• No se han encontrado resultados

Vida en el Espíritu, 8:1–

In document COMENTARIO BÍBLICO DE ROMANOS (página 110-134)

IV. LA NUEVA VIDA DEL HOMBRE JUSTIFICADO, 5:1–8:

4. Vida en el Espíritu, 8:1–

La vida del hombre justificado es una vida en paz con Dios (5:1–21), libre del dominio del pecado (6:1–23) y libre del señorío de la ley (7:1–25). Es, además, una vida en el Espíritu (8:1–39).

El capítulo 8 es uno de los grandes capítulos de la Biblia. Sin lugar a duda, la palabra clave del capítulo es el término griego pneuma. Aparece solamente 5 veces en los

capítulos 1 al 7 y 8 veces en los capítulos 9 al 16, pero aparece 21 veces en el capítulo 8, mucho más que en cualquier otro capítulo de la Biblia (en algunas versiones de la Biblia, p. ej., RVR-1960, ―Espíritu‖ o ―espíritu‖ aparece un total de 22 veces, pero la segunda parte del versículo 1, donde aparece ―Espíritu‖, no tiene el apoyo de los mejores textos y no se incluye en las ediciones del NT griego).

El editor del texto griego, o el traductor a otros idiomas, tiene que decidir cada vez que aparece la palabra si se refiere al Espíritu Santo o no y, por lo tanto, si debe escribirse con mayúscula o no. Para Cranfield, es claro que en 2 ocasiones no se refiere al Espíritu Santo, pero a su criterio todas las demás veces sí se refiere al Espíritu Santo. Los

traductores de la RVA entienden que no se refiere al Espíritu Santo 4 veces y la escriben con minúscula en los versículos 10, 15 (2 veces) y 16 (una de las 2 veces que aparece). Sea cual fuere el número exacto de referencias al Espíritu Santo, 19 veces (Cranfield) o 17 veces (RVA), es claro que el capítulo recalca el rol del Espíritu en la vida del hombre justificado.

El capítulo 8 puede dividirse en cinco subdivisiones que se refieren a distintos aspectos de la vida en el Espíritu: (1) su dinámica (8:1–11), (2) su relación familiar (8:12–17), (3) su esperanza futura (8:18–25), (4) su seguridad (8:26–30) y (5) su canto de victoria (8:31–39). Morris señala que no hay un solo imperativo en todo el capítulo. Pablo está hablando de una vida tan plenamente conducida por el Espíritu que no hay necesidad de una serie de mandatos. Muchas veces se ha notado que el capítulo empieza con la frase ninguna condenación y termina con ninguna separación.

(1) Su dinámica, 8:1–11. El tema de la tensión en que vive el creyente tan evidente

en el capítulo 7 sigue presente en el capítulo 8, pero con dos grandes diferencias. En primer lugar, aquí la tensión es entre el Espíritu, ausente en el capítulo 7, y la carne. En segundo lugar, mientras que en el capítulo 7 predomina la nota de frustración, aquí predomina la de victoria.

Inicia el versículo 1 con la palabra ahora, que traduce una partícula, la que contrasta una situación presente con una anterior. Puede referirse a la situación antes y después de la muerte y resurrección de Cristo (Cranfield), o a la situación antes y después de la conversión (Morris). La palabra pues representa una partícula de transición lógica que indica que lo que se va a decir en el capítulo 8 es la consecuencia lógica del argumento previo (―en consecuencia‖, NBE). Se puede relacionar con el argumento inmediatamente previo (Cranfield cree que se refiere a 7:1–6, que a su vez se relaciona con 6:14), pero parece mejor pensar que se refiere a todo el argumento previo de la epístola que en el capítulo 8 va llegando a su culminación. A la luz de lo dicho en los capítulos 1 al 7, se puede afirmar que no hay ninguna condenación.

En el texto griego la palabra traducida como ninguna es la primera de la oración y recibe un énfasis especial; el sentido es que no pesa sobre las personas indicadas

absolutamente ninguna clase de condenación; este término traducido condenación parece referirse no tanto a la sentencia, sino al castigo. Esta circunstancia de estar totalmente libre de una pena pendiente es para los que están en Cristo Jesús. La frase en Cristo Jesús indica la nueva relación o el nuevo orden en el cual las personas son introducidas por fe en Cristo. Viven ―unidos a Cristo Jesús‖ (DHH).

Joya bíblica

Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (8:1).

La versión RVR-1960 añade la siguiente frase al versículo 1: ―los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu‖. Pero esta frase no tiene aquí el apoyo de los mejores manuscritos y parece claro que ha sido copiado de 8:4 donde sí tiene el apoyo pleno de la evidencia textual. La frase se omite en las versiones que dependen de un mejor texto griego como el caso de la RVA.

El versículo 2 inicia con un porque que introduce la razón de la declaración del versículo anterior; indica porque se ha podido afirmar que no hay condenación. La frase la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús necesita ser interpretada en tres sentidos. En primer lugar, la expresión ―la ley‖, las 2 veces que aparece en el versículo, parece significar ―el principio‖ o ―la regla‖. En segundo lugar, la frase ―de vida‖ puede relacionarse con ―la ley‖ y el sentido resultante sería, ―la ley del Espíritu, eso es, la de vida‖. Pero parece mejor relacionarlo con Espíritu. El sentido resultante sería, ―el Espíritu de vida‖, vale decir, ―el Espíritu que da vida‖ (DHH).

En tercer lugar, la frase ―en Cristo Jesús‖ puede relacionarse con diferentes

expresiones de la frase anterior, pero parece mejor relacionarla con la frase que sigue, en Cristo Jesús me ha librado. La unión del creyente con Cristo Jesús hace posible su liberación mediante el régimen del Espíritu que da vida.

Grandes nuevas

8:1-4 El cristiano ha sido liberado… 1. De la paga del pecado (vv. 1, 2). 2. Del poder del pecado (v. 3). 3. De la práctica del pecado (v. 4).

No estamos diciendo que el cristiano no tenga pecado, sino que ya no es su hábito el pecar, porque lo guía el Espíritu Santo. La frase traducida como ha librado indica una acción realizada en el pasado de

manera definitiva, y se refiere al momento de la conversión. Algunos manuscritos griegos tienen ―te‖ en lugar de ―me‖. De cualquier manera, es claro aquí que Pablo se refiere a lo que es cierto para todo creyente.

Hemos sido librados de la ley del pecado y de la muerte. Pablo ha hablado de ―la ley del pecado‖ en 7:23 y 25 y de cómo la ley obra la muerte en 7:10, 11 y 13. Viene al caso preguntar cómo Pablo puede decir que es ―vendido a la sujeción del pecado‖ (7:14), y decir que ha sido librado del régimen del pecado y la muerte. En respuesta a esto Cranfield hace tres observaciones: (1) las dos afirmaciones son ciertas con respecto a la situación del creyente; (2) sin embargo, opera en su vida una nueva fuerza más poderosa que la del pecado y la muerte y le capacita para rebelarse contra la sujeción al pecado; (3) la presencia del Espíritu es la promesa de una liberación absoluta futura de la autoridad del pecado y de la muerte. Morris cita una reflexión de Gifford: ―La ley de Moisés tenía a

su favor la justicia pero no el poder; la ley del pecado tenía a su favor el poder pero no la justicia; la ley del Espíritu tiene a su favor la justicia y el poder‖.

El porque del versículo 3a, introduce la razón de la declaración hecha en el versículo 2 con respecto a la liberación del creyente. Lo que la ley de Moisés no podía hacer y lo que ninguna ley puede hacer, Dios ha hecho. El fracaso de la ley se debía a que estaba ―condicionada por la debilidad de la naturaleza humana‖. La falla no estaba en la ley sino en la carne, la naturaleza pecaminosa humana.

Lo que Dios ha hecho que la ley no podía hacer es condenar al pecado (v. 3b) y lo hizo enviando a su propio Hijo. El énfasis está en propio; es decir, envió nada menos que a su propio Hijo. La frase en semejanza de carne de pecado ha provocado discusión. Es probable que la intención de Pablo es enfatizar la realidad de la encarnación de Cristo por un lado y, al mismo tiempo, sugerir que aun cuando asumió la naturaleza humana en forma real y plena, no dejó de retener su naturaleza divina. La frase a causa del pecado puede traducirse más precisamente ―con respecto al pecado‖ o ―para el pecado‖, es decir, para resolver el problema del pecado. Se debe tomar la frase ―en la carne‖ con ―envió‖ y no con el pecado. El significado es que ―envió a su Hijo en la carne‖, no que ―condenó al pecado en la carne‖. Lo que se logró mediante el envío del Hijo en la carne es la

condenación del pecado. Es probable que hemos de entender ―condenó‖ como abarcando tanto la sentencia como su ejecución. En Jesús Dios no solamente ha pronunciado una sentencia de condenación contra el pecado sino ha llevado a cabo el castigo anticipado por la sentencia. Como dice Morris, un edificio condenado no se usa más, y su

demolición es parte inevitable de la sentencia de condenación.

Al llegar al versículo 4 Pablo indica el propósito de la condenación del pecado; es para que la justa exigencia de la ley (―lo que la ley ordena‖, DHH) se cumpla en el creyente. Para algunos, la oración debe referirse al cumplimiento de la ley por Jesús, ya que solamente él la ha cumplido plenamente y la frase en nosotros indicaría que los creyentes participan de los beneficios de su cumplimiento. Según este punto de vista, Pablo aquí se refiere a ―justificación‖ y no a ―santificación‖. Sin embargo, parece claro que el Apóstol está hablando de lo que ocurre en la vida del creyente y así lo entienden Bruce, Morris, Cranfield, Hendricksen y otros más. Se debe notar que el verbo usado es pasivo; no dice que cumplimos la exigencia de la ley, sino que se cumple ―en nosotros‖. Sin lugar a duda, se expresa así para señalar que este cumplimiento de la exigencia de la ley es obra del Espíritu en el creyente. Bruce cita a Agustín: ―La gracia fue dada para que la ley se cumpliese‖.

Semillero homilético

El Espíritu de vida y libertad

8:1-11

I. El Espíritu de vida en Cristo Jesús nos hizo libres (8:2).

II. El que levantó a Cristo de los muertos nos vivificará también a nosotros (8:11).

III. La carne no puede complacer a Dios. 1. La carne es hostil a Dios (8:7).

2. La carne es incapaz de producir justicia (capítulo 7). 3. La carne sólo puede producir muerte (8:6).

Pero este cumplimiento de lo que la ley exige se limita a cierto grupo de personas. Se cumple en los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Pablo usa

una de sus metáforas favoritas para la vida cristiana, la de andar o caminar. Para Morris esta metáfora es una manera de describir el progreso, no espectacular, pero sí continuo, que caracteriza la vida cristiana. El ideal de la rectitud que la ley exige se realiza en la vida de aquellos que se dejan conducir por el Espíritu de Dios. Bruce cita una poesía que dice:

La ley manda correr y trabajar,

pero no me provee ni de pies ni de manos; mejor noticia trae el evangelio:

me invita a volar, y me da alas.

El versículo 5 inicia con porque lo que indica que Pablo ahora va a dar evidencia en apoyo de lo que acaba de decir, que la justa exigencia de la ley se cumple en la vida de los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. La presentación de esta evidencia se extiende hasta el versículo 11. La frase los que viven conforme a la carne, literalmente significa ―los que son según la carne‖ (ver BC). Quizás el cambio del verbo usado en el versículo 4 es meramente una variación de terminología sin cambio de sentido. Si hay una diferencia, entonces es que esta gente no solamente actúa según la carne, sino que su mismo ser es según la carne.

Los que son según la carne piensan en las cosas de la carne. El término traducido como piensan es difícil. En el NT puede significar ―pensar‖ o ―sentir‖ o ambos. Otras alternativas de traducción son ―se preocupan por‖ (DHH), ―aspiran a‖ (BC). Morris nota que es el mismo verbo que Jesús usa en su reprensión de Pedro en Mateo 16:23: ―porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres‖ (RVR-1960). Indica la perspectiva, el enfoque que uno emplea en su evaluación e interpretación de las cosas y en sus decisiones.

En cambio los que son según el Espíritu (―los que se dejan dirigir por el Espíritu‖, NBE) piensan en las cosas del Espíritu (―tienden a lo propio del Espíritu‖, NBE). Ellos tienen la perspectiva de las cosas que les da el Espíritu. Cranfield señala que cuando el término usado aquí aparece en la construcción ―pensar las cosas [ideas] de otro‖ el sentido es ―tener la opinión del otro‖, ―estar del lado del otro‖, ―ser del partido del otro‖. Cuando uno permite que la dirección de su vida sea determinada por la carne, se pone del lado de la carne en el conflicto entre carne y Espíritu; cuando uno permite que la

dirección de su vida sea determinada por el Espíritu, se pone del lado del Espíritu en el conflicto.

Somos gente especial

8:1-4

Los que hemos sido salvos somos el pueblo especial de Dios por:

1. Nuestra posición en Cristo: ―…ninguna condenación…‖ (v. 1). 2. Nuestra separación del pecado: ―…la ley del Espíritu… me ha

liberado…‖ (v. 2).

3. Nuestra fuente para una vida de justicia: ―…no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu‖ (vv. 3, 4).

La tensión entre la carne y el Espíritu es el tema explícito en toda la sección de 8:4–9. Esta tensión está claramente marcada por Pablo en Gálatas 5:17: ―Porque la carne desea

lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu lo que es contrario a la carne. Ambos se oponen mutuamente, para que no hagáis lo que quisierais‖. El uso de ―carne‖ en este pasaje es un ejemplo de lo que algunos llaman el sentido ético de la palabra. Indica la naturaleza humana pecaminosa. A la luz de la lista de sus obras en Gálatas 5:19–21 que incluye pecados como enemistad, celos e ira es claro que no se limita a lo sensual. De modo que carne en este sentido abarca la tendencia pecadora del hombre en el sentido más amplio, la de una vida separada de Dios y enfocada en sí misma.

―Porque‖ del versículo 6 parece ser una explicación de la oposición entre carne y Espíritu. La palabra traducida intención es de la misma raíz del término que se usa en el versículo anterior y ha dado lugar a muchas variantes de traducción: ―aspiración‖ (BC), ―preocuparse por‖ (DHH). Cranfield dice que el término contrasta la mente de la carne y la del Espíritu. En ambos casos indica la perspectiva, eso es, los presupuestos, valores, deseos y propósitos. La oración en el original no tiene verbo. Los traductores de la RVA suplen el verbo ―es‖ lo que indicaría un estado ya existente en cada caso, sea de ―muerte‖ o sea de ―vida y paz‖. Otras traducciones suplen verbos que sugieren una referencia futura como por ejemplo ―llevar a‖ o ―conducir a‖.

Pablo ahora, en el versículo 7, explica por qué la mente de la carne es muerte. Se debe a su rebeldía contra Dios. La mente de la carne no se somete a la ley Dios, es decir, no se somete a Dios. De hecho, es incapaz de someterse a su ley. En primer lugar, no quiere hacerlo y, en segundo lugar, ni siquiera tiene la posibilidad de hacerlo. El hombre que sigue la mente de la carne está enfrentado con Dios.

De modo que la tensión entre la carne y el Espíritu señalada en el versículo 5 se debe a una hostilidad abierta hacia Dios.

El versículos 8 empieza con una partícula de transición que los traductores de la RVA interpretan como una transición lógica. Para otros traductores la partícula es una simple conjunción y la traducen y (BC) o la dejan sin traducir (NVI). Parece mejor seguir el criterio de la RVA y ver el versículo como una especie de conclusión lógica del párrafo que se inicia con el versículo 5. La frase los que viven según la carne literalmente dice ―los que están en la carne‖. Puede compararse con las expresiones anteriores: (1) ―andar según la carne‖ (8:4), (2) ―ser según la carne‖ (8:5) y (3) ―tener la mente de la carne‖ (8:6, 7). Todas las expresiones se refieren a la misma realidad, pero se describe de

maneras diferentes: (1) como un comportamiento conforme a criterios carnales; (2) como una existencia cuya esencia es carnal; (3) como una perspectiva de las cosas de acuerdo al punto de vista carnal; (4) como una vida que se realiza en la esfera de la carne.

Pablo ha dicho que la mente de la carne: (1) está en tensión con el Espíritu (8:5), (2) es muerte (8:6), (3) está enfrentada con Dios, (4) no se somete a Dios y (5) ni siquiera puede hacerlo (8:7). Ahora dice que no puede agradar a Dios. Es incapaz de hacer lo que complace a Dios.

Pablo ahora (v. 9a) se dirige directamente a los creyentes romanos y contrasta su situación con la que ha venido describiendo. El pronombre traducido vosotros está

colocado al principio de la oración en posición enfática; el contraste está remarcado: pero vosotros, en cambio, no vivís según la carne. Literalmente dice, como en el versículo anterior, ―no estáis en la carne‖. Claro, en un sentido están en la carne, en el sentido que lleva una vida corporal. No son fantasmas. Pero su vida no es una vida caracterizada por lo carnal sino es una vida ―en el Espíritu‖, una vida realizada en la esfera del Espíritu, sujeta al Espíritu.

Pablo termina la oración (v. 9b) con una condición. Se da por sentado en el caso de los romanos el cumplimiento de esta condición como indican las traducciones que dicen ―ya que‖ (NBE). Ha hablado de que ellos están en el Espíritu y ahora habla de que el Espíritu mora en ellos. Es un estar o morar mutuo, y el Apóstol simplemente cambia la terminología. Es importante fijarse en el verbo traducido ―morar‖ o ―habitar‖. El Espíritu no está de paso en sus vidas, está afincado allí; no es un mero huésped, sino un residente permanente.

Sanday y Headlam señalan la delicadeza característica de Pablo que se emplea al pasar a hablar en tercera persona al referirse a algo que entiende que no es el caso con sus lectores (v. 9c). Debemos fijarnos en la facilidad con que Pablo cambia su terminología: ―Espíritu‖, ―Espíritu de Dios‖, ―Espíritu de Cristo‖. Estas expresiones diferentes para hablar del mismo Espíritu juntamente con otros elementos en el NT llevaron a los cristianos a la definición de la trinidad.

Aquí hay una declaración que para algunos representa una fórmula de exclusión ya en uso entre creyentes. El que no tiene el Espíritu ―no es cristiano‖ (NBE). La declaración de Morris es acertada: ―La presencia del Espíritu en los creyentes no es un agregado extra que se da en el caso de algunas personas especialmente dotadas... es un rasgo normal y

In document COMENTARIO BÍBLICO DE ROMANOS (página 110-134)