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La narración es la mejor expresión verbal del proceso evolutivo

In document Renovación nº 38 Octubre 2016 (página 37-39)

Gonzalo Haya*

2.5 La narración es la mejor expresión verbal del proceso evolutivo

-El origen del universo. La hipótesis Gaia, hace un análisis detallado de la inmensa complejidad de combinaciones, y de la exacta precisión que éstas requieren, para el equilibrio del universo y la producción de la vida, y pone de manifiesto la capaci- dad de auto-organización del universo. Para su existencia es imprescindible man- tener los equilibrios del oxígeno, de la sal, de las partículas y anti-partículas, de la masa del protón y del neutrón, de las fuer- zas de gravedad y electromagnética, y de la formación del carbono, y todos estos equilibrios son interdependientes. Esta ca- pacidad de resiliencia no parece posible por mero azar, y ha llevado a destacados científicos a pensar en un organismo vivo, que sabe lo que sucede y lo que tiene que hacer para mantener su metabolismo. Ya la sabiduría ancestral había reconocido a nuestro planeta como la Madre Tierra. El autor rechaza el principio antrópico. Al- gunos científicos creen que el universo no existe hasta que lo observamos, otros en cambio defienden que existe un mundo ob- jetivo. El universo ha existido millones de años sin nosotros, y quizás llegue a supe- rarnos en su proceso evolutivo.

-Implicaciones teológicas. La teología ha tardado en admitir la evolución y ha tenido que aceptar la cosmología como el centro de su reflexión. El contexto lleva a buscar el sentido, y a Dios desde dentro del uni- verso, no desde fuera. Dios co-crea junta- mente con el proceso evolutivo. Somos parte de un todo y no podemos entenderlo, sólo podemos observarlo (contemplarlo); somos el sistema nervioso del planeta, la dimensión consciente del universo, narra- dores de la historia sagrada cosmológica. No somos los dueños ni los administrado-

res del planeta, más bien nos hemos con- vertido en una anomalía cósmica que ame- naza al planeta, pero Gaia continuará con nosotros o sin nosotros.

-La narración es la herramienta más di- námica y versátil para explorar el sen- tido del misterio. Tanto la ciencia como la teología son producto de la historia. Las na- rraciones despliegan la imaginación. La metáfora expresa mejor que las leyes cien- tíficas lo que la ciencia encuentra hoy en la naturaleza, porque nos invita a imaginar más allá de nuestros dualismos. Hemos dado un significado literal a un relato que no había sido pensado literalmente (la cre- ación, nacimiento virginal, las parábolas). La Biblia, y los grandes textos sagrados, son un relato, no un registro cerrado de acontecimientos. La pedagogía de Jesús consistía en contar historias (parábolas). En nuestra interpretación le hemos restado im- portancia al contexto narrativo y su lla- mada al cambio. Las parábolas son historias de transición con la intención de perturbar y desafiar a los que las escuchan, y motivarlos a adoptar una forma radical- mente nueva de comprometerse con el mundo y con el llamado de los tiempos. -El mito central del relato cristiano es el Reino de Dios. Se trata de una historia, no de un dogma, con un significado universal y práctico, el de establecer unas relaciones sociales en este mundo. Las Iglesias han perdido contacto con la agenda del Reino y alienan a su público potencial. Toda sa- biduría religiosa o científica tiene su reper- torio de historias que remiten a un ethos más global y universal que los hechos na- rrados.

-Interpretando los textos sagrados. Nuestra interpretación requiere símbolos y rituales que nos comprometan con su sen- tido mítico y arquetípico. Las personas fre- cuentemente recurren al modo no verbal (arte, danza, música) para expresar lo que les está sucediendo por dentro, como hicie- ron en las primeras culturas. Ante los textos sagrados necesitamos una actitud de escu-

cha, abierta no a uno sino a varios signifi- cados. Usar los textos sagrados para con- servar un sentido monolítico del pasado puede socavar el compromiso humano con el mensaje y el poder de la narración. Lo que realmente nos salva de la idolatría de la letra es la libertad y el desafío de la in- terpretación.

La llamada de la ciencia y de la cultura ac- tual a identificarse holísticamente con las raíces cósmicas no concluye ahí. La lla- mada a la unidad se extiende también al mundo humano con un emplazamiento al compromiso por la lograr no sólo la armo- nía natural, sino también la armonía hu- mana en la sociedad. Así, el hombre, y especialmente las religiones que tratan de sublimar lo humano, deben comprometerse en superar el caos y el desorden natural, que también puede manifestarse como el caos y el desorden social, interhumano. 2.6. El proceso evolutivo integra necesa- riamente el lado oscuro de la realidad -Los agujeros negros. Son el resultado del colapso de estrellas sobre ellas mismas, son calientes y blancos, pueden ser la fuerza mayor que determina la formación y la ve- locidad de rotación de nuestra galaxia. El espacio está cargado de energía: según Hawking en su interior electrones y posi- trones se destruyen mutuamente, pero antes es posible que una partícula sea atrapada por la gravedad y que la otra escape hacia el espacio universal, de este modo el agu- jero “se evapora”; la destrucción y absor- ción son la precondición para la "evaporación” de otras partículas. También en la mística la abnegación es la precondi- ción para la iluminación. Con el tiempo el orden del universo absorberá el desorden del agujero negro.

-La teoría del caos. En la ciencia clásica se asociaba el caos a la casualidad; ahora, en los sistemas caóticos observamos patro- nes ocultos. En los sistemas caóticos se ha observado una creciente bifurcación de su comportamiento hasta llegar a una infini- dad de posibilidades. Parece que el caos

tiene características universales, constantes en valores numéricos, que pasan por etapas de alteridad previas a la emergencia final del orden. La complejidad (no la compli- cación) es una dimensión esencial de los sistemas vivos.

-La sociedad o la Iglesia debe integrar las dimensiones caóticas. Tenemos miedo al caos porque desestabiliza nuestro status quo de poder jerárquico. Nuestra mentali- dad lineal era clara porque rechazábamos integrar a las sombras (el mal y el sufri- miento). Nuestro universo no va hacia el deterioro progresivo (segunda ley termodi- námica) sino que es capaz de regenerarse. En gran parte el mal es resultado de la ac- ción del hombre. La creación es esencial- mente buena, es un todo que comprende lo positivo y lo negativo (pecado original). El cristianismo ha explicado la superación del mal como la redención mediante el sacri- ficio expiatorio de Cristo (explicados en términos más o menos duros). Al atribuir el mal a la influencia del demonio hemos “divinizado el mal”; al exteriorizar el mal, hemos fomentado las guerras de religión. Para llevarnos bien con la oscuridad hemos de integrarla en el sistema, tomar como modelo no la muerte sino la vida de Jesús. Las principales religiones resaltan la natu- raleza; la teología cuántica integra y se hace responsable del bien y del mal, no proyecta el mal sobre el chivo expiatorio de la crucifixión; la redención es planetaria tanto como personal.

No puede haber salvación personal sin for- talecimiento de la vida planetaria y univer- sal.

El pecado estructural y sistemático abunda en nuestro mundo, y frecuentemente pro- voca que las personas se comporten inmo- ralmente. Necesitamos nuevas directrices éticas tanto desde la política como desde la moral.

In document Renovación nº 38 Octubre 2016 (página 37-39)