2. MARCO TEÓRICO
2.5. ESTILOS DE APRENDIZAJE Y ESTILOS DE ENSEÑANZA
2.5.3. La necesidad de identificar y utilizar los estilos de aprendizaje
Diversos autores señalan la importancia de analizar los estilos de aprendizaje en los
contextos de formación presencial. GREEN (2002) sostiene que conocer y usar los estilos
preferidos de los estudiantes, ayuda a seleccionar los métodos adecuados de aprendizaje y, así, ampliar las posibilidades de un aprendizaje efectivo. Es un elemento importante para conocer el perfil del estudiante, lo que aumenta su motivación, mejora
su autoconcepto y acrecienta la sensación de logro. En este sentido, ALLINSON y HAYES
(1996), llegan a afirmar que los estilos de aprendizaje pueden ser el más importante determinante del logro educativo de una persona.
Prosiguiendo con los beneficios que aportan para el estudiante, PINILLA et al. (2001)
señalan que los estudiantes que son más conscientes de su estilo de aprendizaje hacen
mejor uso de sus oportunidades para aprender. Las investigaciones de RIDING y RYNER
(1995), RAYNER y RIDING (1997) y SAARIKOSKI et al. (2001), evidencian que presentar la
información mediante distintas perspectivas conduce a un aprendizaje más efectivo,
confirmando la relación entre estilos de aprendizaje y rendimiento académico. GÓMEZ
DEL VALLE et al., (2003) también comparten la opinión de que con su utilización puede
comenzar a eliminarse la dicotomía aprobar-aprender, fuertemente instalada en la
de forma más efectiva cuando se les enseña tomando en consideración su estilo de aprendizaje predominante. En la práctica, esto se traduce en que hay que ayudarles a encontrar sus estilos preferidos y el profesorado debe diseñar actividades que permitan cubrir las variables de los distintos estilos.
Las diversas teorías cognitivas acerca del aprendizaje de autores como PIAGET, BRUNNER,
AUSUBEL y GARDNER tienen en común la importancia que asignan a las diferencias
individuales para, a partir de ellas, guiar o facilitar el aprendizaje asumiendo conceptos como el de inteligencias múltiples, constructivismo, aprendizaje significativo o aprendizaje por descubrimiento. Del mismo modo, la UNESCO (1994) concibe que para aprender a aprender es necesario el conocimiento del propio estilo de aprendizaje. El reconocimiento de los estilos de aprendizaje se relaciona con las dinámicas sociales que se desarrollan en constante interacción, es decir, tener en cuenta los estilos de aprendizaje en los contextos educativos aumenta la comunicación entre los participantes. Los modelos pedagógicos actuales, centrados en teorías cognitivas y socioculturales, demandan nuevas concepciones, relaciones y acciones en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Es necesario pasar de la exclusiva transmisión de saberes a la construcción del conocimiento, que tiene en cuenta los avances científicos de las diferentes disciplinas, así como el contexto socioeconómico.
Este proceso dinámico de construcción del conocimiento exige un análisis en el que se tengan en consideración las estrategias cognitivas y metacognitivas de los estudiantes, sus estilos de aprendizaje, los contenidos, la orientación educativa y la motivación, entre otros aspectos. A partir de los análisis anteriores y de la observación e interacción pedagógica, se evidencia que la construcción del conocimiento no sucede por igual en todos los estudiantes. La experiencia educativa permite observar las diferencias individuales en el aprendizaje, que hacen que cada estudiante, debido a diversos factores biológicos, psicológicos o culturales, interactúa de manera distinta con la información que se le presenta, utilizando distintas estrategias que, en ocasiones, difieren con las que el docente utiliza o con las exigencias del currículum.
Otros factores no menos importantes, como la motivación hacia el aprendizaje, las actitudes frente a los compañeros y docentes, la aceptación y el reconocimiento de sus limitaciones y la potenciación de sus habilidades, justifican la investigación en la mejora de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Las teorías de etilos de aprendizaje explican por qué estudiantes que comparten el mismo ambiente de aprendizaje pueden aprender de manera diferente.
En relación a la importancia de enseñar en conformidad con el estilo del alumno, FELDER
(1996) señala que, para que los estudiantes desarrollen sus capacidades, además de en su estilo preferido, también hay que enseñarles en aquellos con los que no se identifican.
su estilo en mayor medida y no al revés, asumiendo que la forma en que ellos aprenden no es necesariamente la mejor manera para sus estudiantes.
No es fácil acomodarse a las preferencias de los estilos de aprendizaje de todos los
estudiantes, pero como demostraron las investigaciones de CLEMONS (2004), tomar en
consideración las distintas modalidades de aprendizaje aumenta el rendimiento académico. Por ello, los educadores deben analizar su modalidad de aprendizaje para evitar presentar la información buscando la propia comodidad e ignorando las
preferencias de los estudiantes. LEMMON (1982) y DUDA y RELY (1990) los defienden como
instrumento para obtener un mejor rendimiento académico, ya que sirve de ayuda para adaptar el estilo de enseñanza del profesorado.
Para MURUA (2005) conocer los estilos de aprendizaje puede ofrecer una valiosa
información para el diseño de actividades en aspectos como la selección de materiales educativos, la forma de presentar la información, las diversas metodologías, la creación
de grupos de trabajo o los procedimientos de evaluación. Por su parte, LOCHART y
SCHMECK (1983) resaltan que permiten diseñar métodos de evaluación más apropiados
para comprobar el progreso de los estudiantes.
El modelo pedagógico cognitivo cultural, concibe al docente el rol de tutor u orientador para que, teniendo en cuenta las diferencias de aprendizaje de los estudiantes y de acuerdo con sus experiencias, diseñe estrategias que se ajusten a los estilos y, a su vez, les permita perfeccionar su proceso individual de aprendizaje. Para ello debe entender este como un proceso dinámico, interactivo, reflexivo y promotor de experiencias significativas, sin dejar a un lado el importante aspecto socio-afectivo. Es así como el docente trasciende también su rol tradicional para convertirse en tutor u orientador. Para la psicología cognitiva actuar con estilos de aprendizaje significa entender al estudiante como constructor de su conocimiento mediante procesos que pueden ser estimulados. El docente debe proceder como orientador, seleccionando y organizando las situaciones problemáticas, desarrollando competencias cognitivas y socio afectivas, que, a su vez, desplieguen los estilos de aprendizaje predominantes y estimulen aquellos en los cuales se tienen dificultades. Se lograría así una experiencia de aprendizaje más grata y motivadora, pues, en ella, el estudiante identificará su propio estilo de aprendizaje.
SALAS (2005) insiste en que lo primero que debe hacer un docente orientador, tutor, si
quiere desarrollar adecuadamente su función, es comenzar por explorar sus propios estilos, pues enseñando en base a ellos estará favoreciendo a unos estudiantes y perjudicando, en cambio, a muchos otros. De este modo, si el docente se interesa por establecer los perfiles de estilos de aprendizaje del alumnado, será capaz de adaptar sus estrategias de enseñanza y los materiales que elabore a sus características, consiguiendo múltiples beneficios. Por una parte, conferirá al alumnado un carácter de
sujeto activo y motivado en su proceso de aprendizaje, dos elementos fundamentales para disminuir las tasas de abandono y fracaso y, por otro, facilitará la adquisición del conjunto de competencias que debe poseer al finalizar sus estudios.
Identificar los estilos de aprendizaje, para CEBALLOS y ARRIBAS (2003), posibilitará la
determinación del método docente más acorde a seguir y contribuirá a desarrollar las condiciones que influyen más favorablemente en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
JIMÉNEZ (2009) afirma que su conocimiento puede ayudar en el diseño de programas
educativos individualizados que permitan al estudiante adaptarse a diferentes
ambientes. En este argumento, BAHAMÓN (2006) y ALONSO (2001) contextualizan que es
responsabilidad de los docentes ayudar al alumnado a descubrir su estilo y a aprender a adaptarlo a las experiencias de cada situación.
Las distintas teorías de los estilos han suscitado el interés de quienes buscan nuevas propuestas educativas que atiendan a la diversidad y a la enseñanza individualizada, ya que otorgan la posibilidad de describir y estudiar las diferencias individuales en relación a la percepción, la personalidad, el procesamiento y la estructuración de la información.
Para CANO y JUSTICIA (1993) atender a la diversidad de los estudiantes permite a estos
desarrollar los puntos fuertes de su estilo, conocer sus inseguridades para poder controlarlas, adquirir confianza para poder adaptarse a las características de grupos heterogéneos y aprender a apreciar y a respetar a quienes tienen estilos diferentes.
NORTHON-GÁMIZ (2005) concluye que la detección de los estilos de aprendizaje no solo es
un objetivo de los docentes sino una necesidad, ya que la sociedad global requiere de personas capaces de resolver los problemas que se presenten en el entorno social, individual y familiar.