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O no saben lo que hacen?

In document Alimentación vegana.pdf (página 190-194)

Recomendaciones nutricionales de la Confederación Helvética

Más del 80 % de las enormes subvenciones estatales (del gobierno suizo) se dedican a favorecer la producción de carne y leche, queda solo un escaso 6 % para frutas, verduras y cereales que son, en cambio, los que están en cabeza de las recomendaciones relativas a la alimentación. Así que, incluso en la supuestamente ejemplar Suiza, la protección de los animales también va por un camino esquizofrénico. Casi todo el dinero se emplea en el fomento de las enfermedades y la salud no posee ningún papel en la política de subvenciones. Pero si en Suiza, una nación con una estructura de fuerte base democrática, las personas se dejan manipular por sus políticos, ¿cómo pueden ir mejor las cosas en países de la Unión Europea con un fundamento que, en comparación, es menos democrático?

¿EXISTE ALGÚN INTERÉS POR LOS CIUDADANOS ENFERMOS?

Después de analizar la situación, no puedo quitarme de la cabeza la siguiente impresión: dado que los responsables de los criaderos de animales los prefieren enfermos en lugar de sanos, pues les dan mayores beneficios, parece que también muchos gobernantes vuel can más interés en los ciudadanos enfermos. ¿Por qué? ¿Porque son más dóciles y fáciles de manipular? ¿Sencillamente porque lo soportan todo? De otra forma no puedo explicarme que las subvenciones vayan especialmente a consorcios y fábricas industriales de animales y no a los pocos agricultores que quedan y se esfuerzan en producir alimentos saludables y ecológicos. ¿Por qué esos violadores industriales de animales son favorecidos de una forma grotesca en lugar de endosarles los costes de todo lo que provocan?

Renato Pichler, el presidente de la asociación suiza de vegetarianos, aporta la siguiente y muy aceptable explicación: «Todo reside en primera instancia en el dinero: la industria de la carne tiene tanto a su disposición (en parte por subvenciones) que se puede permitir crear buenos grupos de presión para “aconsejar” a los políticos, la mayoría de las veces comedores de carne que se creen todo lo que les cuentan los integrantes de esos grupos. Tam-poco tienen demasiado tiempo para informarse sobre lo que es una alimentación saludable y los que lo tienen no disponen de dinero para decirlo en el momento adecuado».

El doctor Henrich describió el círculo vicioso: «La prevención, es decir, el intento de evitar las enfermedades, debería tener al menos el mismo rango de importancia en la medicina que el del tratamiento de las enfermedades. Pero el sistema de salud, con sus médicos, hospitales, la industria farmacéutica, etcétera, gana cantidades in-gentes de dinero con el tratamiento de las mismas. La política preventiva retiraría gran parte de las bases económicas de la industria de la salud. No resulta extraño que esta desafortunada mezcla de las industrias de la salud, la carne y los animales deje en la estacada a la prevención que se podría conseguir a base de una alimentación sana. Gracias a que mucha gente sigue dietas nocivas, la industria alimentaria gana mucho dinero mientras los ciudadanos enferman. El tra tamiento terapéutico de las enfermedades de la población hace que obtenga beneficios la industria de la salud. Así se cierra ese círculo del que están excluidas personas, animales y medio ambiente».121

En cuanto a la política, casi siempre está al lado de los grandes porque son los que la «patrocinan», y de eso no existe ninguna duda. Podemos ponerle coto a base de realizar una estricta renuncia a los productos de esta indigna «cría» de personas y animales.

¿QUÉ POSIBILIDADES TENEMOS?

Habíamos comenzado con unas pulcras estadísticas científicas y ahora hemos llegado al repugnante ámbito del sufrimiento animal y de las emociones humanas. En ningún caso podemos ignorar esta realidad. Yo pertenezco a la generación que preguntaba a sus padres, abuelos y profesores: ¿qué hicisteis cuando os disteis cuenta de los objetivos de los nazis? Mi generación y la siguiente deberán soportar que nuestros sucesores nos pregunten: ¿cómo reaccionasteis al saber toda la realidad sobre los productos de origen animal?

La mayoría de la población sigue creyendo lo que dice el gobierno y se toma en serio lo que aparece en esos periódicos que se entregan de forma gratuita en las farmacias. Esta ingenuidad es una de las piezas claves del sistema que se permite favorecer la enfermedad. Sería muy ingenuo no atribuir a la industria alimentaria y a la de las bebidas las mismas intrigas existentes en la industria farmacéutica.

De todas formas, nuestra mejor oportunidad reside en actuar directamente por medio del ejemplo, tratar de difundir una salud contagiosa y extenderla a todos los campos. Por lo demás, y tanto como nos lo permitan nuestras posibilidades, debemos informar con la esperanza de que este punto de vista vaya ganando influencia y que los ámbitos de enfermedad generados por la industria y los políticos se vayan haciendo cada vez más pequeños. Además, en este punto se pueden preparar amplias alianzas con colectivos interesados en la salud, médicos naturistas, personas que respetan a los animales y propugnan la protección del medio ambiente, buscadores de la espiritualidad, vegetarianos y veganos. Si todas las informaciones aquí recogidas se utilizan como base para un compromiso posterior, sería muy posible hacerlo. Tal y como afirma el dicho africano: si uno sueña en solitario es solo un sueño. Si muchos sueñan a la vez, es el comienzo de una nueva realidad.

Resumen:

El que suprime los productos animales de su dieta se hace un gran favor a sí mismo y también se lo hace al mundo: además, incrementa de una forma enorme su esperanza y calidad de vida. Nos queda todo lo mejor para disfrutarlo de forma consciente y con buena voluntad: fruta madura, verduras y cereales como regalo de una naturaleza generosa. Con la renuncia a la carne evitamos enfermedades terribles, una vida plena de pánico, miedo y angustia. Nos sumergimos en un campo ligero en el que desarrollamos una actitud vital más elevada. Con cada comida podemos (como sucedía antes con el rezo en la mesa antes de comer) mantener la atención y practicar una compasión consciente. Solo con ese ritual ya se modifica mucho, pues los sentimientos crecen cuando los practicamos a menudo, lo mismo que aumenta el embrutecimiento si se practica de forma continuada. Además, se anulan las vibraciones que nos oprimían procedentes de las plantas industriales de animales y los mataderos. Todo esto nos estimula para comenzar a construir, en labor conjunta con los demás, un campo de salud que sea contagiosa para todos. En lugar de los

viejos miedos, surge un nuevo arrojo; en lugar de opresión, es el estímulo el que llega a nuestra vida.

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