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IV. TERCERA ONDA – “ACERO Y ELECTRICIDAD” (1870-1920)

IV.3 Uruguay

IV.3.2 Oferta educativa y los requerimientos de la nueva tecnología

La oferta educativa de la época se caracterizaba por responder a una realidad material. En 1849 se fundó la Universidad de la República (UdelaR) con una única carrera, la de Derecho y en el año 1876 se fundaba la Facultad de Medicina, segunda carrera que se impartiría en el país. Así, un país en el que predominaba un modelo pecuario-exportador y de servicios, no formaba profesionales especializados en dicha rama, y tampoco en la nueva tecnología.

Los primeros estudios de ingeniería en el país, se dictaron en la Facultad de Matemáticas

y Ramas Anexas. Se otorgaba el título de Ingeniero de Puentes, Caminos y Calzadas, surgido a

partir del año 1887. La carrera se desarrollaba en cuatro años y no tenía un curso especial de electrotécnica, sino que se dictaban clases de electricidad dentro del curso de física superior, en primer año.

En 1906 se aprobó un cuarto plan de estudio, con una nueva extensión de la carrera, duraría ahora seis años. En este nuevo plan se incluyó un primer curso específico relacionado a la electrotécnica, incluido en el quinto año, que se denominó Nociones de Electrotécnica, y comenzó a dictarse recién en el año 1910.

En 1912 se creó el Laboratorio de Electrotécnica, sin que existiera aún una carrera con un contenido predominante de la materia.

En 1924 se sancionó el sexto plan de estudios, y fue la primera vez que se estableció la distinción entre Ingenieros civiles e industriales. El número de años de estudio era de cinco, cuatro comunes a ambas carreras y uno de especialización. En este caso, existían dos semestres de electrotécnica en el cuarto año y uno más en quinto para quien se especializara en ingeniería industrial.

Evolución de la importación de acero, hierro y derivados - kg.- 0 200.000 400.000 600.000 800.000 1.000.000 1.200.000 1881- 85 1886- 90 1891- 95 1896- 1900 1901- 05 1906- 10 1911- 15 1916- 20 Acero Hierro

Recién en 1936 se creó el Instituto de Electrotécnica y fue gracias a él que los planes de estudio comenzaron a tener un contenido específico relacionado con la electricidad. Así, en 1937 se aprobó un nuevo plan que incluía la enseñanza de la electrotécnica en el perfil del ingeniero industrial.

Existía gran preocupación frente a la falta de formación en materia de electricidad. Por tal motivo se trató de capacitar a los estudiantes de ingeniería industrial, de forma de que en el momento en que tuvieran que actuar como ingenieros eléctricos, estuvieran parcialmente capacitados. Se buscaba acercar a los estudiantes y egresados que probablemente se dedicaran a la electrotécnica, los elementos necesarios para completar una formación de ese tipo. Así, se crearon cursos sin exámenes, para tal fin, y además se incluyeron discusiones sobre un tema relevante y se introdujo en un semestre de sexto año el estudio a fondo de un tema, con la ayuda de artículos originales, trabajos especiales de laboratorio y taller, proyectos, entre otros. No fue sino hasta el plan de estudios aprobado en 1967, que se creó la carrera de Ingeniero electricista, con dos perfiles de egreso; electrónica y potencia. (Casaravilla, 2006)

Era evidente la carencia en la formación de recursos humanos capaces de conducir el proceso de adopción de la nueva tecnología en el país. En el período 1892-1917, durante el que aún no existía la carrera de ingeniero industrial, el promedio anual de egresos de la Facultad de Derecho fue de doce personas y el de la de Medicina de dieciséis, mientras que el de la de Ingeniería fue de cinco personas. Al tener en cuenta el número de reválidas otorgadas por la UdelaR, el número de profesionales egresados de las carreras vinculadas a la ingeniería eléctrica provenientes del extranjero que ejercieron en el país en el período considerado, era de trece, dicha cifra resultaba insignificante si consideramos que esas carreras eran las únicas con contenidos específicos demandados por el paradigma. (Bertoni, 2003: 18)

La enseñanza industrial complementaba a la universitaria o terciaria, sin llegar a cumplir el rol que debería tener la única institución que impartía la enseñanza técnica en el país. Así, la

Escuela nacional de artes y oficios fue inaugurada en 1879 funcionando como un reformatorio,

es decir, con un régimen militar de corrección y de instrucción docente y al que concurrían jóvenes a aprender un oficio o artesanía. Dicha Escuela funcionaba como una obra de recuperación social del gobierno, impulsando la enseñanza de oficios, como ser herrería, carpintería y zapatería.

En 1880 comenzaron las actividades y contaba con 360 alumnos internos. En el año 1910 ingresó al Consejo Directivo Pedro Figari, con la intención de dar a la institución otro perfil, incluyendo una inclinación artística que complementara lo industrial. Así, en 1913 se comenzaron a impartir oficios como ser mecánica, herrería artística y repujado de metales, muebles rústicos y vitreaux, entre otros, complementando con clases de instrucción primaria, instrucción general; álgebra, física, geometría y descriptiva y dibujo geométrico.

De acuerdo al cuadro 6, se constata que la cantidad de alumnos en la carrera de mecánica era mayor al resto. Se intentaba practicar en las clases lo que sería útil al país, elaborando en el taller de mecánica piezas de automóviles, o en carpintería, muebles para oficinas públicas. Hacia 1915, la enseñanza industrial tenía características que la inclinaban hacia el maquinismo, la industrialización, el tecnicismo, y la subdivisión del trabajo.

Con la idea de que la formación del obrero no podía ser sólo la de la fábrica se crearon las Escuelas Industriales primarias y secundarias. (Martínez Montero y Villegas Suárez, 1967: 95 a 97 y 103) Se había realizado un estudio sobre los talleres y empresas existentes por ramas, de forma de que la reestructuración tuviera en cuenta la adecuación de los futuros egresos a la oferta de puestos de trabajo. Era la primera vez que la institución emprendía un estudio sobre el mercado de trabajo. (Heuguerot, 2002: 96)

Cuadro 7

Alumnos cursando las carreras de la Escuela Nacional de Artes y Oficios en 1913

Carrera Alumnos Mecánica 79 Mueblería 40 Carpintería 36 Modelado 15 Pintura decorativa 13

Herrería artística y repujado de metales 10

Total 193

Fuente: MARTÍNEZ MONTERO y VILLEGAS SUÁREZ (1967: 97)

En 1916, mediante una reforma del sistema educativo, se la denominó Escuelas

industriales, lo que mostraba una nueva vertiente y un sesgo a la cooperación con la industria y el

agro, orientándose la oferta educativa en esa dirección (Heuguerot, 2002: 98). En ese momento quedó suprimido el internado y en 1917 comenzaron a dictarse cursos para las mujeres. También se realizó una descentralización, la que llevará a crear centros en el interior del país y a instalar escuelas agrario-industriales, llegando a cubrir casi todos los rubros de la producción agropecuaria nacional.

El impulso que dio el batllismo quedó de manifiesto mediante el diagnóstico realizado por el propio Batlle y Ordóñez, mediante el cual presentaba un proyecto de ley, en el año 1915. En el mismo planteó: “…se une, para acentuar la deficiencia de nuestra producción fabril, la carencia de instituciones adecuadas para la formación de personal técnicamente capaz, con la instrucción científica que la explotación industrial moderna exige…”62.

En 1922 se inauguraba la Escuela de mecánica y electrotecnia, junto a las secciones de torneado y ajuste, electrotécnica, fundición y soldadura autógena. Sería frecuente la creación de nuevas escuelas y cursos industriales. Así, en 1928 comenzaron los cursos de ayudante de arquitecto e ingeniero y de sobrestante. En los años treinta la matrícula de la enseñanza industrial alcanzaba a los 3.732 estudiantes, lo que promediaba el 25% del total de inscriptos en la enseñanza media. (Bertoni, 2002: 84)

Como afirman Bertino et al. (2005; 282 y 283), hasta mediados de la segunda década del siglo XX, el país no habría sido capaz de llevar adelante la formación de recursos humanos con las capacidades necesarias para enfrentar los nuevos desafíos que demandaba la tecnología63. Si se considera que en el país existía y existe aún hoy en día, un prejuicio en contra del trabajo manual, esto habría constituido un impedimento más en el impulso de la modernización requerida (Heuguerot, 2002: 15).

62MARTÍNEZ MONTERO Y VILLEGAS SUÁREZ (1967), citado en BERTONI (2002: 85) 63

Myllyntaus (1990) establece que la inmigración cumple un rol fundamental en el intercambio de conocimiento. En el país, es claro que este canal de difusión fue muy utilizado, principalmente debido al amplio caudal de inmigración llegado entre fines del siglo XIX y principios del XX, dentro de los que seguramente llegarían trabajadores con experiencia sobre la utilización de la energía eléctrica. Por último puede verificarse otro canal de difusión que pudo haber funcionado, la realización de exposiciones y ferias en donde se materializó el intercambio de tecnología. Específicamente en 1909, la Usina Eléctrica de Montevideo organizó una “Exposición de aplicaciones eléctricas modernas”, un evento mediante el cual se pretendió dar a conocer la transformación sucedida. (Bertoni, 2003: 17)

Por lo tanto, a pesar de que no se contara con la institucionalidad adecuada para la formación de especialistas en la nueva tecnología, no existía un desconocimiento de su importancia. Se apelaba a especialistas extranjeros y hubo un esfuerzo de parte de particulares y del Estado para que los técnicos nacionales completaran su formación en el exterior. (Bertoni, 2002; 88)

Fue muy importante el aprendizaje que se hizo sobre la marcha y el rol que cumplieron muchos representantes de firmas extranjeras en el ramo de la electrotecnia, como agentes difusores del cambio tecnológico. En numerosos casos se instaba a que toda persona interesada en adquirir los nuevos conocimientos participara en la construcción de alguna obra que lo acercara al mismo.

Frente a la falta de capacitación del técnico desde el sistema de educación nacional, las empresas optaban por proporcionarla, de forma de asegurarse el conocimiento y la práctica del obrero. La empresa estatal; Usinas eléctricas del estado, apoyó sobremanera dichos emprendimientos. Ya desde 1914 contrató estudiantes para que actuaran como ayudante de

ingeniero, hecho que constituyó un claro antecedente en la creación en 1924 de la carrera de ingeniero industrial.

Del mismo modo, y como afirma Ruiz (1999), la comunidad de los ingenieros maduró de tal manera que tuvieron muchos logros relacionados con la problemática de la electrificación, logrando desplegar un nacionalismo tecnológico, que incluso llegó a ser crítico de proyectos foráneos.