I n t r o d u c c i ó n
Los h u m i l d e s g u a r d i a n e s del s e c r e t o
Durante años había coleccionado y estudiado todo tipo de tarots, sin estar nunca satisfecho. Encontraba siempre que esas cartas, de ninguna m a n e r a impersonales, eran el retrato de los límites y de las características de sus autores, y p o r qué n o , de sus e n f e r m e d a d e s . Sobre todo el Tarot de Waite con sus imá- genes cursis y muchas veces negativas como el Diez de Espadas d o n d e un h o m b r e yace m u e r t o de cara al suelo con la espalda atravesada p o r diez espadas: dolor, aflicción, lágrimas, triste- za, desolación. O el Nueve de Bastos, d o n d e un j o v e n con la cabeza herida se apoya en un palo mientras observa con impo- tencia un muro de ocho bastones: obstáculos, adversidad, cala- midad. O el Paje de Copas contemplando a un pescado que asoma de su copa: amarra, seducción, decepción, artificio. O el Cinco de Oros m o s t r a n d o mendigos ateridos de frío: desor- den, caos, ruina, discordia, libertinaje, etc. El contacto con la obra de Waite me hizo creer que los arcanos m e n o r e s eran p o r - tadores de figuras humanas o animales. Busqué con ahínco un j u e g o cuyos personajes me hicieran sentir la fuerza del miste- rio. Sólo me encontré con dibujos de dudosa calidad, carentes de significado p r o f u n d o . A pesar de aceptar que el espíritu
h u m a n o posee una capacidad admirable de abstracción y de concreción y que en todo sistema de objetos y diseños es capaz de leer simbólicamente lo que quiere e inducir en cada uno de ellos las ideas que le convienen, esas torpes cartas nunca me dieron la posibilidad de cargarlas con un contenido i m p o r t a n - te...
P o r un azar que me atrevo a calificar de milagroso, uno de mis gatos hizo caer de mi biblioteca el Tarot de Marsella. Todas las cartas se esparcieron boca abajo p o r el suelo, menos el As de Copas, que se dio la vuelta. A causa de la sorpresa, mi atención fue literalmente tragada p o r ese dibujo. Y de golpe descubrí en él un significado p r o f u n d o , sagrado. Dejó de ser una copa: con sus siete t o r r e s , la de en medio decorada con un círculo de nueve puntos como el eneágono de los místicos su- fíes, era un templo que parecía p e d i r que d e s e n t e r r a r a n los tesoros que guardaba. Era el cáliz de la misa, conteniendo la sangre del Salvador, la plenitud interior que los humanos siem- p r e han buscado. Se me p r e s e n t ó también como un santo sepulcro d o n d e se encierra al dios encarnado para que renaz- ca como ser de luz. Fue asimismo el atanor alquímico, una matriz d o n d e se opera la transmutación, física y moral. Este As de Copas, lleno de la inmensidad inagotable del amor divino, ofreciéndome el espíritu del m u n d o , el espíritu de la vida, se me convirtió en espejo. Su mensaje: «Tú también eres un receptáculo sagrado».
Esta experiencia me hizo examinar con paciencia los arca- nos m e n o r e s del Tarot de Marsella, que, obnubilado p o r los ridículos tarots de moda entre los hippies, yo había desdeña- d o , considerándolos fríos, vanos, incomprensibles, demasiado simples, demasiado geométricos, en fin, tediosos. Con razón los iniciados dicen que el secreto más difícil de descubrir es el que no está oculto. No es que estos árcanos no digan nada, sucede que los ojos del no iniciado no saben ver. El arte de expresar p o r formas geométricas el proceso espiritual fue principalmente desarrollado p o r los artistas no figurativos del
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Islam, quienes se inspiraron en las tradiciones pitagóricas, griegas, hindúes y p e r s a s . Si bien el Corán no p r o h i b e r e p r e - sentar seres animados, toda una serie de p r e c e p t o s , tradicio- nalmente atribuidos al Profeta (los hadiz), lo han c o n d e n a d o . «En el día de la resurrección, se infligirán los más terribles castigos al pintor que haya imitado a los seres creados p o r Dios» (citado p o r André Paccard en Boukhari, Le Maroc). A causa de esta prohibición, todo el arte musulmán es exclusiva- m e n t e geométrico y decorativo... Para c o m p r e n d e r estas 40 cartas me fue necesario observarlas largo tiempo c o m p a r á n d o - las las unas con las otras, n o t a n d o bien lo que las asemejaba y lo que las diferenciaba, buscando qué mínimo detalle rompía la simetría, hasta llegar a sentir a cada una de ellas con su pro- pio ser... En esta expresión geométrica de los arcanos menores hay dos excepciones: el Dos de Copas y el Cuatro de O r o s . En el primero vemos la representación de dos peces y al ave Fénix acompañada de dos ángeles, uno de ellos p r o b a b l e m e n t e ciego. En el Cuatro de Oros el Fénix que antes fuera rojo se ha t o r n a d o amarillo y está surgiendo de una hoguera.
La referencia alquímica es directa: en la Gran O b r a el Fé- nix rojo representa la tercera etapa, la rubedo, la aurora que es m a d r e del sol y que anuncia el fin de la n o c h e . (El ángel ciego p u e d e representar la p r i m e r a etapa, la obra en negro, la nigre-
do, la materia primera, y el otro ángel la segunda etapa, la albe- do, la purificación.) Así la aurora anuncia en su rojez extrema
el fin de las tinieblas; simbólicamente, la m u e r t e . El Fénix amarillo representa la misteriosa cuarta etapa, citrinitas, sím- bolo del aire, del día, del ser de luz, la inmortal Consciencia Cósmica.
P o r el hecho de q u e , en la leyenda, el Fénix renace de su p r o p i a destrucción y así se prolonga indefinidamente, fue con- siderado p o r los cristianos como un emblema de la eternidad, de la p e r p e t u i d a d cíclica, del Cristo resucitado, de la transfor- mación de nuestra condición terrestre y pasajera en un estado inmutable más allá de la m u e r t e .
Los dos peces p u e d e n significar la recepción del amor divi- 287
n o . En los Evangelios (Mateo 14, 17-21), Jesús, p a r a alimentar a la multitud que lo sigue, multiplica siete panes y dos peces. Más tarde, después de su resurrección, el Cristo llama a siete de sus discípulos y les ofrece un pan y un pez: «Venid y comed» (Juan 21, 12-13). Estos relatos han contribuido a darle al pez simbólico su significación eucarística. Cuando se r e p r e - sentan dos peces j u n t o s , aquello quiere decir «el b a n q u e t e en compañía».
El Dos de Copas, acumulación de la energía amorosa, p r o - mete el fin de las tinieblas, de la soledad, y la recepción del ili- mitado amor divino. El Cuatro de Oros, símbolo de la perfecta encarnación, p r o m e t e la vida e t e r n a .
Comprendí que el verdadero estudio del Tarot comenzaba p o r los arcanos menores, continuaba p o r las Figuras y acababa en los arcanos mayores. Cuando en los otros tarots aparecen representaciones de seres animados, la comprensión es desvia- da p o r la edad de los personajes, su sexo, sus gestos, las ex- presiones del rostro. Es muy fácil, p o r proyecciones p e r s o n a - les, cargarlos de significados poco profundos. P o r el contra- rio, la proyección personal en los arcanos m e n o r e s se hace, a p r i m e r a vista, imposible. Si nuestros ojos se han ejercitado, d e s e n t r a ñ a n d o el significado de los arcanos m e n o r e s y las Figuras, los arcanos mayores se nos presentan bajo su verdade- ro aspecto, que es sagrado.
Lo p r i m e r o que tiene que a p r e n d e r el estudiante del Tarot es a ver. Desde el comienzo los esotéricos se equivocaron de camino: le dieron a cada arcano una significación precisa, a veces ingenua -fuerza, m u e r t e , amor, suerte, e t c . - , a veces compleja -delirios alquímicos, astrológicos, rosacruces, caba- lísticos, e t c . - , y se dieron la libertad de cambiar el dibujo p o r diferentes interpretaciones, introduciendo personajes mitoló- gicos, históricos, egipcios, h i n d ú e s , mayas, y tantos otros.
En realidad un símbolo o un texto sagrado debe ser visto, leído, en todos sus ínfimos detalles. EL T O D O DE UN ARCA- NO ES LA SUMA DE SUS DETALLES. Por lo cual, sin haber
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memorizado p o r completo las cartas - p e q u e ñ o s símbolos, nú- m e r o de líneas, colores, actitudes, expresiones de los rostros, los llamados «errores» o «torpezas del dibujo»- nadie p u e d e preciarse de saber leer el Tarot. Claro está que la oculta com- plejidad de los arcanos es tan grande que se necesitan muchos años p a r a verlos en su totalidad. Siempre hay un detalle que se escapa. Porque no sólo cuenta el área de una sola carta sino que también los detalles hablan si se compara un arcano con o t r o . ¿Por qué El Papa y El Ermitaño llevan un guante azul en la mano izquierda? ¿Los collares rojos que tienen los gemelos de El Sol son restos de la cuerda que ata el cuello de los escla- vos de El Diablo? Y en este mismo dúo de arcanos, ¿los tres p u n t o s que tiene a un lado la mujer de la izquierda son los mismos tres puntos que tiene a un lado el gemelo de la dere- cha? ¿Qué relación hay entre el bastón rojo de El Loco y el de El Ermitaño? ¿El huevo que está detrás de La Papisa es el mismo que empolla el águila de El Emperador? El Colgado cruza p o r detrás de la otra su pierna derecha mientras que la mujer en El Mundo cruza, igualmente p o r detrás de la otra, su p i e r n a izquierda: ¿uno es el espejo del otro? Y El Emperador, que cruza su p i e r n a derecha sobre la izquierda, ¿qué diferen- cia está expresando respecto a los otros arcanos? Esta posibili- dad de comparar parece ser infinita. Pero p a r a detectar estos detalles, que de una m a n e r a genial han sido distribuidos p o r el o los creadores del Tarot, el estudiante necesita desarrollar su capacidad de atención y agudizar su visión... Ése es el rol que cumplen los cuarenta arcanos menores. Son difíciles de inter- pretar: las diez cartas de cada color parecen iguales al comien- zo. Al cabo de un tiempo comienzan a mostrar sus esenciales diferencias. Y al cabo de mucho más tiempo comienzan a «hablar»... Es decir, provocan en el estudiante una mutación en su manera de ver... Es imposible abordar el estudio de los arcanos mayores, que al principio parecen más accesibles pero que más tarde revelan su inmensa complejidad, sin memorizar y c o m p r e n d e r los arcanos menores...
Acompañando a los arcanos m e n o r e s , en cierta m a n e r a re- sumiéndolos en un nivel h u m a n o , social, encontramos a las Figuras, en cada Palo con sus cuatro personajes. Como no están n u m e r a d o s , su o r d e n ha creado múltiples p r o b l e m a s a los esotéricos. Si bien el Paje, la Reina y el Rey son fáciles de ubicar, cuando la mirada no ha sido educada p o r la observa- ción de las cuatro series de diez n ú m e r o s , el Caballero es un enigma. Desde Eliphas Lévi, p a s a n d o p o r Papus y sus seguido- res, sin plantearse serios interrogantes, los «iniciados» coloca- r o n la figuras en este o r d e n : Paje, Caballero, Reina, Rey. O t r o s , como aquellos que eliminaron 26 arcanos del Tarot de Marsella p a r a crear el naipe inglés (siendo 26 el n ú m e r o que en la Cabala identifica a Jehová, se p u e d e decir que ese con- j u n t o de cartas es un naipe sin Dios), no sabiendo qué hacer
con los cuatro Caballeros, los ignoraron dejando las figuras en Jack, Q u e e n y King, es decir, Paje, Reina y Rey. Aleister Crow- ley (ver Introducción) los convirtió en príncipes y princesas... Examinando con atención estas figuras se llega a la conclusión de que el o r d e n correcto es Paje, Reina, Rey, Caballero.
Si se toma la carta XXI, El M u n d o , como centro y en cada una de sus esquinas se coloca un Caballero, el de Espadas c o r r e s p o n d i e n d o con el águila, el de Copas con el ángel, el de O r o s con el buey/caballo y el de Bastos con el león, se obtiene un movimiento circular de Caballeros, el de Espadas salta hacia el de Copas, el de Copas desciende hacia el de O r o s , el de Oros avanza hacia el de Bastos y el de Bastos sube hacia el de Espadas. Lo que nos hace c o m p r e n d e r los ciclos de trans- formación de los Palos (véase la primera p a r t e , la página 100 especialmente).
Si los Pajes, siempre en un t e r r e n o exterior al palacio, entran en él para convertirse en Reinas y Reyes, los Caballeros salen del palacio hacia otros t e r r e n o s (nunca el color del terre- no del Paje es igual al color del t e r r e n o del Caballero). Los Caballeros son mensajeros que comunican lo adquirido en su Palo a los otros Palos (ver págs. 74-75). Viene a confirmar esto que el Caballero de Oros ya lleva en una mano el bastón verde
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de la serie de Bastos. Los símbolos q u e identifican a cada Palo sufren una mutación que va de lo material, t e r r e s t r e , hasta lo celestial, espiritual.
- E l bastón que el Paje apoya en la tierra, d e s p u é s de ser labrado y esgrimido p o r la Reina y el Rey, acaba siendo eleva- do p o r el Caballero con su b o r d e superior a b i e r t o en una boca luminosa, receptiva (activo hacia la tierra, receptivo hacia el cielo...).
- L o s ambiguos dos oros del Paje, u n o h u n d i d o en la tierra y el otro alzado p o r su m a n o derecha, se agrandan y u n e n en la Reina, se vuelven a dividir en alto y bajo en el Rey, y, p o r últi- m o , convertidos en un único y luminoso astro flotan en el cielo (la materialización del espíritu se t o r n a espiritualización de la materia).
- L a espada que el Paje, p o r dudas intelectuales (la apoya en su sombrero), piensa quizás volver a su vaina, y q u e luego en la Reina se acompaña p o r una especie de coraza que defiende su vientre y en el Rey se equilibra con una unidad de medida, en el Caballero se convierte en una semilanza que apunta hacia el cosmos llevada p o r un caballo que flota h a b i e n d o vencido la fuerza gravitatoria con un magnífico brin- co (el intelecto vence sus límites racionales y se disuelve en el espíritu infinito).
- L a copa del Paje, un personaje joven-viejo, hombre-mujer, que cubre este símbolo con un tímido velo y q u e no sabe si cerrarlo o mantenerlo abierto para entregarse emocionalmen- te, se muestra c e r r a d a y defendida con una espada p o r la Reina, abierta levemente p e r o sostenida con firmeza p o r el Rey, como un sagrado Grial levita tras la mano del Caballero, que no la p o r t a sino que la sigue (el corazón es el maestro: todo aquello que recibe lo prodiga con a m o r ) .
Primero están las leyes misteriosas del universo, luego el ser h u m a n o , con su espíritu limitado; lo que no c o m p r e n d e lo transforma en supersticiones, en religiones, en símbolos. En la naturaleza se encuentra, repetida incontables veces, la fórmu-
la de cuatro elementos, tres iguales y u n o diferente (ver págs. 43-45). El doctor Gérard Encausse, conocido como P a p u s , en su libro Tarot de los bohemios, inspirado p o r las teorías cabalís- ticas de Guillaume Postel y Éliphas Lévi, cree descubrir la llave absoluta de la ciencia oculta encarnada en el Tarot, que no es otra cosa que el símbolo del n o m b r e del dios h e b r e o . Cree que este n o m b r e compuesto de cuatro letras da a los mortales que descubren su verdadera pronunciación la llave de las ciencias divinas y h u m a n a s . Esta palabra - q u e los israeli- tas no pronuncian j a m á s y que el gran rabino decía una vez al año en medio de los gritos de su p u e b l o - se encuentra en la cima de todas las iniciaciones, brilla en el centro del triángulo radiante en el grado 33 francmasón y se extiende en el portal de las viejas catedrales; está formada de las letras hebreas yod, h e , vav, h e . Esta última he es repetida dos veces. A cada letra del alfabeto hebraico se le atribuye un n ú m e r o . Así es que yod vale 10; he, 5; y vav, 6. El valor numérico total de la palabra Yod-He-Vav-He es 26... Papus cree que esta palabra r e c u e r d a p o r su constitución misma los atributos que los hom- bres han dado a Dios.
Me parece que el e r r o r de P a p u s es considerar que el Tarot ilustra este cuarteto. Y p o r lo mismo hace que los arcanos se conviertan en sirvientes de la Cabala hebrea, palabra que sig- nifica «lo que es recibido, lo que viene de más allá, lo que se pasa de mano en mano»... La clave del Tarot, para él, es Jehová.
Sin embargo, las cualidades de la Divinidad existen mucho antes de que el ser h u m a n o a p r e n d a a hablar y escribir. La ley matemática existe mucho antes de que nazca el idioma h e b r e o . El Tarot no ilustra a la Cabala, más bien es el retrato del uni- verso. Hablamos de un lenguaje óptico, que quizá p o r reac- ción contra el fanatismo literario se o p o n e a un lenguaje oral.
Para P a p u s , Yod r e p r e s e n t a el principio de las cosas, la afir- mación absoluta del ser p o r sí mismo, la yo-unidad, imagen de la masculinidad, del p a d r e . Yod, en el leguaje óptico del Tarot, es r e p r e s e n t a d a p o r los Reyes de Espadas, Copas y O r o s .
He es la oposición del no-yo al yo. Es una forma de división
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de la unidad, origen de la dualidad, de la oposición, del bina- rio, imagen de la feminidad, de la m a d r e . Representa lo pasivo ante la Yod activa, la sustancia ante la esencia, la vida ante el alma. En el lenguaje del Tarot, este aspecto es r e p r e s e n t a d o p o r las Reinas de Espadas, Copas y O r o s .
Vav nace de la oposición entre el yo y el no-yo, y representa
la relación que existe entre estos dos principios. Imagen del hijo. Son los Pajes de Espadas, Copas y O r o s .
El segundo He - p u e s t o q u e , más allá de la Trinidad, nada e x i s t e - indica una transición del m u n d o metafísico al m u n d o físico, o en general de un m u n d o cualquiera a otro:
([Padre + Espíritu Santo] + Hijo) + Virgen María.
En las figuras del Tarot esta transición se r e p r e s e n t a p o r el Rey, la Reina y el Paje de Bastos (un p a d r e , una m a d r e y un hijo que forman un nuevo elemento: la familia).
Si se dejan de lado los Caballeros - q u e tienen la misión de transmitir el conocimiento y q u e alrededor de El Mundo giran de derecha a i z q u i e r d a - y se disponen los Reyes, Reinas y Pajes según la dirección de sus miradas, se obtiene un orden que gira de izquierda a derecha: Rey de Espadas, Rey de Copas, Rey de Oros (principio activo p o r excelencia), frente a Reina de Oros, Reina de Copas, Reina de Espadas (principio pasivo p o r excelencia). Bajo ellas el Paje de O r o s , el Paje de Copas, el Paje de Espadas (la relación del activo con el pasi- vo). Frente a los Pajes, la familia compuesta del Paje, la Reina y el Rey de Bastos.
Esta familia, cuarto elemento, distinto a los otros tres (donde hay dos más p a r e c i d o s : Reyes y Reinas, y un tercero un poco distinto, los Pajes), es la semilla que contiene el germen del árbol futuro.
([3 Reyes + 3 Reinas] + 3 Pajes) + Familia de tres Bastos. Si 26 es el n ú m e r o que designa a Dios, el Tarot, compuesto de 78 arcanos, es tres veces 26. ¿Tres dioses? ¿Por qué no? Si imaginamos que este j u e g o maravilloso fue creado p o r sabios de las tres religiones más i m p o r t a n t e s en el hemisferio occi- dental alrededor del año 1000, cristianos, hebreos y musulma- nes, muy bien podría contener a los tres dioses, Cristo, Jehová y Alá. ¿Podríamos aplicar a esto la Ley de cuatro? Si es así, en el p r i m e r trío hay dos más parecidos, Jehová y Alá, y un terce- ro un poco distinto, Cristo. ¿El cuarto? La encarnación repre- sentada p o r el lector del Tarot con su Dios interior.
(IJehová + Alá] + Cristo) + tarólogo.
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P a r a c o m e n z a r
El estudio de los arcanos m e n o r e s , como el de los arcanos mayores, se basará en la mirada del lector, p e r o también en la numerología del Tarot y en el sistema de correspondencia entre los cuatro Palos o símbolos del Tarot y los cuatro centros fundamentales de la vida humana: intelectual, emocional, sexual y creativo, material y corporal (ver págs. 69 y ss.).
Desde esta perspectiva p r o p o n e m o s aquí una lectura, siem- p r e abierta, de los 56 arcanos menores. El lector o el consul- tante del Tarot que dice «yo» no es uno o una, sino al menos cuatro. Tenemos cuatro sistemas de percepción del m u n d o : racional (el verbo), emocional (el corazón), libidinal (el deseo y la creatividad), corporal (las necesidades vitales).
Cuando los cuatro centros van p o r direcciones diferentes, uno está en crisis. P e r o q u e r e r que los cuatro centros sean una sola energía es u t ó p i c o , como lo demuestra, p o r ejemplo, el estudio del grado 8 en los cuatro Palos. H e m o s visto que el 8 c o r r e s p o n d e , en la numerología decimal del Tarot, a un estado de perfección (ver págs. 82 y ss.). Ahora bien, observando el Ocho de Espadas, vemos una carta que tiene en su centro una simple flor azul y roja, sin tallo. El Arcano p a r e c e decirnos que la perfección del intelecto está en el vacío, el que se alcan-
za p o r la meditación cuando la m e n t e (el continente) ya no se identifica con las palabras (el contenido). En cambio, el Ocho