La reflexión sobre ente físico es más profunda cuando nos preguntamos por sus rasgos
elementales. Esta cuestión se introduce con el siguiente fragmento de la obra de Gómez Pin:
“…creemos tener relativamente claro lo que tenemos en mente: una entidad física
es material, diremos de entrada. Mas si se nos pregunta qué quiere decir material,
no es seguro que la respuesta sea evidente. El problema es análogo al que se planteaba con relación a lo que merece ser calificado de sustancial: Material es la
mesa sobre la que reposan mis cuartillas…
…Mas surge la pregunta ¿es material la superficie de la mesa?...
Entra aquí un embrión de duda. Por una parte es evidente que sin materia no hay superficie, de tal manera que, en términos lógicos, cabe decir: Superficie
implica materia. Evidente parece asimismo que toda entidad material presenta una
superficie, siendo también válido: Materia implica superficie. Indisociables, pues,
los conceptos de superficie y de materia, pero la cuestión no está zanjada. No nos vinculamos a la superficie de la misma manera que nos vinculamos a la mesa misma. Y sobre todo, no nos conformamos en nuestras vidas con la superficie
de las cosas, por mucho que la primera sea en ella lo más inmediato, lo más
aparente. Queremos en suma, la sustancia de las cosas materiales, pues, sensibles
a la señalada deficiencia de lo superficial respecto a lo sustancial, barruntamos que
solo en la sustancia de la cosa reside su materia…”
“Filosofía. Interrogaciones que a todos conciernen” (Pg. 90 y s.s.) Gran Austral, 2008 Víctor Gómez Pin
Por tanto, la interrogación de lo que es ente físico se dirime entre lo material y lo superficial.
A su vez, la interrogación de lo que es sustancial se dirime entre lo que es esencial y lo que
es superficial.
Para responder a la cuestión de la sustancia se ha introducido el concepto de cantidad de movimiento, que es universalmente aceptado. Pues bien, para resolver la segunda cuestión, es
decir, ¿qué es lo realmente sustancial para distinguirlo de lo superficial?, se recurre nuevamente
Si partimos de la aceptación que toda entidad física corpuscular tiene masa, aceptaremos así mismo que es susceptible de tener posición. Por tanto, “Ocupar una posición es una de las condiciones mínimas e imprescindibles que ha de satisfacer lo que se presenta ante nosotros
para que pueda ser tildado de entidad física.”1
Si tal como se ha aceptado, sustancia es aquello que tiene cantidad de movimiento (masa y velocidad, es decir, momento), entonces se puede concluir que:
“Toda entidad física es algo que, como mínimo, tiene una posición y tiene un momento”.2
Con esta definición se puede dar por concluida la cuestión relativa a lo sustancial de la materia.
Así lo celebra en el mismo texto el autor referido:
“…Muy probablemente tendrá otros atributos, pero sin los dos mencionados, lo que eventualmente se presente a nosotros no tendrá carácter corporal, sería pura apariencia, literalmente un fantasma.
Y estamos ahora en condiciones de responder a la pregunta que formulaba respecto a “entidades” del tipo de las superficies. La superficie de la mesa no es una entidad física, simplemente porque si la separamos de la mesa… ni tiene posición alguna, ni tiene momento (es decir, no se halla en movimiento pero tampoco e reposo)…” “Filosofía. Interrogaciones que a todos conciernen”
(Pg. 90 y s.s.) Gran Austral, 2008 Víctor Gómez Pin
Cuando en una obra lo superficial no participa de lo sustancial, entonces, se desvanece
la esencia arquitectónica. Pues lo que se ha construido es una apariencia; Cuando nos situamos detrás de la escena, entre bastidores, se desvanece el universo ilusorio teatral.
Sin embargo, la definición de sustancia nos conduce a reflexiones que van más allá de lo
figurativo. Nos referimos esta vez al concepto de forma, lo que presenta un interés más
trascendental para la comprensión de la materia.
Desde la definición de sustancia, no puede pasar inadvertida la analogía entre la polaridad,
posición-masa=entidad natural
con la polaridad, espacio-materia=forma
Efectivamente, la definición más ortodoxa de entidad física es lo que tiene, como mínimo,
una “posición” y un “momento”. Ello nos conduce a advertir la analogía entre los binomios
constitutivos de las entidades físicas y las formas arquitectónicas.
Esta analogía radica en que ambos están estructurados por categorías relativas al espacio y a
la materia.
El concepto de entidad física proporciona un paralelismo con el concepto de Forma presentado: Así, si “toda entidad física es algo que, como mínimo, tiene una posición y tiene un momento”,
posición correspondería dentro de la actividad intelectual, a las categorías cognoscitivas de
Espacio-Tiempo, que son las generadoras de la métrica espacial. A la posibilidad de métrica espacial, en el contexto de la tarea artística y arquitectónica, la podemos llamar Espacialidad. Por otra parte, como se ha explicado, momento es el valor que otorga la cantidad de movimiento
de la masa, lo que se vincula a la propia materia en la actividad creativa.
Si asimilamos forma arquitectónica a ente físico, posición a espacialidad, y momento
(velocidad de la masa) a materialidad, se puede expresar que:
“Forma Arquitectónica es algo que, como mínimo, tiene espacialidad y tiene
materialidad”.1
Por tanto, nos limitaremos a utilizar el término forma, asociado al de arquitectura. Hablaremos
de “formas arquitectónicas” y no de “formas geométricas”. En el contexto de la investigación
lo apropiado sería decir figuras geométricas; La forma geométrica se atribuiría a las geometrías
una vez materializadas, pues la forma no se produciría sin el binomio espacio-materia.
1 Víctor Gómez Pin “Filosofía. Interrogaciones que a todos conciernen” (Pg. 91) Gran Austral, 2008
2 Ibídem (Pg. 91)
1 Lo que supone una definición coincidente con el postulado de partida de Josep Maria Montaner, en “Las formas del siglo XX”.
APÉNDICE 6: NOTAS SOBRE “D’Arcy THOMPSON: SOBRE EL CRECIMIENTO