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Objeciones a la teoría mimética: ¿Hipótesis seudocientífica?

Capítulo II. MARCO DE REFERENCIA

2.2 Rene Girard y su aporte para el análisis de los fenómenos sociales

2.2.6 Objeciones a la teoría mimética: ¿Hipótesis seudocientífica?

En este apartado, se describirá las críticas e impugnaciones que la teoría mimética encuentra, en el cruce de fronteras conceptuales de lo que significa lo sagrado, la secularización, el mito-logos, el origen y papel de la cultura, ante la matriz del espíritu de la ilustración y cierto vector del método científico que ubica lo religioso como un producto de la fantasía humana o metáforas sin piso epistemológico.

La catedral girardiana tendría su eslabón más débil, según ellos, al apoyarse en la tradición judeocristiana como modelo que invierte el mecanismo victimario de las prácticas culturales; La hipótesis mimética no pasaría el examen de los criterios de verificabilidad o de la aproximación metodológica en ciencias sociales.

En este escenario, el origen de la cultura que se fundamenta en el mecanismo mimético y el sacrificio, ha tenido resistencia en varios frentes académicos e intelectuales. Si bien, en sus dos primeras obras “mentira romántica y verdad novelesca (1985)”, así como “La violencia y los sagrado (2005)”, fueron aplaudidas por la rigurosidad y la novedad con que planteaba el tema de la violencia y su relación con lo sagrado -- además porque en el debate filosófico actual, el tema religioso adquiere un papel preponderante, en cuanto a esquema referido que se trasluce en violencia metafísica o cultura autoritaria venida de las tradiciones religiosas--, sin embargo, cuando fundamenta que el mecanismo del mito no opera en los textos de la tradición judeocristiana, los críticos de la religión y sus referencias a la trascendencia, toman distancia.

El punto de inicio de la teoría mimética que se sitúa en un “crimen fundacional”, no tiene asidero epistemológico o demostración de esta hipótesis, ya que no existe la prueba contundente, pues, no es posible encontrar el “fósil” de este crimen, o corroborar aún este planteamiento.

En este aspecto, para algunos, buscar la aproximación literaria que hace Girard para mostrar validez de su teoría, no se sustenta, ya que los mitos son distorsiones y las figuras del lenguaje son mundos de lo no sensible y por tanto, sin prueba de un objeto físico o fenómeno puntual para su investigación fiable. En el mejor de los casos, serían crímenes particulares, pero que no son necesariamente como una constante universal. Aunque si bien, la literatura muestra los deseos no solo del autor, sino de la misma sociedad que describe, no estaría demostrando modos de autoorganización social.

En el campo de las ciencias, el problema de la evidencia es central. Aunque Girard ha encontrado una cantidad de pruebas sobre la existencia del mecanismo victimario, aun no es óptima la manera de presentar su descubrimiento. Es decir, las huellas del asesinato fundacional, así como los vestigios de los rituales de pacificación y reconciliación de la comunidad, no dan por si un argumento sólido. Ante esto Girard, siguiendo a Hocart, indica que:

(…) “en la ciencia, al igual que en un tribunal de justicia, las pruebas circunstanciales no vienen a reemplazar a las pruebas que aportan los sentidos de la vista o del oído, sino que son el auténtico fundamento del conocimiento” (…) “se puede reconstruir el verdadero sentido de su acción, reuniendo todos los indicios indirectos y tratando de ver si es posible hacerlos inteligibles simultáneamente” (Girard, 2006: 164-165)

Uno de los críticos más férreos de la teoría mimética, es Regis Debray, filósofo francés, quien en su obra “El fuego sagrado” (2003) y suscribiéndose en el laicismo, asocia el fundamentalismo religioso como umbral de la violencia. Este autor llama a Girard como Homo Religiosus. Presentamos acá algunas de sus críticas.

Debray, indica que Girard no analiza las tradiciones de otras religiones como el hinduismo y el budismo. Según Debray, el brahmanismo es la religión del sacrificio por excelencia, y el budismo, por ejemplo, representaría la evolución antisacrificial, evolución en la que el "sacrificio", es "interiorizado", por ejemplo en prácticas de respiración, el ascetismo, etc. (Debray: 2003, 57).

Según el autor de El fuego sagrado, la naturaleza sistemática de la teoría girardiana es irreal. Seguir adelante con los estudios sobre la fenomenología de la religión, o tal vez la etnología es suficiente para darse cuenta de cómo el castillo Girardiano es fácilmente refutable, pues, relacionar el extraordinario fenómeno del sacrificio, con la violencia de masas y los procesos victimarios es un abuso forzado (Cf. Debray, 2003: 67); más aún, cuando tiene como fuente de investigación preferente el campo de la literatura clásica y moderna, que no es común o fiable a la hora de presentarla como pruebas ante la ciencia.

El filósofo laico, indica que, pareciese que Girard, estigmatizara a los "paganos", las religiones locales y las religiones no judías, como violentas y sacrificiales, volviendo a los viejos prejuicios antropológicos de los primeros misioneros, que vieron en las religiones africanas y asiáticas, imitaciones grotescas, lo que conlleva a un obstáculo para el diálogo intercultural.

De acuerdo con Debray, Girard ha caído en la trampa de la síntesis filosófica, la simplificación. “Sin una considerable simplificación de la realidad, el mundo que nos rodea sería un embrollo infinito e indefinido, lo que pondría en entredicho nuestra capacidad para orientarse y decidir nuestras acciones. En resumen, tenemos que reducir el esquema conocible. Tenemos la tendencia a simplificar todo, para que sea amigable” (Debray, 2003: 67). En esta línea, algunos autores, dicen que, ver en todos lados el mecanismo expiatorio, como un haz bajo la manga, para demostrar el proceso de hominización y el origen y fundamento de la violencia, es una apresurada reducción del fenómeno.

Ante la exposición del mecanismo mimético, Debray, indica que es una tesis que se reduce a un modelo arcaico de comprender los fenómenos sociales, o un sistema interdisciplinar con un telos cristiano; “Es sólo una conjetura metafísica (que se mira como pseudo-antropología cristiana, que habría desmitificado la "mal" tendencia humana a la victimización), una conjetura totalmente indemostrable científicamente (Debray, 2003: 71).

Otros autores indican que persistir con la temática de la violencia, alimenta “la violencia interna del progreso de la cultura”, en la que la crítica y la discriminación, son actos de expulsión, de señalamiento, de allí que la teoría del deseo se mantiene en lado de lo violento en la dialéctica del conocimiento (Antonello: 2006: 155).

En general los que cuestionan la teoría del deseo girardiana, son también apáticos y críticos a la religión y sus instituciones. Apoyados por Frazer (2011), algunos antropólogos contemporáneos, consideran que “el chivo expiatorio”, aparte de ser una metáfora, se enmarca en lo religioso, por lo cual no es más que una oscura metafísica del deseo.

Ante estos cuestionamientos, Girard defiende y considera que el mecanismo expiatorio es una manera de expresar un acontecimiento que tuvo lugar en el umbral mismo de la cultura propiamente humana (Girard, 2006: 143); Aunque si bien, no necesariamente se ubica en un acto puntual, sino también en procesos colectivos que incitan a la exasperación de la violencia.

También, indica que las críticas a su teoría se deben porque aún no se ha percibido toda amplitud que reviste la mímesis y el deseo en la cultura. “Además, indica que sus opositores, respecto a la imitación, la consideran desde una perspectiva aristotélica como representatividad, dejando de lado la carga extensiva del deseo y las consecuencias de la rivalidad mimética. (Girard, 2006: 143).

Ante las críticas por la falta de verificabilidad de su teoría, señala que:

“Hay muchas cosas absolutamente ciertas, verdaderas sin la menor sombra de duda, que no son verificables ni falseables en el sentido de Popper. El carácter ilusorio de la brujería, por ejemplo. La ineficaz práctica de la brujería es una verdad fundamental para nuestra concepción de los derechos humanos y de la democracia, y no podemos prescindir de la certeza que tenemos al respecto. No se trata de una certeza ideológica, sino de una certidumbre científica” (…) “El verdadero obstáculo en lo que se refiere a la teoría mimética no consiste tanto en el hecho de que los datos sean incompletos, sino que viene más bien de la reticencia y la incapacidad de nuestro mundo científico y de la humanidad en general, de cuestionar sus postulados básicos”. Es el caso de la antropología actual, que ni siquiera es capaz de tomar en

consideración, ni tan sólo como hipótesis, los problemas que planteo” (Girard: 2006: 168)

En cuanto a las críticas de Debray, señala Girard que, el campo literario es fuente segura para reconocer las dinámicas pasionales que generan las relaciones entre los seres humanos. Y si bien, Debray, también utiliza esta fuente, no es necesario, para fundamentar su teoría, llenar sus afirmaciones con al pie, por cuestiones de método.

El teórico del deseo se queja de la interpretación que Debray da a su tesis central. En efecto, la tesis de la rivalidad mimética, desempeña un papel muy importante en las formas de violencia que desembocan en lo religioso. “Él (Debray), en lo tocante a la imitación se queda con la vieja concepción gregaria de la que brindó Aristóteles a toda la civilización occidental, al limitar la definición de imitación a lo representable. Sólo nuestros comportamientos visibles serían susceptibles de ser imitados, no nuestros deseos”. (Girard, 2006: 189). Sin embargo, René Girard, señala que comparando su obra con la de Régis Debray, tiene una similitud en la forma de tratar lo religioso. “Tanto él como yo creemos que detrás de los textos arcaicos, hay hechos reales, que una violencia real se oculta detrás de las palabras que la siguieren” (Girard, 2006: 193)

Las paradojas, críticas y resistencias al método trazado por la teoría mimética, se suscribe, además, porque los espacios actuales de producción de conocimiento tienen sus propias reglas e implican modelos aceptados, regulados y reconocidos, de allí que al surgir una hipótesis como instrumento que analiza la cultura, que pone en entre dicho algunos de esos postulados, es natural que se expulse por infringir las normas básicas:

“(…) el actual “sistema” global exige sacrificar la mayor parte de las vidas humanas como condición necesaria para su propio crecimiento; y dentro de ese sistema global, la investigación cumple una función de sanción de la lógica del sistema, puesto que ella misma está completamente amoldada a esta lógica sacrificial de lo sagrado”. (Solarte, 2010: 59)