¿Recuerda que el equipo de seguridad se veía obligado a mantenerse a base de café y donuts? A veces parece que la cafeína y el azúcar son una forma fácil de dotarse de energía cuando se está cansado o estresado. Sin embargo, ambos productos lo que hacen es en realidad agravar el problema, además de inhibir las defensas inmunitarias. Así pues, durante los primeros 30 días de aplicación del método Myers es conveniente prescindir de la cafeína y el azúcar, con objeto de dar al apesadumbrado equipo de seguridad el apoyo que necesita. Una vez que el sistema inmunitario se haya reforzado los suficiente es posible reincorporar a la dieta pequeñas cantidades es estas dos sustancias, aunque personalmente yo procuro evitarlas siempre y muchos de mis pacientes también lo hacen.
AUTOTOLERANCIA
Al decir que para estar sano es necesario experimentar «autotolerancia», no me refiero al estado de autoaceptación psicológica (en cualquier caso muy importante), sino al mecanismo a través del cual el sistema inmunitario tolera los elementos del propio cuerpo.
La autoinmunidad se produce cuando las defensas inmunitarias pierden la capacidad de autotolerancia y comienzan a atacar a los tejidos del propio cuerpo. Si se padece tiroiditis de Hashimoto, el sistema inmunitario ataca a la glándula tiroides; cuando se sufre esclerosis múltiple, el ataque se centra en las vainas de mielina que recubren las interconexiones neuronales del cerebro y la médula espinal, y si la afección que se padece es la polimiositis, el ataque se dirige a los músculos. Cuando el sistema inmunitario pierde el control, hay que resignarse: se sufre una enfermedad autoinmune para la que no existe cura.
Por fortuna, sí hay, en cambio, un tratamiento que resulta eficaz. Es posible poner coto a la inflamación crónica aliviando por diferentes medios la carga que el sistema inmunitario soporta. Cuando las defensas dejan de recibir tantos factores estresantes, recobran su autotolerancia y cesan sus agresiones contra el propio organismo. En la explicación científica completa del proceso está implicado el timo, órgano con capacidad para producir, regular y equilibrar los linfocitos T.
No obstante, cuando los niveles de inflamación se elevan de nuevo, se vuelve a instaurar el desajuste, como en la ocasión anterior. Los anticuerpos vuelven a confundir los propios tejidos con los de un agente invasor, se pierde nuevamente la autotolerancia y regresan los síntomas.
Ese es el motivo por el que, con independencia de la ubicación que se ocupe en el espectro, el método Myers debe seguirse de manera continuada, en tanto que mantener bajos niveles de inflamación es la única forma de protegerse uno mismo. Una vez que se ha conseguido tener un tubo digestivo sano, prescindir de los medicamentos y la remisión de los síntomas, hay cierto margen para permitirse alguna excepción de vez en cuando tomando, por ejemplo, huevos, verduras y hortalizas solanáceas (patatas, tomates, pimientos, berenjenas y otros), y, ocasionalmente, alguna bebida alcohólica o con cafeína, e incluso algún producto de bollería libre de gluten y de derivados lácteos. Tras completar los treinta primeros días del seguimiento del método Myers, en mi página web es posible consultar un capítulo adicional en el que se especifica el modo de determinar qué alimentos se pueden volver a tomar y cuándo hacerlo. No obstante, considerando el alto poder inflamatorio del gluten y los lácteos, y que el primero origina muchos otros problemas, es recomendable que la evitación de estos dos tipos de alimento sea completa y se haga extensiva al 100% del tiempo.
Eso es lo que le dije hace poco a una paciente a la que le costaba asimilar la idea de tener que dejar de tomar alimentos que le resultaban familiares. Aunque aceptaba que su salud dependía de que adoptara o no la nueva dieta, mostraba inquietud, si no cierta forma de pánico, ante la perspectiva de tener que seguir una dieta a base de
alimentos que nunca había tomado.
«Comprenda», le dije, «que ahora padece un síndrome de intestino permeable. Es como si un dique hubiera cedido y lo estuviéramos reconstruyendo ladrillo a ladrillo. Si ahora toma un muffin sin gluten o unos huevos revueltos, será como si echara abajo los pocos ladrillos que hemos conseguido recomponer».
«Es probable que pronto, dentro de un par de meses, o tal vez algo más, hayamos conseguido que el estado de permeabilidad de su intestino se haya corregido, que sus síntomas hayan remitido y que haya abandonado el uso de medicamentos. Entonces su intestino estará mucho más fuerte y podrá tomar algo de quinua, una tortilla o incluso uno de esos muffins sin gluten. Probablemente eso vuelva a derribar algunos ladrillos, pero en esas condiciones nos será fácil reponerlos sin demasiados problemas. Por supuesto, incluso en ese estado, si vuelve a tomar gluten el dique volverá a ceder y deberemos empezar de nuevo desde cero. Sin embargo, en esas condiciones debe ser capaz de tolerar una mayor variedad de alimentos de manera segura.»
Realmente ayudé a que esa paciente visualizara los ladrillos de los que le hablaba. Le satisfacía pensar en que podría fortalecer su intestino y hacer frente a nuevos desafíos, aunque comprendía que su tolerancia a los tales retos no era ilimitada. En cualquier caso, le complacía realizar ese «trabajo de reparación», siendo consciente de que era parte de un proceso que la ayudaría a salir adelante.
En definitiva, la buena noticia es que la inflamación crónica puede superarse, dejando el camino expedito hacia la consecución de una buena salud sin condicionantes. Una vez que su tubo digestivo esté sano y que su sistema inmunitario haya encontrado el equilibrio, algunas de las indicaciones del método Myers pueden relajarse. Sin embargo, el primer paso consiste en seguir la dieta de manera estricta durante treinta días. Solo un completo cumplimiento al 100% arrojará los estimulantes resultados que desea y que merece.