cies fósiles que han buscado refugio en regiones remotas y casi impenetrables.
Los monstruos pertenecen a dos tipos básicos: acuáticos y terrestres (aunque
algunos entusiastas sugieran una conexión extraterrestre). De vez en cuando al-
guna extraña criatura resulta anfibia o ambigua, y en ocasiones pasa volando
ante nosotros algo que nos parece una increíble incógnita alada. Ambas catego-
rías son tratadas aquí de acuerdo con el hábitat de su elección —primero el agua,
después la tierra— y en orden cronológico dentro de cada categoría.
El escéptico que después de leer estas noticias se sienta inclinado a decir "Sí,
pero..." no debe olvidar que se han omitido centenares de informes por cada
uno incluido, y que muchos de los testigos creen ahora en lo que antes tomaban
a broma.
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MONSTRUOS DE LAGOS Y MARES ANTES DE 1900
En julio de 1734, Hans Egede, un misionero noruego que iba a Groenlandia, vio algo increíble cuando su navío se aproximaba a la colonia danesa de Buena Es- peranza, en el estrecho de Davis. Como contaría más tarde con gran sencillez, el día 6
apareció un animal marino muy terrible, que se levantó tanto sobre el agua que su cabeza sobrepasaba nuestra cofa mayor. Tenía un hocico
largo y agudo y resoplaba como una ballena; tenía
aletas anchas y grandes, y el cuerpo estaba, como si dijésemos, cubierto de piel dura, muy arrugada y desigual; además, en su parte baja tenía forma como de serpiente, y cuando volvió a sumergirse se combó hacia atrás, y al hacerlo levantó del agua una cola del largo de un navío. Esa noche tuvimos muy mal tiempo. [Richard Carrington, Mermaids and Mastodons, págs. 23-241
A alguien de tan incuestionable integridad como el mi-
sioneró Hans Egede debemos una de las primeras no- ticias dignas de confianza acerca de una serpiente de mar, vista por él cerca de la costa de Gróenlandia.
"El que es sin disputa el monstruo marino mayor del mundo" fue descrito por Erik E. Pontoppidan, obis-
po de Bergen, en su Historia Natural de Noruega
(1752-53). El kraken, como lo llamaban los pescado- res y el obispo, era tan enorme que ni siquiera cuando salía a la superficie aparecía todo su cuerpo. Escribía Pontoppidan:
... su lomo o parte superior, que parece tener cerca de una milla y media inglesa de circunferencia (algunos dicen más, pero prefiero la menor para mayor seguridad), aparece al principio como una serie de pequeñas islas, rodeadas de algo que flota y fluctúa como algas... Al final aparecen varias puntas o cuernos brillantes, que van haciéndose más gruesos a medida que ascienden sobre la superficie
del agua, y a veces sobresalen tan altos y grandes como los mástiles de un barco de mediano tamaño.
Parece que ésos son los brazos del monstruo y, se dice, si se apoderaran del mayor buque de guerra, se lo llevarían al fondo. [Bernard Heuvelmans, In the Wake of the Sea-Serpents, págs. 49-50]
Una serpiente de mar de impresionante tamaño fue vis- ta al parecer por muchas personas en Gloucester Har- bor (Massachusetts, E.U.A.) y sus alrededores durante el mes de agosto de 1817. El acalorado debate entre creyentes y escépticos hizo que un comité especial de la Linnaean Society de Nueva Inglaterra recogiese un montón de declaraciones juradas de supuestos testi- gos. Era representativa la de Matthew Gaffney, car- pintero naval, quien decía:
que el 14 de agosto del año del Señor de 1817, entre las cuatro y las cinco de la tarde, vi un extraño animal marino, parecido a una serpiente, en el puerto de la dicha Gloucester. Yo estaba en un barco, a menos de 30 pies de él. Su cabeza parecía mayor que un barril de cuatro galones, su cuerpo tan grande como un tonel, y su longitud, que yo vi, la calculo en no menos de 40 pies. Lo alto de su cabeza era de un color oscuro, y la parte inferior casi blanca, como lo eran también ). arios pies de su vientre que vi... Disparé contra él cuando más cerca estaba de mí.
El monstruo, proseguía Gaffney, se volvió como pa-
ra acometer al barco, y después se hundió como una
piedra y reapareció a unos cien metros. Se movía apro- ximadamente 1 600 metros cada dos o tres minutos.
(Reader's Digest, eds., American Folklore and Legend,
págs. 245-46)
El capitán Peter M'Quhae y la mayor parte de los ofi- ciales y tripulación del Daedalus fueron invitados a ver "una serpiente de mar de extraordinarias dimensio- nes" mientras iban de las Indias Orientales a Plymouth (Inglaterra) en 1848. En una detallada y sobria decla- ración fechada el 11 de octubre, el capitán M'Quhae participaba a los lores del Almirantazgo que a las cin-
co de la tarde del 6 de agosto —el Daedalus estaba en-
tonces en e! Atlántico Sur, a casi 500 kilómetros de la costa occidental de África— "algo muy insólito fue visto por Mr. Sartoris, guardamarina, acercándose rá- pidamente al barco por proa".
Mr. Sartoris dio inmediatamente cuenta de tal cir- cunstancia al capitán M'Quhae y a dos oficiales que paseaban por el alcázar. Lo que ellos y algunos otros presentes vieron fue algo enorme, ondulante y pareci- do a una serpiente "que mantenía constantemente la ,cabeza y los hombros unos cuatro pies por encima de la superficie del agua". Hasta donde podían juzgar comparándola con la de la percha de la gavia mayor,
la longitud visible de la serpiente era de más de 20 me- tros, su diámetro detrás de la cabeza de unos 40 centí- metros, y parecía tener una especie de crin cayéndole del lomo.
Un monstruo marino de 20 metros de largó pasó a po- cos metros del barco de guerra británico Daedalus, se- gún el informe del capitán Peter M'Quhae al Almirantazgo.
Manteniendo rumbo sudoeste a una marcha de 12 a 15 millas por hora, el monstruo pasó rápidamente al Daedalus, decía M'Quhae, "tan cerca de nuestro costado de sotavento que de haberse tratado de alguien conocido hubiese distinguido fácilmente sus facciones a simple vista". (Bernard Heuvelmans, In the Wake
of the Sea-Serpents, págs. 198-217)
Durante la travesía de Cádiz a Tenerife, la corbeta
francesa Alecton encontró una monstruosa criatura marina el 30 de noviembre de 1861. Aunque había al- go de marejada, el tiempo era extremadamente favo- rable, y el teniente Bouyer, comandante de la nave, resolvió intentar capturar lo que más tarde informó que había reconocido "como el Póulpe géant [pulpo gigante] cuya existencia ha sido muy discutida y hoy parece relegada al reino de los mitos". Pero el oleaje
Los tripulantes del Alecton pasaron un nudo corredi- zó alrededor de la cola de este calamar gigante; al es- tar izándoló a bordo la cuerda se soltó.
hacía balancearse violentamente al Alecton, y las po- cas balas que alcanzaron al monstruo no surtieron efecto.
Bouyer y sus hombres consiguieron después arpo- near aquello y pasarle un lazo corredizo alrededor de la cola. Agitando violentamente sus tentáculos, la pre- sa rompió el arpón y dejó libre la mayor parte de su cuerpo. La tripulación sólo izó a bordo un trozo de la cola, que pesó unos 18 kilos.
Pero tanto los oficiales como los marineros habían estado lo bastante cerca del monstruo para poder dar de él una descripción detallada. En su informe al mi- nistro de Marina, escribía Bouyer:
En realidad se trataba del calamar gigante, pero la forma de la cola sugería que pertenecía a una especie aún no descrita. El cuerpo parecía medir de 5 a 6 metros de largo. La cabeza tenia un pico como de loro rodeado de 8 brazas de unos 2 metros de largo. Su aspecto era verdaderamente espantoso. De color rojo ladrillo, informe y viscoso, resultaba repulsivo y terrible.
(Richard Carrington, Mermaids and Mastodons, pág. 54)
Un monstruo de agua dulce que nunca ha sido captu-
rado, aunque si al parecer visto varias veces, es la es- quiva criatura habitante del lago Champlain, de 160 kilómetros de largo, que une Vermont y el estado de Nueva York con Canadá. De los primeros en descri- birlo fueron, el 30 de agosto de 1878, los seis ocupan- tes de un pequeño yate. Lo que vieron era un ser vivo extraordinario con, según dijo uno de ellos, "dos gran- des pliegues detrás de la cabeza que sobresalían del agua y, a cierta distancia, unos 17 metros o más de- trás, dos o más pliegues de lo que parecía ser la co- la". Más tarde este monstruo —o quizá un descendien- te suyo— llegaría a ser conocido como Champ. Ha vuelto a vcrsele a lo largo de los años, la última vez en 1981. (Roy P. Mackal, Searching for Hidden Ani-
mals, págs. 217-18)
Thimble Tickle, en Terranova, fue el escenario donde
se vio un pez monstruoso el 2 de noviembre de 1878. Tres pescadores estaban en un bote no lejos de la ori- lla cuando vieron un objeto voluminoso que tomaron por parte de un naufragio. Al remar hacia él, descu- brieron que era una enorme criatura marina de ojos vidriosos que agitaba frenéticamente los tentáculos y la cola porque la marea la había dejado varada. En- gancharon al monstruo con un arpón de lengüeta pro- visto de una cuerda, que ataron a un árbol. El animal luchó algún tiempo, pero después, a medida que el agua seguía retrocediendo, murió. Los tres hombres calcularon que el cuerpo tenía 6 metros desde el pico hasta el extremo de la cola. Uno de los tentáculos me- día más de 10 metros. Sin cuidarse de científicos y es- cépticos, los pescadores convirtieron su captura en co- mida para perros. (Bernard Heuvelmans, In the Wake
of the Sea-Serpents, págs. 63-65)
Cuál no sería la sorpresa del señor Hoad, de Adelaide (Australia), cuando, mientras paseaba a lo largo de Brungle Creek un día de comienzos del otoño de 1883, se encontró con los restos de una criatura de otro mun- do. Aquello tenía forma de cerdo, con un tronco sin cabeza y un apéndice que se curvaba hacia adentro co- mo la cola de una langosta. No hace falta decir que nunca ha sido identificado. (Charles Fort, The Com- plete Boóks óf Charles Fort, pág. 609)
DE 1900 A 1970
Cuando estudiaba la cuenca del Amazonas por cuen- ta de la Royal Geographical Society de Londres, en 1907, el mayor Percy Fawcett no podía dar crédito a las historias de enormes serpientes que vivían en los pantanos y los ríos. Pero, como decía en sus memo- rias, la experiencia personal lo convenció de que eran ciertas. Fawcett y su tripulación de indios descendían lentamente por el perezoso río Abuná cuando, casi ba- jo la proa de su frágil embarcación,
...aparecieron una cabeza triangular y varios pies de cuerpo ondulante. Era una anaconda gigante. Eché mano al rifle mientras el monstruo empezaba a ir hacia la orilla, y sin apenas apuntar le metí una bala del 44 en el espinazo, tres metros más abajo de la espantosa cabeza. En seguida hubo un agitarse de espuma y varios fuertes golpes contra la quilla del bote, que nos sacudieron como si hubiésemos embarrancado... Bajamos a tierra y nos acercamos al reptil con precaución. Estaba fuera de combate,
pero recorrían su cuerpo estremecimientos como rachas de viento en un lago de montaña. Hasta donde era posible medir, 15 metros de reptil yacían fuera del agua y 6 dentro, lo que hacía un total de 21 metros.
De vuelta a Londres, Fawcett fue tenido por menti- roso por su pretensión de haber cazado una anacon- da de 21 metros. Los científicos aseguraron que ese animal no podía medir más de unos 15 metros, y en consecuencia lo que contaba era pura fantasía. (Ber- nard Heuvelmans, On the Track óf Unknówn Ani- mals, págs. 284-86)
Mientras el padre Victor Heinz se dedicaba a su labor pastoral en América del Sur vio lo que le pareció una serpiente de agua mucho mayor que la anaconda de Fawcett. El sacerdote, casualmente íntimo amigo del alemán Lorenz Hagenbeck, famoso comerciante en animales y director de zoológico, explicaba:
Durante las grandes crecidas de 1922, el 22 de mayo, hacia las tres... me llevaban a casa en canoa por el Amazonas desde Obidos [Brasil] cuando de pronto observé algo sorprendente en medio de la corriente. Reconocí claramente a una gigantesca serpiente de agua a una distancia de unos 30 metros...
Enroscado en dos anillos, el monstruo se dejaba llevar tranquilamente corriente abajo. Mi aterrada
tripulación había dejado de remar. Paralizados, contemplábamos todos al espantoso animal. Calculé que su cuerpo era tan grueso como un barril y su longitud visible de unos veinticinco metros. Cuando estábamos suficientemente lejos y mis remeros se atrevieron a volver a hablar, dijeron que el
monstruo nos hubiese aplastado como a una caja de cerillos de no haberse tragado previamente varias grandes capibaras [roedores gigantes]. [Bernard Heuvelmans, On Me Track of Unknown Animals,
págs. 292-94)
Un hombre de negocios londinense, George Spicer, viajaba con su esposa al sur de Inverness, a lo largo de la orilla del Loch Ness, camino de la pequeña po- blación de Foyers. Era la tarde del 22 de julio de 1933 y los Spicer disfrutaban de unas tranquilas vacacio- nes en Escocia. De pronto los helechos de la ladera de la colina, a unos 180 metros de allí, se agitaron, y salió de ellos un enorme animal de largo cuello, que cruzó la estrecha carretera moviéndose a sacudidas. Asombrado, Spicer aceleró para verlo más de cerca, pero cuando llegaron al sitio el monstruo se había in- ternado entre los matorrales de la orilla del lago y ha- bía desaparecido.
Al contar poco después su encuentro a la prensa, los Spicer dijeron que aquel ser tenía aproximadamente
1.80 metros de largo y 1.20 de alto (en relatos poste- riores el animal llegó a alcanzar una longitud de 8 a 10 metros). Recordaban también que su cuello ondu- laba "como una montaña rusa". Además de estas ra- rezas, la extraordinaria criatura era de un "terrible co- lor gris elefante, de una textura repugnante, que re- cordaba a un caracol". Bastó esta descripción, posi- blemente calumniosa, de su aspecto para que el mons- truo de Loch Ness se convirtiese en una figura pública. El monstruo había sido visto ya muchas veces por quienes frecuentaban el loch y sus alrededores, incluido el irlandés San Columbo en el año 565, pero la "carta al director" del señor Spicer dio publicidad al que se ha convertido en el monstruo más famoso del mun- do: Nessie. Posteriormente fue visto muchas veces más. (Peter Costello, In Search óf Lake Monsters,
págs. 8-19)
Nessie no solía andar por los caminos, pero lo hizo repetidamente la clara noche del 5 de enero de 1934. Hacia la una de la madrugada, un joven estudiante de medicina llamado Arthur Grant iba en moto a to- da velocidad por la carretera del lago, cerca de Lo- chend, cuando vio enfrente una gran mancha oscura sombreada por la vegetación que bordeaba el cami- no. Cuando se acercó, el objeto saltó al medio de la carretera y estuvo a punto de chocar con la moto. A la luz de la luna, el joven vio a un ser con una peque- ña cabeza como de anguila y ojos ovalados, cuello lar- go, un gran cuerpo que iba adelgazándose hasta for- mar una larga cola redondeada, y cuatro patas en for- ma de aleta. Pensó que tendría de 5 a 6 metros de lar- go y piel oscura parecida a la de una ballena.
Saltando de su moto, Grant persiguió al monstruo mientras éste se alejaba rápidamente y se zambullía en el loch. Grant señaló el sitio y, aI llegar a casa, hi- zo un dibujo de aquel ser.
"Como sé algo de historia natural", declaró Grant algún tiempo después, "puedo decir que en mi vida he visto nada parecido a ese animal. Semejaba un hí- brido, un cruce entre un plesiosaurio y un miembro de la familia de las focas." (Peter Costello, In Search
of Lake Monsters, págs. 30-32)
Dos cazadores de patos canadienses que se encontra- ban en la orilla rocosa de la isla de South Pender, a la altura de Vancouver (Columbia Británica), levan- taron una pieza inverosímil la mañana del 4 de febre- ro de 1934. Tras abatir a un pato que se agitaba, mal- herido, en el agua, Cyril H. Andrews y Norman Geor- geson saltaron a su pequeña lancha para ir a buscar- lo. Cuando se aproximaban a su presa, vieron "una cabeza y dos ondulaciones o segmentos" de algo ex- traño que sobresalía claramente del agua.
Los cazadores observaron, fascinados, cómo el monstruo —que no estaba a más de tres metros de distancia— abría la boca, se tragaba el pato, tiraba dentelladas a unas gaviotas y volvía a sumergirse. Pu- dieron ver sus dientes de sierra, su lengua puntiagu- da, su coloración color café grisáceo y la forma caba- lluna de la cabeza.
Andrews saltó a tierra y corrió a un teléfono. El juez de paz de Bedwell Harbor, G.F. Parkyn, y otras per- sonas llegadas a toda prisa pudieron ver todavía al monstruo nadando a unos veinte metros de la orilla, con el cuerpo ondulando rítmicamente y la cabeza des- cansando sobre el agua. Andrews calculó que tendría unos doce metros de largo y de sesenta a noventa cen- tímetros de diámetro en su parte más gruesa, con la cabeza de unos noventa centímetros de largo. (Roy P. Mackal, Searching fór Hidden Animals, págs. 19-21) El 8 de octubre de 1936, el supuesto monstruo resi- dente de Loch Ness se exhibió durante un cuarto de hora cerca del castillo de Urquhart, unas ruinas que hay sobre un promontorio que se interna en el lago. Visto primero a unos 450 metros de la orilla por el in- quilino de una casa de campo situada en la carretera que la circunda, el animal no tardó en atraer a dos autobuses de turistas y varios coches llenos de curio- sos. Unas cincuenta personas, algunas de ellas provis- tas de catalejos o prismáticos, vieron el tranquilo pa- seo del monstruo por las aguas en calma del loch. To- dos coincidieron en describirlo como algo con dos jo- robas detrás de una cabeza y un cuello. Después, re- pentinamente, el animal desapareció. (Dennis L. Me- redith, Search at Loch Ness, pág. 105)
El lago Okanagan, en la Columbia Británica, unido al Pacífico por el río Columbia, parece ser el hábitat de un enorme animal acuático conocido popularmen- te como Ogopogo. Avistado unas doscientas veces des-
Esta representación de Ogopogo, el monstruo del la- go canadiense de Okanagan, se basó en descripciones hechas por varias personas que aseguran haberló visto.
de el año 1700, fue observado a corta distancia por varias personas el 2 de julio de 1949. Leslie L. Kerry, de Kelowna, que vivía con su mujer en una casa que daba al lago, acompañaba a la familia Watson, de Montreal, en un paseo en lancha cuando vieron en el agua una gran forma como de serpiente. Ondulando verticalmente, el objeto avanzaba unas veces por en- cima y otras por debajo de la superficie del lago. Cuan- tos iban en la embarcación, adultos y niños, vieron un cuerpo de unos 9 metros de largo y unos 30 centí- metros de diámetro, con una cola bífida que azotaba arriba y abajo.
La señora Kerry vio el acontecimiento desde la ori- lla y llamó a sus vecinos, el doctor Stanley Underhill y su esposa. Juntos corrieron a la playa y observaron con binoculares al monstruo, que fue visible durante al menos quince minutos. El doctor Underhill lo des-