Dos artículos se publican simultáneamente: una serie de consideraciones sobre los Modernos Museos de Arte por parte del estudiante C J Díaz Abbot, realizadas a partir de un trabajo de H W Kent publicado en The Architectural Forum (diciembre 1927), y la traducción de un artículo de Lorimer Rich (del mismo número). Registro inmediato de las nuevas tendencias en los nuevos museos norteamericanos.8
El artículo del estudiante Díaz Abbot comienza citando como ejemplo de los cambios de criterio introducidos en los últimos tiempos el New Fogg Museum de los arquitectos Coolidge, Shepley, Bunfich y Abbot, cuya fachada en estilo colonial norteamericano, el “georgian” está de acuerdo con la tradición
de Harvard. Por otra parte señala la necesidad de un nuevo tipo de planta adaptable a las nuevas ideas que desechan el museo mausoleo y de unas fachadas que no se subordinen al principio sagrado del aventanamiento como modo de arribar a un estilo de museo: apropiado, bello y práctico. Continúa exponiendo distintas sistematizaciones respecto a las funciones del museo y sus consecuencias en el programa de requerimientos. Pasa revista a la discutida cuestión de la iluminación señalando condiciones específicas y ejemplos de museos nortemericanos y europeos (luz cenital, lateral, alta o de ático, artificial).
El trabajo de Lorimer Rich refiere también a las nuevas funciones del museo, con la inclusión de biblioteca y sala de conferencias, salas de estudio, de fotografías, etc. Asegura que el partido toma forma por los modos de transitar el público por el museo, definiendo el tipo basilical (como el Museo Metropolitan de Nueva York), el tipo de galería y corredor (la Freer Gallery de Washington) y el tipo continuo (adecuado para museos pequeños como el Museo de Arte de Cleveland o el propuesto por Wilkes-Barre). Abunda en consideraciones acerca de los modos diferentes de la iluminación, acerca de la decoración interior adecuada a los objetos a exhibir (un patio pompeyano para el ala de Griegos y Romanos del Metropolitan) y a condiciones de confort para el visitante, teniendo en cuenta el valor educativo de las exhibiciones, acerca de nuevos materiales y nuevos equipamientos.
Es claro que “museos modernos” significaba entonces adaptaciones programáticas y técnicas - especialmente de iluminación-, pero de ninguna manera se incluía en las preocupaciones por lo “moderno” las poco conocidas búsquedas nuevas de las vanguardias: la “Habitación con flores” de Van Doesburg (1923), el café Aubette (1927) de Jean Arp, las exposiciones didácticas en la URSS sobre vagones de tren (1917), el “espacio Proum” de Lissitsky (1923), la primera exposición constructivista (1923) en Amsterdam, los nuevos criterios expositivos de la Bauhaus (Lee, Kandinsky, Schlemmer, Gropius), el pabellón de Melnikov o el pabellón de L’Esprit Nouveau en París (1925), la galería de la casa La Roche (1923) o el Museo mundial de Ginebra (1928) de Le Corbusier.
Martín Noel, presidiendo la Comisión Nacional de Bellas Artes desde 1921 hasta 1931, marca un sentido limitado para “lo moderno” en el campo institucional de las Bellas Artes. La comisión del MNBA arriesga una jugada fuerte cuando elige al arquitecto Alberto Prebisch para realizar un viaje de estudio de museos recientes, un contacto directo con los modelos a nivel internacional. Esta oportunidad para la Arquitectura Moderna, tanto por la elección del arquitecto como por la voluntad de actualización, se perdió junto a la idea de un edificio nuevo. En 1931 se encarga un proyecto de reforma del edificio de Aguas Corrientes a Alejandro Bustillo, el arquitecto de mayor prestigio entre los que sostenían el apego al pasado clasicista, quien actúa según el concepto de modernización técnica referido a la iluminación, ventilación, los modos de colgar, la claridad de los recorridos, el confort de los visitantes, en un ambiente de sereno clasicismo. Sin embargo, el ambiente cultural en la Argentina será permeable a nuevas ideas difundidas con la visita de Le Corbusier, que llevará a una dama de la sociedad porteña a iniciar gestiones para la construcción del Museo de crecimiento ilimitado (proyecto de 1930) en Buenos Aires (aunque todo queda en un breve intercambio
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epistolar). Luego en Rosario, en 1937, los arquitectos Hernández Larguía y Newton realizan el proyecto del Museo Municipal Juan B Castagnino por voluntad de la familia, que dona los fondos para la construcción así como la colección que posibilita la existencia del nuevo museo. Ellos retoman las soluciones técnicas ya ensayadas por Bustillo en una planta cuya distribución incorpora -aún con una matriz de composición tradicional- nuevos criterios de espacialidad, visiones en diagonal para la comunicación entre las salas, preocupación por el crecimiento futuro, búsqueda de una acentuada neutralidad tanto del aspecto exterior como de la elección de los materiales y la resolución de los detalles en el interior, como renuncia -aunque no radical- a la cuestión del carácter.
1 La historia del MNBA ha sido estudiada desde el seguimiento de los debates, las resoluciones y decretos, las aspiraciones y los modelos, los mecanismos de adquisición y los criterios de selección de las obras, desde la primer propuesta en 1894 y a lo largo de la gestión de Eduardo Schiaffino. El discurso del propio Schiaffino sostiene la formación del museo como una epopeya personal. María Isabel Baldassare reconoce ese protagonismo indiscutido en la génesis y desarrollo del museo y destaca la apertura de un espacio para las nuevas tendencias del arte y para los artistas nacionales que él promovió desde la idea de un progreso que no es viable sin las respectivas instituciones artísticas. (En “Reflejos de una figura: Eduardo Schiaffino y la formación del Museo Nacional de Bellas Artes”, Buenos Aires, 1998, paper).
2 Las reuniones del jurado transcurrieron entre el 8 y el 14 de agosto. Las actas y los trabajos premiados fueron publicados en “Concurso de Anteproyectos para el Edificio del Museo Nacional de Bellas Artes. Actas y Fallos del jurado”; “Arqs. C A Herrera Mac Lean y Rafael Quartino Herrera. Anteproyecto ‘Pourquoi Pas...’ Primer premio”; “Arqs. Bunge y Roca. Segundo premio”. “Arq. Ángel Guido. Segundo premio”; “Arqs. De Lorenzi, Otaola y Rocca. Mención especial”; en Revista de Arquitectura,Nº 94, octubre de 1928, pp. 443-469.
3 Publicación del acta de la 23ª sesión de la Comisión Directiva de la Sociedad Central de Arquitectos, dedicada especialmente al asunto promovido con motivo del fallo que distó el Jurado del Concurso para el Museo Nacional de Bellas Artes, en “Sobre el Concurso del Museo Nacional de Bellas Artes”, Revista de Arquitectura, Nº 94, octubre de 1928, pp. 470-472. Luego en Acta correspondiente a la “21º sesión de la CD, Agosto 17 de 1928”, la resolución acerca del profesional premiado “por ser en realidad un ‘arquitecto argentino’”, uruguayo de origen, aunque con título expedido por la UBA. En sesión de la CD de la SCA del 5 de octubre, Bunge sería exonerado de su calidad de socio activo en razón de sus publicaciones en La Razóndel 25 de septiembre (con la abstención de Calvo y de Fitte).
4 La obra de Josef Hoffmann se difunde en la Argentina por vía de las publicaciones norteamericanas. El Constructor Rosarinopublica en enero de 1929 una traducción del artículo de Shepard Vogelgesang de The Architectural Forum. Allí se destaca la predominancia de la proporción, el ritmo y el color como modos de dar a cada objeto su forma lógica. En rigor de verdad, recién en 1925, después de la Exposición de Artes Decorativas de París, Hoffmann fue reconocido ampliamente como inspirador del art-déco, lo cual explica la difusión en los Estados Unidos y en la Argentina a fines de los veinte. 5 “Concurso de Anteproyectos para el Museo Municipal”, en El Constructor Rosarino, Nº 60, octubre de 1928, Rosario; pp.
19-32.
6 Ejemplos de este “estilo acrópolis” son la Albright Art Gallery en Buffalo, el Museo de Bellas Artes de Cleveland (1916), el Instituto de Artes de Detroit (1927) o el Museo de Bellas Artes de Boston (entre 1906 y 1931).
7 Por ejemplo, el Fogg Art Museum (Harvard, 1927).
8 “Algunas consideraciones sobre los Modernos Museos de Arte”, por C J Díaz Abbot, en El Constructor Rosarino, Nº 60, octubre de 1928, Rosario; pp.33-36. “Proyectando Museos de Arte”, por Lorimer Rich -de la oficina de Mac Kim, Mead y White- (traducción del artículo publicado en The Architectural Forum, diciembre de 1927), en El Constructor Rosarino, Nº 60, octubre de 1928, Rosario; pp.36-40.
Entre 1925 y 1960 distinguimos tres fases en la Arquitectura Moderna en Mar del Plata, inauguradas por una obra que manifestará sus características de modo temprano.
La primera, entre 1926 y 1934, comienza con el proyecto y construcción de la casa de verano de Victoria Ocampo y esta definida por escasas y furtivas intervenciones de profesionales foráneos que comparten un tono experimental. Hubo discursos contundentes pero aislados contra el torrente de una tradición pintoresquista. Aún no aparece obra pública en lenguaje moderno y tampoco se conservan obras en pie.
El segundo período (1935-1947) comienza con la inauguración de la Pileta Municipal y la creación del Centro de Constructores y Anexos. En esta etapa la Arquitectura y el Urbanismo Modernos produjeron grandes logros de la mano del Estado y las instituciones. La vivienda en lenguaje moderno alcanzó niveles de producción casi masivos de mano de los primeros arquitectos marplatenses con algunas soluciones tipificadas que desembocaron en un “estilo moderno” con adaptaciones locales; menos radical y más descomprometido. Aparecieron las primeras organizaciones gremiales para la profesión y normativas municipales ayudaron a consolidar el proceso.
La última fase (1948-1959) queda inaugurada por el proyecto y construcción del Hotel Alfar y se distingue por la disminución del consumo del lenguaje moderno en general y doméstico en particular, mientras que se establece una nueva relación entre Arquitectura Moderna e Imagen Corporativa, más depurada y culta comprometiendo no sólo el resultado formal sino aún su ordenamiento general intensificándose su voluntad abstracta de clara influencia europea. Las empresas constructoras formadas en el período anterior tienen una importante capacidad de producción.
La Exposición-Feria de Mar del Plata, primera manifestación de Arquitectura Moderna que supera la escala, el programa y un consumo domésticos, es el último exponente del primer período y prueba las dificultadas para instalarse en un contexto de tradición pintoresquista.