Capitulo VII Un retorno que da inicio
7.5 La marca de un rasgo
El rasgo unario es un concepto que Lacan trabajo a lo largo de su Seminario sobre la identificación.
Si a la identificación imaginaria al falo le corresponde el Estadio del Espejo, primer tiempo de encuentro con el deseo del Otro, el rasgo unario es la marca simbólica de este encuentro resignificada. Subrayemos esto pues el rasgo unario, representante del sujeto para otro significante, se inscribe en la resignificación: “El rasgo unario surge a posteriori, en el lugar entonces del S1, del significante en la medida en que representa a un sujeto para otro significante.”187
Por otro lado, si la metáfora paterna es productora de sentido, el rasgo unario es nominación pura, el trazo que al redoblar su inscripción hará lazo, es el agujero en la nominación que efectúa el significante del Nombre del Padre y que el mito de Tótem y Tabú pone en escena. Y si la imagen fálica obtura desde lo imaginario el agujero en la estructura, el rasgo unario lo hace desde lo simbólico.
“El propio sujeto se ubica con el rasgo unario. Este, de entrada, se señala como tatuaje, el primero de los significantes. Cuando este significante, este uno, queda instituido, la cuenta es un uno. El sujeto tiene que situarse como tal, no a nivel del uno sino del un uno, a nivel de la cuenta. Ya en esto ambos unos se distinguen.”188
El rasgo unario es así la posibilidad de contarse, del deslizamiento que esto implica y aquí queda enlazado el sujeto al significante, como vimos en el capítulo anterior, habrá que volver sobre este primer significante. Recordemos las dos funciones del Nombre del Padre, como significante que inscribe la falta y que el rasgo unario viene a denotar y
como aquello que articula al sujeto a la cadena significante y por ello a la circulación fálica. Si desde la nominación se inaugura la cuenta, desde la metáfora se efectúa el lazo de esta nominación como un agujero en la cadena significante que permite la circulación fálica.
Entonces, el rasgo unario es marca de una diferencia, inicio de la cuenta, el significante fálico resignifica esta diferencia, esta marca primera y al hacerlo, enlaza al sujeto con el campo del Otro, en cuyo espacio queda ubicado el “objeto a”.
Es también “la primera esquizia que hace que el sujeto como tal se distinga del signo respecto del cual se pudo constituir primero como sujeto. Por ello les enseño a no confundir la función del sujeto tachado, $, con la imagen del objeto a, ya que es así como, por otra parte, el sujeto se ve, duplicado –se ve como constituido por la imagen reflejada, momentánea, precaria, del dominio, se imagina hombre sólo porque se imagina.”189
Como vimos en el primer capitulo de esta segunda parte, el sujeto ingresa al discurso porque el deseo del Otro lo introduce en él, le asigna un lugar. Un deseo que lleva la marca de un significante al cual se identificará el sujeto, ocupando de esta forma el lugar de objeto causa del deseo del Otro que se cubre con la imagen fálica. Pero el Otro es también el lugar desde el cual el sujeto se inserta en la estructura del lenguaje, de este lenguaje inconsciente que habla siguiendo ciertas leyes. Estas leyes son las de la metonimia del deseo, la lógica de su deslizamiento y su insistencia, y la metáfora del sujeto, de la creación de un sentido nuevo, productor de diferencias. Ambas leyes articulan un vacío inscrito en por significante fálico, punto de broche. Entonces, este ingreso del sujeto en el lugar del Otro se da por una significación fálica, el
sujeto tiene valor fálico, esto quiere decir que toma su lugar en relación a este significante y de esta forma el sujeto queda articulado al inconsciente y sujeto también a sus leyes que son las que lo hacen aparecer y desaparecer.
El sujeto se identifica a un significante “...para nosotros analistas, lo que entendemos por identificación -...- es una identificación de significante.”190
Si el Otro es un lugar, el significante es un lugar, el sujeto se identifica a un lugar. “Un” lugar que sostiene la cadena significante.
Tal y como Freud trabaja en el texto de “Más allá...” en el juego del Fort-da, la identificación se realiza a una ausencia, el juguete que desaparece y porque desaparece, el sujeto puede ubicarse en su lugar. Pero como lo trabaja Lacan en el seminario 11, la causa de esa desaparición es el carrete, el carrete es aquello que permite que en esa ausencia pueda aparecer algo en su lugar, aquello que causa el movimiento abriendo un espacio entre la ausencia y la presencia. Ausencia del objeto, presencia del significante y, en ese movimiento que el carrete causa, produce un sujeto; un sujeto que seguirá este mismo movimiento: apareciendo como significante, desaparece. Entonces algo insiste y esta insistencia tiene que ver con la pulsión a la que volveremos en otro capítulo.
La marca del sujeto es este aparecer para luego desaparecer, en donde el placer del juego esta en esta alternancia. El sujeto gira en torno a este movimiento causado por un real que lo impulsa a regresar al mismo lugar, este real que Lacan ubica en el carrete que produce el movimiento de aparición y desaparición del juguete: “...si la huella es borrada, el sujeto rodea su lugar con un circulo, algo que desde entonces
189.-Ibid, pp. 148
le concierne. La marca del lugar en el que ha encontrado la huella,..., tiene ahí el nacimiento del significante.”191
Freud, en “Psicología de las masas y análisis del yo”, distingue tres tipos de identificación192: la primera mítica al padre y anterior a toda relación de objeto, donde podemos distinguir la primera identificación al padre que opera por retroacción. La segunda identificación que Lacan destaca como el rasgo unario, identificación que se produce por intervención de la metáfora paterna, por un abandono de objeto que inicia el recorrido del deseo, la introducción del sujeto al discurso, a la cadena significante. La tercera identificación de Freud, la identificación histérica, a un rasgo, identificación al deseo del Otro.
La identificación al rasgo unario es la que posibilita las otras dos, una identificación que se da por regresión y que implica una repetición, la repetición de una demanda inicial, una vez perdido el objeto, el sujeto se sumerge en la demanda al Otro de ese objeto e identificado a esa falta de objeto, significante fálico, S1, se ofrece como el objeto de la demanda del Otro. Dice Lacan: “El rasgo unario surge a posteriori, en el lugar entonces del S1 del significante en la medida en que representa a un sujeto para otro significante.”193
Una vez que la cadena se lanza, algo regresa, algo se repite, ¿y por qué se repite ese significante primero? porque por ser significante de la falta es aquello que está en cuestión en la demanda. Como dice Lacan en el automatismo de repetición hace surgir la diferencia, “...que consiste en que algo sucedió en el origen, que es todo el sistema del trauma, a saber que una vez se produjo algo que tomó desde entonces la forma A, que en la repetición el comportamiento tan complejo,..., no esta
191
.-Ibid seminario del 24 de enero de 1962
192.-Freud, S.; “Psicología de las masas y análisis del yo”, AE, Vol. XVIII, pp 99-104 193.- “De otro al Otro” op. cit. pp 358
allí sino para hacer resurgir ese signo A.”194
Para hacer surgir el rasgo que marcó el advenimiento del sujeto, la división, el trauma del encuentro con la falta del Otro.
Entonces tenemos que el sujeto se enlaza a la cadena significante por medio de una marca, que lo nombra como sujeto en falta, un significante que se repite en su historia. El sujeto se constituye en el deseo del Otro, se constituye en su falta y esta falta lo determina como sujeto del inconsciente.
El rasgo unario es la marca de la identificación del sujeto al significante de la falta del Otro. Es el significante que sostiene, que inaugura la cadena significante, significante que hace de borde. Entonces es un lugar inaugural, un lugar de anudamiento, ahí se anuda el sujeto, ahí se anuda la cadena significante, ahí se anuda el inconsciente.
Pero ya lo dice Lacan: “...lo que atañe al nacimiento del sujeto, el sujeto es lo que se nombra. Si nombrar es en principio algo que se vincula con una lectura del rasgo uno que designa la diferencia absoluta.”195
El nacimiento del sujeto es la marca de una diferencia, lugar único del significante donde se ubicará el sujeto, un deseo que lo nombra y lo incluye en la red diferencial del lenguaje. Y la diferencia es tiempo, diferencias unidas en una secuencia, el sujeto nace de un encuentro temporal.
¿Cómo hacen los significantes para significar, ¿cómo funciona este rasgo unario, primer significante que sostiene toda la cadena? El sentido es retroactivo y esta significación se produce en tres tiempos: el primero, rasgo unario o trauma, marca del deseo del Otro; el segundo o un segundo evento que se enlaza a este primero, que vuelve sobre su
marca, esto es la repetición; y el tercero que es retorno de lo reprimido, del rasgo unario, ahora representando al sujeto en la cadena significante, esto es, para otro significante.
El inconsciente habla, produce síntomas, causa sorpresa, pero no es si no en el efecto retroactivo que tiene el significante, en donde el sujeto puede articular algo de ese inconsciente que dejó su huella.
Es decir que para que exista un sujeto es necesario este movimiento en tres tiempos que actualiza al rasgo unario. Para que exista el universo simbólico es necesario que falte algo ahí donde no faltaba nada. Pero para que el sujeto tenga un lugar tiene que haber una segunda vuelta, la repetición de la falla del encuentro con el objeto de deseo, con ese objeto que al quedar fuera de la batería significante permite el deslizamiento. Así, en cierta forma, la realidad es la creación de una falta y esto es producto de la repetición. Es en el movimiento de repetición, al fallar el encuentro con el objeto, donde se produce la falta, segunda reinscripción del agujero inaugural ahora en el sujeto. Es a partir de este “un uno” instalado como significante, que falta el objeto que Lacan denomina “objeto a”.
Así, sujeto y objeto a se producen en el mismo espacio y al mismo tiempo, uno es efecto del significante que introduce la falta y el otro el producto de esa introducción.