensamiento po- sitivo, con toda una serie de técnicas de manipulación psicológica. Es como volver a la idea de salvación por obras, yo coloco mi dinero y mi fe a cambio de algo de parte de Dios. Es por Gracia, gratuito, Dios no está a la venta.
La vida cristiana no consiste en lograr una mansión o riquezas, sino en tomar una cruz y seguir al Maestro. Si ser pobre es un pe- cado, el primer y más grande pecador sería el propio Jesús.
Nos acercamos a la conmemoración de la Reforma, el día 31 de octubre. Será el mo- mento de recordar todos los acontecimien- tos que la provocaron, cómo la misma supuso una auténtica revolución para la cristiandad y cómo inició un proceso sin re- torno para salir del oscurantismo. Pero a la par debemos tener una visión crítica con la situación que existe actualmente. Para una gran masa de creyentes ha sido como vol- ver a una época medieval, como echar por la borda los logros de quinientos años. Tenemos el deber de denunciar estos he- chos, a estos hombres y mujeres sin escrú- pulos. Callar sería como ser cómplices y renunciar a la única forma en la que la ver- dad puede llegar a no pocos creyentes que viven una nueva forma de paganismo sumi- dos en su ignorancia. Debemos confrontar por todos los medios la mentira y tal vez en un futuro pueda darse algo parecido a una nueva reforma en el seno de un pueblo que se considera a sí mismo de Dios.[1]
“Son también perros voraces, que no cono- cen la hartura. Y hasta sus mismos pastores no saben ni entienden nada; todos siguen su camino, todos van tras su provecho”. Isaías 56:11. R
[1]Me gustaría acabar con una nota positiva ante este panorama tan desolador. No sé si será posible esto que apunto al final del artículo ya que otras voces hablan de que se producirá una ruptura por parte de estas iglesias neopentecostales. Así que- darían al margen de las otras iglesias protestantes y evangélicas. Si esto sucediera podrían acabar for- mando una entidad propia. Tal vez no pocas igle- sias desaparecerían colapsandose sobre sí mismas ante la imposibilidad de seguir sosteniendo pro- mesas que jamás se cumplen. Sólo estoy especu- lando pero alguno de estos caminos, o varios, tendrán que darse, y esto en un futuro no dema- siado lejano.
Las instituciones, tanto políticas como religiosas, guardan total coherencia con su cosmogonía particular. De la cosmogonía se deriva el estatus y el honor debidos a cada uno de los sujetos en el ámbito político-social.
Orden político
Ningún orden social se entiende al margen de su respectiva cosmogonía. Por ello, de cielo para abajo, el vértice superior de la pirámide está siempre ocupado por el rey, el emperador, etc. elegidos por el dios que –en algunas cos- mogonías– adquirían incluso el título de “hijo de dios”, cuando no se asemejaban a los dioses mismos. Esta simbiosis entre el dios y su ungido (elección divina) es común a todo el antiguo Oriente. En Mesopotamia antigua, aun en el caso del hijo que sucede a su padre, que era la ley ordinaria, y en todas las épocas, desde Gudea, que es el “pastor notado por
Ninguirsuen su corazón”, hasta Nabonido, al que “Siny Nergaldeterminaron para que rei- nase, cuando todavía estaba en el seno de su madre”, y hasta Ciro, del que una composición babilónica dice que “Mardukdesignó su nombre para la realeza sobre el universo”.[1] De este
Ciro, en relación con el Dios de Israel, leemos en el deuteroisaías: “El que llama a Ciro: Pastor mío… Así dice el Señor de su ungido, de Ciro, a quien llevo de la mano.” (Isaías 44:28; 45:1 BTI). Esta idea de elección divina se lleva al extremo en Egipto, donde a cada faraón se le considera hijo de Ra, el dios solar. En los reinos arameos de Siria, Zakir, rey de Hamat y de La'as, dice: “Baal Samainme ha llamado y ha estado conmigo, y Baal Samainme ha hecho reinar.” Este Zakirera un usurpador, pero Bar- Rekub, rey de Senyirli, es sucesor legítimo y dice: “Mi señor Rekub-elme ha hecho sentar en el trono de mi padre”. [2]
Emilio Lospitao