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Nosotros somos nuestros propios enemigos

In document La Solucion Autoinmune -530 (página 58-61)

¿Cómo actúa la autoinmunidad?

UNO DE LOS PEORES CONDICIONANTES de una dolencia autoinmune es el hecho de

sentir algo así como si una presencia extraña se hiciera cargo del control de nuestro cuerpo. Sin saber de qué modo, nos sentimos ocupados por una fuerza misteriosa que nos hace estremecer y sentir dolor, pánico y debilidad, y experimentar enrojecimiento de la piel, trastornos del sueño y falta de concentración, por no mencionar la sobrecogedora fatiga, la niebla cerebral —expresión recientemente acuñada para designar los estados prolongados de confusión, aturdimiento y falta de memoria y capacidad de concentración— o la extrema debilidad muscular.

Nunca me he sentido tan fuera de control como cuando me enfrentaba a la enfermedad de Graves. Y esa misma aterrorizada confusión puedo observarla en muchos de los pacientes que acuden por primera vez a mi consulta. Ya es bastante malo encontrarse débil, mareado y agotado. De acuerdo, así se encuentra cualquiera que tenga la gripe, pero en ese caso sabe que puede superarla y volver a su vida anterior sin mayor problema. Pero cuando se padece un trastorno autoinmune, si un médico le ha transmitido al paciente la perspectiva que de ella se tiene en la medicina convencional, este se siente como si la enfermedad es la que hubiera tomado el control de los acontecimientos, como si fuera ella, y no uno mismo, quien decidiera el propio futuro. ¿Puede ir de vacaciones con su familia? Hay que preguntarle a la enfermedad. ¿Puede hacerse responsable de un determinado encargo en el trabajo? Depende de la enfermedad. ¿Puede inscribirse en la universidad para estudiar medicina o derecho, tomar un «año sabático» para viajar a Nepal, decidir fundar una familia o entrenarse para competir en un triatlón? Es la enfermedad la que decide, puesto que, una vez que se padece este misterioso trastorno, ya nunca pueden controlarse el propio nivel de energía, la propia capacidad de concentración, el propio bienestar emocional. Es posible que se encuentre bien en 1 mes o 2; incluso podría encontrarse mejor que ahora, si esos nuevos fármacos actúan como se supone que deben actuar, si no producen nuevos efectos secundarios, si el estrés asociado a los viajes, al exceso de trabajo o a tener un hijo no desestabiliza su ya de por sí temperamental sistema inmunitario, si no contrae otra infección o cualquier otro tipo de trastorno. Su vida puede continuar de modo más o menos satisfactorio, o no. Hay que preguntarle a la enfermedad.

Aun en el caso de que se padezca una afección poco discapacitante, como la psoriasis, la tiroiditis de Hashimoto o el síndrome de Sjöogren, la idea de que el propio organismo nos está destruyendo es de por sí un pensamiento desmoralizante. Súbitamente, el sistema inmunitario parece haberse convertido en un elemento adulterado, que ataca a la propia piel, a la tiroides, a las membranas mucosas o a cualquier otra parte vital de la propia anatomía. Cuando se padece una afección relativamente leve, se sabe al menos que se podrá mantener una vida similar a la anterior, que se podrá viajar, estudiar o promocionarse profesionalmente, que, con el paso del tiempo se podrá llegar a jugar con los nietos o a celebrar las bodas de oro. Pero en lo más profundo de la mente siempre está arraigado el sentimiento de que se padece una alteración médica permanente que durará toda la vida y que nunca podrá revertirse, tan solo regularse o tratarse. Algo ha ido mal y, como la perspectiva de la medicina convencional indica que la razón de ello está en los genes, no se ha podido hacer nada para impedirlo y, por añadidura, tampoco es posible evitar que se presente una nueva enfermedad, potencialmente más grave que la anterior. O cabe la posibilidad, también, de que la enfermedad presente se agrave, sin que se pueda hacer nada para prevenirlo. Aun en el caso de que los síntomas de la afección no sean demasiado intensos, la sensación de impotencia está siempre presente.

Quienes se encuentren incluidos en el espectro autoinmune han de hacer frente a un problema adicional. No solamente tienen que soportar una serie de alarmantes síntomas que les hacen sentirse fuera de control; lo más probable es que carezcan de un diagnóstico establecido por la medicina convencional que explique qué es lo que les sucede. Si no sabe qué es lo que le afecta o cuál es el motivo de sus problemas, ¿cómo puede hacerse cargo de su salud y, por lo demás de su vida? ¿De qué modo puede evitar que sus síntomas se agraven o, lo que es aún más difícil, conseguir que mejoren? Si a un médico dedicado a la medicina convencional se le pregunta «¿Hay algún medicamento que sirva para mis síntomas?», «¿Durante cuánto tiempo tengo que tomarlo?», «¿Qué se puede hacer si un fármaco deja de funcionar, como ha pasado otras veces?», o «¿Hay algo que pueda hace para mejorar mi estado?». No se suele obtener una respuesta convincente. Estar enfermo ya es suficiente. Sentir que unos misteriosos síntomas sin nombre se han adueñado de la situación es absolutamente insufrible.

Mi deseo es que el poder vuelva a sus manos. Y, desde mi punto de vista, el poder radica en primer lugar en el saber. Por consiguiente, quisiera impartir una breve lección de conocimiento científico, muy simplificada pero útil para explicar el modo en el que funciona el sistema inmunitario, de modo que le sea posible comprender con exactitud que es lo que está sucediendo en su cuerpo. Esta explicación del problema también lleva implícito el germen de la solución al mismo, puesto que, una vez que comprenda e interprete la información que se expone en el presente capítulo, será capaz de conocer el motivo por el que el seguimiento de mis recomendaciones dará lugar a la gradual inversión de sus síntomas., servirá para prevenir su agravamiento y ofrecerá la oportunidad de acceder a un nuevo nivel de salud y vitalidad.

La clave consiste en contemplar el propio cuerpo como un amigo, no como un enemigo y un saboteador. Pero, ¿cómo es posible conseguirlo sin conocer qué es lo que hace el organismo y por qué responde como lo hace? La lectura de este capítulo resolverá el problema. El conocimiento de nuestra fisiología nos capacita para reforzar y prestar soporte a nuestros sistema inmunitario y para poner fin a los síntomas, abandonar el uso de medicamentos y recuperar la salud.

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