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Modificación de las condiciones ambientales por Stipa tenacissima

Análisis de las interacciones entre Stipa tenacissima y diversas especies arbustivas en zonas semiáridas.

3.4.1. Modificación de las condiciones ambientales por Stipa tenacissima

El microambiente proporcionado por S. tenacissima presenta notables diferencias en las características edáficas superficiales respecto a las zonas desnudas o escasamente cubiertas de vegetación existentes en los espacios entre macollas. Las implicaciones de estas desigualdades en la generación de escorrentía y la infiltración han sido discutidas ampliamente en el capítulo anterior (apartado 2.4.1, páginas 105-106). Las modificaciones en estas propiedades inducidas por el desarrollo de S. tenacissima originan una mayor

infiltración y actividad biológica en este microambiente. Si bien durante la plantación se alteró la superficie del suelo, es de esperar que a medio plazo recupere su estado original, lo que presuntamente redundará de manera positiva en el desarrollo de los plantones introducidos en el microambiente esparto.

El mayor contenido en carbono orgánico (CO) encontrado en el microambiente esparto es causado probablemente por una mayor acumulación de hojarasca, así como por la dinámica radicular de S. tenacissima (Puigdefábregas & Sánchez 1996). Estos resultados están de acuerdo con observaciones recogidas en otros espartales del SE peninsular (Sánchez 1995, Puigdefábregas & Sánchez 1996, Gauquelin et al. 1996, Bochet et al. 1999). Con independencia de las diferencias entre microambientes, el contenido en CO fue en general relativamente elevado en comparación con los existentes en matorrales degradados con condiciones climáticas y edáficas similares (García & Hernández 1996, Cortina et al. 2001). Estos resultados sugieren que la fertilidad de los suelos en los espartales estudiados no se ha visto tan mermada como en otras comunidades degradadas del semiárido, por lo que su restauración estaría menos limitada por condicionantes edáficos. Las diferencias entre ambos microambientes fueron relativamente pequeñas, lo que sugiere que los aportes de carbono aéreos y, sobre todo, subterráneos deben ser suficientes para mantener los niveles de materia orgánica en las zonas sin vegetación. En otros espartales del E y SE peninsular se han encontrado mayores diferencias en el contenido en CO entre microambientes que las presentadas aquí (Puigdefábregas & Sánchez 1996, Bochet 1999), lo que puede reflejar la presencia de mayores pérdidas de suelo en las zonas desnudas o una menor productividad. Por otro lado, es interesante reseñar que los contenidos en CO y nitrógeno total en los espartales estudiados son menores que los observados en comunidades de matorral dominadas por Q. coccifera y Pistacia lentiscus bajo condiciones climáticas similares (Arévalo et al. 1993, De la Torre & Alías 1996). Así pues, si resultara exitosa, la implantación de especies arbustivas en espartales degradados podría contribuir a incrementar el almacenamiento de carbono en el suelo y mejorar las propiedades edáficas a medio-largo plazo.

Las macollas de S. tenacissima redujeron significativamente los niveles de radiación en comparación con las zonas desnudas adyacentes. Esta disminución trajo consigo un notable descenso de la temperatura del suelo superficial, variable que tiene un importante papel en el mantenimiento de la humedad (Breshears et al. 1998) y el estado hídrico de las plantas (Callaway 1992a) en zonas semiáridas. Los suelos del microambiente esparto fueron capaces de retener la humedad durante más tiempo que los del claro después de una lluvia en primavera, tal como sugieren las curvas de secado obtenidas en Ballestera, así como otras

experiencias llevadas a cabo en espartales de Almería (Puigdefábregas & Sánchez 1996). Es interesante destacar que no se encontraron diferencias significativas en la tasa de secado entre microambientes durante el otoño, lo que puede deberse a diferencias en la actividad fisiológica de S. tenacissima (Haase et al. 1999). Así, la mayor humedad disponible durante la curva de secado otoñal, combinada con las suaves temperaturas que tuvieron lugar durante las medidas (la media de las temperaturas máximas en la estación meteorológica de Alicante- Ciudad Jardín fue de 18 ºC durante este periodo), podría haber promovido una mayor actividad fotosintética de S. tenacissima y un mayor consumo de agua, reduciendo así las diferencias en las tasas de caída de la humedad respecto a las zonas desnudas. No obstante, tampoco es descartable que estas discrepancias se deban a las diferencias en la metodología entre las curvas realizadas en primavera (riego controlado) y en otoño (lluvia natural).

La evolución circa mensual de la humedad no mostró diferencias significativas entre microambientes. No obstante, el suelo en el microambiente esparto presentó mayores valores de humedad que en el claro después de los principales episodios lluviosos, como demuestran las diferencias relativas entre ambos microambientes evaluadas mediante el meta-análisis. Si bien este aumento de humedad puede mantenerse en este microambiente durante cierto tiempo después de la lluvia, el consumo de agua por parte de S. tenacissima lo reduce hasta que se alcanzan valores similares a los del claro en un periodo de tres-cuatro semanas. Ello explicaría la ausencia de diferencias significativas entre microambientes cuando se consideran los datos del año en su conjunto. Esta tendencia general, junto a la respuesta a corto plazo tras las lluvias, coincide a grandes rasgos con la observada en espartales de Almería, donde no se apreciaron diferencias significativas entre microambientes esparto y claro cuando se consideran valores medios estacionales (Puigdefábregas et al. 1999), pero sí una mayor humedad en el primero después de los principales eventos lluviosos (Puigdefábregas & Sánchez 1996).

Los tratamientos manipulativos realizados en la plantación de 2001 han permitido profundizar en el conocimiento de los factores que inciden sobre la dinámica de la humedad en los espartales. La exclusión de escorrentía en el microambiente ECH promovió una cierta disminución de la humedad después de los eventos lluviosos, aunque las diferencias no fueron significativas respecto al microambiente ECO. Este comportamiento fue inesperado, y contrasta con resultados obtenidos por Puigdefábregas & Sánchez (1996) en espartales de Almería, donde se observó una reducción significativa de la humedad en el microambiente esparto después de eliminar el aporte de agua procedente de la escorrentía. Esta discrepancia puede deberse a las diferencias en la profundidad analizada entre dicho trabajo y el presente