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Obligaciones con el estado, 13:1–

In document COMENTARIO BÍBLICO DE ROMANOS (página 187-192)

VI. LA CONDUCTA DIARIA DEL HOMBRE JUSTIFICADO, 12:1–15:

4. Obligaciones con el estado, 13:1–

Esta sección de la carta a los Romanos no tiene una relación gramatical o lógica explícita con lo anterior. El término ―deber‖ (13:7) puede constituir un vínculo con 13:8– 14, aunque algunos han señalado que es posible pasar directamente de 12:21 a 13:8. El hecho de que 13:1–7 constituye una unidad independiente ha sido motivo de cierto cuestionamiento. Se ha sugerido que lo que tenemos aquí es una interpolación en Romanos y que no estaba en la forma original. Sin embargo, aparece en todos los manuscritos y es claro que el asunto de la relación del creyente con el estado era uno de los temas importantes de la enseñanza en la iglesia primitiva. El pasaje de 1 Pedro 2:13–

17 es una clara demostración de esto. Además, quizás había razones especiales para recordar a los cristianos de Roma, capital del Imperio, sus deberes para con el estado.

No es solamente el aspecto de la relación formal de la sección con lo demás de

Romanos que preocupa. Para muchas personas la actitud de Pablo hacia el estado en estos versículos parece demasiado favorable y la actitud requerida a los creyentes demasiado sumisa. En una nota, Cranfield cita la declaración de J. C. O‘Neil con respecto al pasaje: ―Estos siete versículos han causado más infelicidad y miseria entre creyentes en Oriente y Occidente que cualquier otros siete versículos en el NT‖. Una observación tan radical solamente puede surgir de una interpretación inadecuada del pasaje como señala Cranfield.

Hay un cambio brusco de segunda a tercera persona en la primera parte del versículo 1 (de hecho, hay algunos manuscritos que aquí siguen con la segunda persona plural, ―A las autoridades superiores, someteos‖). No hay ninguna partícula de transición del párrafo anterior. Sin embargo, como ya se ha señalado, el tema formaba parte de la enseñanza de la iglesia primitiva con respecto a los deberes del creyente en distintas esferas de la vida y su inclusión aquí no es ilógica. La frase toda persona, literalmente ―toda alma‖, aparece primero en la oración y, por lo tanto, recibe énfasis. Aunque el autor tiene a los creyentes de Roma en mente, la declaración alcanza a todos los seres humanos. El cristiano no está exento del deber de respetar las autoridades. Es el deber de todo ciudadano y el creyente no es una excepción por ser creyente.

Semillero homilético

Las obligaciones del cristiano para con los gobernantes

vv. 13-1

I. El precepto (v. 1a): sujeción al gobierno local o nacional. II. La premisa (v. 1b): la razón para la sujeción: no hay autoridad

que no provenga de Dios. III. El principio (v. 2).

IV. El propósito del gobierno (vv. 3, 4).

1. Hay una separación implícita de funciones entre la iglesia y el gobierno.

2. El temor al castigo es un disuasivo para el mal.

La expresión las autoridades superiores identifica a los que ejercen autoridad oficial sobre los demás (―autoridades públicas‖, NVI; ―autoridades que gobiernan‖, BLA; ―autoridades constituidas‖, NBE). El significado del término traducido autoridades ha sido tema de una larga discusión. Intérpretes como Oscar Cullmann han argumentado a favor de una referencia doble en el término: (1) a los hombres que ejercen la autoridad y (2) a los poderes angelicales detrás de las personas que actúan a través de ellas. Los argumentos no han convencido a la mayoría de los intérpretes y Dunn caracteriza esta interpretación como una curiosidad histórica aunque era bastante popular en su momento.

El deber es de someterse a las autoridades establecidas. El término traducido ―someterse‖ vuelve a aparecer en el versículo 5; es un término compuesto de una raíz verbal que significa ―colocar‖ y un prefijo que significa ―debajo de‖. El sentido resultante es ―colocarse debajo de, someterse a‖.

El término traducido ―someterse‖ aparece 30 veces en el NT para indicar la actitud correcta de un creyente hacia los líderes de una congregación (1 Cor. 16:16), hacia los gobernantes (Tit. 3:1; 1 Ped. 2:13–14) y hacia Dios (Stg. 4:7). También se usa para

indicar la actitud de esposas creyentes hacia sus maridos (Col. 32:18; 1 Ped. 3:1, 5), la actitud de esclavos hacia sus amos (1 Ped. 3:18), la actitud de jóvenes hacia sus mayores (1 Ped. 5:5) y la actitud de la iglesia hacia Cristo (Ef. 5:24). En Efesios 5:21 se usa para indicar la obligación de sumisión recíproca entre creyentes.

El término indica el deber del creyente de aceptar y respetar la autoridad de otro sobre uno mismo, en este caso, la autoridad de los gobernantes sobre ciudadanos. Pablo dará algunos ejemplos de la aplicación del principio en los versículos siguientes. Es claro que hay límites a esta sumisión. Jesús mismo establece limites cuando dice que se debe dar a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios (Mar. 12:17). Cuando la sumisión a las autoridades civiles y la sumisión a la autoridad de Dios están en conflicto, es claro que el cristiano obedecerá a Dios (Hech. 5:29).

La segunda parte del versículo 1 provee la razón del mandato: ―No hay autoridad que Dios no haya dispuesto‖ (NVI). La declaración expresa una verdad afirmada en el AT (2 Sam. 12:7). Las palabras de la sabiduría en Proverbios 8:15, 16 expresan la convicción: ―Por mí reinan los reyes, y los magistrados administran justicia. Por mí gobiernan los gobernantes, y los nobles juzgan la tierra‖. La última frase de Romanos 13:1 podría verse como la declaración del principio general, la afirmación de manera positiva de lo que Pablo acaba de decir de manera negativa en la primera parte del versículo. Pero Cranfield prefiere ver en la última oración del versículo una referencia a las autoridades del

momento. La traducción de NBE está de acuerdo: ―por tanto, las [autoridades] actuales han sido establecidas por él‖. Aunque las autoridades del imperio romano, el emperador y sus oficiales, son paganas, han sido establecidas por Dios y han de ser respetadas por los cristianos.

El versículo 2 introduce una conclusión en base a la declaración del versículo 1. Si la autoridad civil ha sido establecida por Dios, entonces el acto de resistirla en lugar de someterse es un acto de resistencia al ―orden divino‖ (BJ). Los culpables de oponerse recibirán su castigo. Esto puede referirse al castigo que aplica la autoridad civil, al que aplica Dios o a ambos. Morris piensa que probablemente ambos castigos están

implicados; el castigo de las autoridades es la manera en que el castigo divino se expresa. Bruce cita la observación de Cullmann de que pocos dichos del NT han sido mal interpretados con más frecuencia que este. A la luz del contexto inmediato y de los escritos apostólicos en general, parece claro que el deber de someterse es válido

solamente cuando el estado exige obediencia dentro de los límites de los propósitos para los cuales fue divinamente constituido. Cuando excede estos límites, el creyente no solamente puede resistir la autoridad del estado, sino es su deber como cristiano resistirla.

El Apóstol agrega otra razón para someterse a las autoridades en el versículo 3. El término traducido gobernantes no es el mismo del versículo 1. Es preciso en su sentido y se refiere específicamente a los gobernantes humanos y no sugiere ninguna alusión a poderes espirituales detrás (ver el comentario sobre 13:1). El principio general que enuncia Pablo es que los gobernantes aprueban la buena conducta y castigan la mala conducta. Su aprecio puede parecer una evaluación demasiado favorable. Morris aclara: ―Él está presentando la norma, describiendo las condiciones de vida en el estado en tiempos normales; no está pensando en todas las eventualidades‖. Su aprecio es

semejante al que expresa 1 Pedro 3:13: ―¿Quién es aquel que os podrá hacer daño, si sois apasionados por el bien?‖.

Al hacer la pregunta, ¿Quieres no temer la autoridad?, Pablo empieza a emplear la segunda persona del singular y sigue usándola en el versículo 4. Es una técnica retórica para expresarse en tono más personal y lograr mayor impacto en el lector.

Las dos afirmaciones de que el gobernante es un servidor de Dios proveen la base para la promesa de la última oración del versículo 3 y la advertencia del versículo 4. Tanto en su aprobación de la buena conducta como en su castigo de la mala conducta, el gobernante es un servidor de Dios. La declaración nos recuerda, como bien dice Morris, que el gobernante no es Dios, a pesar de lo que él puede pensar de su importancia; es un mero servidor de Dios. El término que se usa designaba originalmente el servicio humilde del mozo en la mesa y llegó a designar el servicio en un sentido muy general. El

gobernante puede recibir atenciones especiales de parte de sus súbditos, pero delante de Dios es un simple servidor y tendrá que rendir cuenta por el ejercicio de su función.

Pablo dice que el gobernante es un servidor de Dios para tu bien, literalmente, ―para ti para el bien‖. Esta última frase da un énfasis personal a la declaración. La expresión ―el bien‖ ha sido interpretada de distintas maneras: (1) Algunos entienden el bien individual, eso es, la prosperidad de la persona; (2) otros, tomando en cuenta Romanos 8:28 donde se dice que Dios obra todo para el bien del creyente, entienden que se refiere a la manera en que el gobernante es usado por Dios para el bien espiritual de sus hijos; (3) otros,

refiriéndose a 1 Timoteo 2:2, entienden que se refiere a las condiciones favorables en el orden público para que los creyentes puedan servir a Dios eficazmente; (4) y otros, tomando en cuenta la frase que sigue donde se habla de ―hacer lo malo‖, entienden que el bien se refiere a lo que el buen ciudadano hace; el gobernante ejerce su función no tanto para el bien de las personas sino para que ellas hagan el bien. Es difícil elegir entre las posibilidades.

Además de ser servidor de Dios para el bien, es también servidor de Dios para castigo del que hace lo malo. La palabra traducida ―castigo‖ es la misma que se traduce ―ira‖ en 1:18 y 2:5, donde se refiere a la ira de Dios; en el primer caso (1:18) es la ira de Dios que se manifiesta en el presente cuando los hombres sufren las consecuencias inevitables de su pecado, y en el segundo caso (2:5) es la ira de Dios que ha de manifestarse en el juicio final. Cranfield observa que a través del estado hay una

manifestación anticipada y parcial de la ira de Dios contra el pecado. También aclara que los dos propósitos no tienen igual rango e importancia; el primer propósito del

gobernante como servidor de Dios, ―para tu bien‖, es primario y preeminente. A primera vista la frase no lleva en vano la espada puede interpretarse como una referencia al castigo capital, pero es posible que simplemente indica la capacidad del gobernante de imponer su autoridad. Bruce hace una observación interesante, dice: ―el estado recibe autoridad en el nombre de Dios de responder frente al mal de una manera que se prohíbe al creyente como individuo responder‖ (Rom. 12:17 y 19).

El versículo 5 representa una conclusión que surge de lo que se ha venido

exponiendo. ―Porque la autoridad es el siervo de Dios y está para castigar acciones malas, entonces el creyente está obligado a someterse‖ (Morris). De nuevo, la palabra traducida como castigo es la misma que en otros pasajes se traduce ―ira‖ y se refiere a la ira de Dios expresada en el castigo impuesto por los gobernantes.

Para el creyente hay un motivo más importante para someterse: debe hacerlo ―como un deber de conciencia‖. Dunn observa que el buen ciudadano reconocerá la necesidad del gobierno en la sociedad como una ordenanza divina. Desobediencia civil va en contra

del deber que exige su conciencia. De modo que la conducta civil del cristiano no debe ser motivada solamente por temor. Es también cierto que la conciencia pone límites a la obediencia. A veces el cristiano debe rehusar someterse por razones de conciencia (Hech. 5:29).

Para confirmar el argumento que viene desarrollando, Pablo, en el versículo 6, se refiere a algo que los creyentes hacen como práctica normal, la paga de impuestos. Ellos pagan los impuestos porque reconocen la autoridad de los gobernantes como ministros de Dios y reconocen que el gobierno no puede funcionar sin recursos. El término traducido como impuestos es el mismo usado en Lucas 20:22 en la pregunta dirigida a Jesús, ―¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?‖. En su sentido propio se refiere a un impuesto directo, y en la pregunta de Lucas 20:22 se refiere al tributo exigido por Roma a los judíos como pueblo conquistado. Es posible que en este versículo tenga el sentido general de

impuestos. Así se explica la traducción ―impuestos‖ de la RVA; en el versículo siguiente el término parece tener su sentido propio y la RVA lo traduce ―tributo‖.

La palabra traducida como ministros no es la que aparece dos veces en el versículo 4 donde se traduce ―servidor‖. Designa una persona que realiza un servicio público, especialmente uno que lo hace a expensas propias. Se refiere a un ministro público, un oficial. Puede adquirir un sentido cúltico en el NT (ver Rom. 15:16). Cranfield sugiere que, en contraste con el término usado en el versículo 4, enfatiza la solemnidad y la dignidad del oficio. Es como ministros de Dios que se dedican a cobrar los impuestos y los cristianos deben cumplir plenamente con su deber conscientes de esto. Con frecuencia se citan las palabras de Calvino que destaca que todo lo que se recibe como impuestos es de propiedad pública y no debe ser usado para los gustos privados de los gobernantes.

El Apóstol ahora, versículo 7, ilustra lo que someterse significa en la práctica. Cranfield cree que hay una conexión con las palabras de Jesús en Marcos 12:17 (Mat. 22:21; Luc. 20:25). Ambos pasajes comparten el tema de los impuestos, en ambos se usa el mismo término (en Marcos se traduce ―dad‖ y aquí ―pagad‖) y en ambos está la idea del deber. El término traducido pagad significa devolver; aparece en los papiros como la expresión típica para indicar el compromiso del que ha tomado prestado dinero: ―lo devolveré‖. Traducido de manera literal, Pablo dice, ―Devolved a todos las deudas‖. BC traduce, ―Pagad a todos las deudas‖ y NVI, ―Denle a cada uno lo que le corresponde‖. El énfasis está en la obligación.

Siguen cuatro ejemplos de las obligaciones. Con respecto a los términos tributo e impuesto, el primero en su uso propio se refiere a un impuesto directo sobre las personas, mientras el segundo se refiere a un impuesto indirecto, por ejemplo, de aduana o sobre los bienes. Posiblemente aquí los dos términos se usan simplemente para designar cualquier clase de impuesto que uno debe pagar.

Aparentemente los términos respeto y honra indican diferentes grados de respeto para las varias autoridades de acuerdo a su rango. Para ilustrar la diferencia de sentido se cita 1 Pedro 2:17 donde se usan los términos correspondientes: ―temed a Dios; honrad al rey‖. De hecho, en base a este versículo y algunos otros factores, Cranfield pregunta si no se debe entender que en Romanos 13:7 también el contraste es entre pagar respeto o temor a Dios y pagar honra a las autoridades. A pesar de los elementos favorables, él reconoce que el balance de los factores probablemente favorece referencias a diferentes niveles de responsabilidad ante autoridades públicas de rango diferente.

La palabra traducida respeto aparece en el versículo 3 donde se traduce ―terror‖ y el término correspondiente aparece en el mismo versículo y se traduce ―temer‖. El consenso de los traductores es que en Romanos 13:7 su sentido es ―respeto‖ aun cuando representa un mayor grado de respeto que el término traducido ―honra‖.

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