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Miguel Delibes, El disputado voto del señor Cayo

PARTE PRÁCTICA

6. DIFICULTADES DE TRADUCCIÓN RELACIONADAS CON EL CONTEXTO COMUNICATIVO

6.2. El registro coloquial

6.2.3. Miguel Delibes, El disputado voto del señor Cayo

“- No me gusta – dijo.

Félix Barco agitó su mano pequeña y morena, con las uñas negras, descuidadas, en ademán de protesta:

- Jo, tío, eres la pera – volvió los ojos a Ayuso -. Dos horas rompiéndonos la crisma y ahora el Diputado que no le gusta. - Entiéndeme – dijo Víctor -: a mi juicio os enrolláis demasiado.

- Y, ¿puedes decirme cómo le comes el coco tú al personal sin darle el coñazo? [...]

- Al elector sólo hay que decirle tres cosas, así de fácil: primera, que vote. Segunda, que no tenga miedo. Y tercero, que lo haga en conciencia [...].

- ¡Joder, estoy harto de vaselina! ¡Estoy de conciencia hasta los mismísimos huevos! ¿Y si la conciencia no coincide con nuestro programa?, pregunto.

- Mala suerte [...]

- ¡Ostras, que lo haga él! – voceó Félix Barco. - Tampoco es eso, coño” (Delibes, 1978: 18).

“- Non mi piace – disse.

Félix Barco agitò la mano piccola e scura, con le unghie nere e mal curate, in gesto di protesta.

- Ragazzo, sei impossibile – volse lo sguardo verso Ayuso – Due ore a romperci la testa e adesso al Deputato non piace. - Cerca di capire – disse Víctor – secondo me vi incasinate troppo.

- E allora mi dici come gliela racconti alla gente, se non hai trovate? […]

- Bisogna dire solo tre cose, in modo chiaro, all’elettore. Primo, che voti. Secondo, che non abbia paura. E terzo, che lo faccia con coscienza [...].

- Cavolo, sono stanco di farmi fregare! Ne ho piene le scatole della coscienza! E se la coscienza non coincide col nostro programma?, mi chiedo io.

- Pessimo affare [...].

- Diamine, che lo faccia lui – strillò Félix Barco.- Non è questo il punto, cavolo” (Delibes, 1982: 13).

Comentario

Esta novela de Miguel Delibes, de 1978, muy diferente a la que acabamos de ver, nos sitúa en el contexto de las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco. En ella, el recién estrenado progresismo post-franquista se enfrenta a la integridad de la vieja Castilla, personalizada en la figura del señor Cayo, anciano habitante de un pueblo semi-abandonado al que los militantes de un partido político de izquierdas irán a hacer campaña electoral. Se desvela así el contraste entre la pureza de la naturaleza y la corrupción de la ciudad, tema afrontado ya en otras ocasiones por Delibes. El diálogo que proponemos muestra un encendido coloquio durante la preparación de la campaña: se produce una división de opiniones debido a una “carta al elector”. Víctor, con muchos años de experiencia en la clandestinidad, no es amigo de retóricas. Cree que lo importante es que todos voten, y allá cada cual con su conciencia. Los más jóvenes, encabezados por Félix, opinan, en cambio, que hay que convencer al elector como sea.

Uno de los aspectos más destacados de la novela son los diálogos, los cuales pretenden recrear el habla juvenil y desinhibida de la Transición española. Éste es un rasgo frecuente en el estilo de Delibes, que en sus textos usa sociolectos, registros y términos jergales con el fin de que la forma de hablar caracterice al personaje, adaptándose al contexto. Los diálogos deEl disputado voto del señor Cayo abundan en expresiones malsonantes u obscenas - lo que en

italiano se llama “turpiloquio” - que cumplen una clara función: la de identificar a una generación que exhibe su libertad, después de los años de dictadura, a través del lenguaje; una juventud que quiere mostrarse diferente y distanciarse de la generación de sus padres a través de un habla jergal llevada al límite.

Nos gustaría detenernos en este último aspecto. Scelfo Micci (1984) realiza un interesante estudio sobre la traducción de la novela, y en concreto de las expresiones vulgares. Observa sus usos y acepciones más comunes, los equivalentes funcionales en italiano y las posibles correspondencias, y concluye que los vocablos elegidos por el traductor son apropiados desde el punto de vista del sentido en general, pero pierden su connotación vulgar y obscena al emplearse frecuentemente eufemismos. Muchos llegan incluso a eliminarse, con

la consiguiente pérdida de fuerza expresiva del TT. Veamos dos de los ejemplos más significativos: “coño”, que aparece un total de 25 veces, es traducido seis como “accidenti”, once con “cavolo”, una con “perbacco”, una con “porca miseria”, otra con “diavolo”, dos con “diamine”, mientras que se omite tres veces; “joder”, con un total de 72 apariciones, se traduce doce como “cavolo”, otras doce como “miseria”, cinco con “porca miseria”, nueve con “accidenti”, ocho con “diamine”, una con “scherziamo”, y se omite diez veces91. Efectivamente, confirmamos que ésta es la tendencia del fragmento presentado: “jo” (que es a su vez eufemismo por abreviatura de “joder”) se elimina; “dar el coñazo” – molestar - se traduce por “avere trovate”, con un sentido diverso (tener buenas ideas) y, en cualquier caso, mucho más suave; “joder”, “ostras” (eufemismo de ”hostia”) y “coño”, por “cavolo”, “diamine” y “cavolo”, respectivamente; la expresión malsonante “está hasta los huevos” se traduce por medio de un equivalente funcional muy acertado, “averne piene le scatole”92.

Antes de estudiar la motivación de las opciones del traductor, Scelfo Micci (1984) cree que hay que determinar qué sentido da Delibes al uso de estos términos, y por qué son empleados masivamente por la “nueva generación”, muy poco por Víctor y casi nada por Cayo. Tal hecho

“sembra voler sottolineare, da parte dell’autore, una critica ai condizionamenti ideologici, tra i quali si inseriscono quelli linguistici, di qui sono vittima le giovani generazioni che usano frequentemente sottocodici particolari, ricchi di parole

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El resto de la terminología analizada por Scelfo Micci (1984) se compone de “pera”, “macarra”, “puto”, “marica”, “maricón”, “ostras”, “cojones”, “cojonudo” y “chorrada”.

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Otros fenómenos destacables propios del lenguaje coloquial son el uso del vocativo “tío”, contraseña juvenil también hoy en día, que se traduce por “ragazzo”, término que no tiene en absoluto la misma frecuencia ni funcionalidad. “Eres la pera” y “comer el coco” pierden fuerza y coloquialidad al traducirse por medio de paráfrasis: “eres imposible” y “come gliela racconto alla gente”. Locuciones frecuentes como “mala suerte” o “tampoco es eso”, pasan a equivalentes funcionales como “pessimo affare” y “non è questo il punto”. Se observa, sin embargo, cierta compensación al intensificar el coloquialismo en “farmi fregare” para traducir la metáfora “vaselina”.

gergali, nell’illusione di differenziarsi dagli adulti. L’atteggiamento ironico dello scrittore nei confronti di tale generazione, della quale rileva tutte e solo le caratteristiche negative, si giustifica se prendiamo ad esempio la parlata del giovane Rafa che sembra un disco sul quale sia stato registrato un unico tipo di linguaggio, quello del turpiloquio” (Scelfo, 1984: 271).

En síntesis, todo parece indicar que en la traducción de esta novela de Delibes, algo se pierde. Es sin embargo importante relevar que las sustituciones realizadas por el autor, en algunos casos, parecen justificadas, y ello porque en italiano el uso de las expresiones vulgares es menos frecuente que en español, e inserirlas todas podría inducir a considerar a Delibes como un escritor “vulgar”, cuando en realidad estos dependen de situaciones precisas en el texto. A pesar de todo, el traductor no consigue transmitir por entero el mensaje ideológico del TO, incluido el sentido crítico del autor respecto a una generación que parece conformarse con expresar su libertad principalmente a través del lenguaje. La conclusión de Scelfo Micci (1984) es la que sigue:

“Nel passaggio dall’osceno alla lingua corrente appare

evidente un trasferimento di funzione semantica che provoca nel lettore italiano una percezione inadeguata del testo originale [...]. Per il particolare tipo di registro linguistico usato appare ovvio che l’autocensura ha portato il traduttore ad evitare quei termini che avrebbero rappresentato una trasgressione di fronte al ritegno che si ritiene derivi da ragioni di ordine emotivo e/o sociale. Ecco che si impone quindi, per il traduttore, la necessità di purgare il testo” (M.