Fuente: GATT (1992).
NORTEAMERICA EL ACUERDO Y LA ENTIDAD
El ALCAN, suscrito por los presidentes Bush y Salinas y el Primer Ministro M ulroney el 17 de diciembre de 1992, es un documento que tiene por objeto reducir las barreras comerciales a distintas velocidades en diferentes sectores. El acuerdo entrará en vigencia en enero de 1994, pero se implementará en un lapso de quince años para que las industrias "sensitivas" y las granjas tengan tiempo adicional para adaptarse a los efectos del aumento de la competencia. El ALCAN fue innovador en varias áreas, incluyendo la promoción de la unificación de normas de contaminación ambiental, la eliminación de cuotas para textiles y ropa, la creación de libre comercio en servicios (incluyendo la extensa área de las telecomunicaciones y el mercado de los seguros), y la garantía del acceso al mercado agrícola total, aunque luego de un lapso de transición de quince años.18
II. 1. El Acuerdo
El ALCAN provee la eliminación progresiva de todos los aranceles, aunque la m ayoría serán eliminados en un lapso de cinco años. Normas de origen estricto evitarán la utilización de M éxico como plataforma de exportación. En agricultura, los tres gobiernos acordaron eliminar todos los cupos y las restricciones cuantitativas, así como el 50 por ciento de los aranceles en 1994. En algunos casos, los aranceles se reemplazarán por cupos conforme a la tasa arancelaria. El acuerdo relaja la m ayoría de las restricciones a la inversión, excepto en el sector energético en M éxico y en el sector cultural en Canadá, y establece un régim en avanzado para la protección de los derechos de propiedad intelectual. Para tratar las disputas, se establece la Comisión Norteamericana de Comercio.
Dado que el poder legislativo en México, es dominado por el PRI, y que Canadá, tiene un régimen parlamentario, el resultado del debate era inevitable. El Congreso de los Estados Unidos se convirtió en el principal foro para tratar el ALCAN, especialmente debido a la agenda social, política, ambiental y económica que quedó fuera del acuerdo. Desde la primavera de 1991, cuando el Gobierno de Bush solicitó la facultad de negociación rápida mediante la ratificación del acuerdo, daba la impresión de que Estados Unidos introducía la agenda m ás amplia, pero lo que ocurrió en realidad es que grupos de los tres países utilizaban este foro para tratar temas compartidos. Posteriormente Bill Clinton incorporó estos temas.
18. Para un análisis detallado del tratado y de su impacto estimado, ver Robert A. Pastor, Integration with México, capítulo 3.
Liberalizadon del com erdo en e l Hemisferio O cddental
Esta agenda social, ambiental y política ampliada refleja un cambio en las actitudes públicas en los tres países de Norteamérica. Ronald Inglehart, de Estados Unidos, N eil Nevitte, de Canadá, y Miguel Basañez, de México, realizaron estudios en los tres países a comienzos y finales de la década de 1980 y encontraron que las actitudes no sólo son similares, sino que han convergido en una forma que hace más posible la integración.19 En los tres países, las actitudes del público apoyan m ás y m ás la liberalización política, la política económica de mercado libre pero no de laissez-faire, y una alta prioridad a la
autonomía y la autoexpresión en todas las esferas de la vida. Los autores consideran que la principal causa de la convergencia de los sistemas de valores es que en los tres países la juventud está mejor educada y más influenciada por las comunicaciones mundiales: "El nacionalismo estricto que había dominado desde el siglo X IX gradualmente deja lugar a un sentido de identidad m ás cosmopolita".20
A unque esté emergiendo una orientación norteamericana, los pueblos de los tres países retienen cierto localismo. La clave para tratar la agenda presente y futura consiste en reconocer que tanto los impulsos internos como los externos están en un equilibrio delicado y que las palabras y acciones de un país pueden reforzar su imagen en otro. Cuando un político de los Estados Unidos expresa
públicamente los temores de los californianos ante las olas masivas de inmigrantes, tales arengas se oyen en la Ciudad de M éxico y los políticos de esa ciudad probablemente jugarán con las inseguridades de sus compatriotas respecto a ser tratados injustamente por los Estados Unidos. Algunos m exicanos podrían quejarse ante la posibilidad de que las corporaciones estadounidenses absorbieran sus industrias e insistir en que su gobierno evite la pérdida de la identidad mexicana. Tal xenofobia no es en ningún modo exclusiva de México; la reacción de los estadounidenses ante las adquisiciones japonesas es esencialmente idéntica. El punto consiste en que los temores de un país refuerzan los temores del otro. A m enos de que los líderes o instituciones se interpongan entre este ciclo de tem or y describan las causas de esperanza, siempre existe la posibilidad de un retroceso de la integración.
Las teorías desarrolladas basadas en la experiencia de Europa Occidental sugieren que el aumento de la interacción económica no lleva a la integración o comunidad política a menos que haya un aumento
en la confianza: experiencias compartidas que refuercen los sentimientos positivos recíprocos.21 Las encuestas en Norteamérica indican que existe un alto nivel de confianza entre Estados Unidos y Canadá, un nivel levemente inferior de estos dos países respecto a México y que es m ás probable que los mexicanos desconfíen de los estadounidenses. Sin embargo, la experiencia europea m uestra que la desconfianza puede erosionarse, tal como sucedió entre Francia y Alemania entre las décadas de 1950 y
1970 basándose en el trabajo conjunto de la Comunidad Europea.
19. Ronald Inglehart, Neil Nevitte y Miguel Basañez, Convergence in North America: Closer Economic, Political and Cultural Ties Between the United States, Canada and Mexico, manuscrito, 1992.
20. Inglehart, Nevitte, Basañez, Convergence, capítulo 1, p.l.
21. Ver particularmente, Karl W. Deutsch, et al., Political Community and the North Atlantic Area (Garden City, New York: Doubleday, 1968).
Robert A. Pastor
En el caso de Norteamérica, las experiencias históricas nacionales hicieron que tanto Canadá como México prefirieran relaciones distantes, pero el estudio de Inglehart descubrió que esos sentimientos habían sufrido un cambio fundamental. Para 1990, Canadá y México estaban más inclinados a apoyar un comercio m ás liberalizado y vínculos más estrechos con Estados Unidos que este último país. "En medida sorprendente, estas formas tradicionales de nacionalismo parecen haberse desvanecido".22 En su reemplazo, ha surgido el realismo cooperativo; más del 80 por ciento del público de los tres países favorece un comercio m ás liberalizado siempre que sea justo y recíproco; sólo el 15 por ciento se opone a ello.23
II. 2. La entidad norteamericana
Norteam érica constituye una región formidable. La población de la región se expandió en forma dramática desde 1950, hasta alcanzar conjuntamente 362 millones en 1990. La inmigración ha sido una causa importante del aumento demográfico en los Estados Unidos y Canadá, mientras que en M éxico la causa principal ha sido la m ejora en el cuidado de la salud. A unque la tasa de crecimiento demográfico en M éxico declinó bastante precipitadamente en este período desde la introducción de la planificación familiar en 1974, sigue siendo alrededor del doble que la de sus dos vecinos del norte. El resultado es una población m ucho m ás joven en México, pero perfila complementariamente a Estados Unidos y Canadá. En 1990, m ás del 36 por ciento de la población de M éxico tenía menos de quince años, comparado con m enos del 20 por ciento de la población de sus dos vecinos norteños. [Ver Cuadro 2]
El producto bruto de los tres países se multiplicó por un factor m ayor que diez, desde aproximadamente $EU 560 m il millones en 1960 a $EU 6,2 trillones de dólares en 1990, a valores actuales. Las exportaciones de la región crecieron aún más rápido, desde $EU 60 m il millones en 1970 a $EU 587 m il millones de dólares en 1991, mientras que el comercio intrarregional en función de las exportaciones globales de los tres aumentó del 37 al 42 por ciento en el mismo período. Estados Unidos tiene la porción m ás grande del comercio y del mercado, aunque la dependencia de sus vecinos es una pequeña fracción de la dependencia de ellos respecto a él. Tanto Canadá como M éxico realizan entre dos tercios y tres cuartos de su comercio total con Estados Unidos, mientras que Estados Unidos realiza cerca de un cuarto de su comercio total con sus dos vecinos. El comercio intrarregional representa alrededor del 40 por ciento del total, comparado con alrededor del 60 por ciento para la Comunidad Europea. En 1990, el PNB per cápita de Canadá y Estados Unidos era comparable — $EU 21.790 y $EU 20.470— , pero el de M éxico era alrededor de la décima parte de dicha cantidad. [Ver Cuadro 3]
22. Inglehart, Nevitte y Basañez, Convergence in North America, capítulo 2, página 15. 23. Ibídcapítulo 2, p.12, figura 2-3.
Liberalizaciórt del comercio en e l Hemisferio Occidental
III