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Neodarwinismo, bebés cyborg y eugenesia

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Cyborgs y consumo

5 Neodarwinismo, bebés cyborg y eugenesia

Si entendemos la revolución agrícola en términos de la extensión del brazo por la herramienta y la revolución industrial en términos del incremento del poder y la destreza del cuerpo humano al unirlo a máquinas complejas, entonces lo que sigue sería que la revolución postindustrial se definiera en términos de la extensión de nuestra mente por las tecnologías de la información. KATHLEEN WOODWARD

Una cosa es mejorar la manera en que hacemos algunas tareas mentales y otra muy distinta es lo que afirman algunos profetas del pancapitalismo y otros tecnoentusiastas, que quieren hacernos creer que el hombre no ha evolucionado únicamente en lo cultural, sino también en lo biológico. Si bien podemos aceptar que la tecnología es la continuación de la evolución por otros medios, la transformación del ser humano en posthumano comentada en el capítulo anterior no tiene nada de darwiniana, en el sentido de que no es el resultado de lentos cambios que tengan lugar a través de numerosas generaciones a causa de fenómenos aleatorios o de contingencias ambientales, sino un proceso orientado por las ficciones hollywoodenses y dirigido a responder a los intereses de la sociedad globalizada pancapitalista, la cual cree en esa malograda colección de ideas y prejuicios que ha dado en llamarse darwinismo

social y que consiste en adaptar y aplicar las reglas de la evolución de la naturaleza a las transiciones de la cultura.

Desde el siglo XIX han aparecido varias filosofías e ideas

pseudocientíficas que han tratado de justificar prácticas

segregacionistas, genocidas y eugenésicas. Thomas Malthus sostuvo que la mano de Dios se encargaría de eliminar el excedente humano a través de hambrunas, epidemias y catástrofes naturales. Sin intervención de la humanidad, la naturaleza haría el trabajo sucio de purgarla y liberarla de sus especímenes «no aptos». Estas ideas fueron complementadas por el positivista británico Herbert Spencer, quien creía que los más fuertes y aptos eran elegidos naturalmente por el ámbito social. Spencer preparó la disposición ideológica para que se aplicaran modelos de selección social como política de Estado durante la década de los veinte en Estados Unidos, en forma de políticas de inmigración y de tratamiento de los deficientes mentales, así como en la Alemania nazi, donde los ideales de pureza racial dieron lugar a la «solución final», entre otras tortuosas fantasías criminales.

En 1910 se estableció la Eugenics Record Office (ERO) en Cold Spring Harbor, Long Island, laboratorio que se convirtió en el eje internacional del movimiento eugenésico. Entre las actividades del ERO estaban la organización de concursos para las «familias más aptas», programas de estímulo para la reproducción de los mejores ejemplares, campañas antiinmigratorias en contra de los no anglosajones, además de campañas de esterilización para los «inferiores mentales». En 1927, la Suprema Corte de Justicia estadounidense sostuvo el derecho de los estados para esterilizar por la fuerza a los «débiles» y «deficientes mentales». Dicha ley sigue vigente y se sustenta en la afirmación de que el derecho constitucional de un individuo a la procreación puede subordinarse a los intereses superiores de la sociedad para impedir que ciertos genes se preserven. En algunos estados, como Carolina del Norte, se aprobó una ley que autoriza a ciertos funcionarios públicos la esterilización obligatoria de las personas con «retraso mental» que están a su cuidado.

Al aplicar el ambiguo concepto de «la supervivencia del más apto» al contexto social, las clases poderosas no se refieren a un concepto evolucionario sino a una estrategia ideológica. La dinámica de la cultura, a diferencia de la naturaleza, no funciona de manera accidental ni ciega, sino que está estructurada por otros factores, en particular por la distribución del poder. Aunque es un hecho que la tecnología nos ha cambiado de manera profunda, la humanidad no ha evolucionado prácticamente nada en lo que concierne a lo biológico en los últimos 10 000 años; por lo tanto, es absurdo pensar que la evolución haya desempeñado algún papel considerable en los 200 años que han transcurrido desde la revolución industrial.

Los experimentos eugenésicos de comienzos de la era moderna que tuvieron lugar y florecieron en algunas naciones industrializadas consistían fundamentalmente en esterilizaciones obligatorias, reproducción selectiva e institucionalización del asesinato en función del bienestar colectivo. Estas prácticas fueron suprimidas casi en su totalidad tras la culminación de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, todos los gobiernos del planeta rechazaron y denunciaron la eugenesia, no tanto porque las élites estuvieran convencidas de que se trataba de una práctica grotesca, sino en buena medida como una forma de distanciarse de las políticas inhumanas (pero sobre todo derrotadas) de los regímenes fascistas. Pero la fascinación por la eugenesia nunca desapareció del todo y no es exagerado asegurar que en la cultura contemporánea hay señales de que esta filosofía reposa en animación suspendida, esperando que las condiciones sean las adecuadas para volver a saltar a escena. Dos ejemplos de esto son, por una parte, la mencionada campaña que trata de convencer a grandes sectores de la población de que han quedado irremediablemente retrasados en la carrera tecnológica, rebasados por océanos de información y por habilidades que no podrán adquirir, por lo que quedarán marginados en la nueva era cibernética, y, por otra parte, la reintensificación de las guerras de purificación étnica, religiosa, racial en diversos lugares del mundo,

de los Balcanes a Ruanda, del Tíbet a Timor, del Caúcaso a Palestina y de Cachemira a Zimbabwe.

«La eugenesia es el complemento perfecto del imperativo político económico capitalista de control autoritario a través del incremento racionalizador de la cultura», escriben los autores anónimos del Critical Art Ensemble [Flesh Machines, p. 136]». Es de esperar que cuando llegue la siguiente oleada eugenésica se empleen técnicas novedosas, efectivas y fulminantes que seguramente se aplicarán de manera distinta. También es previsible que en vez de que los gobiernos impongan políticas eugenésicas, se les den a los pueblos las herramientas para que ellos mismos las apliquen y exijan que se respeten. Es decir, la eugenesia deberá desarrollarse como una propiedad naciente de la cibersociedad y de esa manera dejará de ser percibida como una práctica monstruosa. Un ejemplo de una técnica eugenésica que ha sido asimilada por la cultura es la prueba de la amniocentesis. Este análisis sirve para detectar de manera temprana, entre los tres y los cinco meses de embarazo, las posibles anormalidades en los cromosomas, así como otros defectos genéticos y congénitos del feto. Se trata de una operación quirúrgica que consiste en obtener una muestra del líquido amniótico del útero mediante una perforación transabdominal con una aguja. En algunos países la amniocentesis se realiza de manera rutinaria en todos los embarazos problemáticos, y cuando la madre tiene cuarenta años o más, pero la tendencia es realizar la prueba de manera universal, sin importar las condiciones individuales del parto o de la madre. Si bien un aborto es considerado inmoral en muchos lugares, abortar un feto con deformidades es aceptable para gran parte de la gente.

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