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Marranadas modernas

In document Alimentación vegana.pdf (página 156-163)

Está claro que algunas descripciones del trato a los animales y la aflicción que va asociada a ellas son difíciles de comprender. Pero es necesario, y por eso yo, con gran dolor de mi corazón, intento representar de esta forma tan gráfica algunos aspectos de la cría moderna de animales y sobre todo, a partir de ahora, de un tipo de animales, los cerdos, que son los que los ciudadanos centroeuropeos comen más y con mayor gusto. En el año 2009 se sacrificaron en Alemania 60 millones de cerdos, lo que hace que el país sea el tercer mayor productor de carne porcina del mundo, precedido por Estados Unidos y China, y seguido por España. Existen estudios que demuestran que los cerdos son al menos tan inteligentes y sensibles como los perros. Quien haya tenido la oportunidad de tener contacto con un cerdo trufero no lo dudará en absoluto. Los experimentos han descubierto que estos animales han desarrollado su propio lenguaje, son capaces de enterarse cuando se les llama, son juguetones y, además, atendiendo a las instrucciones de los científicos, son capaces de manejar con el hocico unos joysticks acondicionados para ellos. No tienen ninguna dificultad para abrir la puerta de su cochiquera y se apresuran a ayudar a sus compañeros. Trabajan en equipo durante sus intentos de huida y su capacidad de entendimiento los coloca muy cerca de los chimpancés.

Sandra Düpjan, investigadora alemana especializada en comportamiento animal, ha centrado sus trabajos en demostrar científicamente cómo actúan las emociones en los animales: «Los cerdos comunican su estrés, ahora solo debemos aprender a entenderlo».

Para apreciar su alto nivel de estrés de un cochinillo solo hay que observar sus gritos cuando le cortan el cordón espermático sin ninguna anestesia.98

Los cerdos son individualistas y, en muchos casos, muy parecidos a los seres humanos, por eso los estudiantes de medicina en muchas ocasiones aprenden estudiando sus entrañas.

TORTURADOS Y ENFRENTADOS A LOS DOLORES

Estos cerdos llevan hoy en día una vida angustiosa que, desde mi punto de vista, es mucho peor que su terrible final. Comienza cuando son alimentados en exceso para convertirlos en animales de alto rendimiento, como les pasa a la mayoría de las gallinas, pavos y otros animales útiles que son criados de una forma tal que están básicamente enfermos. Foer recoge en su libro que «los estudios afirman que del 10 al 40 % de los cerdos, debido a su pobre herencia genética, la falta de ejercicio y su alimentación insatisfactoria, muestran una estructura corporal inestable porque se les doblan las rodillas, se les deforman las patas y los dedos de los pies se les curvan hacia adentro».99 Una revista americana dedicada a la cría de porcino informaba que «es normal» que el 7 % de las cerdas de cría mueran antes de tiempo a causa del estrés, provocado por su confinamiento en celdas y por la cría masificada de alto rendimiento; en algunas de las fábricas de animales, según afirma la revista, la proporción puede ascender hasta el 15 %. Pero esto son pérdidas con las que ya cuenta la industria, y el negocio con la tortura resulta rentable para todos los que tienen tal desvergüenza y se enriquecen con tales abusos.

Desde el principio, estos animales son torturados sistemática mente porque es algo que exige el sistema. A las 48 horas de su nacimiento, se les corta la cola a la mayoría, por supuesto sin aplicarles ningún tipo de anestesia, para que posteriormente no se la puedan morder en caso de estrés. Más tarde, de forma totalmente legal y sin aplicar narcóticos, también se les extirpan los colmillos por el mismo motivo, y para evitar el canibalismo. Esto es algo que suele ocurrir también en la cría intensiva de otros animales, por ejemplo las aves, que al parecer se angustian a causa de su indescriptible desdicha y tienden a agredirse entre ellas. Muchos seres humanos se volverían locos de padecer la monotonía y las condiciones que sufren los animales de los criaderos. Este ánimo también lo ingieren los consumidores de carne.

A los diez días de vida, de forma totalmente legal y sistemática, sin narcóticos y sin que medie ningún tipo de compasión, se les arrancan los testículos, pues de lo contrario la carne no resultaría tan sabrosa para el consumidor.

UNA VIDA DE CONSTANTE PREÑEZ

A partir del momento de la separación de la cerda durante la lactancia, del 9 al 15 % de la camada morirá. Además, hay que tener en cuenta el elevado índice de malformaciones en los lechones: desde miembros deformados hasta fisuras en el paladar; desde temblores en los músculos hasta la falta de ano. En la cría de alto rendimiento se trata de producir cerdos enfermos (que no son capaces de llevar una larga vida natural), ya que son los que aportan más beneficios.

Sin embargo, la producción porcina requiere la presencia de cerdas, las cuales se convierten en víctimas de su enorme fertilidad. Este método ha permitido que la industria incremente considerablemente el número de ejemplares. La aplicación de inyecciones de hormonas obliga a la pobre cerda a estar preñada durante prácticamente toda su vida para, a continuación, amamantar a sus crías durante un corto período de tiempo. El 80 % de las cerdas pasa toda su preñez en unos lugares tan estrechos que les impiden darse la vuelta. Al no contar con la posibilidad de hacer ejercicio, suelen padecer una extremada atrofia ósea, no pueden revolcarse y en ocasiones se hieren la piel al frotarse contra la jaula. Por motivos de costes y para evitar incrementos no deseados de peso, es muy frecuente que se les deje pasar hambre. Pero aun cuando no estuvieran encerradas en lugares tan diminutos, circunstancia que está cambiando gracias a las presiones que sufren los criadores, lo que está muy claro es que la tortura y martirio de los animales es una constante durante toda su vida.

ANIMALES LIMPIOS MANTENIDOS BAJO UNA LLUVIA DE HECES

El tormento de los cerdos se incrementa por la increíble estrechez en la que viven hacinados. Normalmente, los cerdos se preparan nidos para dormir y nunca descansan ni se echan en el mismo lugar en el que han depositado sus excrementos. Pero en los modernos establos viven literalmente entre su propia mierda, deben pisarla y tumbarse encima de ella, sin contar casi nunca con un desagüe ni con la posibilidad de moverse. Este tipo de «disciplina» es, comparativamente hablando, mucho peor que la que siguen los asesinos en las cárceles, quienes al menos tienen la posibilidad de salir a un patio y pueden ver la luz del sol. Los cerdos modernos no viven otra cosa que estrecheces y torturas.

Aun cuando en el lenguaje de la calle se nos quiera hacer creer otra cosa, lo cierto es que cuando viven en plena naturaleza los cerdos son animales limpios que evitan el contacto con los excrementos. En las fábricas de animales, los cochinillos son metidos en estrechas jaulas en las que, por motivos de espacio, tienen que estar unos sobre otros. El espacio, lo mismo que el tiempo, también es oro. Es muy normal que las heces de los de arriba caigan sobre los de abajo.

Estos animales limpios e inteligentes son obligados a vivir bajo una lluvia de excrementos y orina, por lo que parece muy lógico que muchos de ellos acaben trastornados. Bajo estas modernas condiciones, sufren lo que desde el punto de vista psiquiátrico se calificaría de locura y, como dementes que son, hacen presión contra los barrotes de sus jaulas o se lamen de forma compulsiva.

Pero lo más impresionante para las personas sensibles o misericordiosas es darse cuenta de la denominada tristeza del cerdo. El animal se sienta entonces sobre sus patas traseras y deja colgar la cabeza con aspecto de sufrir una profunda desesperación, como si aparentemente se diera por vencido.

DE LO QUE SIRVE EL ENGORDE…

En esta situación de constante tortura en sus jaulas, la gran mayoría de los cerdos tiene una vida muy corta. Hasta que llega ese final son mantenidos en cubículos extremadamente estrechos en los que casi no se pueden mover y, en consecuencia, no consumen calorías, pues eso empeoraría los resultados del engorde. La temperatura es alta y hay muy poca luz, lo que les hace sentirse apáticos y así no se atacan unos a otros, lo que podría ocurrir fácilmente dado su estado de agobio.

Los individuos más débiles que no son capaces de ganar peso suficiente son sacados de los cubículos, atados por las patas traseras y golpeados con el morro contra un suelo de hormigón. Esta muerte por «aporreamiento» es un método muy usado para estos anima les. Foer cita a un trabajador: «Nos limitamos a sacarlos, golpearlos contra el suelo y echarlos a un lado. […] Cuando volvemos a la bodega y nos damos cuenta de que algunos de ellos aún están con vida, no hay más remedio que volverlos a golpear. En algunas ocasiones, al entrar he podido ver que se les habían salido los ojos de las órbitas o que sangraban o tenían rotas las mandíbulas».100 Ese es el destino que sufren diariamente docenas de cerdos, porque se ha calculado que es más barato matarlos así que cargar con esos «objetores de conciencia».

Todo se calcula teniendo en cuenta los costes, que se miden utilizando unos programas de ordenador muy semejantes a los que hay en la zonas de cuidados intensivos de nuestros hospitales. Se supone que esos cálculos coste-beneficio no han de tener ninguna consecuencia para el tratamiento médico, al menos eso es lo que se dice. Pero no podemos evitar preguntarnos: ¿por qué se hace ese cálculo? El embrutecimiento es un proceso básico que por regla general no se limita a ámbitos independientes, sino que se introduce en la sociedad como si fuera un cáncer.

¿SALUD ANIMAL? ¡UNA FARSA!

Foer contesta a las preguntas de por qué y cómo tantos animales sufren esa vida de torturas hasta llegar al matadero: «Todo un torrente de antibióticos, hormonas y otros medicamentos mezclados con la comida hace que la mayoría de los animales resistan en esas terribles condiciones de vida».101

No es raro que algunos, mientras esperan el sacrificio, padezcan un infarto cardíaco; desde el punto de vista anatómico sus corazones son muy semejantes a los del hombre. Por eso en nuestros días hay muchos enfermos de corazón a los que en lugar de implantarles válvulas artificiales les colocan otras procedentes de los cerdos.

Tampoco es difícil que a los pobres cerdos les fallen las patas antes del sacrificio y se queden apartados a un lado, desvalidos, hasta que mueren. O bien se les tira a la basura cuando todavía están con vida.

Christiane Haupt, en sus prácticas de veterinaria, hablaba así de una instantánea captada por ella en un matadero alemán de cerdos: «Quiero y debo hablar desde lo más hondo de mi corazón. Casi me ahogo. Deseo narrar cómo los cerdos que ya no pueden andar más permanecen sentados con las patas traseras separadas. Que dan patadas y golpes durante mucho tiempo hasta que son llevados al box de sacrificio. Los veo después cuando pasan oscilando delante de mí para trocearlos, les han arrancado por ambos lados los músculos de la parte interior de los muslos. Son 530 al día, nunca olvidaré esa cifra». Y agrega: «Cuando por primera vez supe (el segundo o tercer día) que los cerdos aún se movían mientras se desangraban, caían, les cortaban con una sierra y seguían moviendo la cola, me quedé petrificada. “¡Ellos…, ellos siguen moviéndose…!”, y así se lo dije a una veterinaria que estaba allí, a pesar de que yo ya sabía que solo se trataba de movimientos nerviosos. Sonrió y me dijo: “¡Maldita sea, se ha cometido un fallo, no está totalmente muerto!”. El pulso seguía trepidando fantasmalmente en la mitad de los animales, por todos lados. Un gabinete del horror. Me quedé helada hasta la médula».102

Y esto es lo que se escuchó en una investigación del Comité Científico de la Unión Europea encargado de la salud y protección de los animales (año 1997): los cerdos mantenidos en jaulas, como sucede en todas las modernas plantas industriales de animales, tienen los huesos débiles, padecen un elevado riesgo de lesiones en las patas, afecciones cardiovasculares e inflamación de las vías urinarias; en ocasiones les desaparece la masa muscular hasta tal extremo de que casi no son capaces de realizar ni los movimientos más elementales».103

¿Quiere usted respaldar todo esto a base de comer su carne? O, preguntado de otra forma: ¿quiere sufrir el riesgo de ingerir la energía de esta locura? O, aún más directo: ¿es usted capaz de arreglárselas con esta energía sin sufrir daños en su propia persona? Estos cerdos modernos no nos aportan ninguna felicidad, tal y como simbólicamente se nos quiere hacer ver. Más bien todo lo contrario: cuando los comemos, nos inculcan tristeza e infelicidad, las mismas que les hemos provocado a ellos. Las personas que hacen algo así con otras criaturas no son unos cerdos, pues un cerdo nunca le haría eso a nadie, ni siquiera a un ser humano. Esos operarios de

los mataderos y, naturalmente, también los responsables, los que realmente mueven los hilos, los que no se manchan las manos pero sí ganan dinero con toda esta aflicción, se encuentran moralmente por debajo de lo que vulgarmente se denomina «un cerdo».

Naturalmente que para el resto de los animales las cosas no van mucho mejor. En el caso de las aves incluso es peor, mientras que en el de las vacas el trato es mejor pero el sacrificio sigue siendo igual de terrible.

Resumen:

La vida de los cerdos es tan penosa como su muerte. Lo que se les practica sin ninguna anestesia solo se puede describir con el término de tortura, y hace que se vuelvan totalmente locos. Y todo en aras de conseguir un engorde rápido y que los costes sean más favorables.

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