La estructura del reino
Como entidad geográfica Macedonia puede definirse como la cuenca formada por la desembocadura de los ríos Haliakmon y Vardar (el antiguo Axios) y sus tributarios.1 Su característica distintiva es la fértil meseta costera, una de las más grandes de Grecia, tras la cual se encuentran las zonas montañosas que conforman la alta Macedonia. Hasta que se impuso la agricultura mecanizada, muchas partes de la meseta eran regularmente inundadas por los ríos que desbordaban sus márgenes y depositaban limo; de modo que en primavera y otoño la llanura brindaba pastos para las ovejas, las cabras y los caballos, así como productos del delta y las marismas (sal, pescado y otros). Los olivos crecían con rapidez en las montañas circundantes, alabadas en las fuentes antiguas por sus pastos y por productos como la miel, la cera, la seda y la madera (Procopio, El tratado de los edificios, 4. 3. 27; Tito Livio, 44. 43. 1; Tod 91 y 111). Allí se podían cazar también muchos animales salvajes. En suma, el paisaje tenía un carácter no mediterráneo, a la vez que el clima era más continental (inviernos fríos, veranos muy cálidos) excepto en las penínsulas de Calcídica.2
Los primeros reyes habían ocupado «la Macedonia actual, que se extiende junto al mar» (Tuc. 2. 99), pero a inicios del siglo V Alejandro I expulsa a los pueblos vecinos de la llanura litoral y de los valles del norte. La satrapía de Tracia fue probablemente ocupada después de la derrota de la invasión de Grecia por Jerjes. Hasta el reinado de Filipo II, no obstante, los reyes fueron incapaces de establecer un control permanente del interior montañoso. El logro de Filipo fue ensalzado en la arenga que Alejandro pronunció ante el ejército en Opis, tal como se la figuró Arriano cinco siglos después:
En efecto, Filipo os encontró siendo unos vagabundos indigentes: muchos de vosotros, mal cubiertos con unas burdas pieles, erais pastores de unas pocas ovejas que tenían que guardar (y no siempre con éxito) de los limos, tribalos y vuestros vecinos tracios. Fue Filipo quien os facilitó clámides en vez de vuestras toscas pieles, os bajó del monte a la llanura, os hizo contrincantes capaces de pelear con vuestros vecinos bárbaros... Os hizo habitar las ciudades y os proporcionó leyes y costumbres en extremo útiles... anexionó la mayor parte de Tracia a Macedonia y, apoderándose de los asentamientos más idóneos de la zona costera, atrajo el « comercio a la región, posibilitándoos trabajar con seguridad las minas de metales.
(Arriano, 7. 9, Austin 15)
Filipo, sin duda alguna, hizo algo grande, pero debe tomarse en cuenta el carácter un poco retórico de este pasaje y su fecha tardía. No había comenzado de cero: sus predecesores no sólo habían afianzado un reino floreciente, sino que había ya una tradición cívica muy arraigada en la sociedad macedónica.3
Norte de Grecia (adaptado de Talbert, Atlas, p. 32).
Filipo no sólo conquistó, sino que creó un nuevo país. Los planes de desecamiento fueron un elemento importante de su obra. Teofrasto (Sobre la causa
de las plantas, 5. 14. 5) escribió que después de que Filipo recuperó la llanura
boscosa y anegada de Filipoi, ésta se transformó en una región drenada, desecada y cultivada.4 Filipo también estableció el control de las regiones costeras mediante ciudades griegas, comprendido el valle del río Strimón al este de la planicie central, con la polis de Anfípolis, disputada largamente por los macedonios y los atenienses, antes de emprender las conquistas más amplias de los vecinos «bárbaros» y, finalmente, de los países griegos del sur. El pasaje de Arriano nos recuerda un importante hecho sobre la ubicación de Macedonia: sus vecinos (los tracios, los peonios, los epirotas y los ilirios) eran principalmente pueblos no urbanos con élites más o menos helenizadas. Para Grecia en su conjunto, Macedonia aparecía como un baluarte contra los «bárbaros».
Si Alejandro y los macedonios eran griegos sigue debatiéndose encarnizadamente desde la antigüedad. Hacía mucho tiempo que el litoral era parte de la conciencia griega; se habían fundado colonias en el período arcaico, mientras que los atenienses ricos como Tucídices habían explotado los recursos auríferos y argentíferos del interior. No obstante, antes del siglo IV, Macedonia podría haber sido considerada como un área marginal, y durante ese siglo los políticos atenienses pudieron negar, cuando les convenía, que los macedonios fueran griegos. Una vez que los macedonios se convirtieron en una potencia amenazante, algunos escritores griegos los representaron de todas las formas en que les fue posible como no griegos.5 Sin embargo, es probable que los dominantes Argeadas hayan estado más o
menos helenizados desde por lo menos inicios del siglo V, en que vemos que establecieron relaciones culturales con los griegos meridionales. Los reyes aseguraban descender de Zeus; Alejandro I participó en los Juegos Olímpicos, siendo al parecer el primer macedonio en hacerlo, persuadiendo a los jueces de su helenidad enumerando a sus antecesores que se remontaban hasta los reyes de Argos. Parece haberse supuesto que los macedonios del pueblo, pese a su dialecto, no eran tan griegos como sus reyes —Heródoto define a Amintas (c. 500) como «griego que gobierna a los macedonios» (5. 20)—6 pero, pese a las controversias antiguas y modernas, es claro que los macedonios en su conjunto eran grecohablantes. Aunque la élite se comunicaba naturalmente con otras élites en un griego normalizado, tal vez ático, los macedonios comunes y corrientes parecen haber hablado un dialecto del griego, aunque con préstamos del ilirio y el tracio lo que dio pábulo a sus detractores.7
Si es necesaria una prueba de la complejidad de Macedonia en esa época, uno puede aportar los fragmentos del papiro literario griego más antiguo conservado, un rollo carbonizado encontrado en una tumba colectiva de c. 340-320 en Dervéni cerca a Tesalónica. Contiene parte de un texto filosófico sobre la cosmología presocrática y órfica compuesto alrededor de 400, y seguramente tuvo una importancia religiosa para el hombre en cuya pira funeraria fue colocado. El rollo de Dervéni proporciona una prueba del alto nivel cultural de la aristocracia.8
Macedonia era una monarquía con un territorio muy amplio; su capital estaba en Aigai. En muchas áreas remotas que los reyes reclamaban era difícil garantizar la lealtad de los aristocratas locales. Tucídides esboza un cuadro de una sociedad cuasifeudal: «los lincestas, los elimiotas y otros pueblos del interior que son aliados y súbditos suyos, pero conservaron sus propios reyes» (2. 99). Sin embargo, hacia las postrimerías del período clásico, todo el reino, fuera de la propia tierra del rey, estaba compuesto por territorios cívicos centrados generalmente alrededor de un centro urbano. En las «nuevas tierras» más allá del Axio y el Estrimón, sobre las cuales Filipo II restauró la hegemonía macedónica, éstos podían ser agrupados en
sympoliteiai (ciudades coligadas). Al oeste de la meseta central, más allá de las
montañas, las confederaciones de aldeas, llamadas ethnê subsistían desde las épocas anteriores (ahora se considera que se basaban en lo geográfico antes que en lo tribal). En el «antiguo reino» la forma política dominante era la polis. Las zonas fuera del territorio nuclear tales como Tesalia, Tracia (que estaba gobernada por un stratêgos) y Peonia no eran formalmente parte del reino. Como estado, Macedonia, tanto antes como después de Alejandro, puede ser descrita como un estado monárquico federal, en oposición a los estados federales republicanos que surgieron en la Grecia meridional (pp. 158-165).9 El rey ejercía el poder a través de un consejo o synedrion cuyos miembros, en teoría, podía escoger; en la práctica, no obstante, había un «gabinete de cámara» que reunía a los hombres más poderosos, al cual los demás jefes del ejército y delegados de las poleis podían ser invitados a asistir.10
Macedonia poseía ciudades griegas sometidas o «aliadas», principal o exclusivamente en la costa. Algunas fueron originalmente colonias de los estados griegos meridionales; bajo Filipo se convirtieron en súbditas de Macedonia. Su posición era de ese modo diferente a la de las poleis griegas meridionales, aunque no estaban solas en tener que lidiar con un poder real externo a la vez que mantenían su carácter ciudadano. Para los reyes macedonios, representaban más que simples
para el prestigio del reino que fueran consideradas como verdaderas entidades ciudadanas. Un compromiso arquetípico está representado por Amfipolis, que bajo Filipo conservó una forma democrática de constitución, pero también tenía una guarnición y un superintendente (epistatês) macedonios.11 La propia fundación de
Filipo, Filipoi (famosa en la historia romana como Filipi) tenía una constitución democrática, pero las fundaciones de sus sucesores, como Casandrea (Cassandreia), parecen no haber tenido ni instituciones democráticas ni asambleas populares. Sin embargo, tenían magistrados tales como los arcontes (magistrados superiores o una junta formada por ellos), tesoreros (tamiai) e incluso generales (stratêgoi). Sabemos poco de cómo fueron administradas antes de los siglos III y II; parece que no podían tomar ninguna decisión importante sin antes consultar al rey, como en el caso de las cuatro ciudades (Casandrea, Amfipolis, Filipoi y Pella) que, en 242 a.C, buscaron el reconocimiento de la inmunidad sagrada de Cos, declarando que su decisión se ajustaba a la política del rey (SEG xii. 373-374).12 Pese a ello eran consideradas
poleis por los demás griegos y admitidas a las festividades panhelénicas.13
Los recursos naturales de Macedonia eran variados. Debido a su clima húmedo, la tierra baja era capaz de sostener una gama de economías agrícolas y pastorales más amplia que la de Grecia meridional, mientras que las vastas sierras tenían abundantes recursos de madera y brea para construir barcos. Una ciudad incluso era llamada Xylópolis, Ciudad Maderera, y la madera era generalmente exportada a las ciudades-estado griegas meridionales para la fabricación de barcos. Se extraía oro y plata; la cercanía a la producción permitía el uso habitual (por parte de la élite) de grandes recipientes de plata y oro, como los desenterrados en las excavaciones de tumbas del siglo IV. Fuera de las poleis de la franja litoral quedaban elementos tradicionalistas; las comunidades pastoriles sedentarias, antes que las unidades sociales nómadas, eran probablemente predominantes aún en las zonas más altas.
Incluso antes del período helenístico, se puede decir que la economía había sido una «economía regia». El suministro de madera y de metales preciosos era probablemente una prerrogativa real, y parece que se pagaban impuestos sobre las cosechas cultivadas. En 334 Alejandro concedió a los padres y a los hijos de los compañeros del rey muertos en la batalla del Gránico «exención de tributos por sus tierras (chôra), así como de los servicios personales (soma) y de impuestos especiales (eisphorai) sobre sus posesiones (ktêseis)» (Arr. 1. 16. 5). El impuesto sobre la tierra afectaba probablemente el producto de la tierra, fuera privada o perteneciente al rey; los servicios personales probablemente comprendían el trabajo en las murallas de la ciudad, los caminos y otras obras públicas; la conscripción sólo debe haberse dado para casos de emergencia, en época de guerra. Plutarco describe a Alejandro asignando las rentas de determinados puertos y comunidades a individuos (Alex. 15, Austin 3a), y hubo probablemente un impuesto sobre la transferencia de bienes.14
Cualquiera que fuese el grado de urbanización en el siglo IV (había más de cien comunidades nucleadas), Macedonia habría permanecido básicamente rural, como la mayor parte de Grecia. Tampoco alcanzó después el esplendor de otros reinos, pese al del palacio de Pella y de las tumbas reales como la de Filipo II en Aigai (o Aigeai, actual Vergina).15 El mundo helenístico puede haber sido el heredero del imperio de Alejandro, pero no fue regido desde Macedonia; ni siquiera sus reyes dominaron Grecia alguna vez. Alejandro y su padre derrotaron a la alianza
griega meridional, pero no se apoderaron de todas las regiones: el Peloponeso y las islas, por ejemplo, permanecieron en gran parte fuera de su control. La hegemonía macedonia estuvo bastante limitada al área que se extiende desde el istmo de Corinto hacia el norte, y fue preservada por las cuatro guarniciones que más tarde Filipo V llamaría (según Polibio, 18. 11. 5) «las cadenas de Grecia» (pedai Hellênikaí): en Acrocorinto (la montaña de la acrópolis de Corinto), El Pireo, Calcis en Eubea y Demetria en Tesalia (fundada por Demetrio I alrededor de 294). La posesión de estas plazas fuertes garantizaba el control de la ruta marítima hasta la costa oriental de Grecia.
Filipo y Alejandro
Filipo II (r. 360/359-338) puso a las poleis griegas de Macedonia bajo su control y afianzó su poder sobre las regiones montañosas. Su principal logro, sin el cual conquistar el sur de Grecia habría sido imposible, fue obligar a someterse a los más lejanos vecinos de Macedonia, especialmente a los ilirios. Para conseguirlo, creó un nuevo estilo de ejército con una lanza de cinco metros de largo, la sarissa, que sus contemporáneos consideraron como un arma clave pero que era mucho más que eso. Puesto que sustituía parcialmente una coraza defensiva costosa, permitió una participación mucho más amplia en el ejército y por tanto en la vida política.16 Efectivamente, desde la ascensión de Alejandro o antes, una asamblea ordinaria de los macedonios (como el ejército o el pueblo) se reunió en diferentes ocasiones como un cuerpo político que ejercía funciones jurídicas y cívicas similares a las de la asamblea de la ciudad.17 Fue creado un regimiento de élite de compañeros hoplitas (pezhetairoi).18 Se copiaron las técnicas de adiestramiento militar de las ciudades
griegas del sur. El sometimiento de la alta Macedonia fue profundizado con la fortificación de las ciudades comerciales existentes y de los baluartes militares estratégicos. Filipo concedió mercedes de tierra conquistada a los hombres cuyo apoyo deseaba asegurarse. Estableció un interés común con el reino oriental de los molosos epirotas, casándose con Olimpia, la sobrina del rey, quien dio a luz a Alejandro en 356. Era una de sus siete esposas, con todas las cuales se había casado obviamente para promover buenas relaciones con los reinos vecinos.
La afirmación de Arriano (o de Alejandro) de que Filipo hizo de los macedonios habitantes de las ciudades es una exageración. El rey Arquelao (r. 413- 399) había creado una nueva capital en Pella en las tierras bajas; según Tucídides (2. 100) edificó fortalezas y caminos rectos, y gastó mucho en caballos y nuevas armaduras.19 Estos cambios deben de haber permitido el funcionamiento más efectivo del poder real desde lejos, incluso en las regiones más remotas. Filipo no había comenzado con un paisaje vacío, ni todas las ciudades nuevas eran obra suya. Las dos principales fundaciones tuvieron lugar después de la muerte de Alejandro y fueron iniciativa de Casandro: la polis costeña de Tesalónica (la actual Thessaloniki, Salónica) y Casandrea, una ciudad nueva que reemplazaba a Potidea en la península de Palene en Calcídica. Ambas fueron sinoicizadas a partir de ciudades existentes.
Con todo, la escala de la acción de Filipo fue impresionante. Hay testimonios de un programa de expansión de las ciudades y de transferencia de población; las
del reemplazo de los anteriores habitantes por colonos macedonios. Las pequeñas
poleis independientes de Galepsos y Apolonia fueron destruidas en la década de 350
(Estrabón, libro 7, frag. 34) y sus poblaciones fueron destinadas a engrandecer la fundación de Filipoi, mientras que una tercera ciudad cercana, Oisime, fue dada a los macedonios para que se asentaran.
La polis independiente de Metone, al norte de Pidna, fue arrasada en 354 y Filipo «distribuyó la tierra entre los macedonios» (Diod. 16. 31 y 34), mientras que la población existente fue expulsada. Cientos de miles de cautivos de las áreas más remotas de los Balcanes fueron posiblemente agregados a la población libre de Macedonia: por ejemplo, «más de diez mil sarnusianos» en 345 y «veinte mil niños y mujeres» de Escitia en 339-338 (Polianos, 4. 2. 12; Justino, 9. 2). Esta acelerada urbanización bajo Filipo no necesitó una revolución desde arriba, sino la redefinición y la ampliación de los asentamientos existentes y la creación de nuevas estructuras administrativas.20
Aunque Filipo no transformó por completo la sociedad macedonia, probablemente hizo realidad el poder militar ya latente de su pueblo (véase más adelante). Esto explicaría la rapidez de las conquistas macedonias, tanto en Grecia como fuera de ella, entre las décadas de 350 y 320. El poderío de Macedonia bajo Filipo y Alejandro probablemente se asentaba más en los recursos y la población de los nuevos territorios balcánicos y griegos meridionales que Filipo había conquistado, que en una reestructuración «económica» del reino de estilo moderno. Los aliados y los súbditos podían pagar impuestos (Tracia, por ejemplo, probablemente pagó tributo, como había hecho previamente bajo sus reyes locales); se recaudaron impuestos al comercio de un número creciente de poleis costeras dentro del reino, tales como Tesalia). Errington puede estar en lo cierto al sostener que la preocupación principal de Filipo era la seguridad de Macedonia: «las políticas con respecto a Grecia tuvieron inicialmente un lugar secundario».21
Se dice que el veterano jefe Antípatro —quizá previendo los problemas que el dominio del Oriente Próximo plantearía a Macedonia— habría aconsejado a Alejandro no emprender una expedición asiática hasta que tuviera un hijo y heredero (Diod. 17. 16). La expansión de las ambiciones de Alejandro de abarcar la conquista y el dominio del imperio persa implicó una situación fundamentalmente nueva para Macedonia, pero aunque esto puede ser representado como un debilitamiento de los logros de Filipo, no deberíamos olvidar que la campaña fue planeada por él.
La expedición contra Persia alteró profundamente a la monarquía. Como observa Errington, el aumento de la devoción personal del ejército por el rey minó el poder tradicional de la aristocracia; los adeptos del rey eran ahora leales a él y a sus propias ambiciones antes que a «los intereses del estado macedonio como fueron definidos por Filipo».22 Cabe dudar de si lo que Filipo creó fue lealtad sólo al estado en cuanto tal; era un jefe carismático exactamente igual que Alejandro, y es posible que sólo debido al lugar especial de Alejandro en las fuentes, éste parezca haber tenido una relación con las tropas más estrecha que Filipo. Por otra parte, la situación de Alejandro era muy diferente a la de su padre: un imperio macedonio era ahora un hecho, y necesitaba un nuevo tipo de apoyo. Era inevitable que el llevar al ejército a una prolongada expedición fuera de Grecia significara que los nobles, que individualmente podían haber proporcionado tropas, no tuvieran ya el poder sobre él, y que Alejandro confiase más en la lealtad personal de las tropas y sus jefes.
Los griegos de origen no macedonio habían alcanzado altos cargos antes, como bajo Filipo, y las tropas no macedonias de los Balcanes, como los ilirios y tracios, habían luchado generalmente al lado de Filipo; Alejandro vio que era necesario ascender incluso a los no griegos a altos cargos y reclutar persas para las falanges de hoplitas. Los diadocos reaccionaron contra algunos de estos cambios, y después de la muerte de Alejandro intentaron gobernar colectivamente, pero la mera fuerza de las circunstancias en los nuevos reinos hizo que asumieran los nuevos rasgos de la realeza de Alejandro (véase el capítulo 3). Dentro de la propia Macedonia, la monarquía a la antigua usanza persistió más tiempo, pero los reyes se vieron forzados a transigir hasta cierto punto con las exigencias públicas y culturales de la realeza helenística (véase más adelante).
Macedonia bajo los diodocos (323-276 a.C.)
Antípatro, que quedó como regente en Macedonia, tuvo que lidiar con las revueltas griegas antes y después de la muerte de Alejandro. La principal fue la guerra lámica de junio de 323 hasta inicios de agosto de 322 (Austin 26, Harding, 123, Syll3 317),23 resuelta en favor de Macedonia por la batalla de Kranon en Tesalia.24 Por su parte, la población de Macedonia puede haber estado entonces algo disminuida debido a la falta de los contingentes suplementarios enviados a Alejandro de vez en cuando. Es posible que la siguiente serie de guerras entre jefes rivales afectaran al campo negativamente, aunque el posible impacto puede haber sido