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La marca salvífica de la pertenencia a Dios: propiedad de Dios por la acción del Espíritu

Bendecidos con la marca y la unción del Espíritu para el testimonio

2. La marca salvífica de la pertenencia a Dios: propiedad de Dios por la acción del Espíritu

Marcar o delimitar una propiedad es ciertamente una costumbre tan antigua como el sentido mismo de propiedad. Pertenecer a Dios y ser marcado o «signado» como su propiedad solo puede significar salvación. Ahora bien, en la revelación cristiana la salvación se da en el Espíritu, es la presencia misma del Espíritu de Dios en el ser humano. De ahí la «signación» como simbolismo crismal.

a) La «signación» en clave antropológica 41

Signar a una persona es caracterizarla por su pertenencia a un determinado grupo o a una divinidad. En general, se trata de una marca practicada en la cabeza, y

especialmente en la frente. La marca puede ser hecha a fuego, pintada o tatuada, pero

puede también ser realizada, simplemente, con la mano, en un gesto simbólico de

signación.

Podrían multiplicarse los ejemplos, tomados de todos los lugares, épocas y

religiones del mundo. En la India, por ejemplo, se acostumbra a pintar en la cabeza una marca cuya forma indica la secta a la que pertenece la persona en cuestión. En el ritual de iniciación de los lamas, en el Tíbet Oriental, se realiza una marca en la cabeza con un candelabro de hierro candente. En los misterios de Mitras, se marcaba a fuego la frente de los iniciados. Las pinturas en el rostro empleadas por muchos pueblos indígenas, según el clan al que pertenece la persona en cuestión, entran también en esta categoría de «signación», así como el agujero practicado en la oreja o en la nariz para el uso de

determinados adornos que, por lo general, tienen el sentido de pertenencia a un grupo. En el candomblé, durante el proceso de iniciación, una vez «catulado» 42, al iniciado se le pinta; en sus primeras apariciones en público es pintado con colores diversos y exhibe las marcas de una serie de incisiones. En el mundo secularizado es muy frecuente el uso del tatuaje, no solo como adorno, sino también como señal de pertenencia (a un

determinado «gang», por ejemplo) o con una finalidad apotropaica (para conjurar males).

b) Marcados para la salvación 43

La marca realizada posiblemente en la frente de una persona tiene, según el AT, dos sentidos que pueden incluso interpenetrarse. Por una parte, tiene un significado jurídico. Quien ha sido marcado pasa a ser propiedad del otro (cf. Ex 21,6). Tal vez en

relación con la legislación sobre el derecho de asilo en santuarios, esta costumbre social pasó también al ámbito religioso. Quien pide protección en un templo es marcado con el sello de la divinidad y pasa a ser propiedad de ella, su protegido. Es en este contexto en el que tal vez debería comprenderse la señal de Caín (cf. Gn 4,15): los cainitas

pertenecen a YHWH y, en consecuencia, se hallan bajo su custodia 44.

En continuidad con este primer sentido hay un segundo, el sentido escatológico (cf. Ez 9,4-6). YHWH decide realizar el juicio sobre la Jerusalén infiel. Antes de comenzar la destrucción, ordena a un personaje vestido con ropajes sacerdotales que marque con la letra hebrea taw a «los que están gimiendo y llorando por causa de todas las

abominaciones» que se practican en Jerusalén (v. 4). Los «signados» son el resto fiel que será eximido del juicio de YHWH; un juicio que, por cierto, es general, sin distinción por razón de edad o de sexo (cf. v. 6). Una aproximación a Job 31,35 abre, sin embargo, otra perspectiva más profunda. La letra taw hace las veces de firma. Así pues, la marca sobre

los elegidos es la firma de Dios en su frente y significa, por tanto, su pertenencia a Dios. Ahora bien, la firma es el nombre. De este modo, la letra taw se convierte en un

criptograma del nombre impronunciable que, inscrito en la cabeza de los elegidos, se convierte a su vez en señal de la presencia divina. Por otro lado, la señal que marca a los elegidos puede tener una explicación mucho más simple: dado que en el tiempo de

Ezequiel la letra taw tenía la forma de una cruz en forma de aspa o equis, sería la señal más obvia a efectos de la «signación» 45.

El sentido de la «signación» en el AT no es otro, pues, que indicar quién pertenece a YHWH de corazón y será salvado, consiguientemente, en el juicio escatológico.

c. El sello del Espíritu 46

Los dos sentidos de la «signación» que aparecen en el AT son retomados por el NT. Sphragís es el término griego para «sello». En el sentido jurídico, y en relación

con la propiedad sobre la persona marcada, sphragís explica el significado de la circuncisión de Abrahán: ser el sello de la justificación de que fue objeto por parte de Dios, a causa de su fe, cuando todavía era incircunciso (cf. Rm 4,11). La circuncisión es, pues, la señal, la marca de la justificación, el sello que significa la pertenencia al pueblo

Para el Apocalipsis, que se inspira en Ez 9 (sentido escatológico de la «signación»), los cristianos son los señalados con el sello de Dios 47, que es justamente el nombre del Cordero y de su Padre (cf. Ap 14,1). La identificación de la marca de Dios con el

nombre de Jesús y del Padre amplía la comprensión de sphragís. El nombre es la propia

persona. El sello de Dios no es, pues, algo con lo que Dios señala a los cristianos, sino él mismo, que se da a través de la señal inscrita en la frente. Los marcados con

ese sello quedarán a salvo en el día del juicio. El contexto del Apocalipsis no habla, sin embargo, ni del bautismo ni del Espíritu.

En un contexto bautismal, Pablo relaciona la sphragís con el Espíritu. Dios «nos

marcó con su sello y nos dio en prenda el Espíritu en nuestros corazones» (2 Co 1,22). Con la intención de despertar en sus lectores la certeza y la confianza en la promesa y, de este modo, la fortaleza de ánimo (cf. 2 Co 1,15-22), Pablo recuerda que Dios les puso su sello (sphragís), convirtiéndolos en propiedad suya y dándoles como garantía el Espíritu Santo.

La metáfora, en este caso, debe ser entendida en un sentido, por así decirlo, comercial. Cuando el comprador quiere asegurar un trato, entrega un anticipo que garantiza de antemano que el objeto en cuestión no será vendido a otra persona; no se trata todavía del pago en su totalidad, sino de una «señal». Desde el punto de vista jurídico, el objeto ya está comprado, y el vendedor no puede entregárselo a un tercero, pero el negocio no ha quedado aún concluido. La «signación» con el Espíritu en el

bautismo indica que la redención ya es una realidad para el bautizado, aun cuando la posesión del Espíritu y por el Espíritu todavía no se haya realizado en plenitud y, por tanto, de un modo definitivo.

Una metáfora parecida se encuentra también por dos veces en un escrito

deuteropaulino: Ef 1,13 y 4,30. El Espíritu Santo es identificado claramente como el

sello con que el cristiano es marcado para el día de la redención escatológica. Y ese sello

designa el bautismo como totalidad, no solo un determinado rito de la celebración bautismal. Es lo que muestra la secuencia de pensamiento en Ef 1,13: oír – creer – ser

marcado. La misma concatenación se encuentra en otros textos como pasos del proceso de abrazar la fe, que culmina en el bautismo. Así, por ejemplo, Hch 8,12: evangelización – fe – bautismo 48. Es la estructura fundamental del bautismo. El aoristo empleado en el verbo «señalar» o «marcar con un sello» indica que se refiere a una única acción en el pasado, a un momento determinado, por consiguiente, en el que el cristiano ha sido marcado con el Espíritu. Confirma, pues, que se trata del bautismo.

La palabra sphragís, en los textos del Corpus Paulinum en cuestión, no supone, ciertamente, un gesto físico de «signación», pero la metáfora sí abre la posibilidad de significarse posteriormente con un gesto de «signación» (sphragís) o momento

pentecostal de la participación del cristiano en el misterio pascual de Cristo. Con el

paso del tiempo, la sphragís se fundirá con la unción, haciéndose aún más elocuente como gesto simbólico para conferir el Espíritu.