CAPÍTULO 4 – METODOLOGÍA
5.1. El movimiento de salida y la reasignación de la mano de obra
Esta sección presenta un primer análisis de los datos de la Pesquisa
Mensal de Emprego (Encuesta Mensual de Empleo – PME), investigando la
desempleo y la inactividad. De modo general, los datos permiten observar que los movimientos macroeconómicos, como la estabilización monetaria desde la mitad del año de 1994, por medio del Plan Real16, fueron capaces de alterar el nivel de salida de los trabajadores y también su reincorporación al mercado laboral.
El Gráfico 5.1 permite observar el porcentaje de trabajadores que efectuó alguna salida de su ocupación, durante la década la década de los noventa, dividiendo la evolución según el género. Para el periodo como un todo, cerca de un 47% de la población ocupada dejó de trabajar en la misma ocupación, cambiando para otro tipo de actividad o saliendo para el desempleo o para fuera de la Población Económicamente Activa (PEA), entre las dos entrevistas consideradas.
Gráfico 5.1. Tasa de salida, tasa de reasignación ocupacional y tasa de desempleo metropolitano – 1990/91-2000/01 30 40 50 60 70 80 90 1990-91 1992-93 1994-95 1996-97 1998-99 2000-01 bienio Ta s a s de S a lida y de R e a s igna c ión ( % ) 0.0 1.0 2.0 3.0 4.0 5.0 6.0 7.0 8.0 9.0 T asa d e Desem p leo Met ropolit a no ( % )
Tasa de Salida - Varones Tasa de Salida - Mujeres Reasignación - Varones Reasignación - Mujeres Tasa de Desempleo Metropolitano
Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la PME.
Los datos indican un considerable nivel de flexibilidad17 del mercado de trabajo metropolitano del país, una vez que el stock de mano de obra en una ocupación parece ajustarse con significativa facilidad. Sin embargo, dicha flexibilidad, que puede estar indicando cambios en la estructura productiva, caso en que los trabajadores encuentren empleos en nuevos sectores, puede ocultar, asimismo, problemas típicos del ciclo económico, como el aumento del flujo hacia el desempleo. Una forma alternativa de analizar la flexibilidad es comparar el grado de reasignación de la mano de obra, es decir, el porcentaje de trabajadores que logra un nuevo empleo después de una salida ocupacional, como también muestra el Gráfico 5.1.
De los trabajadores afectados por algún tipo de salida de la ocupación, un 75% estaba empleado en otra ocupación distinta en el año siguiente, mientras los demás o se encontraban desempleados (8%) o fuera del mercado de trabajo (17%). Desagregando por género, en media un 81% de los varones que dejaron sus ocupaciones estaban nuevamente empleados en otras actividades, mientras para las mujeres este porcentaje cae a un 65%, reflejando la mayor salida hacia la inactividad de estas últimas. Siguiendo la evolución de la reasignación ocupacional, la primera mitad de la década, hasta el bienio 1994/95, representa mayor posibilidad de encontrar una nueva ocupación, tanto para hombre como para las mujeres, pese la fuerte disminución del desempeño económico del país. Esto se explica, en parte, porque, en este periodo, el mercado de trabajo se ajusta con base en el control real de los salarios, impidiendo variaciones más significativas en el nivel de empleo (Neri et.al., 2000a). En el restante de la década, el aumento de la tasa de desempleo parece tener un impacto negativo sobre la capacidad de reasignación de los trabajadores.
La tasa de desempleo es el resultado de la combinación entre el nivel de ocupación y la tasa de actividad de la población, representando respectivamente
17 La flexibilidad, en esta tesis, se refiere a la capacidad del mercado de trabajo, o de las empresas, en
reasignar la mano de obra, sea para otras actividades o para el desempleo, sea cambiando un tipo de trabajador (no cualificado, por ejemplo) por otro (cualificado). La movilidad ocupacional, no obstante, es el flujo de la mano de obra desde una actividad hacia otra.
la oferta y la demanda por trabajo. De un lado, expresa la reacción de las empresas frente a periodos de baja del ciclo económico, dispensando mano de obra y representando el componente involuntario de la movilidad. Un examen sobre los datos de la PME acerca de los individuos desempleados revela que alrededor de un 80%18 del desempleo se debe a procesos de despido iniciados por la empresa, evidenciando que los cambios de ocupación no ocurren exclusivamente por motivos de maximización de los trabajadores, sino también por factores fuera del control de los mismos.
Por otro lado, tasas más elevadas de desempleo también significan mayores riesgos, disminuyendo la propensión a cambiar voluntariamente de ocupación y formando una relación negativa entre la tasa de paro y la reasignación de la mano de obra (Auer et.al., 2005).
El Plan Real de 1994 redujo el ambiente de incertidumbre generado por la inflación y marca el inicio del segundo periodo de la década. Inicialmente, el aumento de la confianza de los inversores y la masiva venta de empresas estatales posibilitó el crecimiento de las tasas de inversión de la economía, favoreciendo el descenso del desempleo. Sin embargo, el aumento de la importación de máquinas ahorradoras de mano de obra, sobre todo hasta 1995, y la reestructuración de la empresas recién privatizadas impactaron, posteriormente, sobre el nivel de empleo, por medio de la reestructuración o cierre de empresas, que no fueron capaces de hacer frente a la competencia (Ramos y Brito, 2004). Los efectos de la elevación de los tipos de interés, reduciendo la inversión, y la ausencia de una política comercial defensiva, transformaron el stock de empleo en el principal factor de ajuste de las empresas. La profunda inestabilidad internacional de 1998 colaboró aun más para la disminución del ritmo de inversiones y de generación de empleo, como observan, por ejemplo, Penido y Machado (2002), aumentando los riesgos inherentes a un
cambio de situación laboral y disminuyendo el grado de reasignación de la mano de obra.
La retomada del crecimiento económico al final de la década fue seguida por un inicio de descenso del desempleo y mejora en la reasignación, promovida principalmente por el sector formal, que logra por primera vez en la década reverter la tendencia de aumento de la informalidad en la generación de nuevos puestos de trabajo (Ramos, 2003).
La Tabla 5.1 presenta otros datos sobre el nivel de reasignación de la mano de obra, desagregando según la condición de ocupación (formal e informal), el nivel de educación y la edad. Los trabajadores del sector informal presentan mayores dificultades de reasignación, mostrando, de este modo, que la función de reasignación de la movilidad ocupacional no es homogénea entre grupos de trabajadores. Las mujeres del sector informal también presentan los peores resultados, con una tasa de un 53% de reasignación contra un 77% para los varones también del sector informal.
Tabla 5.1. Tasas de reasignación de la mano de obra según condición de ocupación, cualificación y grupos de edad – 1990/91-2000/01
Condición de Ocupación Cualificación Edad
Bienio Total Formal Informal No/Semi-Cualif, Cualificados ≤ 30 31-45 ≥ 46
1990-91 79,3 82,0 68,2 78,3 86,1 77,3 84,0 73,7 1992-93 75,9 78,7 67,1 74,9 83,6 73,6 82,3 68,0 1994-95 76,9 79,6 68,9 76,1 84,4 75,7 81,1 70,4 1996-97 73,6 76,4 66,6 72,2 84,2 72,4 78,3 65,5 1998-99 70,8 73,6 63,7 69,1 82,0 70,4 74,8 62,1 2000-01 73,3 76,7 65,9 71,5 84,2 72,5 77,4 66,1 Total 74,8 77,8 66,4 73,4 84,0 73,6 79,2 67,2
Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la PME.
Por grupos de cualificación, se ha dividido a los individuos en dos grupos distintos – no o semi-cualificadosy cualificados. Se observa que la reasignación a una nueva ocupación es una función del grado de educación del trabajador, a pesar de la existencia de evidencias sobre la disminución de la importancia de la educación en la determinación de la renta del trabajo en el país (Menezes-Filho, 2001a).
La Tabla 5.1 también desagrega la efectividad de la reasignación por grupos de edad y muestra que los trabajadores en el auge de su vida laboral, entre los 31 y 45 años, son más eficientes que los jóvenes y los mayores de 45 años para lograr una reincorporación al mercado de trabajo. Entre los mayores, el peso de la salida por jubilación parece ser un factor importante para este resultado, pero de igual forma implica una mayor dificultad para la reintegración que ofrece la edad más alta. Sin embargo, como observa Camarano (2001), existe una alta participación de los mayores de 65 años en la fuerza de trabajo brasileña, incluso después de la jubilación, una vez que la renta del trabajo del mayor representa una importante fuente de renta para las familias más pobres. Con todo, Souza (2002) muestra que la participación de los mayores de 60 años viene disminuyendo en los últimos años, sobre todo después de la aprobación de la nueva ley de seguridad social en 1998, explicando parcialmente la caída del porcentaje de reasignación de este último grupo.
Estos primeros resultados corroboran los argumentos de Barros et al. (1997a) sobre el grado de flexibilidad de asignación de la mano de obra en Brasil, vinculada principalmente con el nivel de educación y en especial prejudicial a las mujeres. Son también una evidencia preliminar que aceita la hipótesis de que la estructura del mercado de trabajo interfiere en los determinantes de la movilidad ocupacional. Las secciones a continuación centralizan esfuerzos sobre los trabajadores que permanecieron empleados en los dos periodos, con el objetivo de investigar más de cerca los cambios de ocupación y sus efectos.