CAPÍTULO III. MODELO DE COMPLEJIDAD DE TRES NIVELES DE CIBERESPACIO Y DE DISEÑO PARTICIPATIVO
3.1 MODELO DE NIVELES (I)
El Ciberespacio es un entorno altamente complejo, no por las tareas que en él se realizan, que en algunos casos pueden ser realmente simples, sino por su gran diversidad, la enorme cantidad de información de muy diferentes tipos procesada, y por su profunda implicación social, no sólo debida a los usuarios que participan directamente en el proceso, sino a sus repercusiones organizativas, económicas y humanas. En este capítulo se pretende introducir un modelo de Ciberespacio y Diseño Participativo basado en el modelo de complejidad de tres niveles. Es, en términos generales, un análisis de la complejidad asociada al Ciberespacio y al Diseño Participativo atendiendo a todos los factores que la condicionan. Dado que entre los aspectos predominantes del Ciberespacio están su carácter indefinido y su falta de estructuración, se requiere establecer previamente un marco conceptual que sirva de referencia y permita clasificar las diferentes categorías de complejidad que emergerán a medida que se profundice en la esencia del Ciberespacio y del Diseño Participativo. El objetivo es encontrar una fórmula que permita aproximar de forma satisfactoria el mundo de las tecnologías de la información del Ciberespacio. Por ello se ha elegido el modelo de tres niveles como base del desarrollo de dicha aproximación, ya que se diseñó inicialmente para aplicarlo a la informática, circunstancia que favorece el propósito de hacer una buena modelización de las tecnologías de la información aplicadas al Ciberespacio. Para tal efecto se recurre a conceptos básicos de la Cibernética y de la Teoría de Sistemas, tales como la complejidad y el concepto de sistema.
El estudio del Ciberespacio inicia por un análisis de las diferentes perspectivas que se pueden adoptar. El primer problema que se presenta es la gran diversidad de concepciones y de puntos de vista posibles a la hora de tratarlo. Casi ningún autor coincide con otro en los aspectos que le interesan, esto implica un detalle adicional que es conveniente eliminar de principio para poder centrarse en los verdaderos puntos de interés. Cada una de estas perspectivas origina un tipo de aproximación específica al problema del Ciberespacio.
Todas estas perspectivas son complementarias y proporcionan una faceta distinta del objeto complejo, que es el Ciberespacio. Los modelos propuestos intentan englobarlas bajo un enfoque nuevo más adecuado para una aproximación de carácter general al Ciberespacio y al Diseño Participativo.
3.1.1 Perspectivas del Ciberespacio
Los sistemas son objetos tal y como los percibe la gente (Flood, 1987). Cada persona percibe los objetos a su manera. Existe una variedad de perspectivas muy amplia y más cuando el objeto de estudio es tan complejo como el Ciberespacio. Para Checkland (1981), que recurre a la filosofía, el pensamiento y por tanto la forma de percibir los objetos, está determinada por la visión del mundo: Weltanschauung. Según sea ésta, así se percibe el objeto y mientras esta concepción del mundo sea similar en los distintos observadores, sus percepciones de aquél no variarán en lo esencial. Los cambios radicales en las percepciones de los objetos vienen precedidos por un cambio en esa concepción del mundo, por un cambio de paradigma (Kuhn, 1962). Pero dentro de un mismo paradigma se pueden adoptar muchos puntos de vista y resaltar detalles muy diferentes, por lo que es importante no perder de vista una referencia global que permita generalizar los datos que se van obteniendo.
En el Ciberespacio existe un nivel interno en el que virtualmente se realizan distintas tareas, en el que se procesa información, se comunica vía correo o voz, se realizan foros por chat, etc. Por encima de este nivel está el modelo conceptual del Ciberespacio, un esquema jerárquico que refleja una cadena de control, una división de las actividades o un reparto de responsabilidades y prioridades previamente establecido. Finalmente, está la perspectiva de ese Ciberespacio que, desde su posición participativa, se construye cada uno de sus usuarios. Así, para unos, el Ciberespacio será un grupo de personas que interactúan, para otros un medio de intercomunicación, un centro de obtención de información o un entorno social muy peculiar.
También están las perspectivas desde la observación externa de los estudiosos, desde la investigación, que también tiende a aplicar en cada caso su “particular concepción del mundo”. Hasta ahora, muchos autores se han limitado a tratar cada una de estas perspectivas como si fueran el todo. Para los propósitos del presente trabajo, es necesario disponer de una concepción global y generalista del Ciberespacio y categorizar esas diferentes perspectivas para poder entender el origen de sus diferencias y las distintas concepciones que hay detrás.
Como punto de partida se contemplará la siguiente clasificación, en la que básicamente se distinguen dos grandes perspectivas, la analítica y la interpretativista.
3.1.1.1 Perspectiva Analítica del Ciberespacio
La perspectiva analítica se centra en un “comportamiento manifiesto”, en las tareas operativas, por así decirlo, que se realizan en el Ciberespacio. Es un estudio de lo más inmediato del Ciberespacio, el qué, cómo y por qué se hacen las cosas.
Se centra en las tareas, su organización y funcionalidad. Se distinguen tres enfoques diversos:
Actividades. De acuerdo con este enfoque, se concibe el Ciberespacio como un entorno donde se llevan a cabo ciertas actividades encaminadas a apoyar la gestión de una Cibersociedad. No se preocupa de las razones por las que se hacen las cosas sino de qué cosas se hacen y por quién. Es de resaltar que en este aspecto la terminología utilizada puede ser confusa, al no distinguirse entre tareas, actividades y funciones; estas últimas se verán a continuación, apareciendo a veces indistintamente, y otras queriendo expresar diferencias importantes de matiz. En este caso, al hablar de actividad, se refiere a las más sencillas, en forma similar a las operaciones atómicas en informática.
Consultar y obtener información, comunicarse por correo electrónico, participar en foros, chatear, etc., son ejemplos de actividades clásicas del Ciberespacio. A pesar de las críticas generalizadas, esta concepción del Ciberespacio tiene su razón de ser en que una herramienta concreta, un navegador por ejemplo, tiene poco que ver con el por qué se utiliza y en cambio ha de abarcar el para qué se utiliza. La comprensión de las razones para la utilización de una herramienta es importante a la hora de realizar la integración del sistema, o de concebir un sistema integrado, donde ya hay que considerar las relaciones de cada herramienta con las demás y los objetivos que se persiguen con su uso. La relación de las actividades que se realizan, que se estudiará en otro apartado, pone de manifiesto una serie de necesidades básicas comunes al entorno del Ciberespacio. Este tipo de estudio es importante a la hora de conseguir equipos útiles y paquetes software de fácil manejo, eficaces, cuya potencia refleje realmente las necesidades del usuario.
Existe sin embargo, un peligro cierto de considerar estas actividades como el factor fundamental y caracterizador del Ciberespacio. Son las más evidentes y, por lo general, las más susceptibles de sistematización, pero no olvidemos que “a medida que se estudian los detalles del Ciberespacio más de cerca, menos se sabe lo que realmente está pasando” (Strassmann, 1985).
Semántica. Intenta comprender las razones que hay detrás de las actividades que se realizan, donde hay siempre una meta, un objetivo más amplio que la propia tarea a realizar. Es una perspectiva intermedia entre la perspectiva de las actividades y de funciones. Resalta la visión sistémica, el entendimiento del por qué se hacen las cosas, con el punto de vista puesto en facilitar la integración adecuada de todos los componentes y herramientas individuales. Al mismo tiempo, esa profundización en el significado de las tareas de la Cibersociedad facilita una adaptación a los objetivos a conseguir y una capacidad de evolución importante. Como propone Joyanes (1997), para conocer las necesidades de una Cibersociedad es necesario tener en cuenta la misión de la Cibersociedad, las metas de cada grupo y las funciones de cada sector. Sólo así se podrá realizar una integración adecuada.
En este sentido cabe mencionar el modelo de Tapscott, en el que se detallan los procesos que tienen lugar en el Ciberespacio y la Cibersociedad, descomponiéndolos de acuerdo con una jerarquía en la que se contemplan los niveles de las actividades (qué se hace), los procesos, procedimientos y trabajos (cómo se hace), las funciones (para qué se hace), los resultados (qué se consigue) y las metas globales que se han propuesto. Es un modelo de muy alto nivel en el que no se proporcionan detalles procedimentales, pero en el que todo lo que se hace queda referido a un significado concreto.
Funciones. El Ciberespacio se concibe como un conjunto de funciones y procedimientos. Una función se compone de varias actividades elementales. De esta forma se puede descomponer toda la labor realizada en tareas más concretas y definidas y construir algo así como un diagrama de bloques de procesos del Ciberespacio, que servirá posteriormente para desarrollar el sistema integrado. Esta perspectiva, eminentemente organizativa, será de gran utilidad para estructurar las tareas del Ciberespacio.
Ejemplo de este tipo de enfoque son los modelos en Redes de Petri como SCOOP, o modelos de flujo de información como ICN (Information Control Nets), donde se intenta modelar las actividades con algún tipo de formalismo matemático y estudiar cómo se asocian para formar funciones, cómo fluye la información a lo largo de todo el proceso, orden en que se efectúan las diferentes actividades, etc.
La relación jerárquica entre las tres formas anteriores de percibir el Ciberespacio, “actividades”, “semántica” y “funciones”, es casi inmediata. En el nivel inferior están las actividades elementales, que se agrupan según una lógica, al dotarlas de un significado concreto (semántica) para formar funciones (Figura 3.1).
Así, una función típica del Ciberespacio, como puede ser el envío de una serie de correos a una serie de clientes, se descompondría en varias actividades elementales; como seleccionar la lista de clientes a los que se les va a enviar el correo, redactarlo, escribirlo, personalizarlo para cada cliente y remitir el conjunto de los correos. Una vez terminadas las actividades anteriormente descritas, cada una de estas actividades por separado no tiene en cierto modo sentido, y sin embargo lo adquieren necesariamente si se relacionan con una determinada clasificación de los clientes para hacer un envío (“e-mail”, en lenguaje del Ciberespacio). En este nivel emergen las funciones que realiza el Ciberespacio.