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MEMORIAS DE ESCRITURA

In document Solo se vive dos veces (página 46-51)

La primera dificultad, fue buscar un tema. Tanta libertad no hacía más que cohibir la imaginación. Surgían ideas en cualquier lugar, amores, desamores, violencia, etc. Pero nada parecía ser lo suficientemente sólido. Uno de esos días, recordé una historia familiar que muchas veces había escuchado: la del tío Alberto. Y ahora sí, se manifestaban varios matices cautivadores para una historia: Las drogas, su inentendible inteligencia, la relación con su padre, su misteriosa y corta vida. Surgiendo así, una incipiente luz para el tema del guión. En este tipo de historias, todo se basa en el recuerdo. El recuerdo del recuerdo. Y entonces, ¿por qué no contar la vida de Alberto como si fuera un recuerdo? Si eso es lo que finalmente es hoy en día. Ahora por lo menos se empezaban a despejar las dudas y a esclarecerse lo que se quería y lo que no. Se quería una historia en la que el recuerdo fuera primordial, que la historia no fuera precisamente lineal y poder contar aleatoriamente los sucesos.

La droga, que hacia parte fundamental de la historia de Alberto Balaguera, tanto por la transformación que sufrió su entorno familiar, como por la rebeldía social que mostraba y por las repercusiones psicológicas y hasta místicas que tuvo, resulto ser un buen hilo conductor. El tema sería entonces: “un hombre que delira debido al síndrome de abstinencia, causado por la falta de drogas, que lo llevará a recordar”

Con un personaje principal ya escogido y un tema concretado, era necesario hacer una investigación de su vida. Un viaje a Bucaramanga, la ciudad natal del personaje, serviría para hacer una recolección de información. Entrevistando así, a la mamá de Alberto, a sus 6 hermanos, a los amigos, a la que fue su novia y a las personas que de una u otra forma tuvieron relevancia en su vida.

Este material serviría para adentrarse en la vida de Alberto, para entenderlo de una manera, lamentablemente externa, pero que representaría entonces un trabajo más profundo. Tratar de comprenderlo desde su interior y desde su esencia.

Algunos fragmentos de esas historias que se contaron, servirían para convertirlos en sus recuerdos. Así, se podría mostrar su personalidad, su infancia, su juventud, su único amor y su relación familiar.

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Con el planteamiento del tema del personaje y la información organizada, la historia ya iba tomando forma. Paralelamente, la estética aparecía como un ente bastante influenciable, pues la atmósfera en la que se desarrollaba este guión, debía ser sórdida y fría. Con un ritmo lento y pausado.

Ya estaban los antecedentes, ya se sabía que había pasado en la vida de Alberto, sin embargo, todo parecía estar muy disperso. No había una ruta que se pudiera seguir con la certeza de llegar a algún lado. Se sabía lo que se quería contar, pero la pregunta era ¿Cómo? Después de mucho repasarlo y de varias preguntas que hizo mi asesor: ¿Qué es lo que realmente busca el protagonista? ¿Cuál es su objetivo? ¿Qué es eso que realmente hace que su padre cambie tan drásticamente con él? ¿Por qué no simplemente lo mete a un centro de rehabilitación? ¿El personaje se rehabilita o no? ¿Por qué? Nos dimos cuenta que la historia tambaleaba.

Tuvo que escribirse una y otra vez aquello que tanto le atormentaba a Alberto, la tragedia de su vida, eso que irremediablemente dañaría la relación con su padre. El perfil de los personajes sería algo que también contribuiría para un desarrollo causal. Aunque sabíamos quienes eran, tocaba caracterizarlos, darles más acción, mostrar sus personalidades y crearles una historia pasada, una personalidad. (Ver anexos 1)

Por fin, surgió la idea de contar las últimas 24 horas del protagonista. Esto, parecía condensarlo todo. Pensar en todo aquello que le sucedería al protagonista, fue llevando lentamente a la decisión de grandes sucesos, que después se irían desglosando minuciosamente: El robo a una tienda, una escena de limpieza social, la muerte de su novia causada por un accidente automovilístico y el golpe a su madre embarazada. Todos estos hechos extremos, lo llevarían a otra serie de eventos cada vez más fuertes. La historia empezaba a andar por sí sola.

Como se puede ver, en este proceso, la historia se trastornaría de tal manera que toda la información recolectada en un principio, tan solo serviría para dar detalles, para tener un punto de partida del perfil de los personajes y para generar unas sutiles pinceladas que lograrán mantener la esencia.

Para poder ver el drástico cambio que sufrió el guión, del primer borrador solo quedarían la primera escena, la 43 y la 44 (ver anexo 2). Para Alberto, su pelo era lo más preciado. El llevarlo largo significaba no solamente un cambio estético, sino una verdadera rebeldía para con su madre y su padre.

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La primera escena (ver anexo 2) representa esa impotencia de Alberto. Era como la historia de Sansón, pues era su fuerza, su dignidad, su personalidad, su esencia, su filosofía de vida. Por ello, esta es una de las escenas más importantes y las más hermosa. Es completamente metafórica, no se insistirá en ella, pero con el pasar del guión cada vez irá tomando más importancia. Porque el lector irá conociendo a Alberto y se dará cuenta del signo distintivo que encarna.

Por otro lado, las escenas 43 y 44 representaban en un principio, el entendimiento del delirio del personaje en el psiquiátrico. Pues, el psiquiátrico debía ser ese espacio inerte, ese lugar en el que no sucedía más que una eterna agonía. Sin embargo, después fue necesario desarrollarlo como línea argumental, dado que se llegó a la conclusión que no aportaba narrativamente. El psiquiátrico se fue dificultando cada vez más en el momento de la escritura, pues existía un choque entre esa primaria idea de que fuera un lugar simple, agonizante, en donde Alberto deliraba. Ahora debía convertirse en otra historia, con aliados y enemigos, obstáculos, y sobre todo, una transformación en el personaje.

La relación entre Alberto y su doctor estaba cargada de violencia. Con golpes por parte del doctor y con silencios por parte de Alberto. Silencios que lograban ser más destructivos y desesperantes, porque él jamás decía lo que sentía, lo que le había pasado. La idea era que el recuerdo hablara por sí solo.

Sin embargo, el personaje del doctor tuvo que cambiar. Pues parecía estar más loco que el paciente. Fue necesario suavizarlo y hacerlo menos irreverente, que no se desquiciara y que no presionara a Alberto. Se transformó en un ser pasible, que cambió una y otra vez el tratamiento para ayudar a su paciente.

Con la enfermera sucedió algo parecido. Ella solamente figuraba como aliada de Alberto, pero hacía falta un motivo por el cual ella estuviera decidida a ayudarlo. De aquí nació el amorío entre Alberto y su enfermera, como se ve en la escena 51 (ver anexo 2). Pero para crearle este nuevo amor, fue necesario devolverse al perfil del personaje de Alberto (ver anexo 1) para descubrir que era necesario que Alberto viera reflejada a María Helena en su enfermera y así, decidiera enamorarla. Su novia, seguiría presente aun después de muerta. Esto sería algo que le aportaría a la historia y a los diálogos entre ellos. Al ser realizado en función del personaje, generaría mas carga emocional.

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Los perfiles de los personajes (véase anexo 1) fueron fundamentales para el momento de recrear los diálogos, pues en un principio parecían ser marionetas que no pensaban, que no sentían y que simplemente actuaban. Alberto resultó ser una persona callada, solitario, y parco. María Helena solo actúa por instinto, por impulsos, no se detenía a pensar, el mundo exterior no le afecta, solo le importa ella. Eduardo, es alcahueta, no le pone problema a nada. Con esto, se logró entonces darles acción- reacción, para que no estuvieran siempre eufóricos o siempre tristes. Para que fueran más reales y pudieran detenerse a pensar y recapacitar sobre lo sucedido. El mundo termina afectándolos, sus miedos se dibujan con claridad y culminan tal cual como ella menos quieren. Tal vez el que menos afectado se vio fue Eduardo, el termina siendo ese punto de equilibrio en el que recae el peso, el que quebranta el hielo cuando es necesario y el que está dispuesto a apoyarlos en las buenas y en las malas. Por eso merece ser el mejor amigo de Alberto. Tiene esa alegría y ese desapego que tan bien resulta al lado de la melancolía de Alberto.

Con la muerte de María Helena y la recuperación post psiquiátrica de Alberto, se pensó que él debía recoger sus pasos, tal vez enmendar esos errores que no tendrían solución. La pérdida de su única novia no podía quedar en un pasado invisible. Es por esto, que se decide hacer la escena 67 (ver anexo 2). Esta, es la corroboración de que Alberto aun sigue cumpliendo su eterna promesa de amarla, de que probablemente todo ha mejorado pero que el pasado sigue tan presente, de que el recuerdo se sigue avivando y seguirá haciendo parte de su vida. En la vida real, es Luz Helena Cabezas (su novia) quien va a la tumba de Alberto Balaguera y le deja un ramo de novia, sin embargo, este sugería ser un símbolo limpio, una reconciliación, una afirmación de todo lo vivido y una muestra de que ya no hay olvido, de que los recuerdos están presentes. La afirmación del recuerdo.

Los flashbacks que se usan en las escenas 63 y 66 (ver anexos 2) corresponden también a esa relación padre-hijo que desde siempre fue tan importante entretejer. Pues aun cuando se nota que Alberto y Roberto tienen una muy buena relación, debía resaltarse ese profundo amor que sentía el padre por su hijo, debía notarse cierta preferencia, aun cuando Roberto, también amaba profundamente a su hija. Estos flashbacks, ayudan dramáticamente a mostrar un pasado-pasado que parecía perfecto y que por consecuencia de lo que pasaría, se resquebrajaría de una manera irremediable.

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También está el caso de algunos flashbacks que se debieron quitar porque no parecían funcionales para este guión. Como es el ejemplo de la escena 74 (ver anexos 2). Esa escena, es muestra de la terquedad de la guionista por mostrar la anécdota de que Alberto fue autodidacta. Sin embargo, la historia fue cogiendo sola su propio rumbo, al final parecía un agregado que no pertenecía a este guión. Así como esta escena, muchas tuvieron que desaparecer.

Tras haber leído muchos autores, entre algunos, Syd Field, Linda Seger, Michelle Chion, y Miguel Machalski, se llega a la conclusión de que escribir un guión es un proceso de altibajos, en el que el escritor debe estar dispuesto a tener más inconvenientes que facilidades. Se podría decir, que es un camino que tiene que aprender uno solo. Claro está, con las muchas ayudas que ofrecen y en ocasiones el ánimo que estos autores le dan al guionista. Porque finalmente cada historia tiene sus problemas y nadie puede ayudar a solucionarlos, es el creador, quién entiende la problemática y son sus personajes los que deben solucionarlos. Ellos solo ofrecen un método que el escritor puede seguir, sin embargo, los pasos que plantean descongestionan un poco ese laberinto. El tema, los perfiles, el primer acto, el segundo acto, los diálogos, etc. Son mecanismos que llevan a la transformación de la historia y a comprender que cada una tiene su ritmo, su objetivo, que cada personaje es diferente y que por eso finalmente, cada historia termina siendo única.

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