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A MODO DE CONCLUSIÓN: EL TRABAJO, EL TIEMPO Y LA VIDA

EL TRABAJO: ENTRE LOS CUIDADOS, EL TIEMPO LIBRE Y LA PROBLEMÁTICA DE LA IGUALDAD DE GÉNERO

5. A MODO DE CONCLUSIÓN: EL TRABAJO, EL TIEMPO Y LA VIDA

A lo largo de este capítulo hemos observado algunas tendencias de cambio en cuanto al sentido y al valor que varones y mujeres asignan al trabajo remunerado. Estos cambios se deben, en primer lugar, a la propia degradación de las condiciones de trabajo que se ha visto intensificada desde el inicio de la crisis actual. Pero también, y sobre todo, por las alteraciones que se están produciendo en el ámbito de las relaciones familiares. La normalización de la actividad laboral femenina ha tenido como efecto una redefinición del papel de los hombres en la familia, redefinición que se concreta en una mayor im- plicación de éstos en las actividades propias del ámbito doméstico-familiar, en la irrup- ción en su vida cotidiana de un problema –la conciliación– que hasta hace poco afectaba de manera exclusiva a las mujeres, y en una relativización de su relación con el trabajo. El trabajo está dejando de ser el único núcleo de la organización de la vida de los hom- bres para pasar a compartir protagonismo con el cuidado de los hijos. La organización social de la vida cotidiana de los varones con hijos tiende así a converger, aunque de manera incipiente y con salvedades7, con la de las mujeres. Ellas, por su parte, sin dejar de identificarse principalmente con la maternidad, tienden a establecer una relación con el trabajo remunerado que se parece cada vez más a la de los hombres.

El análisis de los cambios que se han producido en la valoración del trabajo muestra, por tanto, la plausibilidad de los planteamientos de los que partíamos en esta investiga- ción: no es posible entender el valor y el significado del trabajo considerando esta acti- vidad de un modo aislado; es preciso hacerlo en tanto que componente del orden social y considerando su articulación con los cuidados y/o con el tiempo libre8. Cuando se

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7 Por ejemplo, no parece que esta convergencia incluya por parte de los hombres, por el momento, la decisión de reducir

sus jornadas o abandonar el empleo si así lo requiere el bienestar de la familia.

8 En este capítulo nos hemos centrado sobre todo en la articulación entre trabajo y cuidados porque, de acuerdo con los

discursos de los grupos y entrevistas, es esta articulación la que más condiciona la relación de varones y mujeres con el trabajo e influye en la evolución de la misma. El tiempo libre se percibe como importante, pero su articulación con el trabajo no parece presentarse como especialmente tensa ni, en cualquier caso, influir de forma significativa en la valo- ración de esta actividad.

analizan los discursos de los grupos y las entrevistas, se observa que para la gente común la estrecha conexión entre estas tres clases de actividad que componen la vida cotidiana resulta más que evidente. Ni el trabajo, ni los cuidados, ni el tiempo libre se viven y se piensan de un modo aislado, sino como elementos de una trama en la que coexisten – de manera más o menos conflictiva– unas actividades con otras. Y, en tanto que com- ponente de esta trama, el trabajo no se vive y se valora como una actividad aislada cuyo sentido empieza y termina en sí misma, sino considerando su relación con las demás. Así, cuando valoran el trabajo, nuestros entrevistados lo hacen siempre en el marco de unas determinadas condiciones de realización (y de unas condiciones de empleo con- cretas), pero también en relación con unas circunstancias familiares precisas y según unas particulares aspiraciones de disfrute de tiempo libre. En este contexto, el valor y el sentido que se atribuyan al trabajo dependerán del valor que se asigne a los cuidados y al tiempo libre y del grado en que el ejercicio de aquella actividad favorezca o dificulte el desarrollo de éstas. Y, en relación con este último aspecto, varones y mujeres sitúan el núcleo del conflicto –de la dificultad para compaginar las distintas actividades– en el tiempo de trabajo:

“…de alguna forma, todos somos un poco esclavos, por desgracia, del mundo laboral en que vivimos. Y, de hecho, yo creo que aquí todos hemos hecho encaje de bolillos, cuando hemos tenido niños pequeños, a ver de qué forma y de qué manera…” (GSu- perocupados).

“Y cada vez van peor, cada vez hay más carga de trabajo y menos tiempo […] en este sistema cada vez hay menos para todo…Hay menos tiempo para estar con tu pareja, hay menos tiempo para estar con tus hijos, menos tiempo para ir con bicicleta si te gusta, o para hacer fotografías, o para hacer surf…” (Mujer, tiempo parcial, pareja e hijos) El tiempo de trabajo aparece, por tanto, como la variable central –y la más proble- mática– a la hora de articular trabajo, cuidados y tiempo libre. En un momento como el actual en el que la organización del tiempo de trabajo se ha convertido en un elemento central de gestión por parte de las empresas, la percepción generalizada es que el trabajo demanda un tiempo de dedicación excesivo: “La mayoría de la gente que conozco, no todos, trabaja demasiadas horas” (GSuperocupados); “La jornada actual de ritmo de vida que tenemos me parece demasiado exigente” (GPrecarios); “Ahora hay gente tra- bajando de lunes a domingo. Juntando días” (GSuperocupados); “…yo veía cómo lle- vaban el ritmo algunas ¿no? Tenían que dejar el niño [en la guardería] a las siete y media de la mañana y muchas veces no podían venir a por ellos hasta las nueve y media de la noche” (GAmas de casa).

“No es normal que una persona se vaya de casa a las siete de la mañana y llegue a las ocho de la tarde, porque no eres ni padre ni marido”, se queja un participante en el grupo de precarios poniendo en evidencia cómo las largas jornadas complican la arti- culación entre las distintas actividades de la vida cotidiana. Cada vez más, el tiempo de trabajo invade la vida, le roba tiempo a la familia, a los cuidados, a la pareja, al tiempo libre y al descanso. En los grupos de varones son numerosas las referencias a los efectos de esta tensión temporal sobre la vida familiar: “Tener tiempo de pareja. Tienes los cinco minutos, que ya estás hecho polvo por la noche. Te pones la tele y es como ‘no quiero pensar en nada’” (GEstables); “Mi mujer está reventada. Ella trabaja y está con los

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niños” (GEstables); “…en general creo que la gente no tiene tiempo. Ya es acostar a los niños y casi se te ha acabado, estás agotado” (GPrecarios). Pero, dado que el peso de la compaginación entre trabajo y cuidados sigue recayendo principalmente sobre las mu- jeres, son ellas las que ponen en evidencia con más claridad cómo en las circunstancias actuales esta compaginación “es imposible, es un quiero y no puedo” (GMonomaren- tales) si no es recurriendo a “permanentes malos arreglos” (Torns, 2005). Así, son las madres trabajadoras las que más resaltan la incoherencia en la articulación de tiempos, actividades y sujetos que provoca la configuración actual de la jornada laboral:

“No tiene sentido para mí, porque en realidad tus hijos están medioeducándolos otras personas y tú estás pagando a otra persona en el tiempo que tú deberías tener libre para poder estar y poder dar una calidad a tus hijos de tiempo y una calidad educa- tiva” (GDoble presencia).

“…cada vez hay más horas de trabajo y menos tiempo. Con lo cual, la gente que tiene trabajo tiene que contratar a alguien para que juegue y pase el tiempo con tus hijos, que es lo más absurdo del mundo” ((Mujer, tiempo parcial, pareja e hijos). Ante esta situación, que se percibe como insostenible por la mayoría de las madres y padres trabajadores, hay una reivindicación reiterada en todos los grupos: la reducción del tiempo de trabajo, la reordenación del mismo, que se concretaría en la implantación de la jornada continua, y su flexibilización, entendida como la posibilidad de “mover tu horario laboral en función de tus necesidades” (GSuperocupados). El objetivo más im- portante que se persigue con esta reivindicación es facilitar la compaginación entre trabajo y familia, pero no es el único. Se trata, asimismo, de trabajar menos “para tener tiempo para poder disfrutar con los niños, con tu novio, con tu lo que sea, con tu perro, para ti mismo, para llevar una vida más laxa, más relajada” (GDoble presencia). O como, refor- zando este argumento, responde un trabajador superocupado cuando el moderador del grupo le pregunta qué haría si su jornada terminase a las cinco de la tarde9: “Vivir, vivir”.

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9 La hora ideal de salida del trabajo se sitúa en torno a las cinco de la tarde con un claro referente, el horario europeo, en

el convencimiento de que en Europa “tienen otros horarios que les permiten tener más tiempo de ocio, más tiempo con la familia, y tener un trabajo” (GPrecarios). La implantación generalizada de este tipo de horarios en otros países europeos es confirmada por algunas de las ejecutivas cuya carrera profesional se ha desarrollado en Inglaterra y/o en Alemania donde, afirman, “a las seis estaba todo el mundo en su casa” (GEjecutivas). Desde su experiencia, valoran este horario como más razonable, es más, una de ellas comenta respecto a los horarios españoles: “yo tuve un choque cultural cuando llegué a España”.

CAPÍTULO V

EL TRABAJO DE CUIDADOS ENTRE EL TRABAJO PROFESIONAL

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