6. ROMÁNICO PLENO
6.5. A la estela de San Isidoro: los talleres de la provincia.
6.5.2. El núcleo sahagunino: San Facundo y Primitivo
6.5.2.1. El monasterio de los Santos Facundo
lo que fomentó el fortalecimiento de estos monjes y su llegada a los puntos más recónditos de su geografía.
Desde la conquista de Toledo en 1085, Alfonso VI ascenderá a las diversas sillas episcopales de sus reinos a monjes cluniacenses como será el caso de la diócesis toledana, ocupada por el que había sido abad de Sahagún, Bernardo.
Con estos antecedentes, vemos el campo propicio para el desarrollo de las nuevas corrientes artísticas que en la capital del reino venían dándose desde algún tiempo atrás, y en las décadas finales del siglo XI y las primeras del XII comienzan las grandes construcciones catedralicias favorecidas por el clima de cambio y renovación que en los reinos se venían llevando a cabo, unas reformas que terminarán definitivamente con el mundo mozárabe, que a partir de ahora solo se manifestará en el arte a través de influencias y regustos arcaicos que son barridos con el nuevo arte.
6.5.2. El núcleo sahagunino: San Facundo y Primitivo y las primeras iglesias mudéjares.
6.5.2.1.El monasterio de los santos Facundo y Primitivo.
Será Sahagún una de las villas más importantes del reino de León, tendrá un gran desarrollo a partir del momento en que el antiguo monasterio de los Santos Facundo y Primitivo fue donado a los monjes de Cluny por Alfonso VI en el año 1080.
Los orígenes y vicisitudes de este monasterio ya los hemos relatado en el capítulo precedentes, con lo cual nos vamos a centrarnos en el monasterio de época románica propiamente dicha.
De sus restos apenas conservamos nada, tan solo el arco que servía como acceso que es de época barroca y una de las capillas laterales de la iglesia monástica, la capilla de San Mancio que dataría de mediados del siglo XII.
El monasterio como tal, fue restaurado en el año 1068 siendo el abad Julián que rigió los destinos de la abadía hasta su muerte en
diciembre de 1079, momento en el que la abadía ya había sido entregada a los monjes cluniacenses. Habían acudido a tomar posesión de ella desde agosto de ese año encabezados por el abad Roberto, que hubo de ser sustituido por el rechazo que provocaba un extranjero con sus nuevas costumbres rituales. Su sucesor, Marcelino nunca llegó a tomar posesión de la abadía como nos indica la documentación existente en la cual no aparece nunca mencionado.
A la muerte de Julián, será elegido abad del monasterio Bernardo de Sedirac, monje cluniacense enviado por San Hugo directamente desde la abadía borgoñona. Ocupará el cargo hasta ascender a la silla episcopal de Toledo en el año de 1085.
Con estos datos, apreciamos varios caracteres en los que se dará la eclosión románica en la provincia. Por un lado, la progresiva
introducción de los monjes cluniacenses en las estructuras políticas y religiosas del país y por otro la resistencia que en un primer momento mostraron los habitantes autóctonos o al menos, parte de sus clases altas como sería el caso del abad de Sahagún, Julián.
En este contexto, y gracias a las copiosas donaciones que el rey Alfonso VI hizo al monasterio, se comenzó la construcción de un nuevo complejo a partir de los años ochenta del siglo XI, siendo consagrado el mismo por parte de Alfonso VI en el año 1099.
Este templo original sustituiría al anterior mozárabe, casi
totalmente arrasado por las incursiones árabes de Almanzor al final del siglo anterior. Se reaprovecharon durante la construcción parte de los materiales procedentes de este edificio debido a la escasez de materiales nobles que existían en Tierra de Campos, donde se construía
principalmente en ladrillo y tapial. Esta escasez material terminará dando origen al fenómeno del románico de ladrillo, del cual hablaremos más adelante y del que no quedó exento este monasterio a pesar de sus extensos dominios y su saneada economía.
Planta del monasterio de los Santos Facundo y Primitivo.
construcción del monasterio, que por aquel entonces no debía estar edificado mas que en parte. Estas obras, continuarán durante todo el siglo, y no concluirán hasta el año 1213 con claros matices propios del arte gótico apreciables en los restos que se conservan.
El citado templo, del cual podemos conjeturar la planta a través de las descripciones han llegado a nuestras manos, constaba de una planta basilical de tres naves con crucero sobresaliente, siguiendo directamente el modelo isidoriano, con lo cual lo podemos considerar el primer hijo y el más fiel de todos en cuanto al seguimiento de sus planos. Al igual que San Isidoro contaba con una cabecera de tres ábsides semicirculares el central más grande que los otros dos. Las naves, estaban divididas en seis tramos y estaban separadas por pilares con semicolumnas adosadas. La cubierta de las naves probablemente sería similar a la de San Isidoro, con bóveda
Las obras de este monasterio se reanudarían a partir del año 1124, poco después de las revueltas que se produjeron en la villa y que perturbaron el buen funcionamiento del monasterio lo que impedía la inversión de recursos en la
de cañón reforzada con fajones la central y con bóvedas de arista las laterales.
Capitel procedente del monasterio de San Facundo.
Martín de Frómista, lo cual aunque posible, no explicaría más que en parte este fenómeno que creemos a l igual que el profesor Valdés más asociado a la economía de medios que a una simple imitación, ya que estas torres se sitúan siempre sobre el presbiterio y no sobre la línea del crucero como sería el caso de este monasterio.
La exclaustración de 1835 y dos incendios acaecidos durante el siglo XIX destruyeron la fábrica del monasterio dejándola en lo que podemos ver en la actualidad, poco más que unas miserables ruinas de lo que en tiempos de Alfonso VI fue la abadía más poderosa de la península, como no nos cansaremos de repetir para resaltar su importancia, la cual queda aún más de manifiesto si cabe al hallarnos con que tras la
restauración de la vida monástica propiciada por Alfonso VI, esta villa atrajo tantos comerciantes y trabajadores que dejo pequeña a la misma capital del reino llegando a alcanzar los ochomil habitantes, el mercado, trasladado desde el vecino Grajal de Campos y un sin fin de extranjeros que llegando a ella a través del Camino de Santiago se asentaban en ella definitivamente.
En tal caldo de cultivo, no nos pueden extrañar la calidad de las pocas piezas que conservamos de este monasterio que debió sostener un nutrido grupo de trabajadores y un activo comercio en cuanto al transporte y trabajo de la piedra se refiere.
Conservamos pocos ejemplos de este monasterio y se hallan diseminados por los museos arqueológicos de León, Madrid y diversas colecciones particulares, lo cual impide dar una clara visión del conjunto pero estudiados particularmente permiten hacerse a la idea de lo que este cenobio fue.
Los restos arquitectónicos que conservamos son escasos y de época tardía en su mayoría. Tenemos en primer lugar, el muro sur de la iglesia, que comunicaría esta con la capilla de San Mancio, algo posterior a esta. Este muro, es obra de ladrillería propia de la primera mitad del siglo XII si seguimos la cronología que nos aportan otros edificios de este material conservados en la villa, lo cual casa perfectamente con los periodos constructivos de los que hemos hablado.
Una curiosidad sobre el citado monasterio que podría arrojar nuevas luces sobre el porqué las iglesias del románico de ladrillo sahagunino poseen una torre sobre sus naves tiene que ver con la teoría de Bango Torviso que argumenta que en este monasterio pudo haber existido un cimborrio en el tramo central del crucero, al modo de San
Por su parte, la capilla de San Mancio es algo posterior, teniendo noticia que la traslación de los restos de este Santo a Sahagún datan de 1154 y la lápida que se conserva empotrada en los muros de esta capilla da como fecha de su consagración el año 1184, lo cual casa con los elementos constructivos que se aprecian, columnas acodilladas con capiteles estilizados en buena parte de los casos y bóvedas ojivales, utilizadas con asiduidad a partir de mediados del siglo XII, con lo cual hemos de adscribir esta capilla más dentro del tardorrománico con influencias cistercienses que dentro del románico pleno que sería el origen del conjunto y donde lo estamos estudiando.
Conservamos en el Museo arqueológico de Madrid las dos piezas más sobresalientes, que son el relieve de una Virgen en majestad, posiblemente perteneciente a algún tímpano decorado de finales de la onceava centuria y la lauda sepulcral de Alfonso Ansúrez, muerto en 1095 y enterrado, al igual que Alfonso VI, en este monasterio.
En el arqueológico de León conservamos un curioso capitel que presenta a ocho monjes situados bajo arquerías de medio punto que hemos reproducido arriba, esculpidos con una talla delicada que denota el trabajo de algún experto y no de cualquier artesano que podría manufacturar cualquier producto rural. Este capitel tiene relación con otro de San Pedro de las Dueñas que presenta a ocho monjas y otro de San Juan de Montealegre, ya en el Bierzo, en el que se presenta al abad y a sus monjes.
Así, con los elementos descritos, vemos que la abadía de los Santos Facundo y Primitivo debió ser un lugar con un poder considerable en función directa respecto al tamaño y carácter de sus edificios, los cuales muy posiblemente fueran los catalizadores de influencias hacia los alrededores, como será el caso de San Tirso y San Pedro de las Dueñas, que posiblemente recibieran las influencias isidorianas a través de este monasterio y no directamente como podríamos pensar si no contáramos con este ejemplo de capital importancia que regirá la vida de los
alrededores en todos los sentidos.
6.5.2.2. El románico de ladrillo: San Pedro de