V. LA JUSTICIA DE DIOS E ISRAEL, 9:1–11:
1. La soberana elección de Dios, 9:1–
Esta sección está dividida en tres partes: (1) la profunda tristeza de Pablo por el rechazo del evangelio por parte de la nación de Israel (9:1–5); (2) la exposición del
principio de la elección y ejemplos de cómo ha operado en la historia de la nación (9:6– 18); (3) la defensa del principio de la elección (9:19–29).
(1) La tristeza de Pablo, 9:1–5. La nueva sección empieza abruptamente sin
partícula de transición (comp. 1:18; 3:21; 5:1) y sin una relación lógica directa con la terminación de la sección anterior (5:1–8:39). Sin embargo, los capítulos 9–11
desarrollan el tema de la carta, la justicia de Dios (1:16, 17); se refieren específicamente a su justicia en su relación con Israel. En una nota, Morris señala que John Piper dio a su obra exegético teológica sobre Romanos 9:1–23 el título ―La justificación de Dios‖. Pablo introduce el nuevo aspecto del tema señalando de la manera más enfática su profundo pesar por la incredulidad de su pueblo y su ferviente deseo de su conversión.
Inicia los versículos 1, 2 dándonos 5 expresiones que subrayan lo verídico de su declaración: (1) Digo la verdad. (2) En Cristo es más que ―como cristiano‖ (así DHH); se refiere a su unión con Cristo y sugiere una declaración en presencia de Cristo. (3) No miento (comp. 2 Cor. 11:31; Gál. 1:20; 1 Tim. 2:7). (4) Mi conciencia da testimonio conmigo. (5) Este testimonio es en el Espíritu Santo (―guiada por el Espíritu Santo‖, DHH; ―iluminada por el Espíritu Santo‖, NBE). Para Pablo es de importancia
fundamental que los romanos acepten como totalmente cierto lo que declara acerca de sus propios sentimientos con respecto a la situación espiritual de su nación. Estos
sentimientos están expresados en la declaración tengo una gran tristeza y continuo dolor en el corazón. El Apóstol de los gentiles seguía sintiendo una gran carga por su propia nación, y este debe ser el sentimiento de todo creyente, judío o gentil.
La partícula de transición, porque del versículo 3, indica que este versículo es una explicación de hasta donde llega la tristeza y dolor de Pablo por su pueblo. Si pudiera favorecer a su pueblo, él estaría dispuesto a ser ―anatema, separado de Cristo‖ (BLA). Es importante retener la palabra ―anatema‖ (omitida en la RVA) que Pablo usa, porque es el término específico para designar algo o alguien destinado a sufrir destrucción como expresión del castigo de Dios (ver el caso clásico de Acán en Josué 7, especialmente 7:13). El sentido del término es ser maldito o estar bajo maldición (DHH), ser un proscrito (NBE). Esto se explica con una frase preposicional, ―de Cristo‖, vale decir, separado de Cristo. Pablo aceptaría voluntariamente lo que ninguna fuerza en el mundo es capaz de lograr, ser separado de Cristo (comp. 8:35–39), eso es, condenación eterna. Estas expresiones indican hasta donde Pablo estaría dispuesto a ir por el bien de mis hermanos, literalmente ―por mis hermanos‖, si fuese de valor. Otras versiones traducen ―por amor a mis hermanos‖ (RVR-1960). En un contexto de castigo, se podría encontrar la idea de sustitución en la frase ―en lugar de mis hermanos‖. Inevitablemente el
versículo trae a la mente el ruego de Moisés: ―Pero ahora perdona su pecado; y si no, bórrame del libro que has escrito‖ (Éxo. 32:32). Pablo llama a los judíos ―hermanos‖, término que generalmente se usa para referirse a creyentes. Aquí lo califica con la frase los que son mis familiares según la carne, frase que en este caso significa ―los de mi raza y sangre‖ (NBE).
Al decir que son israelitas, los identifica no como miembros de una nación o un grupo étnico, sino como el pueblo escogido de Dios (―el pueblo de Israel‖, NVI). Los versículos 4 y 5 detallan ocho bendiciones especiales que pertenecen en forma especial a los judíos.
Les pertenece la adopción como hijos de Dios. Este es el único pasaje en el NT donde adopción no se refiere a creyentes. En el AT tampoco se usa de Israel, pero Bruce señala que la idea está presente en pasajes que hablan de Israel en forma colectiva como ―hijo‖ de Dios (Éxo. 4:22; Jer. 31:9; Ose. 11:1) o en forma individual como sus ―hijos‖ (Ose. 1:10). Se refiere a la elección por gracia de la nación para ser su hijo.
Les pertenecen los pactos. Algunos manuscritos tienen ―el pacto‖ refiriéndose al pacto de Sinaí, pero es probable que se debe dar preferencia al plural y entender una referencia a los varios pactos, por ejemplo, con Noé (Gén. 9:9), con Abraham (Gén 17:2), con Moisés (Éxo. 24:8), con Josué (8:20 ss.) y con David (2 Sam. 23:5).
Les pertenece la gloria (―la gloria divina‖ NVI), la manifestación visible de la presencia de Dios en medio de su pueblo como, por ejemplo, en el tabernáculo (Éxo. 40:34) y el templo (1 Rey. 8:10 ss.). DHH traduce ―Dios estuvo entre ellos con su presencia gloriosa‖.
Les pertenece la promulgación de la ley. El término que se usa puede indicar (1) el acto de legislar o promulgar leyes o, (2) las leyes que resultan. La RVA ha interpretado la palabra en el primer sentido, pero quizás es más lógico entenderla en el segundo sentido y traducir ―la legislación‖ como equivalente a ―la ley‖, es decir, la ley mosaica.
Les pertenece el culto, el culto instituido por Dios, según las indicaciones, sobre todo, de Levítico y que tuvo su expresión histórica en el servicio del templo (―el privilegio de adorar a Dios‖, NVI). Es ―el culto‖ en contraste con todos los cultos que los hombres han fabricado.
Les pertenecen las promesas. Es natural pensar en las promesas hechas a Abraham (Gén. 12:7; 13:14–17; 17:4–8; 22:16–18), y repetidas a Isaac (Gén. 26:3 ss.) y a Jacob (Gén 28:13 ss.); pero debe incluir las promesas escatológicas y mesiánicas y, quizás, las muchas promesas generales de bendición para el pueblo.
Les pertenecen los patriarcas (v. 5), literalmente ―los padres‖, específicamente Abraham, Isaac, Jacob y sus doce hijos y quizás algún otro personaje importante del AT como David (Mar. 11:10; Hech. 2:29).
Pablo completa la lista mencionando el privilegio más grande de los judíos, el hecho de que ―el Mesías‖ (DHH, NBE) era judío. El Apóstol califica esta declaración con la frase según la carne, vale decir, ―en lo humano‖ (NBE). Esto quiere decir que hay algo más que su descendencia humana que se puede afirmar con respecto a la naturaleza de Cristo.
La última frase, quien es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos, nos presenta con uno de los más discutidos problemas de interpretación del NT. En esencia, el problema es si esta frase se refiere (1) a Cristo o (2) a Dios Padre. Casi todos los argumentos gramaticales y lógicos favorecen la primera interpretación. El principal argumento de peso para aceptar la segunda interpretación es el hecho de que no hay otro pasaje donde Pablo claramente se refiere a Cristo por medio del término Dios (theos 2316
) Aunque sigue la discusión, el consenso entre traducciones recientes es entender que Pablo se refiere a Cristo en esta frase (así: RVR-1960, BLA, DHH, NVI, entre otras). Constituye una declaración singular de la divinidad de Jesús.
(2) El principio de la elección, 9:6–18. A pesar de la situación actual del pueblo de
Israel, Pablo insiste que las promesas de Dios a su pueblo no han fallado. Es que Dios siempre ha operado sobre la base de un remanente dentro del pueblo. El Apóstol ya ha dicho que no es la circuncisión física que hace que una persona sea judío, ni es en lo
visible y lo superficial que uno es judío, sino en lo invisible y en el interior (2:29). Ahora, él expone e ilustra este principio de la elección de un remanente.
El versículo 6 empieza con una partícula adversativa que no está en la RVA. El rechazo del evangelio por la nación puede dar la impresión de que todos los privilegios mencionados en 9:5, 6 no han servido para nada, pero no es así. La expresión la palabra de Dios aquí significa ―el propósito declarado de Dios‖ (Sanday y Headlam). Esta intención divina no ha fallado (―no ha fracasado‖, NVI). DHH traduce bien: ―Pero no es que las promesas de Dios a Israel hayan quedado sin cumplirse‖. Cranfield afirma que este medio versículo es la consigna bajo la cual el resto del capítulo se desarrolla y, de hecho, es el lema y tema de capítulos 9–11.
Si la palabra de Dios no ha fracasado, entonces, ¿cómo explicar lo que ha ocurrido? Pablo ahora, versículo 6b a 7, procede a responder a esta pregunta en base al concepto de la elección. En primer lugar, se declara el principio: ―no todos los nacidos de Israel son Israel‖. Dios siempre ha procedido sobre la base de un remanente elegido dentro del pueblo elegido: ―no todos los descendientes de Israel son verdadero Israel‖ (DHH).
Semillero homilético
Los sufrimientos de un verdadero Apóstol
vv. 9-1 I. Su profunda tristeza.
1. No es tristeza depresiva, sino productiva (Heb. 12:11; Fil. 2:19- 30).
2. Es tristeza que refleja amor (Luc. 18:23). II. Un continuo dolor.
1. Es un dolor inmenso.
2. Es un dolor que mueve a la misericordia (1 Tim. 6:10). III. Desestimación del yo.
1. El yo no es céntrico en el Apóstol. 2. Es expresión del sacrificio (Fil. 2:5-11).
Ahora Pablo ilustra el principio por medio de ejemplos en la historia de Israel empezando con el caso de Abraham: ni por ser descendientes de Abraham son todos hijos suyos. Además de Ismael e Isaac, Abraham tuvo varios otros hijos cuya madre era Quetura (Gén. 25:1, 2), pero su descendencia no debe trazarse por todos sus hijos: ―No todos los descendientes de Abraham son verdaderamente sus hijos‖. Cuando Sara obligó a Abraham a echar a Agar e Ismael de la casa, según Génesis 21:12, Dios dijo a Abraham ―en Isaac será llamada tu descendencia‖ (―por Isaac continuará tu apellido‖, NBE).
Esto quiere decir (v. 8), introduce una explicación del ejemplo citado en el versículo anterior. La frase hijos de la carne significa hijos por simple ―generación natural‖ (NBE). Algunos intérpretes encuentran en la expresión ―la carne‖ una referencia al esfuerzo humano de Abraham en tratar de salvar su situación, y tener una descendencia por medio de Agar cuando la promesa de descendencia a través de Sara parecía imposible. El punto principal parece claro: Mera descendencia física no hace que uno sea hijo de Dios. Los verdaderos hijos de Dios, la verdadera descendencia son ―los hijos de la promesa‖ (comp. 4:11 ss.).
El versículo 9 inicia con porque, que traduce una partícula de transición que provee apoyo para el versículo 8. La primera palabra en el texto original es ―promesa‖ una indicación de lo que Pablo quiere enfatizar. La cita es la promesa a Abraham registrada
en Génesis 18:10 y repetida en Génesis 18:14. Esta era la promesa que provocó la risa de Sara y mediante la cual nació Isaac. La palabra vendré indica la venida de Dios en poder. Morris señala que es su venida y no una iniciativa humana que determinará el
cumplimiento de la promesa. Dios cumple lo que promete y será Sara y no alguna otra, como Agar o Quetura, que dará descendencia a Abraham.
La elección de Isaac en lugar de Isamel puede parecer lógica ya que el primero era hijo de la esposa Sara, mientras el segundo era hijo de la sierva Agar. De modo que la primera frase del versículo 10 nos prepara para un segundo ejemplo: Y no sólo esto. El caso de Esaú y Jacob es un ejemplo donde no existen las objeciones del primer caso citado. Ellos tienen la misma madre y el mismo padre, se concibieron en el mismo acto conyugal y nacieron juntos, solamente que Esaú nació primero, lo que debía haberle dado preferencia. Al referirse a ―nuestro padre‖ (―nuestro antepasado‖, DHH), Pablo se
identifica con los judíos. El término ―padre‖ normalmente se usa de Abraham, pero es lógico usarlo de Isaac por ser la persona por quien se contaba la descendencia.
Pablo, en los versículos 11 y 12, quiere demostrar que la elección de Dios es
absolutamente libre de todo condicionamiento. En el caso de Esaú y Jacob, ocurrió antes del nacimiento de los dos, y antes de existir alguna base de comportamiento para preferir uno en lugar del otro. La finalidad de este proceder de parte de Dios es demostrar que la realización de su propósito depende solamente de su libre elección y no de otras cosas. No depende de las obras que uno ha hecho, sino de la voluntad absoluta del que llama (ver 8:28–30).
El ejemplo de Isaac e Ismael demuestra que la descendencia no asegura ser aceptado por Dios, y el ejemplo de Esaú y Jacob demuestra que las obras tampoco lo aseguran. La declaración de Hunter es acertada: ―toda pretensión de derechos ante Dios, sea basada en el nacimiento o en las obras, es fútil‖.
Por primera vez en Romanos, Pablo usa la palabra elección (v. 11). Se usa siete veces en el NT y cinco de ellas aparece en los escritos paulinos, y de estas, cuatro se usan en Romanos. La elección de Dios es un acto libre de su misericordia.
Con la cita del AT se retoma el pensamiento iniciado en el versículo 10, referido a Rebeca. Para demostrar por las Escrituras que, efectivamente el principio de elección estaba en operación en el caso de los dos hijos, se citan dos pasajes de las Escrituras. El primer texto es una cita precisa de la última parte de Génesis 25:23 según la LXX. La actividad de los hijos dentro de su vientre llevó a Rebeca a consultar a Jehovah y él respondió: ―Dos naciones hay en tu vientre, y dos pueblos que estarán separados desde tus entrañas. Un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor‖ (Gén. 25:23). Parece claro que la cita se refiere no tanto a lo que pasará con los hijos sino con las naciones que formarán sus descendientes. De hecho, Esaú no rindió servicio a Jacob, pero los edomitas durante largos períodos de su historia vivían bajo el dominio de Israel o Judá.
El segundo texto, versículo 13, es una cita de Malaquías 1:2, 3: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. Este es el único pasaje en el NT donde se dice que Dios aborrece a una persona (comp. Apoc. 2:6 que habla de aborrecer las obras de los nicolaítas). Sin embargo, parece claro que las palabras Jacob y Esaú en Malaquías y en Romanos se refieren a las naciones de Israel y Edom. Pablo evidentemente cita el pasaje de Malaquías para demostrar cómo la historia posterior corrobora las palabras de Dios citadas en Génesis 25:23.
Algunos explican el uso de las palabras amar y aborrecer en el pasaje como un ejemplo de la práctica semítica de usar términos con sentido opuesto para indicar un grado de comparación inferior (ver, p. ej., Gén. 29:31, 33; Deut. 21:15; Mat. 6:24; Luc. 14:26; Juan 12:25). Pero quizás se deben entender los términos como una indicación de elección y rechazo respectivamente (así Cranfield y Bruce). La conclusión de Bruce es pertinente. ―Es elección para privilegio lo que se está contemplando y no la salvación eterna. Además, parece claro que Pablo se refiere a naciones más bien que a individuos‖.
Cranfield nota que la pregunta ¿Qué, pues, diremos? (v. 14) aparece siete veces en Romanos y no aparece en ninguna otra epístola paulina, indicación del carácter reflexivo y lógico de la epístola. En algunos casos como aquí, el Apóstol usa la expresión cuando piensa que se puede sacar una conclusión falsa de lo que acaba de decir (ver también 3:5; 6:1; 7:7). La conclusión falsa, que se puede sacar del argumento en los versículos 6–13 es que Dios es injusto (comp. 3:5 para un paralelo de la construcción aquí en su forma esencial y en su sentido).
La segunda pregunta anticipa la respuesta ―No‖; de modo que la traducción de NVI es más precisa en este aspecto: ―¿Acaso es Dios injusto?‖. La respuesta es la misma de Romanos 3:5, una negación rotunda: ―¡Claro que no!‖ (DHH). Las preguntas parecen ser preguntas de reflexión de parte de Pablo, más bien que objeciones realizadas por algún interlocutor imaginario. Aunque Pablo rechaza directamente la posible conclusión que se puede sacar de lo que él ha dicho, reconoce que el asunto merece atención y procede a responder.
―Porque‖ al principio del versículo 15 indica que Pablo va a aportar apoyo a la
negación con que termina el versículo anterior. Típicamente el apoyo viene de una cita de las Escrituras, en este caso de Éxodo 33:19. Son las palabras de Dios a Moisés después de su intercesión por los hijos de Israel cuando habían adorado el becerro de oro. El
significado de la cita es que nadie puede poner a Dios bajo obligación. El hombre no puede hacer reclamos delante de Dios en base a su linaje o su comportamiento. La manifestación de la misericordia de Dios es totalmente libre de toda pretensión humana de merecerla. La traducción de DHH es clara: ―Tendré misericordia de quien yo quiera y tendré compasión también de quien yo quiera‖.
Por lo tanto (v. 16) introduce una conclusión que Pablo va a sacar del texto que acaba de citar. Hay que suplir el sujeto de la oración. Es decir, hay que definir qué es lo que no depende ni de querer ni de correr. Se han sugerido diferentes posibilidades. NVI traduce, ―la elección no depende del deseo ni del esfuerzo humano‖. Si nos hemos de guiar por el contexto, quizás la mejor posibilidad es la palabra ―misericordia‖ tan prominente en los versículos 16 al 18. El sentido de la oración es que la misericordia de Dios tiene su razón en Dios mismo y no en la voluntad o el esfuerzo humano. Correr es una metáfora de la vida deportiva que Pablo usa con frecuencia (1 Cor. 9:24, 26: Gál. 2:2; 5:7; Fil. 2:16) para referirse a actividad humana vigorosa. Todo intento humano de salvarse es inútil. La salvación del hombre depende absolutamente de la misericordia Dios.
El versículo 17 inicia con un porque que parece indicar que lo que Pablo ahora presenta es un segundo ejemplo en apoyo de la declaración del versículo 14. Cita las palabras de Dios al faraón en Éxodo 9:16. El faraón a que se refiere es, por supuesto, el del Éxodo. El versículo enfatiza la soberana intención de Dios en la vida del faraón: ―Te hice rey precisamente para...‖ (DHH). Bruce sugiere que las palabras pueden indicar no
solamente su constitución como rey sino la paciencia de Dios en preservarlo a pesar de su desobediencia.
La finalidad de Dios en su proceder con el faraón se describe mediante dos frases: para mostrar en ti mi poder y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra. A la luz de 1:16, es posible que poder aquí debe entenderse como poder salvador (comp. 1 Cor. 1:18). Ciertamente en el Éxodo la demostración del poder no era una simple
exhibición de poder ilimitado sino de poder para librar al pueblo. La proclamación de su nombre se refiere a la revelación del carácter de Dios en sus obras y hechos. Varios pasajes del AT indican el efecto producido en otras naciones por la noticia del éxodo y los eventos que lo acompañaban (ver Éxo. 15:4 ss.; Jos. 2:10 ss.; 9:9; 1 Sam. 4:8). El faraón es también un testigo involuntario, incrédulo y rebelde de la verdad y el poder salvador de Dios.
De la misma manera que había hecho en el versículo 16 (de hecho se repiten aquí las mismas dos partículas lógicas usadas en el versículo 16 aunque la traducción de la RVA es diferente), Pablo ahora, en el versículo 18, introduce una inferencia de los textos citados. La frase de quien quiere, tiene misericordia refleja Éxodo 33:19 que ya ha sido citado en el versículo 16.
La frase a quien quiere, endurece es difícil. En el relato del Éxodo, las referencias al endurecimiento del faraón se presentan de tres maneras. (1) En algunos casos, se dice que