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Natalia Laura Casola

In document El Exilio Del Retorno[1] (página 124-151)

Resumen

El presente trabajo reconstruye la política del Partido Comunista de Argentina (PCA) hacia el exilio argentino durante la última dictadura militar. En primer lugar da a conocer la política hacia adentro del partido y los fundamentos de la decisión de quedarse en el país. Luego resume sus posicionamientos públicos, analiza las disputas y alianzas en el exterior, considerando tanto los vínculos sostenidos con otras organizaciones como también con el Movimiento Comunista Internacional. Finalmente presenta las tensiones que el exilio generó en los militantes frente a la posibilidad de “irse” y luego frente al dilema de “retornar” al país.

Abstract

The present work reconstructed the policy of the Communist Party of Argentina (PCA) to the exile during the last military dictatorship. In the first place it occupies about the policy towards the party and the reasons why they decided to stay in the country. Then it summaries the public positions of the PCA, and analyzes disputes and alliances abroad, considering both sustained links with other organizations as well as with the International Communist Movement. Finally presents the tensions generated by exile between militants against the possibility of "leave" and then face the dilemma of "return" to the country.

Keywords: Communist Party – Exile – Militant,

Presentación

El presente trabajo aborda la problemática de los exilios de argentinos durante la última dictadura militar a partir de un recorte poco explorado: la política del Partido Comunista de Argentina (PCA).

En primer lugar, se da a conocer la política hacia adentro del partido y los fundamentos de la decisión de quedarse en el país. Luego el trabajo resume sus posiciones públicas y analiza las

disputas y alianzas gestadas en el exterior. Finalmente presenta las tensiones que el exilio generó en los militantes frente a la posibilidad de retorno.

Un elemento a subrayar es que este trabajo interviene sobre uno de los numerosos aspectos a estudiar en torno del exilio argentino: sus sentidos, efectos y prácticas políticas. Se trata de reconocer la capacidad de acción de los sujetos frente al terror, contextualizar y periodizar los debates entre “los que se iban” y “los que se quedaban” revisando la óptica de una de las organizaciones que, oficialmente, mandató a sus militantes a quedarse.

En los últimos años la revalorización política de la militancia de los setenta en las narrativas públicas sobre el pasado reciente permitió recuperar la experiencia del exilio argentino en términos de su agencia histórica, contrarrestando la difundida imagen del exiliado como víctima que, sin opción, fue expulsado del país y derrotado política y subjetivamente. Este cambio supuso la recuperación de las experiencias vinculadas a la organización de un entramado internacional de denuncias contra la dictadura militar que acompañó la resistencia de los organismos de derechos humanos dentro del país. Pero, aunque en menor medida, también permitió recuperar los sentidos más específicos que la salida del país tenía en cada organización. El caso más conocido es el de Montoneros y la organización de la “contraofensiva”. Pero estos sentidos diferentes tenían un alcance mayor y explican la resistencia de muchos militantes a pensarse como “exiliados” y su

preferencia por denominarse como militantes que luchaban en el exterior.

De manera que, reconstruir el lugar del Partido Comunista en ese complejo entramado que constituyó el exilio argentino, ayuda a pensar en una experiencia que dialoga entre el adentro y el afuera, pero que oficialmente defendía la perspectiva de que la lucha debía darse en el país.

El PCA participó en el debate político del exilio argentino con una línea específica. Consideraba que al mando de la Junta Militar había quedado el sector “moderado” de las Fuerzas Armadas y que, por el momento, el peligro “pinochetista” quedaba neutralizado.24

En tanto no consideraba que el golpe militar hubiese infringido una derrota decisiva sobre los sectores democráticos, sostenía que no existían razones de peso para promover y organizar la salida del país de los militantes propios y ajenos. Al contrario, en su visión, la retirada de la militancia hacia el exterior debilitaba las posibilidades del “campo progresista” de promover la redemocratización del país y abría la puerta a una eventual toma del poder por parte de los sectores “fascistas” que anidaban en la Junta Militar. Esa caracterización era reforzada por el trato relativamente “privilegiado” que recibieron de la dictadura militar, comparada con la política de proscripción y aniquilación que sufrieron otras organizaciones de la izquierda argentina consideradas “subversivas”. El PCA mantuvo su legalidad y salvo en

24 El término pinochetista hacía alusión al dictador chileno Augusto

operativos y regiones específicas como en la Zona III25, no fue blanco predilecto de la represión. Por esa razón, los comunistas evaluaban que contaban con instrumentos para desarrollar su actividad política dentro del país.

De acuerdo con la caracterización de “gobierno en disputa”, el PCA evitaba calificarlo como “dictadura” y se oponía a las organizaciones que dentro y fuera del país responsabilizaban al régimen militar como un todo por los secuestros seguidos de desaparición y los asesinatos políticos.

Por otro lado, que Argentina no rompiera relaciones diplomáticas y comerciales con la Unión Soviética era un elemento que, desde el punto de vista de la dirección del PCA, confirmaba que la Junta Militar no había tomado la senda del fascismo. En consecuencia, optaban por no denunciar la política de connivencia de los países socialistas con la Junta Militar y al contrario, defendían ese acercamiento como la prueba de la progresividad del ala moderada de los militares contra el peligro de la imposición del pinochetismo.26

25 La Zona III se encontraba al mando de Luciano Benjamín Menéndez y con

sede en Córdoba, tenía jurisdicción sobre Jujuy, Salta, Tucumán, Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca y Santiago del Estero.

26 Durante 1977 la URSS votó tres veces en contra de la inclusión de la

Argentina en la lista de países para ser investigados por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. En 1980, vota nuevamente contra la inclusión de Argentina en el procedimiento de la resolución 1503 y contra la creación un grupo especial cuya función era observar la cuestión de las desapariciones. Por su parte, la Junta Militar procuraba evitar el aislamiento internacional y compartía con los soviéticos, la necesidad de aliados para oponerse a las denuncias internacionales por violaciones a los derechos humanos.

La caracterización sobre la situación internacional partía de una premisa básica: en el conflicto este-oeste, se imponía la defensa de la Unión Soviética como reservorio del socialismo mundial y la denuncia de los Estados Unidos como principal potencia imperialista. Aquello de que “los enemigos de mis enemigos, son mis amigos” podría, en cierto modo, aplicarse a la posición sobre la dictadura argentina, ya que se exageraban tanto las diferencias que coyunturalmente se sostenían con Estados Unidos como los acercamientos con la Unión Soviética. El revés de la fórmula, “los amigos de mis enemigos, son mis enemigos”, explica, al menos en parte, por qué aquellos sectores que se apoyaban en la política exterior de Estados Unidos eran eventuales adversarios con los que el PCA polemizaba.

La asunción de James Carter a la presidencia de los Estados Unidos en enero de 1977 implicó la profundización de la política exterior de los Estados Unidos centrada en los derechos humanos. Esta política estaba fundamentalmente dirigida a denunciar las graves denuncias que recaían sobre la Unión Soviética. Sin embargo para que fuese creíble el gobierno de Estados Unidos debió incluir y mostrar preocupación por la situación de los derechos humanos en los países de su área de influencia. El Partido Comunista no dudó en oponerse a Estados Unidos, denunciar la hipocresía de su política externa y denunciar la supuesta preocupación por los derechos humanos en Argentina como un intento de injerencia imperialista sobre el país.

En los planes del PCA la campaña por la “no injerencia” debía cooperar en el proceso de acumulación de fuerzas a favor de

un bloque político antiimperialista. La expectativa en la evolución progresista de las Fuerzas Armadas seguía operando como el espejismo que justificaba el andar por un camino pedregoso y desierto.

Era en virtud de esa caracterización que el Partido Comunista pensaba que la campaña impulsada por las organizaciones y personalidades en el exilio otorgaba credibilidad a las denuncias formuladas por Estados Unidos. Juntos debilitaban al gobierno “moderado” del general Videla y alimentaban las posibilidades golpistas del pinochetismo.

Esta posición política, inevitablemente entraba en conflicto con el trabajo de denuncia realizado por los militantes y activistas que, dentro y fuera del país, intentaban capitalizar la presión que la principal potencia mundial podía ejercer sobre la dictadura.

El lugar del exilio

Para el PCA, el exilio era sinónimo de derrota. En consecuencia, si la clase obrera y los sectores de la “democracia avanzada” no habían sido derrotados, el exilio carecía de justificación. La salida del país sólo era pensable como un último recurso de supervivencia ya que un éxodo masivo reducía la capacidad resistente de las organizaciones políticas democráticas en su lucha contra el autoritarismo. Por lo tanto, era necesario que el Partido se opusiera y polemizara abiertamente con las

organizaciones que promovían la salida de sus militantes para constituir una retaguardia en el espacio exterior.

La postura asumida por el PCA derivaba de la experiencia histórica acumulada por el partido bajo diversas dictaduras militares, y por su pertenencia a un movimiento internacional que en diversas ocasiones fue derrotado y debió partir al exilio. La memoria histórica, fundamentalmente de la Guerra Civil Española pesaba en la evaluación política sobre las posibilidades que las internas militares brindaban para evitar la derrota a manos del “fascismo”.

Por ejemplo, para José Schulman, militante del partido en Rosario, a pesar de que había sufrido varios atentados en su domicilio de Rosario desde fines de 1975 hasta su detención, irse del país,

…sencillamente no era una opción. No la considerábamos como opción (…) Pero bueno, nosotros, debería decir para hacerte sincero, que nosotros, en aquellos años, nos guiábamos en las cuestiones que tenían que ver con la seguridad por lo que decidía nuestra organización, por lo tanto, no la discutíamos como opción, no estaba… sí éramos conscientes, éramos conscientes de que corríamos peligro, no es que no imaginábamos que había peligro pero sencillamente considerábamos la idea de estar acá sin mucho pensarlo. (Schulman, 2010)

Por los mismos motivos, los militantes comunistas presos, generalmente, rechazaban la posibilidad de salir del país haciendo

uso del derecho a la “opción”27. Se alentaba a los presos a que abandonaran la cárcel sólo si conquistaban la libertad mediante la movilización.

Teniendo en cuenta esta lógica política es comprensible que la relevancia que comenzaban a adquirir las denuncias a la dictadura en la arena internacional no resultara indiferente a la estrategia del comunismo. Desde comienzos de 1977, esta preocupación comenzó a traducirse en reuniones con el Movimiento Comunista Internacional (MCI) y los países socialistas con el propósito de hacer circular su propia versión sobre lo que ocurría en Argentina y preparar las condiciones para la organización de un equipo del partido en Europa.

Los efectos de esa actividad no tardaron en hacerse sentir. La diferenciación respecto de las lecturas de los Montoneros y el PRT sobre la situación argentina, no dejó de alarmar a un sector del comunismo internacional pro-soviético. Un ejemplo de esa reacción lo ofrece la actitud resuelta por el gobierno de Berlín Oriental, que emite un memorando el 8 de abril de 1977 en el que decía:

27 La “opción” es un derecho constitucional (Art. 23) que garantiza que en

caso de conmoción interna, el presidente de la Nación puede otorgar la posibilidad de salir del país a los detenidos a disposición del Poder Ejecutivo. La dictadura militar, al menos durante los primeros dos años anuló ese derecho mediante el decreto 21.338 del 29 de marzo de 1976. Recién hacia 1978 comienza a rehabilitarse aunque quienes podían y/o decidían hacer uso de la opción no podían regresar al país ya que la ciudadanía les era revocada.

No podemos excluir que van a venir solicitudes de asilo individuales a nuestra Embajada. Algunos compañeros dirigentes del PC Argentino pueden ser aceptados cuando se los conozca personalmente. En otros casos, otras personas tienen que ser tratados con la máxima cautela. (Naumann, 1976)

Resulta notable que se distinguiera entre el asilo a militantes comunistas de los de otra procedencia política, dejando en claro que la República Democrática Alemana (RDA) también se hacía eco del supuesto “ultraizquierdismo” de las organizaciones políticas perseguidas por el régimen militar. Efectivamente en ningún caso se abrió la embajada de Alemania del Este a los refugiados. Al contrario, frente a la exigencia de solidaridad de los exiliados argentinos, el Partido Socialista Unificado de Alemania (PSUA)28, el partido del gobierno de la RDA, sólo aceptaba colaborar de manera exclusiva con el PCA.

El Partido Comunista de la Argentina pide que los bienes de la solidaridad sean mandados directamente al PC, de modo que los beneficios se destinarán específicamente al Partido Comunista. (Krause, 1978)

Este último aspecto revela hasta qué punto las relaciones entre los partidos hermanos podía transformarse en un filtro para la organización del exilio en el exterior.

Sin embargo, en Europa occidental el cuadro presentaba matices. Aunque la situación de Argentina fuese difícil de asir para

el progresismo europeo, incluyendo al comunismo, no todos los PC se mantuvieron indiferentes frente a los reclamos de la militancia argentina, aun cuando aquello implicaba desplazarse de las posiciones pro-soviéticas. Indudablemente, el debate en relación al eurocomunismo también se expresaba en el terreno de la solidaridad con los argentinos que podían aprovechar en su favor las diferencias suscitadas. Así habría ocurrido con el Partido Comunista Italiano y el Español, países que se habían transformado en importantes centros de denuncia y sede de residencia desde fines de 1976 de las direcciones de las principales organizaciones político militares: ERP y Montoneros (Bernardotti y Bongiovanni, 2004). Un informe elaborado por la STASI (Ministerio para la Seguridad del Estado)29 de ex República Democrática de Alemania (RDA) y fechado el 16 de febrero de 1977, da cuenta de este comportamiento disímil de los partidos europeos y la repercusión generada en la jefatura del PCA. En él informan que dos dirigentes veteranos comunistas (presumiblemente Oreste Ghioldi y Oscar Arévalo a cargo de la sección de asuntos exteriores), habrían expuesto sus planes para establecerse en Europa al tiempo que elevaban una queja sobre el trato preferencial que el PCI otorgaba a militantes Montoneros. Al parecer, el PCA esperaba que la RDA llamara la atención a los italianos sobre la conveniencia de atender al reclamo argentino.

…A este grupo de la ultra izquierda operante en Italia, pertenecen también representantes Montoneros. Su

líder sería un supuesto Hellman [Juan Gelman], el cual fue expulsado del PCA. Hellman mantiene estrechos contactos con el PCI [Partido Comunista Italiano], y es apoyado por ellos así como por la embajada cubana en Roma. La aguda protesta pronunciada por el PCA, ha quedado por el PCI largamente sin responder. Repetidas interpelaciones del PCA le fueron ya comunicadas, se va a respetar la opinión del PCA. En este asunto planea el PCA también charlas con el compañero cubano en la Habana. Esto es para asegurar que Cuba deje de apoyar a los Montoneros en la Argentina y en el extranjero. (Ministerio de Relaciones Exteriores de la RDA, 1977)

La mención especial a la expulsión de Juan Gelman del Partido, al parecer, daba argumentos adicionales acerca de lo inconveniente que resultaba el buen trato que los italianos daban a los Montoneros. Si el PCA había expulsado a Gelman, sus buenas y serias razones tendría; ese solo hecho debía suscitar desconfianza y precaución.

Sin embargo, el PCI desconfiaba de los exiliados argentinos y de su actividad guerrillera tanto como el resto del espectro político de Europa cuya lectura sobre la situación en Argentina se asemejaba más a la del PCA que al de cualquier otra organización de la izquierda argentina (Franco, 2008; Jensen, 2004).

Específicamente en relación a Montoneros, la dirigencia del comunismo italiano no alcanzaba a comprender la ubicación ideológica de la organización y temía por los contactos que la guerrilla pudiera establecer con el Movimento Sociale Italiano (MSI) de raíz neo-fascista. Pese a esto, desde 1977 la relación con

Montoneros como con el PRT parece haber sido similar: cierta distancia oficial y una fuerte solidaridad de base.

En este contexto, la preocupación que suscitaba en el PCA las relaciones entre los comunistas europeos y las organizaciones argentinas los llevó a planificar el envío de una misión de trabajo a Europa. El mismo informe elaborado por la STASI revela que en esa reunión,

… se hizo conocer, quiere formar el PCA un pequeño y efectivo grupo de trabajo en Italia, que tenga la tarea de establecer un punto de apoyo con la ultra izquierda Argentina en Italia. (…) [ y la preparación de una] conferencia [para] la coordinación de medidas contra los efectos de las fuerzas argentinas de ultra izquierda en Europa occidental, así como el ensanchamiento y conducción de una campaña de solidaridad y la edición de un periódico boletín sobre los acontecimientos y desarrollos en Argentina. (Ministerio de Relaciones Exteriores de la RDA, 1977)

Efectivamente, a partir de marzo de 1977 el Comité Central del PCA decide enviar a Italia a Enrique Gigena, veterano dirigente del gremio ferroviario de Rosario, cesanteado desde 1976, como representante del Partido y de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH).30 Durante todo ese año, Gigena se dedica a prepararse y familiarizarse con el trabajo de sus compañeros en la

30 La LADH fue el primer organismo de derechos humanos de Argentina.

Fundado en 1937 en el contexto de las luchas antifascistas, fue orientado desde siempre por dirigentes del Partido Comunista a pesar de la pluralidad política de sus comisiones directivas.

LADH. En diciembre de 1977, parte a Italia con el propósito de organizar allí y en España un equipo de trabajo que respondiese a la línea partidaria. La elección de Gigena como cuadro principal del comunismo argentino en Europa estaba ligada tanto a su experiencia como organizador del partido como por su pertenencia al Comité Central (C.C.), rol que le permitía debatir en paridad con las direcciones del resto de las organizaciones argentinas y con los partidos comunistas europeos.

El debate con el exilio europeo derivaba de las profundas diferencias políticas sobre la situación en Argentina. Para el PCA, las chances de una salida democrática dependían de la acumulación de fuerzas de las que fuesen capaces los sectores progresistas dentro del país. Por lo tanto, el exilio en masa provocaba desprotección entre quienes quedaban, y en consecuencia, el debilitamiento de cualquier reclamo democrático. Pero no era el único motivo de polémica con las organizaciones en el exilio. Los

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