El Papa tiene el número V. Este número evoluciona desde un asenta- miento completo en la realidad (el 4) para ponerse un objetivo más allá de su situación. El Papa da un paso más que El Emperador, establece un puente que permite ir hacia ese ideal. En su acción de maestro o de pontífice, es receptivo hacia lo alto, el cielo, y activo hacia lo bajo, la tie- rra. Lo que recibe de arriba, lo transmite a lo que tiene por debajo, a sus discípulos. Asimismo, transmite las plegarias de sus alumnos a la divini- dad, uniendo así el cielo con la tierra. Podría decirse que representa el punto de encuentro de los contrarios, el centro de la cruz entre lo alto y lo bajo, la derecha y la izquierda. Es, por tanto, un lugar de circulación entre esos diferentes polos, que pueden comunicarse a través de él.
Visto positivamente, El Papa es un gran maestro, un iniciador, un guía que nos indica un objetivo en la vida. El respaldo de su trono se compone de barrotes, como una escala; puede decirse que une grado a grado el cuerpo con el espíritu. Su báculo de tres niveles nos indica que ha dominado el mundo de la materia, el del sexo, el de las emociones, y su intelecto para convertirlos en una unidad. Asimismo, su mitra de cua- tro niveles representa las cuatro instancias del ser (cuerpo, sexo, corazón
Palabras clave:
S a b i d u r í a - Guiar - C o m u n i c a c i ó n - E n s e ñ a n z a - Verticalidad - Proyecto - M e d i a d o r - Fe - Maestro - Ejemplo - P u e n t e - Casar - P o d e r espiritual - S a n t i d a d . . .
y cerebro), que culminan en un único p u n t o en el ápice, p e q u e ñ o círcu- lo naranja que toca el marco de la carta: la unidad interior.
Al igual que La Papisa, El Papa tiene vocación de encarnar la unidad divina y enseñarla en la medida de lo posible. Bajo sus barbas, a la altura de la garganta, el cierre verde de su m a n t o representa un p u n t o en un círculo, símbolo del ser individual q u e encierra en su centro vivo un ser esencial. Desde este principio impersonal recibe y transmite sus enseñan- zas. También p u e d e verse en ello la inmensa labor de concentración que El Papa ha tenido que llevar a cabo para llegar a ser lo que es.
En cada u n a de sus m a n o s lleva u n a cruz, señal de su m o d o de ac- tuar sagrado y desinteresado. La m a n o q u e sostiene el báculo es de color azul cielo, c o m o la m a n o de El E r m i t a ñ o . Se p u e d e ver en esto la señal de u n a extrema receptividad espiritual en la acción y, si se interpreta este color c o m o un g u a n t e , u n a referencia a la tradición religiosa cristiana, en q u e la m a n o e n g u a n t a d a del cardenal dejaba de p e r t e n e c e r l e para convertirse en un m e r o i n s t r u m e n t o de la voluntad divina. La otra m a n o es de color carne, r e c u e r d a el papel de concilia- d o r de El Papa, m e d i a d o r de los contrarios. U n i e n d o el índice y el m e d i o (el intelecto y el corazón), b e n d i c e el m u n d o de la encarnación. Su cabello blanco está i m p r e g n a d o de pureza, p e r o las dos cintas rojas nos señalan q u e se trata de u n a p u r e z a activa. U n a p a r t e de la barba también es blanca, p e r o a l r e d e d o r de la boca a d q u i e r e un color azul cielo, c o m o i n d i c a n d o q u e la palabra del Papa es recibida (el azul es un color receptivo, ver págs. 117 y ss.). Podría verse también la m a r c a de un sigilo inexorable: maestro o profesor, sacerdote o profe- ta, el Papa no p u e d e transmitirlo t o d o , conserva u n a parte de secreto, algo indecible, en lo q u e enseña.
Lo a c o m p a ñ a n sus dos discípulos o acólitos. Obsérvese q u e es la pri- m e r a carta de la serie decimal en q u e se encuentra más de un solo ser h u m a n o . Hasta aquí, los personajes estaban solos o acompañados de animales, símbolos de sus fuerzas instintivas o espirituales. Pero el Papa no existiría sin los discípulos q u e tienen fe en su enseñanza. Estos dos acólitos representan dos posiciones distintas. Se p u e d e observar que el giro de sus cabellos tonsurados se invierte de u n o a otro: el discípulo de la izquierda, q u e tiene u n a m a n o alzada, c o m o para preguntar, y la otra bajada, tiene el pelo orientado en el sentido de las agujas de un reloj. El
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papa no mira en su dirección. Quizá sea p o r q u e el discípulo está en el error: el movimiento de su tonsura indicaría entonces la involución, el regreso hacia atrás, en contraste con la evolución del discípulo de la derecha. Quizá también por- que representa lo q u e se ha llamado, en la tradi- ción alquímica, la «Vía seca», la del estudio y del esfuerzo. El discípulo de la derecha, p o r el con- trario, recibe directamente las enseñanzas del Papa a través del báculo q u e toca su cabeza; encarna la «Vía h ú m e d a » , la de la recepción inmediata, la de la iluminación y la revelación. Su tonsura está orientada en sentido inverso al de las agujas del reloj, y lleva en la m a n o un obje- to curioso, p u ñ a l o boliche, cuya interpretación p u e d e variar infinitamente. ¿Tiene u n a actitud lúdica? ¿Se dispone a asesinar al maestro? ¿Es un hijo que, impulsado p o r el complejo de Edipo, se dispone a castrar al padre? (La desnudez está sugerida p o r la m a n c h a de color carne q u e tiene delante.)
Estas interpretaciones nos llevan a estudiar los aspectos negativos de El Papa: del tartufo al g u r ú ávido de riquezas, p a s a n d o p o r el p a d r e abusivo, el maestro injusto, el hipócrita, el per- verso... El Papa, c o m o todos los arcanos, tiene
su lado oscuro. Cabe hacerse p r e g u n t a s sobre las formas vagas y misteriosas q u e se despliegan p o r debajo de su cintura, p o n e r en tela de jui- cio su sexualidad, su afán de poder.
Pero también se p u e d e decir q u e transmite la fe, la q u e ha recibido, a la h u m a n i d a d . A diferen- cia de La Papisa, El Papa actúa en el m u n d o . Podría decirse que se apoya en el templo, cuya puerta está cerrada, para presentarse en público y comunicar su experiencia de Dios a la multitud.
La tiara roza el borde de la carta. El broche simbólico de ia capa. El gesto de la bendición.
Los pasadores rojos en los cabellos. La bola bicolor: ¿juego de niños o secreto del pontífice? 179
En una lectura
El Papa puede representar un maestro, un guía, un profesor, Pe
también una figura paterna idealizada (los acólitos parecerían ento ees sus hijos), un hombre casado, un santo. Simboliza asimismo u acto de comunicación, una unión, una boda, y todos los medios po
los cuales uno se comunica. Como puente o pontífice, El Papa evoc una comunicación dirigida, que sabe adonde va.
Después de la acumulación de La Papisa, que prepara el nacimien- to, el estallido sin objetivo de La Emperatriz y la estabilidad de El Emperador, El Papa aporta un ideal. Aun permaneciendo en la mate- ria, indica con certeza un camino hacia una dimensión ideal.
Y si El Papa hablara...
«Ante todo, soy un mediador de mí mismo. Entre mi naturaleza espiritual sublime y mi humanidad más instintiva, he elegido ser el lugar en que se produce la relación. Estoy al servicio de esta comuni- cación entre lo bajo y lo alto, mi misión es unir los aparentes opuestos. Un puente no es una patria, sólo es un lugar de paso. Permite la circu- lación de las energías creadoras del fenómeno, magníficamente iluso- rio, que llamamos existencia. No es aislándome, sino tomando todos los caminos, como comunico la buena nueva.
Encarno la bendición: ante mí, estáis en presencia de un misterio. Habitado por la divinidad, el menor gesto mío adquiere la dignidad de lo sagrado. Para convertirme en el lugar donde transita la voluntad divina, he aprendido a despejar de cualquier obstáculo, incluso el de mis propias huellas, los senderos de mi comunicación. Me conduzco hacia la nada para que el Ser supremo me ocupe por completo. Me conduzco al mutismo para que sea Él solo quien hable. Aparto de mi boca cualquier palabra que me pertenezca, sumerjo mi corazón en la paz y la ausencia de deseos para dejar sitio únicamente a Su amor, y elimino de mi voluntad hasta la voluntad de eliminar la voluntad.
Hay en mí el mismo orden que en el universo. Soy una nave vacía, sin forma, que transporta la luz allá donde la lleve el viento. Me sitúo
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entre el cielo y la tierra, exhorto a los habitantes de la esperanza a ele- varse hasta allí donde no hay límites. A cuanto está arraigado en la materia o en el espíritu comunico la potencia superior que da vida a lo inanimado. Por mí, la carne asciende hacia el espíritu para estallar en un sublime fuego de artificio. Por mí, el rebaño de energías angéli- cas desciende hacia el frío de la materia para disolverse en ondas de calor amante.
Rechazo toda maldición. Bendigo lo que oigo, lo que veo, lo que siento. Llamo al amor, como un ave de dimensiones desmesuradas, para que se pose sobre la pequenez de un corazón. ¿Qué hago con vuestras riñas de familia, con vuestras penas, con vuestras heridas? Las pongo de rodillas a rezar. Dejadme venir a vosotros: bendeciré todo vuestro mundo, hasta vuestros problemas.
Investid vuestras acciones con mi misión, despertad ante la fuerza de lo sagrado: el menor gesto vuestro, el menor acto, se tornará sagrado a su vez. Conoceréis el éxtasis de quien no habla en su propio nombre.
El báculo que veis en mi mano no es un instrumento para dar órdenes. Es el símbolo de mi aniquilación gozosa. He pacificado mis deseos, transformado esta manada de lobos hambrientos en un vuelo de golondrinas que celebran el alba con sus cantos. El océano tumul- tuoso que agitaba mi corazón lo he convertido en un lago de leche, serena y dulce como la que manaba del seno de la Virgen. Quien tenga sed puede venir a beber de mi espíritu. No niego nada a nadie. Soy la puerta que puede ser abierta por todas las llaves.
Quien entre en mi alma podrá avanzar hasta el límite extremo del universo, hasta el fin de los tiempos: soy la última frontera entre las palabras y lo impensable.»
Entre las interpretaciones tradicionales de esta carta:
Maestro - Profesor - Hombre casado - Hombre espiritual - Boda, unión - Sacerdote - Gurú, sincero o falso - Tartufo - Dogma religioso - Unión entre cielo y tierra - Mostrar la vía - Vínculo - Dominio de uno mismo - Amplitud de miras - Emergencia de un nuevo ideal - Todos los medios de comunicación - Intermediario - Deseo de comunicar - Nueva comunicación - Revelación de los secretos - El padre frente a sus hijos - Guía espiritual - Bendición - Cuestionamiento sobre la fe y el dogma
VI
El Enamorado
U n i ó n , vida e m o c i o n a l
El nombre de esta carta no es, como se ha dicho a veces, Los Ena- morados, sino El Enamorado en singular. Sin embargo, vemos en ella varios personajes: cuatro de forma humana (las tres personas y el ángel) y, si se quiere, dos entidades, que son la tierra y el sol. Entre ellos, ¿cuál es el Enamorado? ¿El personaje central, a menudo inter- pretado como un joven? ¿El personaje de la izquierda, en el cual algu- nos lectores ven un travestido? ¿O el ángel, ese pequeño Cupido que apunta su flecha desde el cielo? Estas dudas se plantean porque el Arcano VI es probablemente, con La Torre, una de las cartas más ambiguas del Tarot y una de las que han sido peor comprendidas. El VI representa, en la numerología del Tarot, el primer paso en el «cua- drado cielo» (ver págs. 82 y 85-86). Es el momento en que se deja de imaginar lo que nos gustaría para empezar a hacer lo que nos gusta. La tonalidad predominante en esta carta tiene que ver con el pla- cer, la vida emocional. Ésa es la razón por la cual es tan compleja, tan rica en significados contradictorios. Abre el campo a innumerables proyecciones, se le pueden atribuir mil interpretaciones que serán todas acertadas en un momento dado. ¿Qué sucede en el seno de este trío? ¿Se trata de una riña? ¿De una negociación? ¿De una elección? ¿De una unión? Los dos personajes de la izquierda se miran, mientras
Palabras clave:
Eros - Corazón - U n i ó n - Elección - Ámbito e m o c i o n a l - Coní icto - A m b i g ü e d a d - T r i á n g u l o a m o r o s o - Vida social - C o m u n i d a d - H e r m a n o s - H a c e r lo q u e a u n o le gusta...
que el de la derecha mira al vacío. Se puede comprender la humani- dad entera a través de esta carta. Las relaciones de sus protagonistas son extremadamente ambivalentes.
Resulta particularmente interesante observar la posición de las manos de los personajes. Cinco manos en diversas posiciones simboli- zan la complejidad de las relaciones enjuego. El primer personaje, a la izquierda de la carta, pone su mano izquierda sobre el hombro del segundo, en un gesto de protección o de dominación, para empujarlo o para retenerlo. Su mano derecha toca el borde del vestido del joven. Puede interpretarse el movimiento de su índice extendido como un deseo de acercarse al sexo, o, por el contrario, como la prohibición de hacerlo. El joven tiene su mano derecha apoyada en su cinturón. Advertimos de paso que éste, amarillo y con tres bandas, es el mismo que el de la mujer de la izquierda. Si consideramos el cinturón como símbolo de la voluntad, este detalle une a los dos personajes. Pero ¿a quién pertenece la mano que toca el vientre de la joven? El joven y ella misma llevan una vestimenta con mangas azul oscuro, aunque el movimiento del brazo es ambiguo. De algún modo tienen un brazo «compartido». Si el joven toca el vientre de la chica a la altura del sexo, su mirada se dirige, sin embargo, hacia su derecha. La carta cobrará un significado muy diferente si se considera que es el brazo de ella el que protege o señala su vientre mientras que el joven man- tiene su mano en la espalda...
La mujer de la derecha lleva una cofia formada por cuatro flores de cinco pétalos. Podría representar una hermosa consciencia, poética y, sin embargo, sólida. El centro violeta de las flores concentra la sabidu- ría del amor, incluso la capacidad para sacrificarse. La mujer de la izquierda lleva una corona de hojas verdes, activa (la banda roja), y, si consideramos que se trata de laurel, podemos decir que tiene una mentalidad triunfadora o dominante. Se puede especular infinitamen- te acerca de las relaciones entre los tres personajes: un joven que pre- senta su novia a su madre... Una mujer que descubre a su marido con una amante... Un hombre que debe elegir entre dos mujeres o, según la interpretación tradicional, entre el vicio y la virtud... Una alcahueta ofreciendo una prostituta a un transeúnte... Una joven que pide a su madre permiso para casarse con el joven elegido... Una madre enamo-
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rada del amante de su hija... Una madre que pre- fiere a uno de sus dos hijos frente al otro...
Como se ve, las interpretaciones son inagota- bles. Todas ellas nos llevan a decir que El Ena- morado es una carta relacional que presenta el inicio de la vida social. Es el primer arcano en que aparecen varios personajes a un mismo nivel (los discípulos de El Papa eran más peque- ños que él y estaban de espaldas). Es una carta de unión y de desunión, de elecciones sociales y emocionales. Varios indicios presentes en la car- ta nos orientan hacia la noción de unión. Por una parte, el número 6 en el alfabeto hebreo se asocia a la letra vav, «el clavo», que representa la unión. Por otra, se observan entre las piernas de los personajes unas manchas de color (azul cielo y rojo) que representan también una continui- dad, una unión entre ellos. En un plano simbóli- co, podría decirse que los tres personajes repre- sentan tres de las instancias del ser humano: el intelecto, el centro emocional y el centro sexual que se unen para formar uno solo.
La tierra está labrada bajo los pies de los per- sonajes. Eso significa que, para llegar al VI, hay que haber hecho un trabajo previo, psicológico, cultural y espiritual. Así es como se llega a descu- brir lo que a uno le gusta, lo que uno quiere. Los zapatos rojos del personaje central son los mis- mos que los del Loco y los del Emperador: se puede considerar a los tres como tres grados de un mismo ser. Obsérvese también que, entre dicho personaje y su vecina derecha, la tierra se detiene, sólo hay una mancha roja. Se puede ver entonces en ellos una representación del animus y el anima, dos aspectos masculino y femenino de una misma persona.
El pequeño Cupido y el gran sol blanco.
La mano en el hombro del joven: ¿protección, incitación o prohibición?
Surgida de un «brazo común», una mano toca ei bajo vientre de la chica.
Los zapatos rojos, activos, del personaje central pisan una tierra labrada, resultado de un trabajo psicológico, cultural y espiritual.
La ortografía de «AMOVREVX» con la «V» en lugar de una « T J crea un vínculo visual y sonoro con la palabra «Dios» en el Arcan XVI, La Torre [LA-MAISON-DIEV]. Podría decirse que el sol, q u°
derrama sus rayos sobre la escena, representa el gran Enamorado cós- mico, la divinidad como fuente de amor universal que nos conduce al amor consciente e incondicional. El pequeño Eros le sirve de mensa- jero y nos sugiere, al estar representado con rasgos de niño, que ese
amor se renueva constantemente.
En una lectura
Esta carta ambigua nos incita a preguntarnos acerca de nuestro estado emocional: ¿cómo va nuestra vida afectiva? ¿Estamos en paz o en conflicto? ¿Hacemos lo que nos gusta? ¿Qué lugar ocupa el amor en nuestra vida? ¿La situación que nos ocupa tiene raíces en el pasa- do? ¿Cuáles? Uno puede interrogarse sobre el lugar que nos ha sido atribuido en la familia, y esforzarse en identificar las proyecciones que hacemos en nuestro entorno actual.
El enamorado será uno de los personajes de la carta, a elegir, cuyas relaciones podrán ser comentadas por el consultante.
Cualquiera que sea la pregunta, será útil recordar que El Enamora- do central sigue siendo el sol blanco que irradia iluminando a todos los seres vivos sin discriminación.
Y si El Enamorado hablara...
«Soy el sol del Arcano, el sol blanco: casi invisible, pero que ilumi- na a todos los personajes. Soy ese astro: la alegría de existir y la de que el otro exista. Vivo en el éxtasis. Todo me da felicidad: la Naturaleza, el universo entero, la existencia del otro bajo todas sus formas, ese otro que no es otro que yo.
Soy la conciencia que brilla como una estrella de luz viva en el cen- tro de vuestro corazón. Me renuevo a cada instante, en todo momento estoy naciendo. Con cada latido de vuestro corazón, os uno con el uni-
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verso entero. De mí parten los lazos infinitos que os unen con toda la creación. ¡Ah, el placer de amar! ¡Ah, el placer de unirme! ¡Ah, el pla- cer de hacer lo que me gusta! Mensajero de la permanente imperma- nencia, renazco a cada segundo. Soy como un arquero recién nacido que lanza flechas hacia todo lo que sus sentidos pueden captar.
No soy la amabilidad, no soy la ambición del bienestar ni del triun- fo. Soy el amor incondicional. Os enseñaré a vivir en la maravilla, el reconocimiento, la alegría.
Cuando penetro en vosotros, como en los personajes del Arcano, comunico el amor divino a todas vuestras células. Soplo en vuestra mente como un cálido huracán que elimina del lenguaje la crítica, la