MATERNIDAD/PATERNIDAD Y DESIGUALDAD SOCIAL: CUIDADOS, DES/EMPLEO Y TIEMPO LIBRE
4. MATERNIDAD INTENSIVA-DISTENDIDA ENTRE LAS AMAS DE CASA DE CLASE MEDIA Y MEDIA-bAJA.
En la posición intensiva-distendida de maternidad que muestran las participantes del grupo amas de casa de clase media, madres de menores y adolescentes, se combinan elementos tradicionales y avanzados característicos de la singularmente tardía y actual- mente regresiva modernización político-económica de la sociedad española: la centra- lidad del trabajo de cuidados de maternidad frente al empleo, la dependencia económica subsidiaria del empleo del marido, el rechazo a la estresante doble presencia, la impor- tancia del tiempo personal de libre disposición y la desaceleración de los ritmos de vida. Estas mujeres asumen estratégicamente la división sexual del trabajo activando para ello recursos de identidad renovados en un contexto cultural y económico avanzado tec- nológicamente pero regresivo en derechos socioeconómicos. Las políticas des-regula- doras del libre mercado provocan la masiva crecida del desempleo, la precarización del empleo y la desigualdad social que afecta con especial intensidad a las diferentes posiciones de maternidad de las mujeres españolas en relación a los cuidados, el empleo y el tiempo libre. Las nuevas amas de casa describen con elocuencia las razones y ex- periencias por las que la democracia familiar alcanzada -aunque insuficiente- les resulta más ventajosa que la casi inexistente democracia de mercado para ellas pero sin rela- cionarlas con unas u otras políticas públicas.
Amas de casa y madres del cole exempleadas: mejor cualificadas y emparejadas.
“Con lo de la crisis yo creo que también la gente se ha abierto y no somos la típica Mari. Antes me daba vergüenza ser ama de casa, prefería ser secretaria de mi jefa” (GAmas de casa).
“Parece como una especie de fracaso personal, la sociedad entiende que después de haberse luchado tanto para que la mujer pueda trabajar ahora tiene que querer” (GAmas de casa).
Las actuales amas de casa se desmarcan de las madresposas, amas de casa tradicio- nales como sus madres y/o abuelas: “mi madre no estudió, no salía de casa, pero (no- sotras) si lo necesitáramos económicamente trabajaríamos y nos sentimos capaces de hacerlo, y organizamos la casa pero también somos capaces de organizar la casa sin no- sotras porque tenemos maridos que nos han apoyado” (GAmas de casa). Se muestran a la defensiva contra los estereotipos que las siguen retratando como marujonas, víctimas,
sacrificadas, obsesionadas por la limpieza, sin estudios, fracasadas socialmente, contra
los que argumentan de forma recurrente y variada: a) porque hoy están más cualificadas ya que tienen estudios medios y superiores; b) porque sí tienen experiencia en el mer- cado de trabajo: ”un poco por elección propia y también forzada por las circunstancias, dejé de trabajar”, experiencia que las empodera con respecto a sus madres y sus maridos: “cuando yo trabajaba, hasta le decían a mi suegra: ¿tu hijo está separado?, porque él tenía que tender la ropa, le veían haciendo las compras en el Día” (GAmas de casa); c) porque sus maridos tienen un empleo estable, suficiente remunerado para mantener la economía familiar; d) porque pueden presumir de parejas respetuosas y negociadoras: “el patrón del papá sentado en el sofá, no, no, perdona, para nada” (GAmas de casa) ya
que “no son los hombres de hace 20 o 30 años, mi marido no se parece en nada a mi padre” (GAmas de casa), como tampoco ellas a sus madres; y f) porque la dedicación al trabajo de cuidados familiares ha sido una opción personal reactiva a la vez que una estrategia familiar consensuada frente a las imposiciones abusivas del mercado de tra- bajo. Además comparten y las singulariza la implicación en la vida escolar de sus hijos como madres del colegio, que focaliza las actividades estrella del nuevo rol de amas de casa que representan en un escenario social bisagra entre lo público y lo privado, frente a la centralidad de las tareas en el escenario doméstico de las tradicionales amas de casa; a diferencia de sus madres y abuelas cuentan con (mayor) formación académica y pueden volcarse en la creciente precocidad, centralidad y dificultad de los estudios reglados en la vida de los hijos, acordes con las normas meritocráticas en las actuales sociedades credencialistas, intensificadas durante la crisis actual.
Empoderadas pero dependientes económicas: la división sexual del trabajo como opción.
“La liberación de la mujer para mí es el dinero, el que tenga una aportación eco- nómica, que tenga su tarjeta y no tenga que dar explicaciones (participante 1), - Cuando yo trabajaba iba (el dinero) a la misma cuenta, y cuando dejé de trabajar (le dije) lo siento guapo la tarjeta la sigo teniendo (participante 2), -Uno lo echa en especies, y el otro lo echará en aportación monetaria, pero es lo mismo, cada uno aporta (participante 3), -Yo creo que no estoy educada en esto (participante 1) ,- Pues cambia el chip chica porque si no vas a sufrir (participante 2)” (GAmas de casa).
La única participante que expresa su incomodidad hacia la dependencia económica, escollo objetivo para la igualdad de género, es respondida por el resto de mujeres, como se muestra en el extracto anterior, con argumentos tan pragmáticos como idealizados. En realidad las actuales amas de casa deciden renunciar al empleo y dedicarse a los cui- dados familiares de mutuo acuerdo con sus parejas, de las que destacan una cooperación en el trabajo doméstico y de cuidados que varía según los casos y las circunstancias la- borales o de maternidad, pero tienen asumido que son las responsables ejecutoras de los cuidados. Aceptan la división sexual del trabajo renovada y pragmáticamente como opción preferente en las condiciones actuales, al permitirles permutar dinero por tiempo, estrés por distensión, reconocimiento social por calidad de vida personal y satisfacción familiar, sobre todo tras el nacimiento de los hijos. Justifican sus decisiones como re- sultado de las preferencias personales y de las oportunidades vitales (de su posición de clase y género): “económicamente no es como antiguamente que él lo gana, no, lo ga- namos los dos, simplemente a ti te lo dan. Entonces yo no cambiaría nada ahora” (GAmas de casa).
Destacan la autonomía: “tengo la suerte de que me organizo yo y no tengo a nadie que me esté soplando lo que tengo que hacer”, y la distensión: “la que trabaja lo está envidiando aunque después de trabajar vaya con el niño a la extraescolar, pero le falta este ritmo de tranquilidad y relax de los niños llegar a casa y encontrar la comida hecha”. Autonomía y distensión de las que disfrutan en la organización del trabajo doméstico y de cuidados y que no han tenido como empleadas, además de la satisfacción de un tra-
157 ISAbEL ALER-GAY
bajo de cuidados bien hecho y necesario. Desde los mundos de la vida cotidiana ellas
resignifican un reordenamiento adaptativo de la división tradicional de los espacios so-
ciales entre los géneros, en el que reconocen abiertamente las ventajas que les depara en el presente con respecto al pasado, pero silencian las desventajas futuras (y las pre- sentes salvo en el extracto citado) de su dependencia económica (promociones profe- sionales, cotizaciones y pensiones contributivas). Confían más en sus maridos que en sus jefes o que en sus gobernantes –a quienes parecen ignorar, y están dispuestas a volver al mercado si fuese necesario –marido en paro o hijos mayores– pero no antes. Así, ante las incertidumbres del mercado, la ciudadanía opta por presentes ciertos y manejables y no por futuros inciertos y poco o nada manejables, como muestra el pragmatismo de estas mujeres que contribuye a idealizar sus opciones: “Con lo que hay en la calle, lo que yo he pasado en ese supermercado, estoy encantada en mi casa, mi marido tiene su trabajo, con sus turnos y muchas obligaciones y muchos dolores de cabeza, yo no, yo me acuesto feliz” (GAmas de casa).
Rechazo de la doble presencia, centralidad de los cuidados y desapego de las tareas domésticas.
El rechazo de la doble presencia se debe a las estresantes condiciones laborales con largas jornadas partidas, horarios incompatibles con el cuidado de los hijos, y la indife- rencia o intransigencia de los responsables de las empresas hacia su situación familiar, en torno a empleos con apenas autonomía que no generan la suficiente satisfacción o remuneración:
“He rechazado (trabajos) porque realmente la organización familiar es excelente ahora, la convivencia familiar es fenomenal y puedo dedicar mucho más tiempo a mi hijo (pp. 4). -Tú se lo explicabas, mira es que tengo una niña es que si me pones dos semanas de tarde estoy 15 días sin ver a mi hija. Y le daba igual, a mi jefe le daba igual (pp. 9). -Yo me llevaba el niño al trabajo y no se lo he dicho a mi jefa, he escondido que estaba malo (pp. 12). -He estado trabajando en una guardería y yo veía como llevaban el ritmo algunas. Tenían que dejar el niño a las 7 y media de la mañana y muchas veces no podían venir a por ellos hasta las 9 y media de la noche, a esta hora cerraba la guardería (pp. 13). -Yo este estrés hay que vivirlo y saberlo, tiene que satisfacerte mucho, o que te rodee gente que todos trabajan, todos tienen esta forma de vivir, dejan los niños en el aula matinal y no los recogen hasta después de las extraescolares (pp. 15). -Yo prefiero tener menos pero disfrutar mucho más, yo soy feliz y antes no lo era. ¿Para qué quiero tener dinero? si yo estaba amar- gada de la vida (pp. 9). -Mi cuñada no puede dejar de trabajar porque lo necesita, los miércoles me quedo con la que tiene 6 meses para aliviarle un poco la carga a la abuela, entonces yo le hago este favor porque me sale de dentro” (GAmas de casa).
La organización de sus vidas gira en torno a los cuidados familiares, centradas en la atención gustosa e intensiva a los hijos como prioridad: “a mí me reconforta muchas horas jugar con mis hijos, dedicarles tiempo, reírnos, la lectura” (GAmas de casa), y a las tareas domésticas como necesidad y obligación menos satisfactoria. Un trabajo que se extiende desde que se levantan hasta poco antes de acostarse, lo que hace que su de-
dicación sea intensiva pero en general y en contraste con la doble presencia, distendida, acoplándose al horario escolar o extraescolar de sus hijos y al horario laboral de sus maridos, que estructuran la organización de su tiempo cotidiano. Tienden a simplificar más que a compartir las tareas: “De alguna manera nos hemos liberado de la carga de la casa, tampoco una cosa exclusiva de las mujeres, ya no se percibe como una virtud el ser una persona muy sacrificada, que debes de tener la casa como un quirófano, nues- tro propio nivel de exigencia ha bajado; las camisetas, la ropa interior, las sábanas, yo no necesito (plancharlas) ahorro energía, contribuyo al medio ambiente”. El desdén hacia las tareas domésticas lo atribuyen, como en general las mujeres de todos los gru- pos, al carácter rutinario y efímero de sus resultados, al aislamiento de su ejecución y a la falta de reconocimiento cultural (y económico) de su aportación. A veces perciben el trabajo doméstico indisociable de los cuidados familiares, ya que tanto la alimentación como las actividades escolares de los hijos, núcleo de los cuidados maternos cotidianos y de la discusión entre ellas sobre cómo enfocarlos educativamente, requieren activi- dades de trabajo dentro y fuera de la casa. En general su actividad ya no gira solo en torno al espacio físico y aislado del hogar familiar como espacio privado o cercado de relaciones sociales sino cada vez más en el espacio público donde se relacionan con otras madres y padres en torno a la vida escolar y comercial. Así, más madres del colegio que trabajadoras domésticas son bastante menos autoexigentes con respecto al mante- nimiento del hogar.
Liberación del tiempo personal y desaceleración del ritmo de vida.
“La clave está en tener tu espacio y tiempo para ti. ¿Por qué tantas metas, tanta ra- pidez, si al fin lo que importa es el momento, como uno vive, con la tranquilidad? ¿Por qué nos ponemos estas prisas? Simplificar las cosas ¿no? (pp. 12). ) Y luego no tiene tiempo una ni siquiera de tener dolores, ni de estar enferma ni de estar re- lajada, porque todos los arreglos “venga, toma una pastilla, un ibuprofeno” y a tra- bajar (pp. 15). Mi liberación es tener tiempo para mí, cuando trabajaba no tenía tiempo para hacer lo que me gustaba, iba al trabajo y después las cosas de la casa y los niños” (GAmas de casa)
Las estresantes experiencias derivadas de la doble presencia cuando trabajaban tam- bién fuera de casa, cuyo rechazo de ida y vuelta, les lleva a dejar el empleo y de buscarlo activamente y optar por la dedicación intensa pero distendida a los cuidados familiares y a los cuidados personales, pues sienten la necesidad de dedicarse un tiempo para sí mismas, un tiempo de libre disposición personal para realizar actividades de diversa ín- dole: deportivas, comunitarias, lúdicas, terapéuticas, realizando hobbies relegados en el pasado o descansando. La búsqueda de distensión en la realización de sus actividades cotidianas está muy relacionada con la necesidad de cuidar-se desacelerando el ritmo de vida, replanteándose el sentido de sus objetivos vitales y su liberación como mujeres:
“Yo he sentido que se me imponía una serie de obligaciones, que había que vivir de una manera determinada, que había que tener dinero suficiente para vivir de esa manera, para comprar tantas cosas, y en realidad mi opción personal es otra. Ya sé que puedo trabajar fuera de casa, pero es que no quiero, y en mi familia hemos to- mado esta decisión todos juntos y afortunadamente pues puedo permitirme vivir
159 ISAbEL ALER-GAY
ahora como prefiero. Yo creo que esto también es un paso más, una faceta diferente de la liberación de la mujer” (GAmas de casa)
6. MATERNIDAD CRÓNICA-CRÍTICA Y DES/EMPLEO PRECARIO ENTRE