Si los científicos del lobby de la industria lechera dijeran la verdad y la leche nos reportara unos huesos firmes y fuertes, todos dispondríamos de una magnífica configuración ósea, pues hace ya muchos años que seguimos sus consejos. Sin embargo, las cosas no son como nos cuentan, pues es fácil comprobar que muchos de los países punteros en el consumo de leche padecen, curiosamente, considerables problemas de osteoporosis.
ALTA DENSIDAD ÓSEA Y OSTEOPOROSIS
Las roturas del cuello del fémur son un indicador de que existe una estabilidad ósea defectuosa, pero no sirven para definir la densidad mineral ósea, cuya estimación por medio de una densitometría se ha puesto de moda entre los médicos y supone una práctica muy lucrativa. La gran cantidad registrada de estas fracturas61 señala que en nuestras latitudes existe una elevada cantidad de personas afectadas por la osteoporosis; en Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia, tres de los países con mayor consumo de productos lácteos en el mundo, también ha quedado muy patente el desarrollo de la osteoporosis.
La densidad ósea no es en todos los casos un buen indicador del peligro de la osteoporosis y su medida es inútil, al menos en los pacientes. El mejor marcador para la osteoporosis es la relación existente entre la proteína animal y la vegetal presentes en la alimentación. Cuanto más alta sea la de procedencia animal, mayor será el peligro de sufrir este mal.
HIPERACIDIFICACIÓN: UN FACTOR SUBESTIMADO
Si los países que han registrado un elevado consumo de leche a lo largo de tantos años también están afectados por elevadísimos índices de fracturas del cuello femoral y de osteoporosis, quizá lo más sensato sería cambiar el enfoque. En el año 1992 se realizó una investigación en la prestigiosa Universidad de Yale en la que se integraban otros 34 estudios. El resultado: el 70 % de la fracturas óseas se podía asociar a un elevado consumo de proteína animal.62 El motivo: estas proteínas elevan el grado de acidificación de los tejidos, y el organismo debe neutralizar los ácidos sirviéndose del calcio de los huesos, con la consecuencia de una alta eliminación de calcio a través de la orina.
Sherman ya describió este efecto ¡en el año 1920!, aunque hasta la fecha no se ha observado ninguna reacción a sus indicaciones. El motivo, una vez más, pueden ser los intereses políticos, y que entonces no existían universidades tan renombradas como la de Yale. Pero el siglo transcurrido debería ser más que suficiente para hacer cambiar las ideas. El consejo de tomar derivados lácteos para evitar la osteoporosis es perjudicial e incluso malintencionado por parte de los médicos, pues ya hace años que diferentes profesionales afirman, por ejemplo, que el queso aporta ácido a los huesos y que estos no lo resisten.
El calcio que aporta la leche no puede equilibrar el efecto de movilización del calcio de los huesos provocado por la hiperacidificación. Se puede, pues, decir que la leche es un buen proveedor de calcio, pero aún es mejor ladrón del mismo. A fin de cuentas, el balance siempre es negativo: la leche aporta más perjuicios que beneficios.
Por tanto, el exceso de ácido es un factor decisivo en el proceso de la osteoporosis. Los fundamentos de la hiperacidificación se basan en una alimentación rica en proteína, sobre todo proteína animal y productos artificiales como pueden ser los dulces, que están compuestos prácticamente de carbohidratos refinados y, sobre todo, azúcar. De acuerdo con mi propia experiencia, otro factor decisivo es el estado de ánimo vital. Las personas que tienen mal humor tienden a sufrir más deprisa un exceso de ácido que las que, colocadas en la actitud contraria, mantienen un talante abierto y tranquilo frente a la vida.
En el año 1931, el fisiólogo alemán Otto Warburg, premio Nobel de Fisiología y Medicina, formuló dos verdades esenciales sobre el tema del cáncer: donde aparece el cáncer existe 1) hiperacidificación y 2) falta de oxígeno. El exceso de ácido es un mal subestimado por la medicina convencional y sería bueno que ahora, al menos en lo que se refiere a la osteoporosis, pudiera ser reconocido científicamente como un problema.
Los Campbell presentaron un gráfico en la Universidad de California (San Francisco) con resultados de 87 estudios realizados en otros países. Mostraron la notable disminución del riesgo de fracturas de cadera al aumentar el aporte de proteína vegetal.
Según el gráfico, existe la probabilidad de sufrir una fractura del cuello del fémur en países cuya relación entre el consumo de ambos tipos de proteína sea
menor que 1, y se puede situar en una cifra entre 50 y 200 por cada 100.000 habitantes. A partir de una relación de 2, es decir, cuando el consumo de proteína vegetal duplica a la de origen animal, el ratio se reduce prácticamente a 0. Esto significa que la forma de conseguir la desaparición casi absoluta de la osteoporosis pasa por incrementar la ingesta de proteína vegetal y abandonar la animal.
La correlación entre las fracturas de cadera y la relación de proteínas vegetales y animales en la alimentación de varios países.64
Un estudio de la misma universidad del año 2001,63 llevado a cabo durante siete años sobre un colectivo de 1.000 mujeres que habían rebasado los 65 años, analizó la densidad ósea, la rotura de cuello de fémur y el consumo de las distintas
proteínas. La comparativa no tuvo en cuenta a mujeres de distintos países, sino solo los valores obtenidos en mujeres estadounidenses a fin de no modificar los resultados por causa de otros factores. El resultado fue, de nuevo, muy similar: las mujeres con una ingesta elevada de proteína animal sufrían cuatro veces más fracturas que las que presentaban un consumo más bajo; y durante los siete años del estudio se observó que la densidad ósea de las participantes aumentaba rápidamente en las mujeres con menor ingesta de proteína animal. Recordemos que las mujeres norteamericanas que consumen pocas proteínas las extraen en un 50 % de fuente animal. Si esa proporción se redujeran a un 25 % o se evitara por completo, los resultados serían mucho mejores que los obtenidos en este estudio realizado a nivel estatal.
Para los carnívoros alemanes la comparación con los nigerianos resulta muy significativa. El consumo de proteína animal de los naturales de Nigeria es de un 10 % y, comparados con los germanos, su probabilidad de sufrir fracturas es un 99 % más baja. Estos datos se han contrastado en el mismo estudio citado al principio de este capítulo.65 Por su parte, las nigerianas, como el resto de los africanos, casi no toman leche de vaca rica en calcio y tienen muchos hijos a los que amamantan durante años. Según la medicina convencional, deberían padecer severos cuadros de osteoporosis. Sin embargo, ocurre todo lo contrario: las alemanas padecen osteoporosis y las nigerianas casi ni la conocen.
EL CONSUMO DE LECHE PERJUDICA A LOS HUESOS, EL SOL LES BENEFICIA
Como se ve, no está científicamente justificado el consumo de leche o de calcio en las mujeres occidentales como método para cuidar la salud de los huesos, sino que, al contrario, existen estudios que se oponen a esa aseveración. Citemos por ejemplo los realizados por Wachsman y Bernstein, que ya en 1968 comprobaron que una excesiva ingesta de calcio elevaba la probabilidad de las fracturas óseas.66 Por su parte, Hegsted, que fue profesor de Harvard y experto en calcio, sostuvo la idea de que una administración constante y prolongada de calcio limita la capacidad del organismo para regularlo y servirse de él.
Existe, además, una gran cantidad de estudios científicos que afirman que una ingesta elevada de calcio, acompañada de un alto consumo de alimentación de origen animal, favorece notablemente la osteoporosis. La leche y los derivados lácteos son los únicos alimentos que contienen ambos inconvenientes, por lo que lo mejor sería prescindir de ellos.
Aquí también tiene un papel determinante la ya mencionada vitamina D o su forma activa, el calcitriol (véase página 268). Y una vez más se destaca la importancia del sol. Su función favorable para el metabolismo óseo y la reducción del raquitismo (reblandecimiento de los huesos) es conocida desde hace muchos años.
¡Ni que decir tiene que una alimentación libre de proteína animal, o con una mínima parte de ella, y una vida algo más soleada evitarían todos los males de los que venimos hablando! Pero esa actitud supondría: un espectacular retroceso para el consorcio de la industria lechera, que los cirujanos vieran muy mermadas las fracturas provocadas por la edad, que los ginecólogos y ortopedas tuvieran que olvidarse de sus densitometrías y que la industria farmacéutica y la de suplementos dietéticos se vieran en la necesidad de orientar sus conceptos en otro sentido.
En realidad, ninguna de estas ramas de la industria, a excepción de la láctea, tendría que renunciar a su actividad; incluso los ganaderos podrían proponerse algo mucho más razonable que producir leche. Bajo la dirección del doctor Tuan Nguyen, un grupo de investigadores del Garvan Institute of Medical Research de Sydney67 realizó un estudio con un grupo de 105 monjas que seguían una dieta vegana estricta, todas pertenecientes a distintos conventos budistas en Vietnam. El resultado fue que ninguna de ellas padecía osteoporosis. Según el estudio, al llegarles la menopausia no sufrieron una caída acelerada de su densidad ósea. Además, los investigadores suponían que entre esas religiosas, de 50 a 85 años de edad, se manifestaría una clara osteoporosis debido a que la alimentación vegana suponía una completa renuncia a los productos ricos en calcio. De hecho, su ingesta diaria de calcio era tan solo la tercera parte de los valores recomendados, pero su densidad ósea no resultó más baja que la del grupo de control de mujeres de la misma edad que comían todo tipo de alimentos.
LA MISIÓN DE LA MENTE
Eliminar los lastres psíquicos y pasarse a la alimentación vegana evita la aparición de la osteoporosis. Las mujeres que durante la menopausia, o después de ella, resultan afectadas con más frecuencia deberían pensarlo conscientemente en lugar de hacer trabajar en exceso a su organismo.
En la mitad de la vida, también es necesario soltar carga en el sentido figurado, por ejemplo quitarse del cuerpo esos kilos de más y eliminar lo superficial, lo que ya no va a servir en la segunda parte de la vida. Si consideramos que solo es el cuerpo el que debe encargarse de tales tareas, no conseguiremos más que llegar a la descalcificación ósea.
Resumen:
Los productos animales (en especial la leche) favorecen la osteoporosis. Lo mismo cabe decir del exceso de ácido que provocan, sobre todo, los productos animales y los dulces. Por tanto, resulta de vital importancia alimentarse con carbohidratos integrales, mucha verdura verde de hoja y judías, estas últimas especialmente ricas en calcio. Mantenerse en movimiento (tanto físico como mental) es muy recomendable para actuar contra la hiperacidificación. Por supuesto, lo más sensato es realizar las actividades y ejercicios que mejor se ajusten a la segunda mitad de la vida.68